PETR GINZ

Fotografía de Petr Ginz (1928-1944).

Uno de los siete tripulantes de la nave Columbia, buque que explosionó el 16 de enero del 2003 sobre Texas y Luisiana, era Ilan Ramon. Ilan, primer astronauta israelí, subió a bordo del transbordador espacial un dibujo en blanco y negro que representaba a la tierra vista desde la luna y que estaba inspirado en los cuentos de Julio Verne. Ese dibujo, que se ha convertido en el símbolo del holocausto judío, fue creado en el campo de concentración de Theresienstadt y su autor es Petr Ginz, el muchacho de dieciséis años que admiraba la obra del escritor francés y que fue enviado por los nazis a morir a Auschwitz.

Petr nos dejó un diario que inició en 1941 y que tuvo que abandonar en 1942 cuando fue deportado. El diario se encuentra publicado en el catálogo de la editorial Acantilado bajo el nombre de Diario de Praga. El libro recoge, también, algunos artículos, poemas y dibujos del adolescente que, durante su breve estancia en el campo de Theresienstadt, dio vida a Vedem, revista literaria que circulaba clandestinamente por el campo y que estaba hecha a mano.

Tierra desde la Luna, Petr Ginz.

Los muchachos que llegaron a Theresienstadt el 24 de agosto de 1943, entre los que se encontraba Petr, formaban parte de las negociaciones que los aliados llevaban a cabo con los alemanes para intercambiar niños por prisioneros de guerra. Pero estas conversaciones fracasaron y los chicos fueron enviados a Auschwitz, junto con el personal que los atendía. Muchos de esos muchachos colaboraron en la revista Vedem. Por cierto, no sobrevivió nadie de este grupo de inocentes y talentosos jóvenes.

El dibujo de Petr Ginz atravesó el espacio como el proyectil que Julio Verne envió a la luna. El proyectil nunca llegó a su destino final, aunque se aproximó. La nave Columbia no pisó tierra, aunque se acercó. El dibujo de Petr viajó por la bóveda celeste y regresó. Cosas del destino.

A PETR GINZ

Petr avanza por un bosque de álamos doblados. Lleva los bolsillos vacíos, pues los gusanos cabezudos y las cochinillas han dejado sin frutos los almendreros.

El chico tiene miedo y está agotado. Petr pisa descalzo, con la complicidad engañosa de la luna de Julio Verne, las hojas muertas y los guijarros.

Como un potro salvaje, que en sus ojos puros lleva anclado el espanto, galopa desarmado el sufrimiento. Petr cree que vence a la maldad y corre contra las manecillas de un preciso Wartime Luftwaffe.

Petr es muy joven para comprender su estéril afán.

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