cielo1Rezaba arrodillada ante el oratorio de su habitación, el tiempo corría y ella quería regalar paz a su conciencia.

Concha de tortuga, ébano, marfil y Palo Santo adornaban la estancia.

Sobre la mesilla de noche -al lado de la taza con aloja- la Guía de Pecadores de Fray Luis de Granada ocultaba las teatrales novelas de amor, verdadera causa de su perdición, pues le llenaron la cabeza de pájaros de bellos plumajes que, con el pasar del tiempo, se convirtieron en cuervos.

La sala de los tesoros, tan envidiada y codiciada por su entorno, acumulaba una gran fortuna obtenida en noches intensas de pasiones breves.

El tiempo había pasado deprisa y ahora, con el dolor convertido en mueca, extendía la mano pidiendo el indulto.

Escuchó el canto del gallo -ese que saluda en nombre de Dios a todos los que pisamos la tierra- y supo que su hora había llegado.

“Oh, maravilla de Luz, gozo infinito, perdón y paz” fueron sus últimas palabras.

firma gabriela6

Selene. Pintura al óleo de Albert Aublet.


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