“Si digo la verdad mi destino obvio será el manicomio; si miento, mi destino será la cárcel”.

Una historia bien contada, con diálogos que presumen de ser precisos, un lenguaje vivo, una narración directa, un relato que desborda acción y sentido del humor son las características que hacen que El billete de un millón de libras sea garantía de una lectura placentera.

Un imprevisto cambia la vida de un hombre y lo enfrenta a una situación límite en un país que no es el suyo y al que ha llegado por accidente. Un país donde el azar le presenta a dos peculiares ancianos que lo ponen a prueba. El extranjero se ve involucrado en una apuesta que lo obliga a improvisar y a tomar una serie de decisiones.

El billete de un millón de dólares está narrado en primera persona. Como todos los libros de Twain, la narración tiene un trasfondo moral. La novela fue editada en el año 1893, el mismo año de la publicación de Tom Sawyer en el extranjero.

Mark Twain (1835-1910) es uno de los ases del cuento corto norteamericano. Twain tuvo la capacidad de aderezar el relato con historias añadidas que enriquecían el argumento sin desviarlo de su objetivo principal, sin perder nunca de vista la acción transversal de la trama. Esta condición no se da siempre en sus obras más ambiciosas, como no se da en ningún escritor de su tiempo, pues el siglo XIX es el siglo de las novelas abultadas editadas por encargo o por suscripciones.

¿Cómo se comporta la sociedad ante un hombre que se le presenta menesteroso y cómo se comporta ante uno que se muestra aseado y bien trajeado? El billete de un millón de libras habla de apariencias, de honestidad, del enorme poder seductor del dinero, de la adulación. La novela es un tratado sobre los momentos que resultan propicios para conseguir algo, reflexiona sobre la oportunidad, sobre la acción que bien aprovechada no sólo beneficia a quien la ejecuta, sino también a aquellos que tienen contacto con el beneficiario. En esta entretenida historia, un trozo de papel con una cifra es suficiente para convencer a los ávidos de que un mendigo es un millonario.

El billete de un millón de libras ha sido llevado al cine y al teatro. Al final de la reseña te dejo una secuencia de la película inglesa dirigida por Ronald Neame en 1954. Está protagonizada por Gregory Peck y versiona la historia de Twain.

Hay múltiples ediciones de El billete de un millón de libras, pero recomiendo la que se encuentra dentro del catálogo de la editorial Gadir. Esta edición está ilustrada por Marcos Morán, tiene buena letra, las tapas duras y el texto está traducido por Elisabeth Falomir Archambault.

“Me gusta una buena historia bien contada. Por esa razón, a veces me veo obligado a contarlas yo mismo”, escribió Mark Twain, el periodista que supo sacarle partido a su oficio, pues nunca olvidó que las novelas las concluye el lector.


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