Lunes , 21 Agosto 2017
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Juana Borrero. Algunos poemas y un paseo por su Habana a través de la litografía.

Las litografías cubanas del siglo XIX son fotografías que nos cuentan cosas de la vida de entonces. En ellas encontramos imágenes del puerto y las avenidas habaneras. Se muestran los campos sombreados por palmeras y ceibas, las casitas con techos de guano, los centrales azucareros con sus bateyes, mayorales y esclavos.

Las fiestas guajiras, con sus peleas de gallos y su zapateo, los carnavales con sus diablitos rumberos, la moda importada de Europa, las calesas conducidas por cocheros de impolutas libreas, también forman parte de la escenografía de las litografías de la época. Y como asunto curioso podemos resaltar la simbología nacida de la mezcla de neoclasicismo con criollismo.

Las litografías tuvieron un marcado carácter comercial desde su inicio, pues fueron usadas por las marcas para hacer publicidad de todo tipo de artículos. En Cuba, destacaron las compañías tabacaleras en el uso de este arte gráfico, que fue utilizado para imprimir las anillas y etiquetas de puros y cigarrillos. La litografía trajo consigo un acontecimiento social: el coleccionismo. La edición en serie, y a color, inundó el mercado de estampas, láminas, carteles, libros de viajes, opúsculos, partituras musicales… a muy bajo precio. Y los distintivos de las firmas tabacaleras también se convirtieron en motivo de colección.

Las litografías son una memoria gráfica tornasolada y decorativa, y, en muchos casos, exótica. Una visión romántica y costumbrista de la vida cotidiana en Cuba.

Esas escenas lúdicas, con marcado toque folclórico, nos trasladan en el tiempo. Y nos describen La Habana de Juana Borrero, la que la vio nacer y la vio partir para no volver.

No es mi intención escribir sobre su vida y su poesía. Para el que desee profundizar en ellas recomiendo el libro El clavel y la rosa de Belkis Cuza Malé y la edición de Poesías y cartas prologada por Fina García Marruz y Cintio Vitier.

Yo deseo que Juana ande otra vez por las calles de La Habana, abanico en mano, moviendo al andar volantes de muselina, pillada su cintura y su pecho por el corsé y las cintas.

Y para ello acudo al Teatro Tacón o al puerto de La Habana o a la Alameda de Paula. Sitios que conoció, imágenes conservadas gracias a esas fotografías artísticas que son las litografías cubanas del siglo XIX.

Cuando la muerte la llevó consigo, Juana Borrero tenía diecinueve años. Era muy joven, por eso en su poesía se refleja una muchacha desnuda, con el alma deambulando a través de lúgubres noches, esperando intranquila un beso de amor imposible. Juana no tuvo vida para quitar al amor los lazos fosforescentes con que viene envuelto.

La poesía de Juana  hoy se queda acompañada por las litografías de Federico Mialhe, Hippolyte Garneray, Isadore L. Deroy y Eduardo Laplante, grabadores europeos hechizados por  las costumbres y el paisaje de Cuba, tierra de Juana Borrero y tierra mía.

firma gabriela2

garnerayVista General de La Habana, Hippolyte Garneray.

LOS ASTROS

En la callada noche, cuando la sombra extiende
sobre la tierra muda su velo misterioso,
y arriba, en las alturas del éter anchuroso,
sembrado de luceros el firmamento esplende;

mi alma soñadora que al infinito asciende
escucha sumergida en éxtasis dichoso,
hablar de las estrellas su idioma cadencioso
tan dulce, que tan sólo mi espíritu lo entiende.

A mis oídos llega desvanecida y flébil
el eco de esas voces como el murmullo débil
que una dulzura vaga, indefinible encierra.

De su prisión terrena mi espíritu se evade,
y un inefable goce mi corazón invade
sintiéndose tan lejos de la mezquina tierra.

alameda de paulaLa Alameda de Paula, 1880-1881, Federico Mialhe.

RÊVE

Su voz debe ser dulce y persuasiva
y soñadora y triste su mirada…
debe tener la frente pensativa
por un halo de ensueños circundada.

