BERTHE MORISOT

«Me tienta afirmar que el conjunto de su obra hace pensar en lo que sería un diario femenino cuyos medios de expresión fueran el color y el dibujo».
Paul Valéry

Julie con periquito, óleo sobre lienzo, 1890.

El tiempo es una babosa de caracol dorado; y su carácter, imperceptible para el hombre atascado en el quehacer diario, gusta de la voluntad creadora. El tiempo encuentra en el arte y en la palabra, hija de la observación metamorfoseada por la imaginación, espejo donde reflejarse.

Cada época tiene su manera de expresarse; como cada época que se inicia es para el tiempo cumpleaños donde soplar las velas, como cada lienzo es, al margen de colores, de asuntos y de líneas, historia de la humanidad interpretada. Historia condicionada por los arañazos que los años dejan en la mente de quien la narra. Y nunca un mismo acontecimiento tendrá una única manera de mostrarse, pues lo subjetivo es personal y crea su propia simbología; además, hombres y mujeres observan con ojos distintos los sucesos que comparten y que nos presentan bajo el prisma de la ficción. 

En la orilla del lago, óleo sobre lienzo, 1883.

Pastora desnuda tumbada, óleo sobre lienzo, 1891.

¿Pero, a dónde me lleva el camino que he iniciado al seguir el rastro de la babosa de caracol dorado?; pues esta vez me conduce a la obra de Berthe Morisot (1841-1895). Esta vez me lleva a su pintura íntima, sosegada, espiritual, delicada y luminosa.

Me lleva a las niñas, a las jóvenes y a las adultas que retrata,  de manera consciente, en situaciones y en entornos que les permiten mostrar su decoro. Porque si en el catálogo de los pintores impresionistas, como Manet, Degas, Lautrec, Renoir…, abundan mujeres de «moral dudosa», atadas al aislamiento y a la nocturnidad —bulevares, cafés y cabarets…—, en el de Berthe Morisot la mujer es presentada en el ámbito doméstico. En sus retratos, la figura femenina se muestra en su intimidad y, en no pocas ocasiones, convirtiendo la soledad en un espacio de paz. 

En el baño, óleo sobre lienzo, 1891.

Mujer desnuda peinándose, Edgar Degas, pastel sobre carbón, 1897.

¿Recuerdan cuando arriba dije que mujeres y hombres contemplamos lo mismo con ojos distintos? Observen los dos retratos que aquí les dejo: el de Edgar Degas y el de Berthe Morisot. En el primero destaca el erotismo, en el otro destaca la mirada femenina que refleja cierta coquetería, aunque ambos lienzos muestran lo que los une: la búsqueda de una simbología visual capaz de capturar el instante que al nacer… muere. Ese gesto, esa luz, esa sensación…

Chica sentada, acuarela sobre cartón, 1894.

Óleos, pasteles, carboncillos, acuarelas, grabados… Berthe Morisot con su trazo ligero, que alterna la línea definida con la abocetada, y con una paleta a la caza de la luz natural, y de su hermana la sombra, aportó al impresionismo, junto con Mary Cassatt (1844-1926), nombre de mujer.

Berthe Morisot fue artista destacada de un movimiento estético que dio protagonismo a los paisajes naturales, que se regodeó en lo efímero, que se propuso encontrar una técnica capaz de mostrar los reflejos atmosféricos, siempre tan cambiantes, y las prisas del tiempo, que es caleidoscopio de infinitas caras. Un movimiento que hizo de la naturaleza y de la urbanidad pintura; y de la pintura… impresión.

Malvarrosas, óleo sobre lienzo, 1884.

Peonías, óleo sobre lienzo, 1869.

El impresionismo, como puede apreciarse en la obra de Berthe Morisot, renegó de los tecnicismos academicistas y de la perspectiva renacentista; y en su afán por eliminar la simetría clásica incorporó, como puede verse en los márgenes de no pocos lienzos, los motivos cortados, a la manera de la fotografía — observa Malvarrosas—, como a la manera de la fotografía la pintura es desenfocada. Fotografía es «dibujar con luz».

Entonces, mi propuesta de hoy es la de viajar a los inicios del arte moderno introduciéndonos en los cuadros de una pintora que, salvo el año en el que tuvo a su hija, participó, como figura clave del movimiento, en todas las exposiciones y los eventos del impresionismo.

Los barrocos protestantes fueron los que invitaron al arte a los interiores de los hogares, creando una «religiosidad laica». Lo hicieron para evitar las turbulencias que consigo trajo la Contrarreforma —los barrocos cristianos, por el contrario, hicieron de su pintura catequesis—. ¡Oh…!, pero fueron los impresionistas los que retomaron las escenas de género de Rembrandt, de los Brueghel y demás nórdicos, aunque por razones artísticas y no religiosas o políticas.

La cuna, óleo sobre lienzo, 1872.
(La artista con Julie. Podemos ver los años pasar en la vida de su hija y en la manera de pintar).

Joven con galgo, óleo sobre lienzo, 1893.

Berthe Morisot nos ofrece la posibilidad de visualizar los espacios y los quehaceres descritos en las grandes novelas de su tiempo, las novelas de Honoré de Balzac, de Victor Hugo, de Émile Zola, de Guy de Maupassant, de Marcel Proust, de Alphonse Daudet… El París de la prosperidad industrial, comercial y cultural. ¿Qué más se puede pedir?

Amigos, he preparado una galería con algunos de los cuadros que más me gustan de Berthe Morisot. Afirmaba Édouard Vuillard que «el arte es la emoción que produce». Y yo añado que para sentirlo sólo hay que dejarse llevar.

GALERÍA

ÓLEOS 

Autorretrato, óleo sobre lienzo, 1885.

Eugène Manet y su hija en el jardín de Bougival, óleo sobre lienzo, 1881.

El espejo psiqué, óleo sobre lienzo, 1876. 

Niña con muñeca, óleo sobre lienzo, 1884.

La fábula, óleo sobre tabla, 1883.

Eugène Manet en la isla de Wight, óleo sobre lienzo, 1875.

Las hermanas, óleo sobre lienzo, 1869.

En el comedor, óleo sobre lienzo, 1886.

La colada, óleo sobre lienzo, 1881.

Joven con delantal, óleo sobre lienzo, 1891.

La jaula, óleo sobre lienzo 1885.

En el manzano, óleo sobre lienzo, 1890.

En el jardín, óleo sobre lienzo, 1884.

En el baile, óleo sobre lienzo, 1875.

En el jardín de Bougival, óleo sobre lienzo, 1884.

Chica en un barco con gansos, óleo sobre lienzo, 1889.

ACUARELAS Y PASTELES 

En el balcón, pastel sobre papel, 1893.

Niña con gato, grabado sobre papel, 1889.

Niña con jersey azul, pastel sobre lienzo, 1886.

En el sofá, acuarela sobre papel, 1871.

Mujer vestida de gris, pastel sobre papel, 1880.

La recolectora de naranjas, pasteles sobre cartón, 1889.

El violín, lápiz rojo y negro sobre papel, 1894.

Rosalie Reisener, acuarela sobre cartón, 1866.

Edma, la hermana de la artista con su hija, acuarela y grafito sobre papel, 1872.

Descanso, punta seca sobre papel, 1889 (impreso en 1921).

Amigos, y hasta aquí voy a llegar. Espero que lo hayas disfrutado y que te haya motivado a ahondar más en la vida y en la obra de esta figura del impresionismo.

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