ANNA AJMÁTOVA

«¿Has sido tú la que le dictó a Dante las páginas sobre el infierno?»
Y ella responde: Yo soy aquella.»
(De «La musa.»)

El 5 de marzo de 1966 murió de un infarto Anna Ajmátova (1889-1966), la poeta rusa a quien Amadeo Modigliani (1884-1920) dedicó bellos dibujos, de trazo fino y ondulante, que esbozan la imagen de quien fue bautizada por él como «la mujer egipcia».

La poeta acmeísta conservó de todos esos retratos -Modigliani la dibujó dieciséis veces- aquel en el que aparece vestida. Se trata de una delicada pieza que incluyó en su último libro El correr del tiempo, poemario editado en 1965 cuando, por fin, le es levantado el veto que Stalin le había impuesto al fruto de su creación; aunque no es hasta el año 1990 que se editan en Rusia las Obras Completas de la trovadora de tiempos sombríos.

El dibujo con el que acompaño la poesía que aquí les dejo, dibujo donde aparece Ajmátova con cabeza al estilo egipcio, desnuda y en compañía de un garboso gato, se encuentra en el Museo Soumaya de México. Fueron los investigadores Jorge Bustamante e Irina Ostroúmova los que identificaron, en el abocetado hecho con carboncillo y lápiz, a la musa que posó para Modigliani. Esta revelación tuvo lugar en octubre del 2008.

En Poema sin héroe (1976), Anna Ajmátova rememora los paseos que dio con su amigo italiano por las calles de París, ciudad donde se conocieron en 1910. Pero, realmente, En la negruzca neblina de París… no es más que un fragmento del largo poemario que tiene como telón de fondo a San Petersburgo. Se trata de un fragmento que ella no incluyó en esa daga contra el realismo soviético que es Poema sin héroe. Ajmátova se vengó con la palabra.

«Usted se quedó en mí como una obsesión», le escribió Modigliani.  Y ella le respondió: «Su voz se ha quedado grabada en mi memoria para siempre».

EN LA NEGRUZCA NEBLINA DE PARÍS…

En la negruzca neblina de París,
seguro que de nuevo Modigliani
furtivamente caminará tras de mí.
Él tiene el triste don de traer,
incluso en el sueño, la confusión
y de ser culpable de los desastres.
Pero, para mí —su mujer egipcia— él es…
lo que en el organillo toca el viejo,
y bajo él, todo el rumor de París
es como el rumor de un mar enterrado:
Bebió el mal y la desgracia.

ENLACES RELACIONADOS

Mijaíl Osorguín. “La librería de los escritores”.

Nikolay Gumiliov. Poemas.

Marina Tsvietáieva. Diario de la Revolución de 1917.

De Chagall a Malévich. El arte en revolución.

Judas Iscariote y otros relatos (Leonid Andréiev).

Los huevos fatales (Mijaíl Bulgákov).

Los vagabundos (Máximo Gorki). Novela.

Los millones (Mijaíl Artsybáshev).


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