Lunes , 21 Agosto 2017
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El aguamanil. Relato.

Ante sus pupilas la noche pasó lentamente. Como siempre, se levantó con el pisar sordo de sus pies cansados, que le recordaba otros pasos que aún no había olvidado.

Aquella noche una voz, llegada desde muy adentro de su alma, le invitó a plantar un rosal de flores rojas y blancas bajo el peral.

La misma voz le aconsejó que regara la planta con el aguamanil que, con su forma de león fiero, reposaba, olvidado, en la vieja capilla.

Sembró el rosal un martes, al alba. El mismo día que descubrió que un escuálido perro deambulaba más allá de las cercas de su masía.

-Que abran la verja -dijo a Valdés-, que lo adecenten.

-¿Para qué quiere un perro flaco y con pulgas, señora?

-Cuando el perro ladra dicen que la suerte cambia.

El perro limpio y bien comido se instaló en la escalera del porche. Afligido en su riqueza, sin nombre y sin arrullos, esperaba una caricia, una voz que lo llamara -era para Valdés un invitado incómodo.

En un campo de tierra fértil se alzaba aquella hacienda a la que todos llamaban el Recodo de la Muerte por sus arroyuelos secos y sus fuentes ciegas, por sus árboles sin hojas, por los pájaros sin alas y las mariposas negras.

Una inquieta quietud reinaba en la propiedad.

Bajo el peral enfermo un triste esqueje de rosal.

Y unos metros más allá de la masía, en el campo abierto y labrado, los tonos de verde jugaban con el dorado trigal.

-No dará flor, no dará flor… -renegaba la señora, regando la híbrida planta con el aguamanil de bronce.

Una noche estrellada, antes de irse a dormir, tocó la campanilla.

-Valdés, haga entrar a Califa, que suba a la habitación.

-No hay nadie en casa, señora, sólo estamos usted y yo.

-Abra la puerta, Valdés.

-¿A quién?

-¡Al perro, Valdés!

Esa mañana despertó con el corazón ardiendo, entreabrió la ventana y el viento mudo y suave rozó su cara.

En el lienzo que se extiende ante su mirada, dos rosas, una roja y otra blanca, despuntan entre el embrollo de lavandas y zarzas. Son la nostalgia y la paz que han firmado una alianza.

 

 

Dibujo, lápiz y carboncillo, Renoir (desconozco la fecha).
Aguamanil hispano-árabe de bronce grabado, siglo X.

 

 

 

 

 

 

 


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