ARTE AMERICANO EN LA COLECCIÓN THYSSEN

«… poderoso susurro de la naturaleza».
Walt Whitman

Ciervo en los Adirondacks, Winslow Homer, acuarela sobre papel, 1889.

¿Cómo fue consolidándose la nación norteamericana? La respuesta a esta pregunta es larga y compleja, porque se trata de un pueblo que nace de la fusión de muchas culturas. Sin embargo, el artista plástico tiene en la simbología visual un instrumento didáctico de gran eficacia, un instrumento que permite condensar costumbres, filosofías e ideas en un soporte.

Pero…, ¿qué sucede si cuadros de diferentes épocas se juntan en un mismo espacio? Ocurre que recibimos una lección amena e instructiva. Arte americano en la colección Thyssen nos ofrece un paseo por la historia del arte y por la historia de Estados Unidos.

Chica con sombrero rojo, Raphael Soyer, óleo sobre lienzo, h. 1940.

Desnudo nº1, Tom Wesselmann, óleo sobre lienzo, 1970.

La exposición, que festeja los 100 años del nacimiento del barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza (1921-2002), reúne ciento cuarenta obras que acumulan dos siglos de historia, con argumentos que abarcan desde las tribus indígenas hasta la actualidad, con estilos que parten del Romanticismo para tirar anclas en el Abstraccionismo.

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza nos ofrece una muestra que quedará ronroneando en nuestra mente. Además de los distintos movimientos estéticos, que tuvieron lugar entre los siglos XIX y XX y que evidencian influencias europeas, asiáticas, africanas…, el arte americano muestra cómo los pobladores de esa gran tierra descubren en la naturaleza un símbolo que los representa.

Kingston Point, Francis Silva, óleo sobre lienzo, h. 1873.

Viento, mar y vela, Charles Sheeler, óleo sobre lienzo, 1948.

Arte americano en la colección Thyssen no respeta el orden cronológico de las obras. En una misma estancia se agrupan artistas de tiempos e intereses distintos. Esta manera curiosa de hacer convivir épocas diferentes facilita al espectador información subliminal. No te das cuenta de todo lo que percibes hasta que, como he dicho antes, la mente ronronea.

Arte americano en la colección Thyssen ofrece perspectivas diferentes sobre mismos temas: la naturaleza salvaje, la naturaleza original y la figura —el hombre domando el paisaje virgen—, el impacto humano en la naturaleza. El indio, el colono, el trampero, el explorador, el misionero, el esclavo y, pasado el tiempo, el obrero y el burgués tienen representatividad en la muestra.

Las cataratas de San Antonio, George Catlin, óleo sobre cartón, 1871.

Express (detalle), Robert Rauschenberg, óleo, serigrafía y collage sobre lienzo, 1963.

Naturalismo, impresionismo, simbolismo, romanticismo, realismo social, preciosismo, expresionismo abstracto, fotorrealismo, minimalismo… El abanico de movimientos estéticos es impresionante en el arte estadounidense.

¡Oh…!, pero también son variadas las cuestiones que trata: indigenismo, racismo, colonialismo, afroamericanismo, judaísmo, europeísmo…

Vista de Nueva York desde Brooklyn Heights, John William Hill, acuarela sobre papel, h. 1836.

Izquierda: Rojo y blanco, Oscar Bluemner, temple sobre papel, 1934. Derecha: Árbol seco y vista lateral, Edward Hopper, acuarela sobre papel, 1967.

En mi opinión, hay dos asuntos que destacan por encima del resto en esta exposición. Uno es el tratamiento del paisaje y el otro tiene que ver con la idiosincrasia norteamericana.

El primer paisajismo es romántico, exalta la sublimidad de unos espacios que parecen prendidos en el tiempo. Es un paisajismo bello, poético, místico, monumental y hasta peligroso. Posteriormente, la naturaleza en el arte va pasando por diferentes etapas hasta alejarse de lo figurativo.

La representación visual del paisaje y de las estaciones del año va cambiando con los años —se nota en la línea y en la paleta—. Sin embargo, no desaparece el vínculo original que fundió naturaleza y emoción —los cuadros provocan, según la atmósfera de los mismos, sensación de desasosiego, calma, admiración, nostalgia, alegría, ansiedad, embeleso…

El lago Greenwood, Jasper Francis Cropsey, óleo sobre lienzo, 1870.

Desde las llanuras, Georgia O’Keeffe, óleo sobre lienzo, 1954.

El territorio estadounidense se fundó el 4 de julio de 1776. Es un territorio joven, sin las leyendas e historias que tienen los países de otros continentes. De modo que los cráteres, lagos, montañas, llanos, bosques y robles centenarios fueron, desde el comienzo, inspiradores de narraciones plásticas. Al empaparse de patriotismo, el paisaje de «primitivas soledades», como diría el poeta Walt Whitman (1819-1892), se convirtió en símbolo de nación.

El otro punto que he destacado es el que tiene que ver con la psicología del hombre estadounidense. El espíritu individualista y competitivo que lo caracteriza se aprecia en la búsqueda de una pintura propia que robustezca el sentimiento nacional —la Escuela del Río Hudson, que floreció entre los años 1825 y 1875, fue el primer movimiento artístico que se dio en Estados Unidos.

Un arrollo en el bosque, Asher B. Durand, óleo sobre lienzo, 1865.

