miércoles , 18 octubre 2017
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Inicio / Poemas y Poetas / Poemas escritos al morir Ernesto Che Guevara.
Leamos, pues, esta selección de poemas como lo que son, como el reflejo del sentir de un período que ilusionó a muchos. La poesía también es historia, más aún los versos-epitafios.

Poemas escritos al morir Ernesto Che Guevara.

“No todo asume un nombre. Algunas cosas van más allá de las palabras”.
Aleksandr Solzhenitsyn

Fragmento de una fotografía realizada en el año 1963, René Burri.

Esta entrada debe ser leída como lo que es: el testimonio de una época. Los poemas y las fotografías que aquí encuentras así lo revelan. Estos versos fueron escritos al poco de fallecer Ernesto Che Guevara. Los poemas fueron publicados en 1969, dos años después de su defunción.

Han pasado cincuenta años desde la muerte del Che y las verdades, que han ido quitando capas de cebolla al hombre hecho mito, han ido mostrándose a cuenta gotas. Con los años, no han sido pocos los intelectuales que han manifestado públicamente la decepción que les ha causado el personaje. Mas el Che provoca amores intensos y odios inmensos, y a nadie escapa que estos sentimientos irreconciliables escoltan la leyenda.

La catarsis colectiva de los desafectos no tuvo lugar a la muerte del Che. Cuando el Che falleció, la humanidad progresista lloró a lágrima viva su pérdida. Aquel guerrillero había conseguido que se le viera como la figura que reunía en sí misma todos los requisitos necesarios para ser investido mártir. El Che era, para sus partidarios sinceros, Sansón luchando contra la tiranía de siglos.

Los fotógrafos no fueron a la zaga de los poetas impactados por el hombre carismático. Los fotógrafos también viajaban tras y alrededor de la figura del Che. A ellos debe el Che, en buena parte, su imagen de icono de masas. Desde que George Eastman revolucionó el mundo de la fotografía, una imagen vende más que cientos de palabras y esto lo sabía Ernesto Che Guevara.

Ese hombre envuelto siempre en una nube de hoja de tabaco incinerada, que llevaba sobre su frente, gracias a la colaboración de una reluciente boina, la estrella blanca, ese hombre de ojos negros y mirada intensa, ese hombre de sonrisa cálida, de barba deseada, era entonces para poetas, fotógrafos y un sinfín de gentes la encarnación de todas las bondades.

Pero el tiempo, cansado de llantos, se encargó de airear la leyenda. El viento -recluta del tiempo- sacudió la manigua y dejó al descubierto a un hombre que no descartó ningún medio que le permitiera llevar a la práctica sus proyectos.

El tiempo sacó a relucir su intransigencia y su inclemencia -me dirás que no hay revolución que no haya cometido excesos. Y así es. El problema está cuando la violencia va más allá de momentos concretos, cuando se hace de la fuerza el único instrumento de resistencia.

Leamos, pues, esta selección de poemas que he realizado como lo que son, como el reflejo del sentir de un período que ilusionó a muchos. La poesía también es historia, más aún los versos-epitafios.

Decía Aleksandr Solzhenitsyn que “cualquier hombre que haya proclamado la violencia como su método está inevitablemente obligado a tomar la mentira como su principio”.

Fotografía realizada en el año 1959 en Las Ventas, Madrid, Fernando Botán.

FUNERAL POR CHE GUEVARA
Vicente Aleixandre

Cómo es ancha y larga
Popular

¿Quién
mueve
las sombras
no verdes?

Tranquilas las hojas
que vuelven.

El viento
se enciende.

La luna
es más roja;
la noche
famosa
sin luz ya
se asoma.
¿Quién grita
a quién llora?

La tristeza o música…
¿Quién calla
si lunas
o sombras
se esfuman?
La mirada es
última.

Los ojos son bellos.
La cara,
silencio.
Pero el pelo es
negro
o azul:
casi oscuro.

Los ojos
en ramas
relucen.
No llamas.
Pero el soplo
pasa.
Por todos,
dormido.
Por todos,
sin frío.
Ardiendo
ya íntimo.

¿Las manos
disparan?
¡Qué quietas,
calladas!

Dormido
resbala
por el agua
clara.
Rumbo a la mar
ancha.
¡Cómo es ancha y larga…!

Fotografía realizada en Bolivia, 1966-1967.

LA NOTICIA
José Agustín Goytisolo

Aunque los teletipos y la radio
y miles de carteles y periódicos
sigan con la noticia hasta cansarse,
alguien, y no los hombres humillados
de América y del mundo, ni los poetas,
ni el perseguido que cobija aún
a la esperanza como a un niño enfermo,
alguien siente un rumor, de noche, a solas,
que le impide dormir, que va royendo
su pecho en inquietud entre las sábanas,
un rumor apagado que persiste
en el sueño después, cuando ya otorgan
reposo mas no paz los barbitúricos,
y que no cesa y crece, tal el ritmo
desbocado de un tren que se avecina,
y entonces es cuando aparece el miedo
vistiendo su camisa guerrillera,
entonces es cuando lo que fue duda
retumba entre disparos, y es certeza,
y llega el sobresalto, el despertar,
entonces, cuando vuelve el Che Guevara.

Fotografía realizada en 1960 durante un trabajo voluntario en el Reparto Martí, Osvaldo Salas.

UN AIRE DE ESPERANZA
Jesús Munárriz

Como la lengua que nació en Castilla,
conquistó España, atravesó los mares
y hoy recorre, profunda, un continente
que vibra pronunciando tu nombre, compañero,
y al decir compañero lo dice en castellano,
como la lengua madre, también tú recorriste
la América infinita, el gigante dormido,
y eran nada tu moto, tu tos, tu medicina,
tu cansancio, tus sueños, frente a tanta miseria
y parecía inútil luchar contra lo eterno,
contra una esclavitud vieja de siglos.

Después… tus mismos sueños otros también soñaban
y aunque su patria no era tu patria, ni era el perro
guardián de sus cosechas el perro de tu tierra
-pero sí el mismo el dueño de ambos perros-
su lucha fue tu lucha y fueron sus palabras
las tuyas: patria o muerte.

Y fue la muerte el pan de cada día
para los hombres de la sierra.

Tú, extranjero, con ellos luchaste por su patria,
tú, asmático, luchaste porque otros respiraran
bocanadas de un aire de esperanza.

Quisiera haber entrado contigo en Santa Clara,
estar allí, hombro con hombro con el pueblo,
saber qué es eso de sentir que un día
la calle es ya de todos y el asfalto canta.

Y fue llegando luego tu voz a tus hermanos
de América, de España, en esta lengua
que Cervantes antaño utilizara
y que hoy es de Darío, de Neruda, de Vallejo;
castellano, la lengua de La Habana.

Como ella, tus ideas un continente abarcan
y si hoy tu voz ha muerto, aún quedan tus palabas
y algo que las supera y las hunde en la mina,
las embarca en los puertos, las calienta en la zafra,
las vierte por la pampa, las aferra en los Andes,
las atenaza en fábricas, las crece por las sierras,
internacionaliza tu esperanza.

Tu vida es una vida que no acaba en la muerte
y extiende sus raíces desde tu tumba anónima,
desde la altiplanicie boliviana,
pueblo tras pueblo, hombre tras hombre,
historia inacabada.
Si fueran como tú todos los muertos,
¿de qué la muerte alardeara?

Con esta lengua que nació en Castilla,
conquistó España, atravesó los mares
y se hizo universal desde La Habana
uno mi canto al canto de los pueblos.
Nos une tu recuerdo, compañero,
tu ejemplo, Che Guevara.

Che Guevara en el Congo, 1965.

YO TUVE UN HERMANO
Julio Cortázar

Yo tuve un hermano.
No nos vimos nunca
pero no importaba.
Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.

Lo quise a mi modo,
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.

No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía.

Mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.

El Che en la jungla boliviana, 1966-1967, desconozco el autor de la fotografía.

CANTATA PARA EL CHE GUEVARA
Efraín Huerta

Andaba suelta la amarilla muerte de ciegos ojos,
de ciegos ojos la amarilla muerte andaba suelta.
Agrios pasos azules en medio del follaje y el fango.
Agria y espesa muerte buscadora, mortalmente buscona.
Gran muerte, grande y maldita muerte, feroz perseguidora.
Andaba suelta aquella muerte tuya, aquella dentellada,
aquellas balas, aquel verde-gusano de las boinas verdes.
Suelta andaba la muerte aquel día de las balas
y tus pies lastimados y tus cabellos ultrajados
y tu reseca voz de follajes malditamente mutilados.
Si dijiste Déjenme vivir. Para ustedes
valgo más vivo que muerto
, te respondieron las blasfemias
y las hojas más altas de los pinares volaron al cielo,
porque siempre te cuidaba una parvada de palomas
y tus palabras de amor eran orquídeas y mariposas
para la sintaxis impecable de nuestro claro porvenir.
Andaba suelta como una jauría aquella muerte tuya,
Che Guevara. Suelta andaba con sus pasos de plomo.
Con sus pasos de plomo suelta andaba la muerte, Che Guevara.
Había plomo en la boca del delator y del traidor,
y barranca arriba subía un río de plomo y de miedo.
La boina verde andaba a la caza de la orquídea salvaje
y el helicóptero buscaba con furia la mariposa.
Aquella muerte verdinegra te asediaba en la escaramuza
y en los hombres tuyos prisioneros y torturados.
Por el hocico del gorila salía la negra muerte
y era tu muerte lo que sudaban los mercenarios.
Los ríos llevaban en su lomo la espuma de tu muerte
y había sangre tuya en las heladas cresterías.
Ya te teníamos muerto en nuestras venas de agonizantes
y una noche la guillotina nos cortó el habla y el sueño.
Te sabíamos rodeado, aislado, enfurecido y triste
como el último capitán de nuestra esperanza,
Che Guevara. De aquella esperanza de dulces verdes
bolivarianos, de verdes mexicanos y de verdes hermanos.
Las pequeñas y grandes patrias se estremecieron
con los irremediables disparos que te dieron la muerte,
y luego, dicen, te cercenaron los dedos,
y después, asegura el sanguinario mayor, te llevaron
a lo desconocido para quemar tu cuerpo
y convertirlo en las cenizas infinitas de nuestros amor,
Che Guevara cargado de la muerte de los siglos,
Che Guevara padre e hijo de la independencia,
nieto de todas las libertades de todo el mundo,
forjador de poemas, hacedor de futuros.
Así que aquella muerte te encontró, la encontraste,
y así las balas te lastimaron de muerte
y una selvática oscuridad recorrió cordilleras, colinas,
pampas, llanuras, desiertos, bosques, mares, ríos…
Oh, comandante herido y muerto, oh comandante llorado
hasta no sabemos, sí sabemos cuándo y a qué hora.
En la precisa hora de tu muerte sonó la hora de nuestra libertad.

Fotografía realizada en el año 1963 para Look Magazine, René Burri.

QUIZÁ POR ESO
Claribel Alegría

Caíste, Che,
quiero decir cayó tu cuerpo
entre los altos cerros de Bolivia.
Caíste asesinado
como cayó Sandino,
como caen tantos héroes sin nombre.
Los Somoza,
los Johnson,
los Barrientos
celebran tu caída.
No se dan cuenta aún los infelices
de que sólo es tu cuerpo
el que se pudre.
O quizá si,
quizá por eso
su alborozo es discreto.
¿Cazarán tu fantasma en helicóptero?
Las astillas filosas de tu espejo
empiezan a enconarse en pies desnudos.

Fotografía realizada en el año 1959 en la Universidad de La Habana, Chinolope.

DONDE NUNCA JAMÁS SE LO IMAGINAN
Eliseo Diego

A Paco Chavarry

Entonces ya es seguro que estás muerto.
No volveremos otra vez a verte
jugar con el aliento de los hartos
al escribir como al desgano: ché,
sobre el dinero.

Entre leyendas
viniste brevemente a nuestro día
para después marcharte entre leyendas.
Cruzabas en la sombra, rápido
filo sediento, de relámpago,
y el miedo iba a tronar donde no estabas.
Luego, es verdad, la boina seria
y el tabaco risueño, nos creímos
-y tú sabrás, si cabe, perdonarlo-
que te quedabas ya para semilla
de cosas y de años.

Hoy nos dicen
que estás muerto de veras, que te tienen
al fin donde querían.
Se equivocan
más que nosotros figurándose
que eres un torso de absoluto mármol
quieto en la historia, donde todos
pueden hallarte.

Cuando tú
no fuiste nunca sino el fuego,
sino la luz, el aire,
sino la libertad americana
soplando donde quiere, donde nunca
jamás se lo imaginan, Che Guevara.

Fotografía realizada en 1964 en La Habana, Elliott Erwitt.

ANTE EL RETRATO DE GUEVARA YACENTE
Cintio Vitier

Derrumbado en el hielo de la muerte
por el plomo que fuiste a procurarte
en la lucha feroz, no estás inerte
ni está fuera de ti el rudo arte

de atacar con lo débil a lo fuerte:
arqueado el torso roto, el rostro aparte
de la sombra que quiere conocerte,
parece que ya vas a incorporarte

otra vez al fragor de la batalla,
lleno de luz el pecho, grave el ojo
de gaucho que a la muerte pone a raya,

y que otra vez ceñido el cinto flojo
de tu ropa viril por la metralla
pasa triunfando al fin de tu despojo.

Fotografía realizada en 1969 en La Habana, Osvaldo Salas.

BIOGRAFÍA
Belkis Cuza

Ahora estaría usted parado frente
a un ventanal de vidrio
dirigiendo el Ministerio de la Industria,
o hablando en Argelia a los pueblos africanos,
o recorriendo América
en una motocicleta,
o pateando el fútbol en una pequeña cancha
de colegio,
o en medio del famoso óleo
aprendiendo la lección de anatomía.

Desde hace no sé qué tiempo
su fantasma recorre América,
estremece las tablas de esta casa,
mientras la lluvia encharca el jardín.

Que todos digan que le han muerto,
porque a un fantasma no se mata fácilmente
y quien descubra el cadáver
es que no tiene fe.

Fotografía realizada en 1960. El Che paseando por La Habana Vieja, Korda.

CHE “EL POETA SALUDA AL SUFRIMIENTO ARMADO”
Antonio Conte

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Miguel Hernández

Para que tu cadáver no sea certidumbre,
tus huesos un montón de rastrojos, útiles al árbol
que ha de crecer donde te pudres, duermes más bien,
tu corazón mundial restaurando sístoles y diástoles.
Para no llorar por los rincones como huérfanos indefensos,
ni estarnos aquí, vengando tus despojos mentalmente
en esta irremediable noche que casi nos ahoga.
Para que tú no seas un mísero mortal, una suerte de corrida
donde perdiste el número de la victoria,
es que ahora fechamos el tiempo con tu nombre.

Quiero decir que existes de una manera inversa
a la existencia misma,
ni austero ni agresivo, callado simplemente.
No hay vida más allá que grite, que combata,
que organice papeles.
Allí no crecen barbas ni hay héroes legendarios.
Es una vida que te construimos para no resignarnos
a ver cómo te han roto, cómo te han puesto rígido, macabro.
Ésa es nuestra única mística posible.
Cualquier desgarradura es explicable;
como si a cada uno de nosotros
nos hubieran cercenado algún miembro.
Los pies no van a ningún lado, tan sólo a la memoria
que dejaste, al cementerio popular donde estás enterrado
por segunda vez con los ojos abiertos.
La cabeza es inútil, no vive en nuestros hombros,
rodó contigo, corrió tu misma suerte.

Te vencieron un día guerrillero,
un día nada más,
el tiempo exacto de armar al sufrimiento
con lágrimas y todo cuanto sirva para matar.
Tu asesinato inicia otro día de cólera,
vamos a recobrar tu herencia balazo tras balazo;
tu camisa por fuera, tus heridas,
cada huella marcada por tu bota sobre la selva americana,
el asma boca arriba, tu amor que nos sustenta,
tu ser violento, tu odio indispensable,
tu garganta de tiernas palabrotas.

¡Salud, hombre de Dios…!
aunque no escuches la soberbia
del hombre que te ama pedazo por pedazo.
No volveremos a encontrar tu filosa materia
premeditando continentes.
Sostén nuestra venganza desde esas soledades,
desde ese fondo mineral donde el misterio es más intenso.

Un día diurno, claro, atento, fértil…
TU GRAN AVENTURA RECORRERÁ EL PLANETA.
Allí reside la inmortalidad.
Hasta la victoria siempre, compañero del alma, compañero.

Fotografía realizada en el año 1960 por Osvaldo Salas.

