BAUDELAIRE Y «LAS FLORES DEL MAL»

«Para no ser los esclavos martirizados del tiempo, embriagaos, ¡embriagaros sin cesar! con vino, poesía o virtud, a vuestro modo.»
Charles Baudelaire

Las delicadas y sensuales flores poéticas de Charles Baudelaire (1821-1867) están acompañadas por la calamidad. El sufrimiento, el orgullo y la culpa son el contrapunto a la belleza en este libro lleno de furia, amor, deseo y tristeza que por título lleva Las flores del mal.

Baudelaire fue un incomprendido, un adelantado, un hombre y un poeta atormentado y tachado, por muchos de sus contemporáneos y rivales, como obsceno y vicioso.

A Baudelaire le tocó vivir una época convulsa, una sociedad donde las costumbres tradicionales agonizaban ante las novedades sociales y laborales hijas del capitalismo.

El poemario Las flores del mal sufrió la censura por «ofensivo a la moral pública y a las buenas costumbres». Tanto Baudelaire como sus editores fueron juzgados y condenados a pagar una multa por ultraje a la moral pública. Las flores del mal fue editado el 25 de junio de 1857, pero antes el vate se vio obligado a retirar seis de los poemas del libro: Las joyas, El leteo, A la que es demasiado alegre, Lesbos, Mujeres condenadas, Delfina e Hipólita y Las metamorfosis del vampiro.

El novelista Víctor Hugo fue uno de los pocos intelectuales que salió en defensa de Baudelaire. Expresó: «Usted ama lo bello. Deme la mano. Y en cuanto a las persecuciones, son grandezas. ¡Coraje!».

La editorial Vaso Roto ha inaugurado su colección Abstracta con una nueva edición bilingüe de Las flores del mal. La versión al español y la introducción están a cargo del cubano Manuel J. Santayana, quien aclara que ha respetado los signos de puntuación, la rima y la versificación del texto original. El libro tiene forma de caja, las tapas son duras y el lomo es de color fucsia. El volumen incluye algunas poesías añadidas a la tercera edición (póstuma).

Los poemas que aquí dejo, del «maldito y sabio supremo» —la descripción es de Rimbaud—, pertenecen a la impresión mencionada. Los ilustro con pinturas del simbolista lituano Mikalojus Konstantinas Ciurlionis (1875-1911).

¡Ah…!, me olvidaba: al final hallarás un vídeo con el Canto de otoño, poesía que Baudelaire dedicó a Marie Daubrun, actriz conocida como la de los «ojos verdes» y que le regaló tardes de voluptuoso placer. El tema lleva música de Gabriel Fauré y está interpretado por la soprano Felicity Lott y el pianista Graham Johnson. Y ahora los dejo con Charles Baudelaire y el toque urbanita de su poesía.


Sinfonía fúnebre VI, 1903.

X
EL ENEMIGO

Mi juventud fue una tempestad tenebrosa,
cruzada aquí y allá por la luz a raudales;
de truenos y de lluvias hay ya destrozos tales
que en mi jardín apenas queda fruta sabrosa.

Sucede que a mi mente el otoño ha llegado,
y es preciso empuñar la pala y el rastrillo
para abonar de nuevo el terreno anegado,
de huecos como tumbas, con un nuevo mantillo.

¿Quién sabe si los nuevos capullos que yo sueño
hallen en este suelo, cual arenal isleño,
el místico alimento para su floración?

¡Oh, dolor! ¡Oh, dolor! ¡Come el Tiempo la vida,
y el obsceno enemigo que roe el corazón
crece y se torna fuerte con la sangre perdida!


Diluvio VI, 1904.

XIV

EL HOMBRE Y EL MAR

¡Hombre libre, tú siempre has de querer el mar!
El mar es tu reflejo; tú contemplas tu alma
en el rodar continuo de sus olas en calma
y no es menos amargo abismo tu pensar.

Te complace bucear muy dentro de su imagen;
tus ojos y tus brazos lo estrechan con fervor
y el corazón se abstrae de su propio rumor,
al ruido de esta queja indomable y salvaje.

Los dos sois tenebrosos al tiempo que discretos:
hombre, nadie ha llegado a tu hondura abismal;
oh, mar, nadie conoce tu íntimo caudal,
¡con tal celo guardáis los dos vuestros secretos!

Sin embargo, por siglos que son innumerables,
sin piedad ni pesar lucháis con odio fuerte:
¡tanto gozáis los dos la matanza y la muerte,
luchadores eternos, hermanos implacables!


Sagitario, 1907.

XXVI

SED NON SATIATA

Extraña deidad, bruna como las noches,
de perfume de almizcle que al tabaco se hermana,
hechura de algún brujo, Fausto de la sabana,
ébano el flanco, hija de negras medias noches,

prefiero a la constancia, al opio y a las noches,
el filtro de tu boca donde el amor se ufana;
cuando parten mis ansias rumbo a ti en caravana
tus ojos son cisternas que abrevan mis reproches.

