ALFONSINA Y EL LIBRE ALBEDRÍO

«Y el alma mía es como el mar…»
Alfonsina Storni

Helena en la cala de San Vicente, Joaquín Sorolla, óleo sobre lienzo, 1919.

ALFONSINA Y EL LIBRE ALBEDRÍO

La blanca espuma entra por sus oídos, su nariz, su boca… Como un trozo de madera se deja llevar por la resaca —angustias, amores y miedos la acompañan.

Nada quiso dejar en la orilla. No quiso arriesgarse a que un ladrón, al robarle los versos, atara sus cenizas a la tierra.

Decidió que el mar fuera su dueño y la convirtiera en una criatura mágica —donde hubo cabello hay verdes algas, visten sus despojos conchas nacaradas y en las cuencas de sus ojos hay colonias de corales que chisporrotean.

Ahora es náufraga sujeta al viento y por su cuerpo nadan, serpenteando entre tantos orificios, peces de brillantes escamas y carnes blancas.

Alfonsina nada quiso dejar en la orilla. Ya no piensa que no la quieren. Nada tiene que perdonar. Alfonsina, para ti, ya todas las tardes mueren… ¡para soñar!

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