SEMANA DEL CHE GUEVARA*
Robert Lowell

Semana del Che Guevara, acosado, herido,
capturado un día de esos, después liquidado a balazos
por oro, por justicia -la violencia rajando la violencia
como una roca a otra, el cadáver del último profeta armado
tendido en la mugre de un establo, expuesto a la luz de las linternas-
como las hojas que esta tarde se iluminan, verdes aún,
y arden enrojeciendo estrictamente; como el roble, podado
para seguir viviendo, se hincha de paperas como un árbol frutal,
como los muros blancos de los grandes edificios de piedra
sobrecogen a los pobres, demasiado buenos para este nuevo mundo,
esta Nueva York, donde nuestras manos enguantadas, ilícitas,
pulsan, detienen el torrente de sangre como si chocara en la roca…
¡Dad descanso al proscrito!… Los reyes, cuando ponían precio a sus cabezas,
se ocultaban en robles y acechaban la presa.

*Esto es lo que es: un tributo al Che sólo en la medida en que el Hotspur de Shakespeare es un tributo.

Fotografía realizada en el año 1958, en la ladera de Pico Gavilán en el Escambray, Perfecto Romero.

ELEGÍA A ERNESTO CHE GUEVARA
Enrique Lihn

Las condiciones de la tragedia están dadas, y no faltan los héroes;
más bien ellos forman ahora un ejército regular,
un río subterráneo que se ramifica en los lugares estratégicos,
un árbol subterráneo cuyo follaje es la tierra
—tiempo de cosechar tantos muertos oscuros—
y hay también el conducto de los héroes;
todos los héroes llevan a él como los pasos de una prueba de fuego;
una ecuación que despejaran los hechos,
y el signo de igualdad entre el que inicia la marcha y
quienes le siguen guardando esa distancia
camino de la lógica y del azar entremezclados
“por el pantano cubierto de manglares”.
Hay el hombre Ernesto Che Guevara cuyo nombre
es legión pero de hombres que avanzan a favor de la historia,
contra esos monstruos que resoplan a contracorriente bajo una bandera insostenible,
impulsados por el sueño de la razón como las pirañas por el olor de la sangre.
El médico de a bordo atormentado por el asma en la noche del Granma.
El sobreviviente —este fue su primer grado militar—,
y antes de elevarse al más alto rango, el de inmortal (en el sentido rigurosamente histórico de la palabra),
el guerrillero de la alegre figura con su mulo émulo de las cabalgaduras más celebres al que no se precisa anteponerle el eh para hacerlo avanzar, entre la vida y la muerte,
por las encruchilladas de los Andes:
un gajo vivo de la sierra, y el jinete montado literalmente en el macho.
“En su tipo inconfundible, muy erguido”.
El poeta de qué circunstancias mayúsculas.
Che, qué manera de izar esta palabra con sólo un pronombre personal por asta
y de multiplicarla
y de imprimirle un grito inesperado,
El Che Alegría de Pío vagando como un desastre por los acantilados
cercanos al Cabo Cruz
el Che batalla de Santa Clara penetrando a una ciudad de tanques y cañones
o desangrándose en las quebradas del Yuro.
El Che sentado a su mesa de trabajo.
Al telar como obrero voluntario,
al tractor voluntario.
Ajedrecista artista de la guerra.
Alguien que firme el acta de la irreconciliación
mientras le cortan los dedos por orden de la Paz
a ese cadáver temible dueño de las Higueras donde ha instalado
post mortem su cuartel general,
y ninguna hora es exacta hay que ultimarlo hay que cremarlo,
hay que volverlo a matar que no le quede un hombre de vida,
“el alto mando militar da por terminada toda información relativa
a la muerte de Ernesto Che Guevara”.
El general Barrientos: Por mi madre.
El general Ovando:  Hijos de puta.
Los soldaditos: Por la gran puta.
Cómo ingeniárselas para enterrar un mito, y en un agujero de
Bolivia que cicatrice rápido:
le está doliendo al mundo este muerto imborrable.
El Che Asamblea General de las Naciones.
En pie de rayo que ilumina la selva de Washington hasta en sus
menores detalles, y con toda la selva en su contra:
cifras de expoliación cifras de intervención cifras de crímenes
persuasivos o violentos,
haciéndolas hablar para que hablen por sí solas.
Y la muerte probándose su cara en los salones de palacio
pero como un bufón la máscara del rey.


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