Su alma genial, cual pálida cautiva
de un astro esplendoroso desterrada,
sueña con una nube fugitiva
y con el traje de crespón de un hada.

Cuando la ronda azul de los delirios
disipa sus nostálgicos martirios
borrando del pesar la obscura huella,

Él se acuerda, en la noche silenciosa,
de aquella virgencita misteriosa
que dejó abandonada en una estrella.

isadoreVista General de La Habana, Isadore L. Deroy.

LAS HIJAS DE RAN

Envueltas entre espumas diamantinas
Que salpican sus cuerpos sonrosados
Por los rayos del sol iluminados,
Surgen del mar en grupos las ondinas.

Cubriendo sus espaldas peregrinas
Descienden los cabellos destrenzados,
Y al rumor de las olas van mezclados
Los ecos de sus risas argentinas.

Así viven contentas y dichosas
Entre el cielo y el mar, regocijadas,
Ignorando tal vez que son hermosas,

Y que las olas, entre sí rivales,
Se entrechocan de espuma coronadas
Por estrechar sus formas virginales.

teatro taconTeatro de Tacón y parte del Paseo de Isabel II, La Habana, Federico Mialhe. 

APOLO

Marmóreo, altivo, refulgente y bello,
corona de su rostro la dulzura,
cayendo en torno de su frente pura
en ondulados rizos sus cabellos.

Al enlazar mis brazos a su cuello
y al estrechar su espléndida hermosura
anhelante de dicha y de ventura
la blanca frente con mis labios sello.

Contra su pecho inmóvil, apretada
adoré su belleza indiferente,
y al quererla animar, desesperada,

llevada por mi amante desvarío,
dejé mil besos de ternura ardiente
allí apagados sobre el mármol frío!

puerta de monserratPuerta de Monserrate, La Habana, Federico Mialhe.

EN EL TEMPLO

Se llena de creyentes el templo solitario
y a los acordes graves del órgano sonoro,
se mezclan en la atmósfera serena del santuario
las voces cristalinas que vibran en el coro.

Entre las blancas nubes que arroja el incensario
miro, con las pupilas nubladas por el lloro,
que el sacerdote humilde, de pie junto al sagrario,
entre las manos puras eleva el cáliz de oro.

Y así como el incienso que ante la imagen flota
impregna de sutiles perfumes el ambiente,
perfuma tu recuerdo mi mente visionaria,

y de mis labios trémulos y suplicantes, brota
tu nombre idolatrado, que vibra dulcemente
mezclado con las frases que forman mi plegaria!

quitrinEl quitrín, La Habana, Federico Mialhe, 1848.

TE PERTENEZCO…

Te pertenezco, soy tuya
como el fulgor es del astro
como el perfume del pétalo,
como el ave del espacio.

Como la tristeza pálida
es del alma de los nardos,
y es el dolor de la dicha
y es de los ojos el llanto.

Estás en mí, compartiendo
mis pesares ignorados,
viviendo la vida íntima
de mis anhelos nostálgicos.

Siendo en mi mente quimera
y sollozo entre mis labios.
Pero después, ¡qué tristeza
me causó sólo el pensarlo!

Después nuestras almas tristes
tomarán rumbos contrarios,
tú iras a buscar tu muerta
y yo a mi muerto olvidado!…

Del cementerio sombrío
en el dintel solitario
hay dos fantasmas insomnes
que nos están esperando!

laplante1Ingenio Manaca, 1818?, Eduardo Laplante.

ENSUEÑOS

Cuando se cierran mis cansados párpados
en el sopor dulcísimo del sueño
oigo una voz querida que me nombra…
Voz de un amigo que dejé muy lejos!

Palabras murmuradas en voz baja
que pronuncian mi nombre con misterio,
muy cerca de mi oído… y sin embargo
son voces que han venido de muy lejos!

Entonces me incorporo sollozando,
abro los ojos, pero nada veo,
y no vuelvo a escuchar la voz querida
que me estaba llamando desde lejos!

fin


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