domingo , 22 julio 2018
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El Bosco, el rey Felipe II y la La exposición del V Centenario organizada por el Museo del Prado.

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La Adoración de los Reyes Magos, óleo y oro sobre tabla, h. 1475.
Considerada la pintura más temprana de su creación. Las piezas de orfebrería que presentan los Reyes recrean piezas de Alart Du Hameel. El tema de la Adoración de los Magos, con el que se expresa la universalidad de la Redención, es el que más veces pintó. En la parte alta de esta tabla ya podemos apreciar, como fondo,  en perspectiva de punto alto, un paisaje y una ciudad, elementos que se encuentran presentes en la gran mayoría de sus cuadros. En su época el paisaje toma gran importancia debido al interés que se despierta por los matices de luz.

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INTRODUCCIÓN.

Gracias al interés que el rey Felipe II (1527-1598) tuvo por la cultura, gracias a su vocación de mecenas de las artes, España cuenta con la mayor colección del mundo de obras originales del Bosco.

Algunas de las pinturas, que el rey adquirió para el Monasterio de El Escorial, se han perdido, pero la mayoría se conservan. EL JARDÍN DE LAS DELICIAS, LA ADORACIÓN DE LOS REYES MAGOS, EL CARRO DE HENO, LA MESA DE LOS PECADOS CAPITALES, la EXTRACCIÓN DE LA PIEDRA DE LA LOCURA , las TENTACIONES DE SAN ANTONIO, EL CAMINO DEL CALVARIO, LA EPIFANÍA son obras que pertenecen al patrimonio cultural español y  forman parte de la magnífica exposición que el Museo del Prado ha organizado para celebrar los 500 años de la muerte del Bosco.

La exposición no sólo se centra en los cuadros del pintor, también ofrece al espectador una muestra de sus dibujos: de los once que se conservan podremos ver ocho. Entre ellos están el HOMBRE-ÁRBOL de Viena y el NIDO DEL BÚHO de Róterdam.

Además, podremos disfrutar de miniaturas, grabados y relieves a buril, entre los que se encuentran varios de Alart Du Hameel y el retrato del Bosco realizado por el grabador Cornelis Cort. También se exhiben obras de  pintores contemporáneos del Bosco y de artistas de sus talleres.

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Mercado de telas en ‘s-Hertogenbosch, anónimo flamenco, óleo sobre tabla de roble, h.1530. 

Esta es la plaza que El Bosco veía desde su balcón, pues residía en la casa número siete del ala de derecha de la calle, en la casa siguiente a la azul, contando desde el primer edificio. La obra se pintó catorce años después de la muerte del Bosco. No es una pintura profana. Trata de un pasaje sobre la vida de San Francisco.

APUNTES SOBRE SU BIOGRAFÍA.

Jheronimus van Aken (h.1450-1516), conocido por todos como El Bosco, nació y vivió en ‘s-Hertogenbosch (Bois-le-Duc), una ciudad al norte de Brabante, actual Holanda.

Para trasladarnos a la obra del Bosco debemos situarnos en la segunda mitad del siglo XV, en los Países Bajos, y en el período pictórico conocido por el nombre de “primitivos flamencos”. Debemos rescatar de la memoria  las pinturas de los hermanos van Eyck porque sus innovaciones técnicas fueron muy tenidas en cuenta por El Bosco. Los hermanos van Eyck perfeccionaron la técnica que se utilizaba para trabajar con el óleo, consiguiendo pinceladas finas que  permitían crear mantos muy delgados de pintura, transparentándose así la capa inferior, lo que daba como resultado más luz, más profundidad, más sombreado y más matices en los colores de fondo (veladuras). También incorporaron un barniz de secado rápido para el óleo.

En el siglo XV los centros urbanos fueron asentándose y tomaron protagonismo frente a la vida rural, concentrándose en ellos la vida económica, política y artística. Las gentes se desplazaban hacia las ciudades, aglutinándose alrededor de la actividad comercial. Donde había comercio había burguesía y, por tanto, centralización del dinero.

Nuestro pintor residía en una ciudad próspera que vivía del lino, el comercio agrícola y la fabricación de armas (los cuchillos de sus pinturas hacen alusión a esta actividad). Este público dedicado al campo, la granja y el comercio, era el destinatario de las obras del Bosco. Además, eran los mismos que, durante generaciones, se habían agrupado en  gremios. Pero los tiempos estaban cambiando, y un claro ejemplo de ello fue la desaparición de los gremios, que fueron sustituidos por formas nuevas de relación mercantil. El Bosco vio cómo su ciudad se llenaba de parados y menesterosos a la vez que el capital se iba concentrado en pocas, poderosas y novedosas manos, las de una burguesía que empezaba a convertirse en casta.

Otro hecho histórico que debemos recordar tiene que ver con la decadencia de la iglesia católica. Las iglesias y los conventos, en una cantidad considerable, se habían convertido en centros de poder donde la avaricia, el acaparamiento de bienes materiales y la lujuria primaban por encima de la meditación y el recogimiento. El Bosco pintó hasta saciarse clérigos embriagados, glotones, despiadados, abandonados a los placeres de la vida mundana, prostituidos, olvidados de su misión de dar ejemplo de vida recta y de transmitir las enseñanzas de la iglesia. A esta vida disoluta hay que agregar los escándalos por simonía. Estos representantes de la fe católica crearon en la población un estado de ánimo derrotista, que también está representado en los cuadros de El Bosco.

El Bosco, para denunciar el caos moral que percibía y lo atormentaba, creó su propia iconografía. Simbología nacida una imaginación desbordada, donde El Anticristo, los demonios, las criaturas híbridas -mezcla de hombres, animales y plantas- y una naturaleza fantástica tienen el encargo de atormentar a los hombres débiles y de conducirlos al Infierno, representado en sus cuadros por las ciudades en llamas -se piensa que en esta forma de representación puede apreciarse el impacto que el pintor recibió cuando, en 1463, su ciudad se incendió.

Como apunte final, antes de cerrar esta introducción, creo que es necesario que recordemos que, aunque el Renacimiento había extendido sus alas por toda Europa, nuestro pintor reflejó en sus obras su concepción del mundo, que era medieval (prerreformista); y que  su técnica continuó la senda de la ilustre tradición flamenca. El Bosco, mires por donde lo mires, fue un hombre singular.
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Jheronimus van Aken, El Bosco, Cornelis Cort, buril, h.1565.

Es la imagen de referencia del artista, desde que se publicó en 1572, y está acompañada de un poema en latín. Los dos elementos esenciales del retrato son: los ojos, que son el reflejo de la visión infernal del mundo, y la mano derecha, cuyo dedo índice extendido hacia abajo habla de su destreza para reflejar ese mundo subterráneo. Esta obra pertenece a la serie de Retratos de Pintores Famosos de los Países Bajos; se conserva un ejemplar completo en la biblioteca del Monasterio de El Escorial.

“Del espíritu mezquino es propio emplear sólo estereotipos y nunca ideas propias.”
  El Bosco.

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Las tentaciones de San Antonio Abad (fragmento), óleo sobre tabla, h.1505-1510.

Arrodillado y apoyado en su bastón, el santo, absorto y ajeno a los peligros que le acechan, se dispone a coger agua con un cántaro. Los monstruos, que simbolizan las tentaciones que sufrió en su etapa de anacoreta, están por todas partes, pero no le impresionan a pesar de que el cerdo está a punto de ser agredido por un demonio. Los diablillos están preparándose para el ataque, a diferencia de cómo aparecen en las otras obras. Algunas  criaturas híbridas echan agua al fuego iniciado detrás del árbol  que da cobijo al santo. Es el “fuego de San Antón” el que desean apagar. Este Santo protege de las enfermedades.
Se trata de un fragmento de una obra más amplia. Como siempre, una ciudad luminosa al fondo. La autoría de este cuadro algunos estudiosos la discuten, pero el Museo del Prado lo cataloga como perteneciente al pintor.

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¿CUÁLES SON LOS TEMAS QUE EL BOSCO REPRESENTÓ EN SUS OBRAS?

Hago un resumen teniendo en cuenta las notas tomadas de la exposición.

*Despego de los bienes materiales.

*Control de las pasiones.

*Autocontrol y conocimiento de uno mismo.

*La omnipresencia de Dios.

*El rechazo a los pecados.

*La desaprobación de las fiestas y diversiones populares como los carnavales.

*Las consecuencias de los pecados.

*Los valores de enfrentarse a las tentaciones del Mal y su recompensa.

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La muerte y el avaro, óleo sobre tabla de roble.

Corresponde a la parte interior derecha del Tríptico del Camino de la Vida, del que falta la tabla central. El camino de la vida expone las decisiones que los hombres deben tomar y que los expone a todo tipo de tentaciones. El anciano está indeciso, no sabe si coger la bolsa que le acerca a la cama el demonio o renunciar a ella. Si no cae en la tentación podrá entrar en el Reino de los Cielos. El ángel reza con la mirada puesta en el crucifijo iluminado que se encuentra en la ventana.  Las armaduras que aparecen en primer plano simbolizan al caballero cristiano. El Bosco  establece una oposición entre el bien y el mal. 

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Cristo camino del Calvario, óleo sobre tabla de roble, h.1500.
Como siempre, en el fondo aparece la ciudad. Esta vez se trata de Jerusalén. Cristo, encorvado, se arrastra cargando la pesada cruz. Las caras de sus acosadores contrastan con la mirada humilde que Cristo dirige al creyente. Está abandonado por todos menos por Simón de Cirene, que intenta ayudarlo. El sufrimiento aquí está representado por la muchedumbre que lo empuja y el convencimiento que tenemos de lo pesada que es la cruz. También por el cardo (tablilla con clavos) que lleva sujeto al pie. El eje vertical hace que alcemos la mirada para descubrir la escena donde la Virgen María es consolada por San Juan. El Bosco ha evitado el dramatismo que aparece en las representaciones de las escenas que muestran el camino del Calvario. Este cuadro es un ejemplo de la influencia de la “devotio moderna”.

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CONTROVERSIA SOBRE LA DOCTRINA DEL BOSCO.

En toda su obra hay una misma lectura: El Mal se vence resistiendo las tentaciones. El Bosco era un moralista que se había propuesto “reformar a su público”.

Pero el uso de su libertad, a la hora de crear y de interpretar los preceptos religiosos, pudo costarle caro. La crisis religiosa de finales de la Edad Media fue heredada por la Edad Moderna. La inquisición velaba con ojos de gata encelada y uñas de fiero león. El Bosco murió y sus obras quedaron a merced de múltiples explicaciones. Sus fantasmagóricas figuras fueron interpretadas, ¡oh, peligro!, desde una óptica ortodoxa y desde una óptica herética, por considerar su simbología esotérica. Y toda esta polémica se desató en plena Reforma.

Una vez más, la protección del rey Felipe II sirvió de parapeto. El rey compraba los cuadros del Bosco y los exhibía en los aposentos, la sacristía, los claustros de su Monasterio-Palacio. ¿Qué mejor aval podía tenerse que el que otorgaba, por acción, el Rey Prudente? Rey, que durante su agonía, pidió que le llevaran a sus habitaciones, además de crucifijos y rosarios, las obras del Bosco; entre ellas estaba la MESA DE LOS SIETE PECADOS CAPITALES, que contiene una frase en latín que reza: “Cave, cave, dominus videt” (Cuidado, cuidado, el señor observa).

Fray José de Sigüenza (1544-1606), jerónimo, bibliotecario y prior de El Escorial en tiempos de Felipe II, en su estudio titulado TERCERA PARTE DE LA HISTORIA DE LA ORDEN DE SAN JERÓNIMO (1605), dedicó un capítulo entero a deshacer toda duda que indujera a pensar que El Bosco era herético. Eso era una injuria para el jerónimo, que explicaba los monstruos  como una forma de representar “los pecados y los desvaríos de los hombres” y que afirmaba que el pintor tenía como única intención retratar el alma humana: “se atrevió a pintarle cuál es dentro”, escribió, sólo que lo hizo “al estilo de Esopo”, haciendo uso de los recursos de la sátira y lo grotesco, utilizando un estilo “macarrónico” para resaltar “la malicia  de los hombres”.
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San Juan Evangelista en Patmos, óleo sobre lienzo, h.1500.

Esta escena se encuentra en el anverso de la tabla. San Juan ha dejado de leer para levantar su vista al cielo donde, entre las nubes, aparece la Virgen María como mujer del Apocalipsis. El pequeño híbrido de la derecha intenta robarle el tintero a San Juan para que no pueda escribir su obra; pero el águila, símbolo del Santo, acecha al demonio que, asustado, deja caer su gancho de hierro. Al fondo, el paisaje y, una vez más, una ciudad -esta vez se trata de Patmos-. Aparentemente reina la tranquilidad, si no fuera por los barcos hundidos que arden en llamas a los pies de la Virgen, en el mar, y que anuncian el fin del mundo. El sentido jerárquico lo representa la línea diagonal que comienza en la Virgen, pasa por el ángel, por San Juan y llega al monstruo que lleva, en su cuenco de ascuas encendidas, la admonición del fuego del Infierno.

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¿A QUIÉNES IBAN DIRIGIDAS SUS IDEAS MORALIZANTES?

Todos sabemos que El Bosco utilizaba símbolos para referirse a los vicios asociados a la locura o la estupidez.

El Bosco denuncia la inmoralidad de su época, advierte sobre las consecuencias que puede desencadenar la glotonería, el engaño, la codicia desmedida, la violencia, la pereza, las costumbres licenciosas. El pintor reflejaba la sociedad en que vivía a la vez que señalaba los obstáculos que impedirían la salvación del alma. Para El Bosco el mundo era un lugar de paso, un sitio lleno de dificultades que el hombre debía sortear para ganarse la vida eterna.

Todos pueden ser tentados por el diablo, y por sus múltiples formas de presentarse, si no se rigen por la doctrina cristiana.

Pero, y esto es importante, asocia los vicios a tipos humanos: mendigos, prostitutas, charlatanes, borrachos, presidiarios, soldadesca, fundamentalmente. Aunque no se escapan reyes, ermitaños, clero y papas que han abandonado la obediencia a las normas de convivencia, porque El Bosco también hace un llamamiento a la vida cívica.

Imágenes fantásticas al servicio de una idea conservadora sustentada en los ideales cristianos. Era un salvador de almas que aspiraba a una sociedad estable, sobria y emprendedora, sin marginados sociales.
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El nido del búho, tinta parda a pluma, h.1505-15.
El búho es uno de los motivos favoritos del Bosco, en su condición de rapaz nocturna representa el vicio, la necedad y la maldad. Como ave que ataca a otras representa la envidia, el odio y la burla, por lo que podría, en ocasiones, aludir al escarnio de Cristo. El búho, por su aversión a la luz, era visto como símbolo de maldad humana. Era asociado también a la ceguera espiritual, la impureza y la impudicia. El paisaje y la ciudad están al fondo. A la izquierda del cuadro, abajo, se encuentra el patíbulo con una rueda de ejecución. El dibujo fue descubierto en 1930. Considerado una de las obras maestras del pintor. 

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¿DE QUÉ MEDIOS CREATIVOS SE VALIÓ PARA PUBLICITAR SUS IDEAS?

Alteró el orden lógico según la tradición artística de su tiempo, estableció una inversión simbólica, una especie de hipérbaton pictórico. Una contraposición entre lo que debe ser y lo que puede suceder, si lo que debe ser se obvia. Poniendo en evidencia, advirtiendo con imágenes, lo que puede suceder. “¡Oh, ten cuidado!” nos dice con su pincel, pintando justo lo contrario a los valores morales que promueve. Resalta lo inmoral para que busques lo honesto.

En casi todos sus trípticos la narración parte del Paraíso o el Cielo -panel de la izquierda- para terminar en el Infierno -panel de la derecha-. Muchas veces el Infierno ya se manifiesta en la tabla central con media ciudad, en vez de toda ella, ardiendo en lo alto.

Los hombres, tentados, deambulan de izquierda a derecha, conducidos por las criaturas híbridas hacia su perdición.

El Bosco establece una relación entre la conducta inmoral y la estupidez, entre la ceguera intelectual y  la necedad, entre la vanidad y la estupidez de la misma manera que remarca el vínculo que establece entre moderación y razón; entre el autocontrol, la sobriedad y la castidad, entre la virtud y la sabiduría.

El Bosco, en sus obras “macarrónicas”, como diría el jerónimo, se explaya en el desenfreno de las pasiones, resalta lo malo para que, por contraste, sobresalga lo bueno. Y no al revés.

La locura contra la cordura. Entendiendo por locura la necedad, la estupidez, la maldad y la marginación social.

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La extracción de la piedra de la locura, óleo sobre tabla de roble, h.1501-5.

Pertenece al grupo de pinturas satíricas y burlescas. Se cree obra de su primer período. Se interpreta como una crítica a los estafadores que robaban el dinero a los necios haciéndose pasar por cirujanos. En este caso, el falso médico extrae un tulipán de lago de la cabeza de su paciente, esta especie de nenúfar tenía connotaciones sexuales. De ahí que se piense que está castrando a su paciente, en clara alusión a la lujuria. Los personajes están atrapados dentro de un círculo que semeja un espejo donde se refleja la necedad y locura. Entonces, la locura se creía que era una especie de tumor, con forma de piedra, que se encontraba en el cerebro. El embudo invertido del falso médico representa el engaño, la estafa. La mujer del estúpido paciente, que está atado a la silla, lleva un libro sobre su cabeza que demuestra listeza, el sacerdote con tonsura solía aparecer en el teatro como el personaje causante de infidelidad  conyugal. Al fondo, en la parte alta, en vez de una, dos ciudades.

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ALGUNAS INFLUENCIAS EN LA OBRA DEL BOSCO.

-La Biblia, en concreto el Antiguo Testamento,  maná para encontrar motivos de inspiración que revitalizaran la fe y la piedad cristiana.

-El libro LA VISIÓN DE TUNDAL, texto religioso escrito por un monje irlandés hacia 1150 y que fue traducido al neerlandés en la Edad Media. Cuenta la historia de un caballero que, mientras está aparentemente muerto, visita el Infierno, el Purgatorio y el Cielo. Hay dos referencias concretas del libro en la pintura del Bosco: una la encontramos en EL CARRO DE HENO: un alma desnuda, tocada con casco y con un cáliz en la mano, monta un animal bovino para cruzar un puente. El alma que pinta el Bosco es la de un militar que ha cometido sacrilegio.

La otra se encuentra en EL JARDÍN DE LAS DELICIAS, en la tabla de la derecha: el enorme diablo-pájaro que defeca las almas que ha engullido sentado en una silla-orinal. El monstruo del pintor, a diferencia del de Tundal, no tiene alas y no escupe fuego.

-El movimiento de renovación espiritual Devotio Moderna, que tuvo gran influencia en los Países Bajos. De este movimiento se señala que El Bosco reflejó la imitación de Cristo y la veneración de los ermitaños  del desierto, que vivían en soledad pero no carentes de vida. Eran asociales, sí; pero autosuficientes.

-Las posibles noticias que le llegaban del descubrimiento del continente americano. Las historias fantásticas que circulaban al respecto, los objetos maravillosos, la cantidad y la variedad de los tesoros.

-Las representaciones teatrales bufas, populares, satíricas. El teatro en su época no guardaba un respeto estricto entre lo profano y lo sacro. Es más, podría decirse que lo cómico, motivado por la sátira y lo grotesco, prestaba servicio al teatro de temática litúrgica. Lo cómico y lo serio tenían su propia identidad, pero no se excluían. Así fue hasta bien avanzado el Renacimiento.

-Utilizó muchísimos temas para inspirarse que, por entonces, sólo existían en los textos, creando un universo  novedoso de símbolos que crearon tendencia.

-La corriente llamada Grillen (Grillos). Tradición iconográfica, de finales de la Edad Media, que señala lo ridículo o absurdo de una situación haciendo uso de lo jocoso y de la bufonería. Se consideraba un arte menor y se caracterizaba por utilizar personajes que, por sus posturas y gestos, daban juego; por ejemplo acróbatas, actores y danzarines. Entre los grupos de motivos grotescos se encontraban las “personas como animales” o animales que actúan como personas. También las plantas, que daban lugar a figuras de naturaleza monstruosa. Las “cabezas con pies”, que remitían a modelos de la Antigüedad Clásica, también fueron utilizadas por estos artistas de rebosante imaginación. Este tipo de representación podemos encontrarla en capiteles de iglesias, sillas corales y libros iluminados.

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El hombre-árbol, tinta parda a pluma.
Una de las invenciones iconográficas más lindas y conocidas del Bosco, motivo de muchas imitaciones desde la época del pintor. Figura también en EL JARDÍN DE LAS DELICIAS aunque en diferente entorno. En la parte hueca del cuerpo ovoide unos hombres comen y beben en una taberna acompañados por una mujer.La bandera de la posada exhibe una media luna. Puede interpretarse como una crítica de las visitas a los burdeles. 

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Detalle de la tabla central del Tríptico del Jardín de las Delicias, óleo sobre tabla, h.1490-1500.
Un hombre está cabeza abajo, en el agua, con las piernas abiertas y tocándose los genitales con las manos, que están posicionadas en un gesto de oración. Se cree que es una referencia sexual a la masturbación, uno de los peores pecados para los moralistas medievales. Lamento que la imagen no sea muy nitida, pero no encontré otra mejor.

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“Entrad por la puerta estrecha; porque es ancho y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida! ¡Qué pocos son los que lo encuentran!”.
Santo Evangelio según San Mateo 7, 13-14.

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Tríptico del Carro de Heno, óleo sobre tablas de roble, h.1502-15.

Se trata de una de sus últimas obras. En el panel de la izquierda aparecen la Creación y el pecado, reflejado este último en la caída desde el cielo de los ángeles desterrados, y en Adán y Eva que aparecen discutiendo sobre si aceptan o no un regalo de un demonio. En el panel central aparece el carro de heno ambicionado por todos; asaltándolo están un emperador, un papa y varios religiosos que pelean el botín igual que la multitud. Pero también hay buenos clérigos, como el que se encuentra delante del carro intentando separar a unos hombres enzarzados. El heno, con su color oro, también simbolizaba la fugacidad.

La tabla de la derecha representa el Infierno, donde son castigados los pecadores.
Este trípitico muestra que ningún hombre, independientemente de su condición social, está libre de ser engañado. Ninguno está a salvo del pecado. El ojo debe estar siempre abierto. El heno era muy necesario en invierno, de ahí que El Bosco lo utilizara para representar la codicia. También el cuadro denuncia la lujuria, la malicia, la gula y la vanidad. Todos los personajes están tan abandonados a sus placeres que no advierten que el carro avanza tirado por las criaturas híbridas y los diablillos. En medio del caos, el Ángel es el único que se percata de la presencia divina. El Cristo sufriente observa, desde una nube, la entrega voluntaria de los hombres al desenfreno. Encima de la gran mole de heno el ángel y un demonio luchan por las almas.

Entre rojos, negros y marrones describe el Infierno, donde los diablos construyen una torre que alcanzará la altura de la torre de heno. Tanta cantidad de heno hace que pierda su valor; como han extraviado sus almas los hombres pecadores.
¡Están todos tan obcecados que han perdido la conciencia de lo efímera que es la vida! Ahí van, compartiendo su aliento con el diablo que, sin piedad, los conduce hasta el abismo.

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Panel exterior del Tríptico del Carro de Heno.

El harapiento peregrino, que tiene su mirada entornada, girada hacia lo que ha dejado atrás (expuesto en la parte interior del tríptico), viaja por el camino de la vida y parece inclinado a cambiar, parece arrepentido de sus pecados. ¿Cruzará el estrecho puente que tiene ante él y que lo llevará hacia la Salvación? ¿Dejará atrás toda esa serie de escenas macabras que lo cercan: el perro con collar de espinas, encarnación del demonio, las cornejas roedoras, el patíbulo del fondo?

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UNA REFLEXIÓN PERSONAL SOBRE LA VIGENCIA DE LA OBRA DEL BOSCO.

¡Hay tanto escrito sobre El Bosco!  ¡Conjeturas más o menos fundadas, infinidad de ensayos, muchos de ellos interesantes! ¡Y siempre volvemos al inicio! Las obras del Bosco están para verlas con ojos despiertos.

Ya no creemos en demonios, ni en brujas góticas, ni en Anticristos. Ya no nos ahuyentan porque nos hemos habituado a ellos. Hemos dado una patada a la moral, a la ética, a las buenas maneras,  aceptando gustosos  los mandamientos del nihilismo. Nos hemos pasado al otro extremo, ya somos todos fariseos.

Muchos piensan que el discurso moralista del Bosco no tiene oídos que le escuchen en una sociedad como la nuestra, por ser anticuado y conservador. No lo comparto. No creo que su discurso sea de esos que se ajustan a las modas. Es un discurso eterno en el fondo y atractivo en las formas.

Seguimos observando extasiados cómo el carro de heno  marcha desplazando su carga sin salir del carril. Pobres almas destinadas a saciar la gula del Ángel del Infierno. Y todo ello ante la atónita mirada de un Dios impotente refugiado en una menesterosa nube.

¿Por qué empatizamos con la obra del Bosco? ¿Será quizás porque rondando en nuestras cabezas están las imantadas imágenes del éxodo suicida del pueblo sirio? ¿Porque escuchamos a los lejos los truenos de las bombas terroristas que estallan por todas partes? ¿Porque sentimos el roce de la mata de la mandrágora, que crece en los despachos de los corruptos políticos? ¿Porque respingamos al presentir el garrote del banquero? ¿Quizá por los aullidos de impotencia y dolor que arranca un camión en pleno día de fiestas?

Seguimos siendo los mismos pollos sin cabeza bailando la danza de los idiotas, no queremos ver que el Mal ha cambiado de forma, que ya no tiene rabo, ni echa fuego por la boca. Ahora es más cobarde, ya no se muestra, no saca pecho. Ahora se sienta en los sillones, extiende la mano, toca un botón y nos sentencia a otra vuelta de tuerca.

Maravillosa es la iconografía que El Bosco imaginó para describir la necedad humana.  Todos sus símbolos van dirigidos hacia una misma sentencia que podría resumirse así:

“Más que por hacer el bien, preocúpate por evitar el mal”.

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