domingo , 22 julio 2018
Download http://bigtheme.net/joomla Free Templates Joomla! 3
Inicio / Carboncillos y pinceles / “Así comencé a pintar dinero” (Andy Warhol).
Warhol cambió la unicidad del objeto por la imagen reproducida e hizo de la publicidad una okupa en el mundo del arte.

“Así comencé a pintar dinero” (Andy Warhol).

“El arte como negocio es el paso siguiente al Arte. Yo empecé como artista comercial y quiero acabar como artista de negocios (…) Ganar dinero es arte y trabajar es arte y los buenos negocios son el mejor arte”.
Andy Warhol

Dollar Sign, acrílico y tinta serigráfica sobre lienzo, 1981.

Reproducción mecánica, repetición, arte serializado que muestra accidentes de coches y de aviación, sillas eléctricas, retratos de celebrities, imágenes de alimentos envasados, bebidas de consumo masivo, carátulas de discos, revistas y libros, afiches, películas underground, diseños publicitarios, tebeos, fotografías… El arte como producto. The Factory y la cultura urbana: Andy Warhol (1928-1987).

Un nuevo lenguaje artístico vinculado directamente con la publicidad y el boom del consumo se consolidó en los años cincuenta del siglo pasado. Esa nueva forma de crear, que eliminaba la singularidad de la obra artística debido a las técnicas de impresión usadas y que sustituía el concepto tradicional de originalidad debido a la reproducción mecánica de la pieza, destruyó en mil pedazos los cánones establecidos hasta entonces, llevándose por delante, incluso, las buenas maneras con que cada nueva generación había renovado las herencias recibidas.

Con la llegada del Pop Art la brecha que se abre entre padres e hijos del arte es brutal, pues la forma que utiliza el nuevo movimiento para materializar sus innovadoras ideas origina un concepto inédito de arte que aniquila cualquier vestigio de estructura tradicional.

Gun, acrílico, tinta serigráfica sobre lino, 1981.

Esa nueva forma de crear elevó la copia reproducida mecánicamente -la copia manual es un ejercicio de adiestramiento realizado por los artistas desde siempre- a un sitio hasta entonces dedicado en exclusiva a la obra original y, al hacerlo, creó una gran controversia en relación a si el resultado final obtenido era o no un producto, era o no arte contemporáneo, era o no una pieza singular.

¿Puede llamarse arte algo que se reproduce de idéntica manera una y otra vez, algo que, además, presume de perecedero y reniega del trazo manual? ¿Puede llamarse arte algo que no produce emoción, que no permite distinguir de entre todas las copias cuál es la auténtica? Yo creo que no. Pero la interpretación es libre y el trabajo de Warhol fue coronado por el público norteamericano y por las galerías europeas.

Before and After, caseína y lápiz sobre lienzo, 1961.

Andy Warhol fue un creador entrenado en la cultura del comercio y del consumo. Warhol fue un artista que sedujo a muchos, aunque la crítica especializada de su país nunca lo trató bien. Warhol dinamitó las barreras protectoras del jardín del arte para que la banalidad invadiera sus alamedas.

Skull, serigrafía y acrílico sobre lienzo, 1976.

Cierto es que Duchamp fue el primero en abrir la veda, el primero en dar a los objetos de uso cotidiano categoría de arte, el primero en preguntarse si se “pueden crear obras de arte que no sean obras de arte”, el primero en afirmar que una obra lo es por el mero hecho de ser una “decisión del artista”. Pero fue Warhol, hijo de un padre que trabajaba como operario en una cadena de montaje y de una madre que durante veinte años le dio como parte de la dieta diaria sopas Campbell’s, quien oficializó la tendencia de presentar como arte la chabacanería de la cultura de consumo.

Bolsa de compra Campbell’s Tomato Soup, serigrafía sobre papel, 1966.

Duchamp fue un provocador ingenioso, un hombre que hizo evidente la destrucción de los moldes heredados de la historia del arte. Duchamp creó imágenes irónicas que reflejaban el inicio de la quema de toda señal que revelara la utilización de conceptos tradicionales. Warhol instauró el arte aburrido, carente de pasión, de sueños, sin matices de colores y rico en callejeo.

El arte de Warhol, comercial y perezoso, es el reflejo de una sociedad abducida por el consumo impúdico. Su trabajo tiene el atractivo que posee toda exposición gráfica de un periodo de la historia. Warhol cambió la unicidad del objeto por la imagen reproducida e hizo de la publicidad una okupa en el mundo del arte. Warhol arrastró el arte a los pies de la implacable dama, quien terminó clavándole su afilado tacón en el corazón.

Vaca, serigrafía sobre papel, 1966.

La modernidad que suda el tiempo de Warhol tiene como slogan la defensa de las libertades individuales. Pero el lema es en sí mismo una paradoja, una ratonera eficaz para cazar ansiosos ratones. El hombre de la posguerra cree vivir en el país de las libertades, cree ser dueño y señor de su identidad. Pero nada más lejos de la verdad. Nadie se salva. Y Warhol lo sabe.

 De la serie “3-D Vacuum”, caseína sobre lino, 1961.

El hombre de la posguerra es un hombre masa, un producto carente de rostro propio que exhibe su casa y su vida como si fueran únicas cuando no son más que remedos. Todos persiguen los mismo: el producto anunciado y elaborado en serie que es vendido, gracias a las artes publicitarias, como capaz de hacer destacar a quien lo posee por encima de los demás y que, sin embargo, convierte la existencia en un eslabón de una interminable cadena homogénea asistida por la reproducción técnica.

The Souper Dress, serigrafía sobre papel de algodón, 1967. Al fondo, Liz, tinta serigráfica y acrílico sobre polímero sintético sobre lienzo, 1963.

El arte, a partir de los años cincuenta del siglo pasado, que es cuando Warhol comienza a manifestarse como dibujante publicitario y decorador de escaparates, pierde, según el Premio Nobel de Litertura Octavio Paz, “la noción de obra y cambia la obra como objeto por juegos estéticos y por representaciones colectivas”.

Pero ¿y el espectador? El público se convierte en testigo, en pieza imprescindible del puzle llamado Pop Art. El arte requiere de su mirada porque se produce una forzosa dependencia entre la creación y la contemplación, al dejar de ser la obra una obra visual. El espectador se cree obligado a descubrir si hay algo más allá de las apariencias, pues ha perdido el papel de contemplador de piezas bellas. El espectador, además, desea hallar un sentido más profundo a lo que ve, aunque hay otros muchos que pasan veloces frente a las obras y las miran sin mirar. Son los consumidores de arte.

Bank – RCA Color Scanner, litografía offset, 1968.

El artista moderno pretende que el espectador razone los conceptos que le presenta en forma de imágenes cotidianas.

Pero, realmente, ¿qué ofrece el trabajo de Warhol?  ¿Qué hay detrás del rostro maquillado de Mao? ¿Qué hay detrás de las repetitivas imágenes de Marilyn? ¿Y de las serigrafías en amarillo y rosa fucsia que repiten hasta el cansancio la imagen de una vaca? ¿Y de los cupones verdes S&H? Realmente, ¿qué se esconde detrás de las “cadenas de montaje” de Warhol? Desde mi punto de vista, no es tan difícil adivinarlo. La iconografía conceptual es tan obvia como la forma que toma. Y la intención termina en tomadura de pelo porque los signos que pretenden incitar la mente del espectador son tan evidentes que lo que ves es lo que hay. Pero esta es mi percepción.

Mao, acrílico y serigrafía sobre lienzo, 1972.

La Coca-Cola, el dólar, los envases de los estropajos Brillo, las Campbell’s, los políticos, los faranduleros, los músicos… prestan su imagen y participan en el arte rápido gracias a “la reproducibilidad infinita” (Walter Benjamin).

Nada de perder tiempo en manualidades, piensa Warhol, nada de dibujar cuando la prensa escrita me ofrece fotografías y anuncios que pueden ser reutilizados. Pasemos de lo seudomecánico -en sus comienzos se esforzaba más- a lo mecánico -Warhol en 1962 se entregó de lleno a la impresión serigráfica.

Dejemos que la máquina trabaje por mí y hagamos dinero, piensa el astuto Warhol ocultando su mirada detrás de unas gafas negras.

Debbie Harry, acrílico y tinta serigráfica sobre lino, 1980.

El universo warheliano, de acrílicos y colores fluorescentes y metálicos, es artificial como su sociedad.

Andy Warhol fue un hombre con un temperamento curioso, emprendedor y mercantilista y esto le permitió fisgonear la comunidad de la que formaba parte. Warhol supo llevar a la imagen la propaganda que movía su sociedad: “compre ahora y pague más tarde”.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos centró sus esfuerzos en estimular el consumo. Estados Unidos, con el objetivo de reactivar su economía, puso en marcha planes que ofrecían facilidades a la industria, al comercio y al posible comprador. La caza del dólar se convirtió en una obsesión para los ciudadanos bombardeados por explícitos anuncios publicitarios -el anuncio subliminal es un engendro posterior.

Brillo Box, polímero sintético y tinta serigráfica sobre madera, 1964-1968.

Captar, sintetizar y mostrar las características de la sociedad es uno de los requisitos que se tienen en cuenta a la hora de decidir si una obra es o no una obra de arte. Este requisito Warhol lo cumple sobradamente. Pero ¿y el de la singularidad? En Warhol desaparece el concepto de unicidad con la reproducción mecánica. Entonces, ¿puede considerarse su trabajo arte sin adjetivos? Él nos da una respuesta al respecto: “Supongo que si hubiera creído que el arte era algo tan sencillo, probablemente no me habría decantado por el arte comercial, sino por el que se expone en las galerías, pero me gusta el arte comercial”.

Estas palabras suyas también nos muestran una crítica al expresionismo abstracto, movimiento en boga entonces y en el que Warhol apenas participó, aunque tiene algunas obras abstractas como la serie Oxidations (1977-1978), que según Rosalind E. Krauss creó para “remedar la línea de Pollock”.

Por cierto, la serie Oxidations está hecha con pinturas al cobre y con orina. Warhol preparó primero los lienzos con gesso y luego añadió sobre la tela pintura y orina para conseguir amarillos, naranjas y verdes fluorescentes.  La composición de la orina, que depende de lo que comemos, disminuye o acentúa la tonalidad de estos colores. Warhol pidió a uno de los colaboradores de su Factory que lo sustituyera en el asunto de la micción, pues el asistente, que tomaba vitamina B, conseguía con su pis “un color más bonito al volver verde el cobre” (Bob Colacello).

De la serie Oxidation, orina sobre gesso sobre lienzo, 1978.

En Nueva York, la capital del arte a partir de mediados del siglo XX, Warhol consiguió erigirse en el rey del Pop Art. Sus serigrafías convirtieron los alimentos, los objetos y las personas que lo inspiraron en productos perecederos, en mercancías, en cosas, en marcas.

Andy Warhol vio cumplidos sus cuatro deseos: éxito, fama, dinero y su propio sello comercial. ¿Quién no distingue una obra de Warhol?

Gold Marilyn, tinta serigráfica y pintura dorada sobre lienzo, 1962.

Resumiendo, ¿qué características podemos apreciar en las obras de Warhol?

-La mecanización del trabajo manual.
-El uso de la serigrafía como método habitual de trabajo.
-La pérdida de originalidad debido a la mecanización.
-La incursión en todas las técnicas visuales.
-El uso de sonidos e imágenes proyectados gracias a grabadoras, cámaras de cine y de televisión, cámaras fotográficas, fotomatones, reproductores de vídeo, cámaras Polaroid, proyectores de diapositivas, ordenadores Commodore
-La imagen visual repetitiva y sintetizada.
-La imagen vinculada al consumo.
-El arte como negocio.
-La idea de la brevedad de la existencia.
-El tratamiento gráfico impersonal.
-El carácter aburrido y frío de su producción. La falta de lo asombroso.
-La utilización de modelos fácilmente reconocibles.
-El uso de imágenes que representan estabilidad y deseo.
-La referencia a anuncios publicitarios aparecidos en medios de comunicación, ya se refiriesen a personas o logotipos de marcas.
-El otro tema: la muerte.
-La multiplicación, el desdoblamiento o la inversión formal de la imagen.
-El uso de los colores primarios, secundarios y terciarios en función de los temas.
-El uso de plateados (color sacado de un material utilizado en el Programa Espacial de la NASA llamado scotchpak y que utilizó en su serie de “pinturas que flotan”, las Silver Clouds).
-El uso de dorados (en su viaje a Asia, en 1956, las esculturas budistas tratadas con pan de oro lo sedujeron).
-La experimentación con la luz (Serie Sombras).
-La función activa del espectador (para Warhol, el público es quien exterioriza la obra).
-La falta de singularidad.

Silla eléctrica, tinta serigráfica y acrílico sobre lienzo, 1967.

Andy Warhol se preguntó: “¿Por qué tengo que ser original? ¿Por qué no puedo ser no-original?”

Walter Benjamin, en su estudio La obra de arte en la época de su reproducción mecánica (1935), manifestó que “al multiplicar las copias (como producto de la reproducción técnica), la presencia única queda sustituida por la presencia masiva”.

El arte se muestra como producto estrella del capitalismo a partir de la segunda mitad del siglo XX. Hoy en día todos afirmamos ser consumidores de arte cuando lo que consumimos como arte, en la mayoría de los casos, son productos fabricados en concursos televisivos -la palabra consumir es una buena muestra de que la existencia del arte actual depende de su capacidad de producir dinero y no emoción. La publicidad se encarga de abrir el apetito al comprador=marioneta.

Vestido de noche, Flowers, diseño textil de Warhol, punto de seda y elástico, 1972.

Termino la reseña con una reflexión que hizo Warhol a raíz del asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy (1917-1963). Dice el artista:

“Estaba encantado de tener a Kennedy como presidente: era joven, guapo, listo, pero tampoco me importó tanto que estuviera muerto. Lo que me molestó fue el modo en el que la televisión y la radio trataron de programar a la gente para que se sintiera triste. Parecía que por más que lo intentaras, no podías sustraerte a todo aquello”.

Jackie. Izquierda: acrílico y tinta serigráfica sobre lino. Derecha: tinta serigráfica sobre lino, 1964.

CaixaForum Madrid nos ofrece una exposición monográfica sobre el artista que creó su propia cadena de montaje, The Factory, y que aseguraba que “el arte de masas es arte de culto”.

A continuación les dejo una pequeña galería que recoge la primera etapa creativa de Warhol, la dedicada al mundo de la publicidad. Es la parte que más me entusiasma de su trabajo. Acompaño el artículo con fotografías que hice a las obras expuestas en la Caixa Forum. Después de la galería, podrás ver la prueba de cámara que Warhol le hizo a Duchamp en 1966 y que forma parte de sus cortometrajes mudos. La realizada a Duchamp tiene una duración de cuatro minutos, pero opto por la versión más breve porque se ve mejor.

Andy Warhol y Debby Harry, fotografía, 23 de junio de 1963. 

Contaba Warhol que una amiga una vez le preguntó qué era lo que más le gustaba y que él contestó: “Así comencé a pintar dinero”.

DISEÑOS PUBLICITARIOS DE ANDY WARHOL

Diseño textil. Se desconoce la empresa que estampó la tela.

Prueba de sobrecubierta para “Pistols for Two by Aaron Marc Stein”, litografía offset sobre papel montado sobre cartón, 1950.

Libro infantil, 1958.Cesta de Navidad, tinta, gouache, grafito, lápiz sobre papel, 1962.

Sin título (Everybody is in love with Suede at Fleming-Joffe), litografía offset, piel de reptil teñida y collage de ante sobre papel, h. 1958-1965.

Tarjeta navideña, litografía offset, 1960.

Sin título (In the Bottom of My Garden), tinta, témpera y collage sobre papel, 1956.

Revista Vogue, 15 de septiembre de 1957. 

Revista Vogue, 15 de noviembre de 1961.

Sin título, tinta y anilina sobre papel, 1954.

Johnny Griffin. The Congregation Blue Note 1580, portada de disco, 1957.

Sin título (Productos de belleza), gouache y grafito sobre papel, 1960.

Diseño de calzado (Princess Margaret), Andy Warhol y Julia Warhola, tinta borrada y hoja dorada sobre papel, 1957.

Cubierta para el libro de Ronald Firbank, litografía  offset, 1951.

A Gold Book by Andy Warhol (interior). Andy Warhol (imagen) y Julia Warhola (escritura de cubierta), litografía offset y anilina sobre papel, 1957.

Diseño de sombreros, tinta y anilina sobre papel, 1958.

SCREEN TEST: MARCEL DUCHAMP

“Contra toda opinión, no son los pintores sino los espectadores quienes hacen los cuadros”.


Compártelo con tus amigos:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.