De tus ojazos negros, tragaluces de tu alma,
¡demonio sin piedad!, deja ese fuego en calma;
cual la Estigia no puedo nueve veces tomarte,

¡ay! Y que yo no pueda, Megera libertina,
para vencer tu arrojo y por domeñarte,
en tu lecho infernal volverme Proserpina!

Mañana, 1904.

XXXVII

EL POSESO

El sol ya se ha cubierto de un crespón. Al igual
que el sol ¡oh, Luna mía!, envuélvete en negrura;
duerme o fuma si quieres; calla con amargura
y lánzate del Tedio al abismo fatal.

¡Así te amo! Pero si quieres por mi mal,
como un astro eclipsado que brota de la hondura,
pavonearte en los sitios que abruma la Locura,
¡sea! ¡Sal de tu funda, hiere, cautivador puñal!

¡Enciende tu pupila con luz de los fanales!
¡Enciende un vil deseo en miradas bestiales!
Todo me place en ti, malsano o incivil.

Se lo que quieras, noche total, alba de oro;
ya no hay fibra en mi cuerpo febril
que no grite: ¡Oh, mi amado Belcebú, yo te adoro!


Sinfonía fúnebre V, 1903.

LXXIV

LA CAMPANA QUEBRADA

Es amargo y es dulce en las noches de invierno
escuchar junto al fuego que palpita y ahúma
los recuerdos lejanos elevarse en lo interno
al son de carrillones que cantan en la bruma.

¡Dichosa la campana de potente garganta
que pese a su vejez, alerta aún, ofrenda
su grito religioso, que hacia el cielo levanta
como un viejo soldado que vigila en su tienda!

Mas mi alma está quebrada, y si llena de hastío
quiere poblar de cantos las noches de aire frío,
con frecuencia sucede que su timbre apagado

semeja el estertor de un herido olvidado
junto a un lago de sangre, bajo un montón de muertos,
y que agoniza, inmóvil, entre inmensos esfuerzos.


Diluvio III, 1904.

XCVI

EL JUEGO

En sillones raídos las cortesanas viejas,
pálidas y pintadas, mirar suave y fatal,
entre arrumacos dejan caer de sus orejas
finas un tintineo de piedra y de metal;

en derredor de un verde tapiz, rostros sin boca,
bocas descoloridas y quijadas sin dientes
y dedos que se crispan en una fiebre loca
palpan bolsas vacías, pechos desfallecientes;

de artesonados sucios cuelgan pálidas luces
de arañas y quinqués que lanzan sus fulgores
sobre ilustres poetas sombríos que, de bruces,
sobre el tapiz malgastan sus sangrantes sudores.

Ved la negra pintura que en un sueño nocturno
ante mis ojos lúcidos se iba desarrollando.
Yo mismo, en un rincón del antro taciturno,
me vi acodado, frío, silencioso, envidiando,

envidiando de aquellos el pertinaz fervor,
de aquellas viejas putas la fúnebre algazara:
todos gallardamente traficando en mi cara,
ella con su hermosura, él con su pundonor.

¡Y me aterró envidiar a tanto desvalido
que corre hacia el abismo con furia desalada,
que, ebrio de su sangre, siempre habrá preferido
el dolor a la muerte y el infierno a la nada!

PRIMER POEMA DE LAS POESÍAS AÑADIDAS A LA TERCERA EDICIÓN (PÓSTUMA)

Rex III, 1904.

I

EPIGRAFE PARA UN LIBRO CONDENADO

Lector apacible y bucólico,
sobrio y cándido ser humano:
tira este libro saturniano,
orgiástico y melancólico.

Si no aprendiste del retórico
Satán, el astuto decano,
¡tíralo! Habrá de serte arcano,
o a mí me juzgarás histérico.

Mas, si te puedes asomar
a las simas, libre de encanto,
léeme y pronto me has de amar.

Alma que sufres cruel castigo
y un paraíso vas buscando:
¡tenme piedad…o te maldigo!

firma baudelaire

CANTO DE OTOÑO

 

ENLACES RELACIONADOS

Lo cómico y la caricatura (Charles Baudelaire). Síntesis de los capítulos dedicados a Honoré Daumier y Francisco de Goya.

Los autorretratos de Goya.

Max Henríquez Ureña. “Poetas cubanos de expresión francesa”. Primera Parte.

Max Henríquez Ureña. “Poetas cubanos de expresión francesa”. Capítulo dos: José María de Heredia

Georg Heym. “El día eterno”. Poemas.

Arthur Rimbaud, Anselm Kiefer y un solo poema: El durmiente del valle (Le Dormeur du val).

Una entrevista con Marc Chagall (James Johnson Sweeney). Y los poemas de Rimbaud y Apollinaire dedicados al pintor.

Jonathan Jenkins: La sociedad en la Cuba antigua. Pinceladas de la Cuba colonial de la primera mitad del siglo XIX.

Lord Byron y Samuel Palmer. Poemas y grabados.

El París artístico de fin de siglo, los grabados de Félix Vallotton y el Museo Guggenheim Bilbao.

Ibsen. “Un enemigo del pueblo”. Incluye la película.

Michael Kohlhaas (Heinrich von Kleist).


Compártelo con tus amigos: