AUTÓMATAS

«Labios de rosa, nidos de amor…»
(«La duquesa del bal Tabarin», Leo Bard.)

Cortesana con abanico, Lambert y Jumeau, dos melodías, 1885-1900.
(Tiene acordes de dos operetas: «El cazador furtivo» y «La duquesa del bal Tabarín». Posee cuatro movimientos diferentes: mueve cuello, piernas, cabeza. Lleva collar de oro y perlas, abanico de seda, peluca de mohair… Es una pieza hermosa y cara.)

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, con el desarrollo industrial y el asentamiento del capitalismo, la clase burguesa arrebató a la aristocracia el lugar privilegiado que, hasta entonces, había disfrutado sin miedo a rival alguno.

La burguesía acomodada, como todo nuevo rico, se empeñó en demostrar su buena salud económica. ¿Y qué mejor manera de demostrar solvencia que alardeando de buena vivienda?

Los palacetes se convirtieron en arcas de hermosos tesoros.

Pieza de porcelana de la colección permanente de la Casa Lis.

Los palacetes, a diferencia de los castillos que tenían una función defensiva, fueron construidos para cautivar por su esplendor y, también, por su utilidad. Los chalés eran bellos y prácticos. Tenían habitaciones amplias y ventiladas, generosas zonas ajardinadas, patios interiores, vitrales que bañaban las estancias con colores tornasolados, coquetos oratorios… Pero, de todos los espacios de los nuevos hogares, había uno que destacaba: el salón de las visitas. Esos aposentos quitaban el hipo. Allí, como dice el refrán, «se tiraba la casa por la ventana».

El mejor mobiliario, la cristalería más fina, los bronces y cuadros más importantes encontraban su lugar en el salón de las visitas, que acaba abarrotado. Es allí, ocupando un lugar privilegiado, desde donde los autómatas contemplaban sus dominios.

Patio interior de la Casa Lis.

Bebé con sombrilla, Lambert y Jumeau, melodía única, 1885-1900.
(Los autómatas hechos por estos dos artesanos fueron muy apreciados en su tiempo. La figura tiene un mecanismo sencillo. Su valor está en sus ropajes y el tratamiento de la porcelana. Tiene ojos soplados, orejas perforadas y pelo natural. Mueve el sonajero y baja y sube la sombrilla mientras mira hacia los lados. El cascabel también tiene cabecita de biscuit y ojitos de vidrio.)

Los autómatas son figuras articuladas, con cajas musicales y caritas y manos de porcelana. Esas figuras, que se movían con elegancia y rigidez, eran verdaderos objetos de lujo que «hablaban» del poder adquisitivo de quiénes las poseían.

Las piezas solían tener una o dos melodías, que sonaban durante unos treinta segundos. La música que emitían eran fragmentos de canciones populares o de operetas de moda, que salían de unos rodillos con remaches que, al girar, hacían vibrar las púas de un peine de acero.

Tejedora, Roullet & Decamps y Jumeau, melodía única, 1885-1900.
(Tiene dos movimientos: gira la cabeza hacia delante y hacia atrás y sus manos tejen al compás de «O sole mío.»)

En cuanto al mecanismo, los primeros autómatas, los hechos para bolsillos muy abultados, fueron de cuerda.

Entrado el siglo XX, las cuerdas fueron sustituidas por sistemas eléctricos que otorgaron, además del uso contemplativo, una nueva función a las figuras. Las piezas pasaron a ser un reclamo publicitario: colocadas en los escaparates y en las aceras de las pastelerías, zapaterías, jugueterías, boutiques y sombrererías llamaban la atención del viandante.

Detalle de la pieza que encabeza este artículo.
(Mira el trabajo de las manos realizadas en biscuit. Mira los encajes y el ramo de flores de seda. Sus trajes eran copiados de los catálogos de moda, de ahí que fueran tan recargados.)

Los autómatas nacieron en París, en Marais, en el barrio de los relojeros, sus creadores, y en época del Art Nouveau.

Los autómatas son piezas engañadoras, sólo es bello lo que se ve. Se podría decir que son un reflejo de los burgueses de su tiempo: todo se centraba en la apariencia.

Ya sabemos que no siempre es oro lo que reluce. Si las cabezas y brazos de los autómatas están confeccionados con materiales finos, como el biscuit; si sus ojitos de vidrio son aún más hermosos gracias a unas cejas gruesas bien perfiladas y sus cabellos son naturales o de mohair, los cuerpos ocultos tras los vestidos son otra cosa.

Española con pandereta, Lambert y Jumeau, melodía única, 1885-1900.
(Mueve el cuello de un lado a otro y también los brazos y piernas; lo hace mientras agita la pandereta. Incorpora un fragmento de la ópera cómica «Francois les bas bleus».)

¡Qué tosco es lo que no se ve!

En sus cuerpecitos, cuando no en los muebles-peana, están los engranajes de alambre que les permiten el movimiento; así como las cajas de música que los hacen tan especiales. Sus torsos, en vez de estar hechos de loza fina y traslúcida, son de pasta de composición o de láminas de cartón pegadas.

Pero no importa. Son encantadores. Tú sabes que no es de buena educación ser un fisgón.  La fantasía deja de serlo si hurgamos en sus entrañas.

Marquesa, Lambert y Jumeau, melodía única, 1885-1900.
(Viste encaje de punto de Alençon y algodón y lleva abanico de plumas de marabú. Tiene ojos soplados, muestra unos dientes pequeños y tiene tres movimientos: mueve la cabeza en distintas posiciones, se abanica y se acerca los anteojos al rostro. Es un autómata muy vistoso.)

Muñeca, Kämmer & Reinhardt / Simon & Halbig, 1910.

La Casa Lis, hoy Museo Art Nouveau y Art Déco, reúne la colección más importante de autómatas de ámbito privado. Este museo se encuentra en Salamanca, en el palacete que fue propiedad de un empresario del mundo de los curtidos llamado Don Miguel de Lis. Este hombre acaudalado fue seducido por los autómatas, las muñecas y los juguetes ingeniosos.

El Museo es una joya, quien lo visita es trasladado a un mundo donde el refinamiento y la belleza regentan. Las pupilas del visitante pasean ávidas por las salas de los abanicos, las criselefantinas, las pinturas, los delicados frascos de perfume, los adornos de cristal y porcelana, las figuritas de bronce, los elegantes muebles, las miniaturas… Y todo se muestra con la luz especial que aportan las vidrieras besadas por los rayos del sol.

Y todos los objetos están tan bien cuidados, que si no fuera porque tienen ese toque que es el sello con el que el tiempo imprime su rúbrica, creeríamos que son réplicas.

¡Qué museo tan bonito! ¡Qué cafetería tan coqueta y qué tienda tan atractiva!


Figuritas de la exposición permanente.

Tamborilero, Lambert y Jumeau, melodía única, 1885-1900.
(Interpreta un fragmento de la opereta cómica «La mascotte», obra estrenada en París en 1880. Su traje es de seda rematado en hilo de oro. Toca el tambor y se acerca la flauta a la boca. Sus ojos son de vidrio y su pelo de mohair.)

Aquí te dejo todas las curiosidades que descubrí en El Museo Casa Lis:

* Los autómatas no fueron creados, como muchos piensan, para entretener almas infantiles. No son juguetes, sino objetos de interiorismo.

* Sus trajes a la moda eran escogidos por las esposas de los dueños de los talleres donde se realizaban las piezas. Eran ellas las que decidían los diseños que llevarían, pues muchas eran costureras y sabían trabajar con tules, sedas, lentejuelas, bordados, pedrerías, apliques… En los vestuarios de los autómatas no se descuidaba la lencería.

Bebé de las flores, Lambert y Jumeau, melodía única, 1885-1900.
(La figurita tiene pendientes de coral y tres movimientos distintos. Las articulaciones le permiten girar la cabeza a la vez que mueve los antebrazos. El artilugio musical está en la peana.)

* Los trajes eran largos para ocultar las varillas y palancas de alambres que les daban movimiento.

* Mientras más acordes y más meneo más cara era la pieza.

* Los primeros autómatas representaban las actividades de ocio de la clase pudiente; de ahí que muchos aparezcan leyendo, tocando instrumentos musicales, bordando… Generalmente, eran realizados por encargo.

Lectora sobre canapé, Vichy y François Gaultier, dos melodías, 1885-1900.
(Tiene la peculiaridad de que no está vestida a la moda, sino con estilo dieciochesco. Tiene ojos de vidrio y cuatro movimientos: acerca el libro al rostro mientras se abanica, gira la cabeza hacia los lados, se incorpora y se apoya en el respaldo. Está considerada una de las piezas más importantes del Museo.)

* Cuando la figura va acompañada de un mueble, en este está la llave que lo pone en marcha.

* En la mayoría de los trajes predominan telas de colores claros. Es como un fondo que luego se trabaja con plumas, flores, encajes, perlas…

* Las cabezas más deseadas y premiadas eran las de Jumeau, inconfundibles por la perfección de sus cejas pintadas.

Bailarina de vals (detalle para que puedas ver una cabeza de Jumeau), Roullet & Decamps y Jumeau, melodía única, 1885-1900.
(Ojo de pisapapeles azules y peluca de mohair. Mueve la pierna derecha hacia delante y hacia atrás, también mueve el tronco y la cabeza mientras gira sobre sí misma. Es muy bonita y es una de las más antiguas del Museo.)

* Las firmas francesas más importantes de la época fueron: Bru, Gaultier, Thuillier, Jumeau, Steiner.

* Las firmas alemanas imprescindibles fueron: Simon & Halbig, Kämmer & Reinhardt, Armand Marseille, Heubach o Kestner.

* En breve tiempo, los autómatas dejaron de representar en exclusiva a la clase pudiente. Los artesanos y comerciantes, al ver la demanda que estas figuras tenían, ampliaron el repertorio. Los artífices se inspiraron en situaciones de la vida cotidiana, en el mundo del circo o en figuras exóticas importadas de Asia.

Payaso acróbata, detalle para que veas cómo trabajaban los rostros Roullet & Decamps, melodía única, 1885-1900.
(Tiene el cuerpo de cartón y los ojos de vidrio. Su cabeza y sus manos son de madera pintada. Ejecuta cinco movimientos, llegando, incluso, a soltar la mano derecha para levantar más el cuerpo y girar. El sistema lo tiene en la base y funciona a través de la escalera. Es una verdadera coquetería.)

* En la confección de los autómatas participaban tres artesanos: el relojero -las figuras de más calidad tienen cajas de música suiza-, el que hace cabezas y manos y el que confecciona los trajes.

* Las muñecas grandes, con caras de niña y cuerpos de mujer, eran usadas como maniquíes de moda y eran muy codiciadas.

Gargantua, Roullet & Decamps y Jumeau, melodía única, 1885-1900.
(Tiene muchos movimientos: mueve la cabeza a ambos lados, rota la vajilla, saca la lengua, arrima la taza a la boca y acerca el tenedor al plato. Tuvo muy pocas ediciones debido a su elevado precio. Es precioso.)

* Los rostros de los autómatas: pestañas fijas, boquitas cerradas o boquitas entre abiertas que dejan ver una fila de dientes parejos y pequeños, ojos de vidrio soplado o fijos en sulfuro -los más baratos-, rostros y manos de porcelana.

* Era un mercado de mucha competencia, que incentivaba el coleccionismo; de ahí la gran variedad de modelos.

* Los juguetes articulados, destinados a los niños, tenían una confección más sencilla.

Andadora con perro, Roullet & Decamps y Simon & Halbig, 1900.
(Juguete articulado de cabeza alemana. El perro es de cartón cubierto con lana de oveja. La correa con la que lo pasea la niña es rígida. El cuerpo de la niña también es de cartón y en él se esconde el engranaje que le permite el movimiento. La niña va vestida con moda infantil. Tiene ojitos de vidrio y peluca de mohair; su cabecita y sus manos son de biscuit.)

Kewpies, J.D. Kestner, 1913.
(Todavía se fabrican.)

Otras curiosidades:

* Fueron los alemanes los que abarataron el precio de las muñecas francesas al crear series.

* Las casas alemanas inventaron los «bebés de carácter», unos muñecos que representaban expresiones infantiles o de personajes de historietas. Estos muñecos fueron muy populares, como el Kewpies que ves aquí.

* El juguete, además de entretener, pasa a tener otra encomienda: se convierte en un objeto de crítica social. Se vuelve un juguete-caricatura con función útil y mucho retintín. El mercado se inunda de ceniceros, alfileteros, alcancías, palilleros, objetos para el baño… con gran carga satírica.

Palilleros, Schafer & Vater, biscuit policromado, h. 1915.

Los autómatas dicen mucho del carácter de la sociedad en la que fueron creados. Una sociedad que gozaba y sufría su prosperidad, pues la riqueza mal repartida fue el germen de movimientos obreros y sindicales que se lanzaron a las calles en busca de igualdad de oportunidades.

En cuanto a las muñecas autómatas, tan elegantemente vestidas, a simple vista dan la impresión de estar encantadas de sí mismas. Pero esos trajes encorsetados, rígidos, eran una tortura diaria para las mujeres.

Hay que acercarse a los autómatas como nos acercamos a las alegorías. No son figuras tan ingenuas. Encierran metáforas. Bellas por fuera y feas por dentro. No recuerdo en qué lugar leí que las damas de los palacetes preferían morirse de hambre antes que desmontar sus encantadores y pomposos recibidores.


Española tocando la mandolina, Vichy y Jumeau, dos melodías, 1885-1900.
(La pieza es grande, tiene 70 cm y tres movimientos: mueve la cabeza hacia ambos lados, al ritmo de la música, y toca la mandolina. Su mecanismo se encuentra en el interior del cuerpo.)

La mayoría de los autómatas del Museo Art Nouveau y Art Déco de Salamanca fueron creados entre los años 1870 y 1905.

Aprender observando, recreándonos… Eso es lo que nos brinda el Museo Casa Lis, al que dedico este artículo que he centrado en sus autómatas y que hoy comparto contigo, pues es mi deseo regalarte una entrada distendida en tiempos de coronavirus.

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