ANÓNIMOS

 

Todos se persignan cuando el autobús, soltando monóxido de carbono y traqueteando, pasa por los sucios callejones donde cada día una madre deja caer una flor.

Gentes pobres las que viajan en ese autobús, anónimos que, con un rápido y silencioso gesto, encerrando al miedo entre los dientes, hacen la señal de la cruz  ante los altares improvisados que se acumulan en las aceras y recuerdan nombres propios desaparecidos —los asesinos no retiran los retablos, creen que los «recordatorios» son útiles para sembrar el terror.

La lava incinera la tierra. Y Dios, allá arriba, sentado en las nubes, observando cómo la humanidad escoge, de entre todos los surcos arados en la tierra, el camino que la arrastra a su destrucción.

firma gabriela6

ENLACES RELACIONADOS

Teselas de mi mosaico habanero.

El diablo en la playa.

El coro mudo.

El deseo de Sarah para el día de Reyes.

A Petr Ginz, asesinado en Auschwitz.

Jesús, el hijo de José.


Compártelo con tus amigos: