Emilio Grau Sala y la cautivadora levedad de sus escenas.

La jaula del pájaro, óleo sobre lienzo, sin fecha.

Emilio Grau Sala (1911-1975), de todos los movimientos y de todas las corrientes artísticas de la primera mitad del siglo XX, escogió el postimpresionismo para representar las escenas optimistas que caracterizaron su pintura.

Figuras en el campo, acuarela sobre papel, 1974.

El postimpresionismo permitió a Grau Sala expresar el estado de ánimo que caracteriza su obra, una obra que con sus escenas de ocio burgués, paisajes tranquilos, floraciones, marinas, circos, caballos de carrera, interiores de hogares elegantes y muchachas bonitas, solas o en conversaciones distendidas, busca agradar la mirada del espectador. Grau Sala, pintor de obra extensa, desde el comienzo de su carrera artística hasta el final de sus días pinceló los mismos temas.

El árbol de Navidad, óleo sobre lienzo, 1951.

Acuarelas, gouaches, óleos, pasteles, tintas… El artista catalán usó todas las técnicas pictóricas y trabajó sobre diversos soportes. Hizo dibujos, lienzos, carteles, decorados teatrales, murales, ilustraciones para libros… Su amplia y refinada obra nos muestra escenas que ejercen una influencia placentera en quien las contempla, pues es fácil sentirse cautivado por la levedad de sus escenas.

La primavera, óleo sobre lienzo, 1934.

Emilio Grau Sala no aportó nada nuevo a la pintura, ni siquiera los asuntos a los que dedicó su tiempo tienen un tratamiento original, por mucho que muchos insistan en que la peculiaridad de su obra está en la forma en que captó la luz y el color mediterráneo. Antes que Grau Sala,  ya el valenciano Joaquín Sorolla (1863-1923) se había fijado, y mucho, en los encantos luminosos de esa zona costera tan rica en matices tonales gracias a la intervención de la luz. Y, antes que Sorolla y la escuela valenciana, lo hicieron los impresionistas franceses del último cuarto del siglo XIX, pues son los impresionistas franceses los primeros en fijar en sus lienzos el fulgor cambiante y la paleta vibrante del Mediterráneo.

Marta, acuarela sobre papel, sin fecha.

Y luego de los postimpresionistas, antes que el cubismo levantara con sus geometrías el arte de la pintura, están los fauves con sus pinceles encendidos y sus ansias de acristalados arcoíris. Grau Sala también fijó su mirada en el uso de la paleta de los fauves, como también lo hizo con los cubistas durante su primera época, la de la pintura del puerto de Barcelona.

Interior con figuras, óleo sobre lienzo, 1971.

Joaquín Sorolla y Emilio Grau Sala se dedicaron a la parte bonita de la vida, aunque Sorolla nos dejó algún testimonio social de su época, cosa que no puede decirse de Grau Sala. Ahora bien, el artista catalán es un artista único si nos atenemos a que la pintura es una idea plasmada en color y línea sobre un soporte, una idea que se muestra con identidad propia. Para mí, el trazo de ilustrador -el grafismo- es lo que da personalidad a la obra de Emilio Grau Sala.

Mujeres y jinetes, acuarela, pluma y tinta sobre papel, sin fecha.

Tanto Joaquín Sorolla como Emilio Grau Sala tienen algunos puntos en común: el luminismo, una pintura costumbrista de estilo decorativo, la recreación de elementos recurrentes y un fino olfato comercial. Nada más, pues ambos tienen estilos muy distintos. El trazo de Grau Sala está comprometido con la ilustración.

El paddock, óleo sobre lienzo, 1969.

El artista catalán, que coqueteó con algunos  itsmos de su tiempo sin comprometerse con ninguno, con forma y color creó su pincelada vibrante, esa que da a su obra carácter peculiar, satisfaciendo la mirada que agradece no verse entristecida por los disturbios políticos y sociales del siglo XX. Por la pintura de Grau Sala no pasan ni la Guerra Civil Española, que lo mandó al exilio parisino en 1936 junto a su esposa Ángeles Santos, ni la Segunda Guerra Mundial, ni la Francia ocupada por los nazis, ni el franquismo, ni la división del mundo en dos mitades irreconciliables una vez terminado el conflicto bélico… Nada oscurece su bonita pintura porque, precisamente, el ideal que busca es la captación de la belleza sosegada.

Primavera, acuarela sobre papel, h.1971-1973.

Emilio Grau Sala se inició como ilustrador con las obras de Francis Jammes en 1941. Ese es el comienzo de una larga y próspera carrera en el mundo de la edición. Grau Sala ilustró libros de Colette, Dostoievsky, Baudelaire, Fournier, Gide, Flaubert… Su primera exposición en solitario tuvo lugar en París, en 1937. El pintor catalán tuvo buena suerte, pues expuso regularmente en las galerías europeas y norteamericanas más prestigiosas de su tiempo.

Mujer con flores, óleo sobre lienzo, h.1965.

Pintura figurativa, colorista, poética, de aires traídos de la Escuela de París. Composiciones armónicas, de abundantes matices tonales y escasez de sombras. Pincelada rápida, pastosa en los óleos, y de ejecución nada quisquillosa, pincelada contorneada por tonos oscuros y que muestra su intención de dar espacio a la luz reflejada.

Chica con gato, acuarela sobre papel, 1949.

Las muchachas de Grau Sala me recuerdan en algo a las féminas del pintor cubano Eduardo Abela (1889-1965), hay cierto parecido en ellas, hay un pronto de dulzura, aunque, para mí, las de Grau Sala no cautivan como las de Abela… Las pequeñas féminas de Abela tienen algo misterioso que se llama espíritu.

La gran corte del Hospital San Luis, acuarela y gouache sobre papel, 1949.

Este año los galeristas llevaron a Feriarte, la Feria más importante de anticuarios y coleccionistas de España, algunas obras de Emilio Grau Sala. Vi acuarelas y óleos y me quedé con las ganas de dedicarle una entrada. Me gusta su pintura. Es agradable, tranquila, de corte clásico. Es pintura decorativa que nace, crece y se fortalece en un siglo tormentoso. Sus cuadros recuerdan al hombre horrorizado la parte humana y bella de la vida; no es tarea fácil crear obras lindas cuando penan la justicia y la ética.

“Paddok”, óleo sobre lienzo, 1973.

A continuación les dejo una pequeña galería que he realizado con algunas pinturas suyas, pinturas tras las cuales puede apreciarse el sabor agridulce de la nostalgia. Si, generosos, ofrecemos más de una apresurada mirada a sus  lienzos y a sus papeles acuarelados descubrimos que sus imágenes oníricas, tan alejadas de la cruda realidad europea del siglo XX, son postales que recrean un tiempo pasado y feliz, un tiempo donde la vida burguesa fue placentera.


GALERÍA

Muchacha, acuarela sobre papel, 1954.

Repostería, acuarela, gouache y ceras sobre fondo litográfico de papel, sin fecha.

Una joven, acuarela sobre papel, 1944.

Playa de Normandía, óleo sobre lienzo, sin fecha.

Terraza mediterránea, tinta sobre papel, sin fecha.


Trouville, óleo sobre lienzo, 1958.

Las azaleas, óleo sobre lienzo, 1960.

Picador, carbón y pastel, 1937.

En el café, óleo sobre lienzo, 1970.

Fraile en el jardín, tinta con blanco gouache sobre papel, 1953.

Interior con figuras, acuarela sobre papel, sin fecha.

En galante compañía, dibujo, tinta, 1951.

París. “Le Petit Luxembourg”, acuarela sobre papel, 1973.

Joven y jinete en el jardín, acuarela sobre papel, sin fecha.

Honfleur, el camino a Trouville, técnica mixta sobre cartón, 1961.

Paseo, óleo sobre lienzo, 1963.

Y hasta aquí voy a llegar.


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