Sin título (Verde sobre morado), Mark Rothko, técnica mixta sobre lienzo, 1961.

Después de la II Guerra Mundial, el artista norteamericano, en su búsqueda de una vía de conexión con la nueva realidad, inició el camino del expresionismo abstracto y del Pop Art, estilos opuestos que consolidaron el ADN americano, convirtiendo a Nueva York en el nuevo reino de los galeristas y de los marchantes —la II Guerra Mundial destruyó la cadena de ismos iniciada al finales del XIX y terminó con la superioridad parisina en el universo de las imágenes estéticas.

Arte americano en la colección Thyssen nos muestra de qué manera el paisaje influyó en la historia estadounidense, en la sociedad y en lo aprendido por sus gentes. La exposición también es testimonio de cómo Norteamérica es crisol donde se funden tradiciones, ideas y conocimientos de todos aquellos que a sus tierras llegaron.

La negociación, Frederic Remington, óleo sobre lienzo, h. 1903.

1965 (PH-578), Clyfford Still, óleo sobre lienzo, 1965.

Composiciones muy elaboradas y composiciones «espontáneas» —action painting—, metáforas pictóricas que recrean el viaje iniciado en tierras vírgenes, hoy espacios mutilados por la industrialización, nos hacen viajar en el tiempo.

Pienso que Arte americano en la colección Thyssen es más óptica que teórica, así que no me extiendo más. Aquí les dejo una pequeña galería que he preparado rompiendo el sesgado orden de la muestra y agrupando cuadros que fotografié y que muestran gentes de diferentes generaciones y clases sociales. Pero solamente si visitas la exposición, si la ves en su conjunto, podrás comprobar cómo la necesidad de trasladar a los lienzos emociones va cediendo espacio a la representación de elementos, sin más —esta realidad no deja lugar a dudas en la feria de ARCO.

La colección de arte norteamericano del barón Thyssen-Bornemisza está considerada la más importante de Europa.

GALERÍA

LA NATURALEZA HUMANIZADA

«GENTES»

Cabinas telefónicas, Richard Estes, acrílico sobre masonita, 1967.


Luna sobre Alabama, Richard Lindner, óleo sobre lienzo, 1963.

Mujer en el baño, Roy Lichtenstein, óleo y magna sobre lienzo, 1963.

Express, Robert Rauschenberg, óleo, serigrafía y collage sobre lienzo, 1963.

Parque de atracciones, Ben Shahn, temple sobre masonita, 1946.

Orquesta de cuatro instrumentos, Ben Shahn, temple sobre masonita, 1944.

Cabañas cerca de San Agustín, Florida, Anthony Thieme, óleo sobre lienzo, h.1947-1948.

Obreros franceses, Ben Shahn, temple sobre cartón, 1942.

Muchacha cosiendo a máquina, Edward Hopper, óleo sobre lienzo, h. 1921.

Día lluvioso, Childe Hassam, óleo sobre lienzo, h. 1885.

La hija del guardacostas, Winslow Homer, acuarela sobre papel, 1881.

Waverly Oaks, Winslow Homer, óleo sobre papel adherido a tabla, 1864.

Días de verano (detalle), George Inness, óleo sobre lienzo, 1857.

El rastro perdido, Charles Ferdinand Wimar, óleo sobre lienzo, h. 1856.


Pesca en el estrecho de Long Island a la altura de New Rochelle, James Goodwyn Clonney, óleo sobre lienzo, 1847.


Retrato de Isabella y John Stewart, Charles Willson Peale, óleo sobre lienzo, h.1773-1774.

Facsímil de una pintura indígena, Karl Bodmer, grabado coloreado a mano, 1832-1834.
El grabado reproduce un dibujo de Mató-Tópe (1784-1837), segundo jefe de la tribu mandan. Aquí «Cuatro Osos» aparece describiendo una de sus gestas.

*

«TEMPUS FUGIT»

Bolsas de té Tao y tetera, Stuart Davis, óleo sobre tabla, 1924.

Objetos para un rato de ocio, William Michael Harnett, óleo sobre lienzo, 1879.

*

CRUCES

Cruz al atardecer, Thomas Cole, óleo sobre lienzo, h. 1848.

Cruz en el Edén, Alfonso Ossorio, gouache y collage sobre papel, 1950.

Y hasta aquí voy a llegar. En el Museo Thyssen-Bornemisza te esperan muchas obras más.

ENLACES RELACIONADOS

El paisaje norteamericano (Whitman y Asher Brown Durand).

El Lejano Oeste: Cole, Bierstadt, Bodmer y Catlin.

Georgia O’Keeffe y Elizabeth Bishop.

Bret Harte. «Cuentos del Lejano Oeste».

Andy Warhol. «Así comencé a pintar dinero».

Víctor Vasarely. El nacimiento del Op Art.

Lichtenstein y el cartel publicitario.

Vicent van Gogh. Flores y paisajes.

Walt Whitman. «Vida y aventuras de Jack Engle».

El petirrojo, los burros y las garzas…

Días, meses, años (Yan Lianke).

Disney. El arte de contar historias.

Freud en las vanguardias artísticas: «El pensamiento estético en la obra de Freud».

Haikus y ukiyo-e. Poemas y grabados japoneses.

Alejandro de Humboldt y la Ilustración (II).

Alejandro de Humboldt y la Ilustración (I).

Naturalezas muertas en las artes del siglo XX.


Compártelo con tus amigos: