ARTES PLÁSTICAS CON NOMBRE DE MUJER. MAESTRAS

«Cuando una mujer sueña con algo, todo es posible».
Esteé Lauder

Las lavanderas (detalle), Marie Petiet, óleo sobre lienzo, 1882.

Maestras inicia su recorrido a comienzos del siglo XVII y lo finaliza con algunas autoras de las vanguardias de la primera mitad del siglo XX. Maestras, exposición entrañable y didáctica que nos ofrece el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, es un balcón abierto a las obras de pintoras y de escultoras que ennoblecen la Historia del Arte.

Renacimiento tardío, Barroco, Neoclasicismo, Prerromanticismo, Romanticismo, Realismo, Naturalismo, Orientalismo y algunos de los primeros ismos tienen su representación en Maestras. Son creaciones firmadas por mujeres que crecieron en hogares acomodados, o en familias cuyos oficios estaban relacionados con el mundo del arte, o en casas donde coexistían ambas condiciones. Autoras, muchas de ellas, admiradas en su tiempo y que son desconocidas para el espectador actual.

El joven Baco (detalle), Mary Beale, óleo sobre lienzo, h.1679.

Pastor de los pirineos (detalle), Rosa Bonheur, óleo sobre lienzo, 1888.

Maestras nos acerca a pintoras y a escultoras decididas a expresar, a través de la materia, las ideas, las emociones, las convicciones y los deseos que las inspiraban.

Retratos, autorretratos, bodegones y pinturas de flores, paisajes naturales, pasajes de la historia sagrada o de la mitología, escenas de la vida cotidiana, bronces y bordados, sumando lógicas y fantasías, son ejemplos de cómo ellas lograron exponer lo que la apariencia cubre con su atractivo manto.

Marie Coca y su hija Gilberte, Suzanne Valadon, óleo sobre lienzo, 1913.

Si algo resalta en la exposición que nos regala el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza es la complicidad que se muestra en las escenas que agrupan personajes femeninos. Bueno, hay dos cuadros que rompen esta implicación y, curiosamente, están relacionados con la maternidad, como es el caso de Marie Coca y su hija Gilberte, donde madre e hija lo único que parecen compartir es el saloncito burgués.

¡Oh…!, pero en el resto de los lienzos y de las esculturas es la cercanía, que tiene un componente espiritual más que físico, una constante; y lo es al margen del acto que se esté representando. Alentador, ¿verdad?

Maternidad (detalle), Helene Schjerfbeck, óleo sobre lienzo, 1886.

Ver cómo los movimientos estéticos no son ajenos a los asuntos que importan a sus sociedades es una experiencia estimulante. Y más, cuando ese recorrido nos es contado a través del arte creado por mujeres.

En la muestra hay cuadros que traen a la memoria otros realizados por pintores famosos, pero tanto los que en hechura se inspiran en obras de hombres como aquellos que muestran identidad propia tienen un hilo conductor: están entrelazados por la manera en que tratan el argumento representado —¿cómo se dice lo que se piensa?

Escena de empeño / La última joya, María Luisa Puiggener, óleo sobre lienzo, 1900.

El pensamiento crea dos maneras distintas de entender el mundo: la masculina y la femenina, pues las experiencias personales juegan un rol decisivo en la interpretación del medio que habitamos.

En el lenguaje visual femenino es la emotividad, que no la histeria, una característica que resalta. Esa emotividad, acentuada por un orden jerárquico masculino que ha abarcado siglos, ha creado un universo con lenguaje propio.

Confidencias crepusculares (detalle), Cecilia Beaux, óleo sobre lienzo, 1888.

Pienso que la representación femenina en el arte es el resultado de una condición orgánica. Los hombres suelen otorgar a sus protagonistas —puede que el haber tenido permitido el género del desnudo haya sido un estimulante añadido a la psicología masculina— una sensualidad y una sexualidad que no suele apreciarse en las obras de las artistas plásticas, más dadas a lo sensorial y a la necesidad de contar «desde dentro», más dadas a volcar en sus personajes sus pensamientos íntimos. Más dispuestas a desnudar sus almas que a dar prioridad a la búsqueda de tecnicismos estéticos. 

Yael y Sísara, Artemesia Gentileschi, óleo sobre lienzo, 1620.

Ahí están las eróticas bailarinas, doncellas, vampiresas, mártires, santas, sirenas, medusas…  de Bellini, Botticelli, Tiziano, Rubens, Renoir, Mucha, Delvaux, Balthus, Picasso, Botero… Ahí están los detalles de los cuadros, o la falta de ellos, que tanto dicen —los detalles en el arte son mensajes subliminales.

Miren la voluptuosa Magdalena de Tiziano… ¡Y eso que es arte sacro!

Magdalena penitente, Tiziano, óleo sobre lienzo, 1533.
(No está en la exposición).

En las artes plásticas la iconografía femenina resalta las consecuencias de centurias de asfixia paternalista. Hombres y mujeres han compartido interés por los mismos temas y, sin embargo, sus obras reflejan esos contenidos con distintas luces y sombras. Porque la verdad depende de en qué parte del tablero de la vida te encuentres y de cómo entiendes y gestionas lo que te sucede, de ahí la cualidad camaleónica de las certezas.

¡Oh…!, pero lo masculino y lo femenino no transitan por caminos paralelos: somos seres pensantes en continua interacción, de modo que lo femenino y lo masculino no se asientan en principios innegables: son permeables.

Pie derecho de la bailarina Fanny Elssler, Félicie de Fauveau, mármol, 1847.

Lo esencial femenino es independiente de cualquier condición o relación sexual, como es independiente de cualquier estereotipo, como es independiente de cualquier movimiento de carácter ideológico o político. Lo digo porque enfoco esta reseña desde lo femenino y no desde el feminismo, objetivo de la muestra. Lo hago porque, para mí, lo femenino es cualidad originaria de la mujer —por cierto, conviene recordarlo, hubo tiempos de matriarcado.

Carrera alocada, Alice Bailly, lana, h. 1918.

En igualdad de virtuosismo el trabajo de ellos ha tenido mayor repercusión. Pero esta realidad, que habría podido desestimular a las autoras, evidencia otra condición femenina: la perseverancia, que muestra una la férrea voluntad individual.

Las mujeres, en condiciones desiguales, desarrollaron el oficio que amaban, hasta el punto de que sus talentos fueron reconocidos por sus contemporáneos. Todo esto está reflejado en Maestras, porque el arte forma parte del tiovivo de la historia.

Susana y los viejos, Artemisia Gentileschi, óleo sobre lienzo, 1562.

Lo esencial femenino no es cosa de barbies, que también. Es un espacio que abarca todas las manifestaciones del espíritu, todas las épocas y todas las relaciones sociales con su amplio abanico de cotidianidades. 

Lo eterno femenino es algo más que un cliché. Es un cúmulo de identidades reflexionando sobre sus circunstancias y creando su propio sello. Cada obra de arte, sea figurativa o abstracta, es la revelación de un origen, de un destino, de una alegría, de una tragedia…

Judith con la cabeza de Holofernes (detalle), Lavinia Fontana, óleo sobre lienzo, 1600.

Tanto los tiempos oscuros como los amables han sido observados y representados por mujeres que han dejado huella en la Historia del Arte, que hayan sido olvidadas no significa que no existieran. 

Amigos, ahora los dejo con las obras que fotografié para acercar la exposición a tu hogar y que he dividido en secciones que no son las mismas de la exposición, porque me gusta crear mi propia galería.

Hermanos, niño abrazando a una chica, Emy Roeder, bronce, 1933-1934.

Maestras es una sinfonía compuesta por cincuenta y dos rúbricas y cien obras que revelan experiencias existenciales. Es una sinfonía que evidencia que las mujeres a lo largo de los siglos se han hecho la misma pregunta que hoy nos seguimos haciendo: «¿Quién soy yo y cuál es mi papel en el nosotros?» 

GALERÍA

COMPLICIDADES 

Jóvenes, Louise Catherine Breslau, óleo sobre lienzo, 1893.

Mujeres con perros, Marie Laurencin, óleo sobre lienzo, 1924-1925.

Carretera de campo, Marianne Werefkin, temple sobre papel sobre cartón, 1907.

Tres mujeres con sombrillas (Las tres gracias), Marie Bracquemond, óleo sobre lienzo, h. 1880.

Vestidos simultáneos (Tres mujeres, formas, colores), Sonia Delaunay, óleo sobre lienzo, 1925.

FLORES Y FRUTOS

Bodegón con flores, copa de plata dorada, almendras, frutos secos, dulces, panecillos, vino y jarra de peltre, Clara Peeters, óleo sobre tabla, 1611.

Naturaleza muerta con fruta y saltamontes en un cuenco de Delft, Johanna Helena Herolt, acuarela sobre vitela, h. 1690.

Naturaleza muerta con flores, Catharina Backer, óleo sobre lienzo, antes de 1711.

Naturaleza muerta con melón en un plato, uvas y un caracol, Giovanna Garzoni, temple sobre pergamino pegado sobre tabla, h. 1650.

MATERNIDADES

Maternidad, media figura, Paula Modersohn-Becker, óleo sobre cartón, 1906.

Las amas de casa, Lluisa Vidal, óleo sobre lienzo, 1906.

Bajo los árboles, Elizabeth Nourse, óleo sobre lienzo, 1902.

Ver Sacrum (Autorretrato con su hijo Peter), Elena Luksch-Makowsky, óleo sobre lienzo, 1901.
(El rechazo).

Maternidad, Helene Schjerfbeck, óleo sobre lienzo, 1886.

IDENTIDADES 

Niña tehuacana, Frida Kahlo, óleo sobre masonita, 1942.

Autorretrato, Jacqueline Marval, litografía sobre papel Japón, 1897.

Madame de Staël, Marie-Éléonore Godefroid, óleo sobre lienzo, h. 1818-1849.

Autorretrato, Victoria Martín, óleo sobre lienzo, h. 1840.

COTIDIANIDADES

Las porteadoras, Natalia Goncharova, óleo sobre lienzo, 1911.

Vendimiadoras montillanas, Eloísa Garnelo, óleo sobre lienzo, 1891.

Las hermanas de la caridad, Hanrriette Browne, óleo sobre lienzo, 1859.

Las lavanderas, Marie Petiet, óleo sobre lienzo, 1882.

La vendedora de té, Françoise Duparc, óleo sobre lienzo, siglo XVII.

Hombre ofreciendo dinero, Judith Leyster, óleo sobre tabla, 1631.

ESPARCIMIENTOS 

Toilette rusa, Zinaïda Serebriakova, óleo sobre lienzo, 1926.

Las odaliscas, Jacqueline Marval, óleo sobre lienzo, 1902-1903.

El té, Alice Bailly, óleo sobre lienzo, 1913-1914.

La zapatería, Elizabeth Sparhawk-Jones, óleo sobre lienzo, h. 1911.

La mujer con la cabra, Maruja Mallo, óleo sobre lienzo, 1927.

Y, colorín colorado, hasta aquí voy a llegar.

ENLACES RELACIONADOS

Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana.

Tiziano y Safo: «Poesías» y poemas.

Clara Peeters. Los bodegones y la buena mesa.

Georgia O’Keeffe y Elizabeth Bishop.

Leonora Carrington y los sueños surrealistas.

Alicia en el país de las maravillas: Dalí, Ernst, Tenniel, Laurencin.

La mujer, el arte y el siglo XIX. «Invitadas».

Sonia Delaunay. Arte. Diseño. Moda.

Lina Bo Bardi: tupí or not tupí (1946-1992).

Ibsen, la mujer y un lienzo de Munch.

Las flores, la pintura y el Siglo de Oro.

La imagen humana: arte, identidades y simbolismo.

«Salomé». Oscar Wilde, Alla Nazimova (película).

La moda, Sorolla y Oscar Wilde.

Picasso / Chanel y el espíritu de una época.

El trampantojo. Hiperrealismo en el Museo Thyssen.

El Greco y el Manierismo.

Tratado sobre la amistad (Madame de Lambert).

La princesa de Clèves (Madame de La Fayette).

Madame de Sévigné. «Cartas a la hija.»

Rosario Weiss, la alumna de Goya. Dibujos.

Cassandra en la boda (Dorothy Baker).

El despertar (Kate Chopin).

Marceline Desbordes-Valmore. Poemas.

Tres mujeres (Sylvia Plath).

Katherine Mansfield. Poemas.

Amelia Peláez. Ornamento y naturaleza muerta (Robert Altmann).

Doris Zinkeisen. Pintura.

Paul Delvaux y sus «mujeres». Pintura.

Delacroix. Fragmentos de su «Diario».

La medicina en la pintura.

«Sorolla femenino plural». Pintura.

El río. Reflexión inspirada en un dibujo de Sorolla.

Freud en las vanguardias artísticas: «El pensamiento estético en la obra de Freud».

«Lo oculto»: esoterismo en las obras del Thyssen.

Fernando Botero y su pintura (CentroCentro).

El París artístico de fin de siglo y Félix Vallatton.

Virginia Woolf. «Escritoras. Retrato de mujeres».

Ajmátova y Tsvetáieva. Poemas.

Diván de poetisas árabes contemporáneas. Poemas.

Siglo de Oro. Poetisas religiosas.

Poetisas modernistas hispanoamericanas.

Poetisas cubanas. Poemas.

 

 


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