miércoles , 23 mayo 2018
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Inicio / Poemas y Poetas / El Siglo de Oro español. Poemas.
La inspiración viste trajes apropiados para acudir a la cárcel terrenal construida de sucesos que el tiempo devora al instante y escoge dos estilos para mostrar su desencanto. Esos estilos son el Culteranismo (forma) y el Conceptismo (concepto).

El Siglo de Oro español. Poemas.

“Vánitas vanitatum, et ómnia vánitas”.
Eclesiastés (1:2)

Vanitas, Jacques Linard, óleo sobre lienzo, 1640-1645.

Desde el Renacimiento tardío hasta el deceso del Barroco la lírica hispana fue ganando peldaños hasta conquistar la fortaleza de la melancolía. Este camino fatigoso, iniciado a finales del siglo XVI, deja atrás la fe optimista y el toque alegre del Renacimiento para dar paso al Manierismo y, posteriormente, a la era del Barroco.

El Barroco fue un movimiento artístico que se extendió por toda Europa. Surgió en tiempos turbulentos, en un período en el que la batalla entre la Reforma y la Contrarreforma abarcaba todos los campos de la vida, tanto los públicos como los privados. El Barroco fue un estilo que sirvió a ambos bandos.

En la pintura, por ejemplo, el Barroco sirvió a la iglesia católica para hacer llegar a amplios sectores de la población los preceptos del Concilio de Trento. A los protestantes, sin embargo, el Barroco les permitió pintar sobre asuntos menos comprometidos, iniciándose así el género de la vanitas y una gran producción de escenas paisajísticas, cotidianas y de religiosidad laica. Pero todo el Barroco compartió una misma idea: poner fin a la armonía y a la serenidad del clasicismo renacentista para reflejar las características de una nueva etapa que se abría paso.

El Barroco se centró en el Tiempo porque este le permitía describir la sucesión de instantes que van creando y modificando las cosas. El Tiempo, por su carácter inconstante, fue el aliado imprescindible del Barroco, fue el modelo ideal que le permitió al movimiento representar con palabras la fugacidad de la existencia. El Barroco buscaba demostrar que la vida no era más que una secuencia de infructuosos días, que era en la muerte donde estaba el gozo de la vida eterna. Para este fin, los escritores y artistas no encontraron mejor socio que el Tiempo.

El Barroco hizo de la muerte su rosa negra.

España fue el país que lideró la Contrarreforma, movimiento nacido con la misión de restaurar el orden religioso, tanto a nivel social como en el seno de la iglesia católica. A este importantísimo hecho, que tuvo liderando la cruzada al emperador Carlos V y, posteriormente, al rey Felipe II, su hijo, hay que añadir otro acontecimiento de igual trascendencia para España: la caída en picado del poder del Imperio, caída que culminó con el fin de la dinastía de los Austrias (Carlos II, 1660-1700) y que, por cierto, coincidió también con el final del Barroco. La época que abarca el Siglo de Oro fue rica en penurias económicas y en batallas infructuosas.

Alegoría de la vanidad, Antonio de Pereda, óleo sobre lienzo, 1632-1636.

Es en este contexto en el que nació la poesía española que forma parte del Siglo de Oro. Poesía obsesionada en demostrar que la vida comienza a morir con su primer aliento. Poesía que hizo de la hermosa y fugaz rosa su efigie. Poesía que hizo resurgir con lamentos la lírica mística. Poesía cuyos asuntos seculares y religiosos están igualmente contagiados de decepciones y dudas.

En la poesía del Siglo de Oro todo verso, elevado o vulgar, gira en torno al desengaño y muestra la conciencia que los autores tuvieron de la fuerte crisis por la que atravesaba su patria.

Los grandes vates, que dieron a España un lugar único en la historia de las letras, mostraron su aflicción a través de la escritura. Unos lo hicieron dando prioridad a la forma y otros dando relevancia a los conceptos. Pero todos dejaron constancia de su presencia en sus poesías. Hay un “Yo” que canta, que deja traslucir la actitud emocional de quien escribe el poema.

Los amores no correspondidos, la efímera vida, la frágil fortuna material, la absurda vanidad -vanidad en el sentido de insignificancia, no de orgullo-, la pequeñez de la sabiduría humana, el sinsentido de la rutina diaria… son temas presentes en la poesía española del siglo XVII. La inspiración, que viste trajes apropiados para acudir a la cárcel terrenal construida de sucesos que el tiempo devora al instante,  muestra su desencanto a través de dos estilos: el Culteranismo (forma) y el Conceptismo (concepto).

El Conceptismo, cuyos mayores exponentes fueron Francisco de Quevedo (1580-1645) y Baltasar Gracián (1601-1658), basa sus normas en el juego de los conceptos. Para ello, utiliza recursos como la alegoría, el paralelismo, la ironía, los juegos de palabras, las paradojas, los símbolos, la caricatura, el laconismo, el absurdo, la sátira, la elipsis… Este estilo busca destacar la composición de los vocablos por encima de la sonoridad. Es una fórmula que permite lucir la agudeza al plantearse como reto crear asociaciones entre palabras e ideas. El Conceptismo es un “movimiento literario basado en las ideas difíciles expresadas con una brillantez retorcida”, nos dice el Diccionario de la Literatura editado por Aguilar y escrito por Federico Carlos Saínz de Robles.

El Culteranismo, cuyo máximo exponente fue Luis de Góngora (1561-1627), deriva del Conceptismo. El Culteranismo premia la estética antes que el contenido y, para ello, utiliza argucias como la adjetivación excesiva, el hipérbaton, los neologismos, las aliteraciones, las metáforas enrevesadas, la descripción de elementos sensoriales (luz, color, olor, tacto, sonido), los temas mitológicos y lejanos de los asuntos contemporáneos… Los poetas adscritos a este estilo, alejado del lenguaje corriente, quisieron dar vida a una nueva expresión poética con la intención de hacer palpitar los sentidos. “Al Culteranismo le parece pobre la lengua. Desea enriquecerla para así utilizar en la poesía un idioma culto, es decir, centelleante al intelecto y sorprendente a la curiosidad. Para ello, el Culteranismo se lanza a una búsqueda, tan lógica como ardiente, de vocablos nobles derivados de la lengua madre: el latín (…) El escritor cree necesario no utilizar en poesías nombres de cosas que no sean poéticos y sustituirlos por otros delicados con los que se forma la imagen”, nos dice Saínz de Robles en su Diccionario.

El Conceptismo y el Culteranismo son hijos de la lírica barroca española, aunque el Conceptismo también participa de la prosa (Baltasar Gracián). Ambos estilos fueron utilizados por poetas barrocos de otros países.

Bodegón con jarrón y cráneo, Adriaen van Utrecht, óleo sobre lienzo, sobre 1615-1657.

Los hombres que con sus obras hicieron posible el Siglo de Oro español compartieron una mismo estado anímico. La ilusión de pertenecer a un Imperio, donde el sol nunca dormía, se hizo trizas en el tiempo en que vivieron. No estaban preparadas las almas sensibles para tan gran varapalo. Si en un principio, el desconcierto se reflejó en la poesía, pronto la turbación dio paso a una falsa alegría sustentada en un deseo inmenso de que todo volviera a los cauces mansos. Pero rápido volvió el desengaño. La crítica que encontramos en los escritos quevedianos son un buen ejemplo de cómo afectó a los literatos y poetas la confirmación de la pérdida del poderío español. Este es el momento en el que la desesperanza encontró en la lírica un estupendo método de comunicación. Dios fue recibido con el tañido atronador de las campanas suspendidas en las espadañas. Y escribo atronador porque no faltó pasión, éxtasis, arrebato, en la poesía barroca hispana.

La flores, que inspiraron a los poetas del Siglo de Oro español historias que lloran brevedades, acompañan los poemas que he seleccionado. Francisco de Quevedo, Antonio Hurtado de Mendoza, Francisco de Rioja, Félix Lope de Vega y Carpio, Lupercio Leonardo de Arguensola, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, Gregorio Silvestre, Sor Juana Inés de la Cruz, Esteban Manuel de Villegas, Fray Luis de León y Luis de Góngora y Argote te esperan a continuación. He escogido poemas breves con la intención de hacer de esta entrada una opción atractiva para jóvenes lectores.

FRANCISCO DE QUEVEDO
(1580-1645)

MIRÉ LOS MUROS DE LA PATRIA MÍA

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.
Salime al campo: vi que el sol bebía
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.
Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,
mi báculo más corvo y menos fuerte.
Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.

FUE UN SUEÑO AYER, MAÑANA SERÁ TIERRA

Fue sueño ayer, mañana será tierra:
poco antes nada, y poco después humo;
y destino ambiciones y presumo,
apenas punto al cerco que me cierra.
Breve combate de importuna guerra,
en mi defensa soy peligro sumo:
y mientras con mis armas me consumo,
menos me hospeda el cuerpo, que me entierra.
Ya no es ayer, mañana no ha llegado,
hoy pasa y es, y fue, con movimiento
que a la muerte me lleva despeñado.
Azadas son la hora y el momento,
que a jornal de mi pena y mi cuidado,
cavan en mi vivir mi monumento.

LA POBREZA, EL DINERO
(Letrilla satírica)

Pues amarga la verdad,
quiero echarla de la boca;
y si al alma su hiel toca,
esconderla es necedad.
Sépase, pues libertad
ha engendrado en mi pereza
la pobreza.

¿Quién hace al tuerto galán
y prudente al sin consejo?
¿Quién al avariento viejo
le sirve de Río Jordán?
¿Quién hace de piedras pan,
sin ser el Dios verdadero
el dinero.

¿Quién con su fiereza espanta
el cetro y corona al Rey?
¿Quién, careciendo de ley,
merece nombre de santa?
¿Quién con la humildad levanta
a los cielos la cabeza?
la pobreza.

¿Quién los jueces con pasión,
sin ser ungüento, hace humanos,
pues untándolos las manos
los ablanda el corazón?
¿Quién gasta su opilación
con oro y no con acero?
el dinero.

¿Quién procura que se aleje
del suelo la gloria vana?
¿Quién siendo toda cristiana,
tiene la cara de hereje?
¿Quién hace que al hombre aqueje
el desprecio y la tristeza?
la pobreza.

¿Quién la montaña derriba
al valle; la hermosa al feo?
¿Quién podrá cuanto el deseo,
aunque imposible, conciba?
¿Y quién lo de abajo arriba
vuelve en el mundo ligero?
el dinero.

ANTONIO HURTADO DE MENDOZA
(¿1586?-1644)

AMABLE SOLEDAD, MUDA ALEGRÍA…

Amable soledad, muda alegría,
que ni escarmiento ves, ni ofensas lloras;
segunda habitación de las auroras;
de la verdad primera compañía.

Tarde buscada paz del alma mía,
que la vana inquietud del mundo ignoras,
donde no la ambición hurta las horas,
y entero nace para el hombre el día.

¡Dichosa tú, que nunca das venganza,
ni de palacio ves con propio engaño,
la ofendida verdad de la mudanza,

la sabrosa mentira del engaño,
la dulce enfermedad de la esperanza,
la pesada salud del desengaño!

A UN DEVOTO

Dentro de un santo templo un hombre honrado
con grave devoción rezando estaba;
sus ojos hechos fuentes enviaba
mil suspiros del pecho apasionado.

Después que por gran rato hubo besado
las religiosas cuentas que llevaba,
con ella el buen hombre se tocaba
los ojos, boca, sienes y costado.

Creció la devoción, y pretendiendo
besar el suelo al fin, porque creía
que mayor humildad en esto encierra,
lugar pide a una vieja; ella volviendo,
el «salvo honor» le muestra, y le decía:

«Besar aquí, señor, que todo es tierra».

FRANCISCO DE RIOJA
(1583-1659)

A LA ROSA

Pura, encendida rosa,
émula de la llama
que sale con el día,
¿cómo naces tan llena de alegría
si sabes que la edad que te da el cielo
es apenas un breve y veloz vuelo?
Y no valdrán las puntas de tu rama,
ni tu púrpura hermosa
a detener un punto
la ejecución del hado presurosa.
El mismo cerco alado,
que estoy viendo riente,
ya temo amortiguado,
presto despojo de la llama ardiente.
Para las hojas de tu crespo seno
te dio Amor de sus alas blandas plumas,
y oro en su cabello dio a tu frente.
¡Oh fiel imagen suya peregrina!
Bañóte en su color sangre divina
de la deidad que dieron las espumas;
y esto, pupúrea flor, y esto ¿no pudo
hacer menos violento el rayo agudo?
Róbate en una hora,
róbate silencioso su ardimiento
el color y el aliento;
tiendes aún no las alas abrasadas
y ya vuelan al suelo desmayadas.
Tan cerca, tan unida
está al morir tu vida,
que dudo si en sus lágrimas la aurora
mustia tu nacimiento o muerte llora.

CUANDO TE MIRO, OH FRESNO, ASÍ HELADO…

Cuando te miro, oh fresno, así al helado
soplo del Aquilón, calvo la frente,
y al tibio y blando soplo de Occidente
de purpúreo verdor la cima ornado,

alegre vuelvo a mi anterior estado
y esfuerzo así mi corazón doliente:
Espera, no importunes al luciente
cielo con voces y con llanto airado.

Tiempo será que tan crecida pena
acabe, y tu luz goces, si oprimido
yaces ahora en tan profundo hielo.

Y si el volver del incansable cielo
da a un mudo tronco el verde honor perdido,
¿cómo a ti no tu pura luz serena?

FÉLIX LOPE DE VEGA Y CARPIO
(1562-1635)

A UNA CALAVERA

Esta cabeza, cuando viva, tuvo
sobre la arquitectura de estos huesos
carne y cabellos, por quien fueron presos
los ojos que mirándola detuvo.

Aquí la rosa de la boca estuvo,
marchita ya con tan helados besos,
aquí los ojos de esmeralda impresos,
color que tantas almas entretuvo.

Aquí la estimativa en que tenía
el principio de todo el movimiento,
aquí de las potencias la armonía.

¡Oh hermosura mortal, cometa al viento!,
¿dónde tan alta presunción vivía,
desprecian los gusanos aposento?

HOMBRE MORTAL MIS PADRES ME ENGENDRARON…

Hombre mortal mis padres me engendraron,
aire común y luz de los cielos dieron,
y mi primera voz lágrimas fueron,
que así los reyes en el mundo entraron.

La tierra y la miseria me abrazaron,
paños, no piel o pluma, me envolvieron,
por huésped de la vida me escribieron,
y las horas y pasos me contaron.

Así voy prosiguiendo la jornada
a la inmortalidad el alma asida,
que el cuerpo es nada, y no pretende nada.

Un principio y un fin tiene la vida,
porque de todos es igual la entrada,
y conforme a la entrada la salida.

LUPERCIO LEONARDO DE ARGENSOLA
(1559-1613)

NO FUERON TUS DIVINOS OJOS…

No fueron tus divinos ojos, Ana,
los que al yugo amoroso me han rendido;
ni los rosados labios, dulce nido
del ciego niño, donde néctar mana;

ni las mejillas de color de grana;
ni el cabello, que al oro es preferido;
ni las manos, que a tantos han vencido;
ni la voz, que está en duda si es humana.

Tu alma, que en todas tus obras se trasluce,
es la que sujetar pudo la mía,
porque fuese inmortal su cautiverio.

Así todo lo dicho se reduce
a solo su poder, porque tenía
por ella cada cual su ministerio.

AL SUEÑO

Imagen espantosa de la muerte,
sueño cruel, no turbes más mi pecho,
mostrándome cortado el nudo estrecho,
consuelo sólo de mi adversa suerte.

Busca de algún tirano el muro fuerte,
de jaspe las paredes, de oro el techo,
o el rico avaro en el angosto lecho,
haz que temblando con sudor despierte.

El uno vea el popular tumulto
romper con furia las herradas puertas,
o al sobornado siervo el hierro oculto.

El otro sus riquezas, descubiertas
con llave falsa o con violento insulto,
y déjale al amor sus glorias ciertas.

SAN JUAN DE LA CRUZ
(1542-1591)

EL PASTORCICO

1
Un pastorcico solo está penado,
ajeno de placer y de contento,
y en su pastora puesto el pensamiento,
y el pecho del amor muy lastimado.
2
No llora por haberle amor llagado,
que no le pena verse así afligido,
aunque en el corazón está herido;
mas llora por pensar que está olvidado.
3
Que sólo de pensar que está olvidado
de su bella pastora, con gran pena
se deja maltratar en tierra ajena,
el pecho del amor muy lastimado.
4
Y dice el pastorcito: ¡Ay, desdichado
de aquel que de mi amor ha hecho ausencia
y no quiere gozar la mi presencia,
y el pecho por su amor muy lastimado!
5
Y a cabo de un gran rato se ha encumbrado
sobre un árbol, do abrió sus brazos bellos,
y muerto se ha quedado asido dellos,
el pecho del amor muy lastimado

OTRAS DEL MISMO A LO DIVINO

Tras de un amoroso lance,
y no de esperanza falto,
volé tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.
1
Para que yo alcance diese
a aqueste lance divino,
tanto volar me convino
que de vista me perdiese;
y, con todo, en este trance
en el vuelo quedé falto;
mas el amor fue tan alto,
que le di a la caza alcance.
2
Cuanto más alto subía
deslumbróseme la vista,
y la más fuerte conquista
en oscuro se hacía;
mas, por ser de amor el lance
di un ciego y oscuro salto,
y fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.
3
Cuanto más alto llegaba
de este lance tan subido,
tanto más bajo y rendido
y abatido me hallaba;
dije: ¡No habrá quien alcance!
y abatíme tanto, tanto,
que fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.
4
Por una extraña manera
mil vuelos pasé de un vuelo,
porque esperanza del cielo
tanto alcanza cuanto espera;
esperé solo este lance,
y en esperar no fui falto,
pues fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

SANTA TERESA DE JESÚS
(1515-1582)

YA TODA ME ENTREGUÉ

Ya toda me entregué y di,
y de tal suerte he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó herida,
en los brazos del amor
mi alma quedó rendida;
y, cobrando nueva vida,
de tal manera he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador;
Ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

COLOQUIO AMOROSO

Si el amor que me tenéis,
Dios mío, es como el que os tengo,
Decidme: ¿en qué me detengo?
O Vos, ¿en qué os detenéis?
-Alma, ¿qué quieres de mí?
-Dios mío, no más que verte.
-Y ¿qué temes más de ti?
-Lo que más temo es perderte.

Un alma en Dios escondida
¿qué tiene que desear,
sino amar y más amar,
y en amor toda escondida
tornarte de nuevo a amar?

Un amor que ocupe os pido,
Dios mío, mi alma os tenga,
para hacer un dulce nido
adonde más la convenga.

GREGORIO SILVESTRE
(1520-1569)

CON PENAS QUIERE AMOR QUE ME CONTENTE…

Con penas quiere Amor que me contente
y que perdiendo entienda que me gano,
que tenga el corazón muriendo ufano,
que sienta y que no sienta lo que siente.

Ni sé cuando estoy frío ni caliente,
ni sé cuando es invierno ni verano;
en mí lo más doliente es lo más sano
y es lo más sano en mí lo más doliente.

Del un extremo al otro extremo,
que no vale razón, ni ley, ni uso
para avisarme del error pasado.

Y es mal de tantos males, que no temo
sino que todo reino en sí confuso
en breve tiempo se verá asolado.

¡OH LUZ DONDE A LA LUZ SU LUZ LE VIENE…

¡Oh luz donde a la luz su luz le viene
y clara claridad que el mundo aclara,
amparo del amparo que me ampara
y bien del sumo bien que más conviene!

Valor de aquel valor que en sí contiene
de todos el reparo y los repara,
tu cara, de los ángeles tan cara
me dé paz en la paz que el cielo tiene.

La brasa de tu amor que el alma abrasa,
la llama que tu amor inspira y llama
me sube de mi ser al ser divino,
que puedo yo, Señor, de casa en casa
de vuelo en vuelo ir, de rama en rama
a donde tu contino sea contino.

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ
(1651-1695)

AMOR EMPIEZA POR DESASOSIEGO…

Amor empieza por desasosiego,
solicitud, ardores y desvelos;
crece con riesgos, lances y recelos;
susténtase de llantos y de ruego.

Doctrínanle tibiezas y despego,
conserva el ser entre engañosos velos,
hasta que con agravios o con celos
apaga con sus lágrimas su fuego.

Su principio, su medio y fin es este:
¿pues por qué, Alcino, sientes el desvío
de Celia, que otro tiempo bien te quiso?

¿Qué razón hay de que dolor te cueste?
Pues no te engañó Amor, Alcino mío,
sino que llegó el término preciso.

ROSA DIVINA QUE EN GENTIL CULTURA…

Rosa divina que en gentil cultura
eres con tu fragante sutileza
magisterio purpúreo en la belleza,
enseñanza nevada a la hermosura;

amago de la humana arquitectura,
ejemplo de la vana gentileza
en cuyo ser unió naturaleza
la cuna alegre y triste sepultura:

¡cuán altiva en tu pompa, presumida,
soberbia, el riesgo de morir desdeñas;
y luego, desmayada y encogida,

de tu caduco ser das mustias señas!
¡Con qué, con docta muerte y necia vida,
viviendo engañas y muriendo enseñas!

ESTEBAN MANUEL DE VILLEGAS
(1589-1669)

CANTILENA DE UN PAJARILLO

Yo vi sobre un tomillo
quejarse un pajarillo,
viendo su nido amado,
de quien era caudillo,
de un labrador robado.

Vile tan acongojado
por tal atrevimiento
dar mil quejas al viento,
para que al cielo santo
lleve su tierno llanto,
lleve su triste acento.

Ya con triste armonía,
esforzando el intento
mil quejas repetía;
ya cansado callaba,
y al nuevo sentimiento
ya sonoro volvía.

Ya circular volaba,
ya rastrero corría,
ya pues de rama en rama
Al rústico seguía;
y saltando en la grama,
parece que decía:
“Dame, rústico fiero,
mi dulce compañía”.
Y que le respondía
el rústico: “No quiero”.

SAFO

Dulce vecino de la verde selva,
huésped eterno del abril florido,
vital aliento de la madre Venus,
céfiro blando.

Si de mis ansias de amor supiste,
tú que las quejas de mi voz llevaste,
oye, no temas, y a mi ninfa dile,
dile que muero.

Filis un tiempo mi dolor sabía,
Filis un tiempo mi dolor lloraba,
quísome un tiempo, mas agora temo,
temo sus iras.

Así lo dioses con amor paterno,
así los cielos con amor benigno,
nieguen al tiempo que feliz volares
nieve a la tierra.

Jamás el peso de la nube parda,
cuando amenace la elevada cumbre,
toque tus hombros, ni su mal granizo
hiera tus alas.

FRAY LUIS DE LEÓN
(1527-1591)

AGORA CON LA AURORA

Agora con la aurora se levanta
mi Luz; agora coge en rico nudo
el hermoso cabello; agora el crudo
pecho ciñe con oro, y la garganta;

agora vuelta al cielo, pura y santa,
las manos y ojos bellos alza, y pudo
dolerse agora de mi mal agudo;
agora incomparable tañe y canta.

Ansí digo y, del dulce error llevado,
presente ante mis ojos la imagino,
y lleno de humildad y amor la adoro;

mas luego vuelve en sí el engañado
ánimo, y conociendo el desatino,
la rienda suelta largamente al lloro.

AMOR CASI DE UN VUELO

Amor casi de un vuelo me ha encumbrado
adonde no llegó ni el pensamiento;
mas toda esta grandeza de contento
me turba, y entristece este cuidado,

que temo que no venga derrocado
al suelo por faltarle fundamento;
que lo que en breve sube en alto asiento,
suele desfallecer apresurado.

mas luego me consuela y asegura
el ver que soy, señora ilustre, obra
de vuestra sola gracia, y que en vos fío:

porque conservaréis vuestra hechura,
mis faltas supliréis con vuestra sobra,
y vuestro bien hará durable el mío.

LUIS DE GÓNGORA Y ARGOTE
(1561-1627)

DE LA AMBICIÓN HUMANA

Mariposa, no sólo no cobarde,
mas temeraria, fatalmente ciega,
lo que la llama al Fénix aun le niega,
quiere obstinada que a sus alas guarde,

pues en su daño arrepentida tarde,
del esplendor solicitada, llega
a lo que luce, y ambiciosa entrega
su mal vestida pluma a lo que arde.

Yace gloriosa en la que dulcemente
huesa le ha prevenido abeja breve,
¡suma felicidad a yerro sumo!

No a mi ambición contrario tan luciente,
menos activo sí, cuanto más leve,
cenizas la hará, si abrasa el humo.

EL SASTRE

De mi sastre en el hurtar
la mano es tan singular,
que si cae la tela en ella
cuando la empieza a doblar,
ya puedo doblar por ella.

Y cuando pasa a trazar
la tela ya referida,
no hay como verle sacar
la medida para hurtar,
cuando él hurta sin medida.

NI EN ESTE MONTE, ESTE AIRE, NI ESTE RÍO…

Ni en este monte, este aire, ni este río
Corre fiera, vuela ave, pece nada,
De quien con atención no sea escuchada
La triste voz del triste llanto mío;

Y aunque en la fuerza sea del estío
Al viento mi querella encomendada,
Cuando a cada cual de ellos más le agrada
Fresca cueva, árbol verde, arroyo frío,

A compasión movidos de mi llanto,
Dejan la sombra, el ramo y la hondura,
Cual ya por escuchar el dulce canto

De aquel que, de Strimón en la espesura,
Los suspendía cien mil veces. ¡Tanto
Puede mi mal, y pudo su dulzura!


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