domingo , 22 julio 2018
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Carlos V fue el soberano más importante de su tiempo y fue también un gran mecenas de la música. A él se debe el prestigio de las tres capillas más representativas de la Europa del siglo XVI: Madrid, Viena y Bruselas. Entre el eco de los instrumentos musicales, Carlos V alzó la espada y reinó.

Carlos V y la música.

cantores1“Yo también soy músico”.
Carlos V

Carlos I de España, Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico, llegó al mundo acompañado por el din-don de las campanas de las iglesias de Gante y marchó de este mundo conducido por el canto lastimero de las campanas del Monasterio de Yuste.

Carlos V amó la música desde su más temprana infancia. Con tan sólo seis años, el heredero al trono tocaba la espineta de su tía, la archiduquesa Margarita de Austria, y escuchaba embelesado las canciones que le regalaba su hermana Leonor, considerada una de las mejores voces de la corte.

Instrumentos de viento, cuerda y teclado armonizaban la vida del reino. Flautas, laúdes, arpas, trompetas, trombones, violas, cítaras, oboes, arpas, gaitas, timbales, tambores y órganos anunciaban nacimientos y muertes, victorias y derrotas, bodas y bautizos, carnavales y navidades. La época de Carlos V fue una época musical; todos los eventos, tanto militares como civiles, iban acompañados de ritmos dulces, pesarosos o estridentes. Los tonos alegres o tristes eran marcados por el tipo de celebración.

Tres fueron los instrumentos preferidos del emperador Carlos: la vihuela, el arpa y el órgano -el órgano era el único permitido en las iglesias, salvo en navidades que se aceptaban las flautas para amenizar las fiestas-. Pero la vihuela, el instrumento principal de la música española, fue para Carlos V todo un descubrimiento. El monarca la convirtió en reina de los sonidos musicales.

vihuelaLa vihuela (antigua guitarra) le atraía tanto que hizo llamar al músico Luis de Narváez (1550-1560), vihuelista granadino, para que adaptara su tema preferido a este instrumento. Gracias a su petición encontramos dos versiones, una vocal y otra instrumental, de la pieza Mille RegretzMil lamentos-, del compositor Josquis Deprès (1450-1521), principal figura de la escuela musical flamenca del Alto Renacimiento y autor del tema favorito del monarca.

Mille Regretz es una canción trovadesca, polifónica -a cuatro voces- escrita en francés, triste y melancólica, bella, que refleja no sólo el gusto musical de la época -bailaban ese tipo de música nostálgica en los salones-, sino también el carácter del emperador.

La versión para vihuela de Luis de Narváez, compuesta en 1538, fue bautizada como La canción del Emperador y está considerada una de las piezas más antiguas de la vihuela de mano (imagen de la derecha: trovador tocando la vihuela española).

Carlos V sabía tocar instrumentos y componía. Su educación musical, que comenzó siendo muy niño, estuvo a manos del profesor de música y organista Henri Bredemers (1472-1522), encargado de dirigir la obra de Josquin Deprès que tanto le gustaba.

Carlos V, a pesar de su tendencia a la tristeza, introdujo en España las alegres y pícaras canciones flamencas. Pero un buen día, el emperador tomó la decisión de alejarse del mundanal ruido y buscó cobijo en la comarca de La Vera, en Cáceres, en el Monasterio de Yuste, donde el silencio sólo es interrumpido por el susurro de los eucaliptos y los cantos de los pájaros.

A Yuste llevó un clavicordio, su querido órgano portátil, y el tono melodioso de su canción preferida, aquella que cantaba el sufrimiento que provoca la marcha de la persona amada. La llevó bien protegida en su mente, pues desde que pisó el monasterio jerónimo sólo tuvo oídos para la música conventual y el tic-tac de sus relojes. Seguro que sentado en su silla, en el mirador, mientras contemplaba el huerto y el tranquilo estanque, susurraba la única estrofa de aquella canción de despedida:

“Mil pesares por abandonaros
y por alejar vuestro rostro amoroso.
Siento tanto duelo y pena dolorosa
que en breve se me verá acabar mis días”.

Carlos V se retiró de la vida pública, pero no abandonó la música. El monarca se ocupó de los coros, incorporando al convento monjes con voces de ángeles, enriqueció el repertorio, aportando temas de su tierra natal, acompañó con su voz a los maestros cantores y compuso partituras, aunque, desgraciadamente, no se conserva ninguna -se tiene conocimiento de ellas a través de fuentes bibliográficas de la época.

gaiteroPoco a poco se fue adaptando a la vida rigurosa del convento; a fin de cuentas para eso había abdicado en su hijo. Pareciera que los ermitaños de la pobre vida, antiguos inquilinos del monasterio, se hubiesen apoderado del espíritu del monarca, que se fue apagando hasta entregar su alma a Dios el 21 de septiembre de 1558.

Carlos V fue el soberano más importante de su tiempo y fue también un gran mecenas de la música. A él deben su reputación las tres capillas más representativas de la Europa del siglo XVI, ubicadas en Madrid, Viena y Bruselas. Carlos V, incluso, hizo las constituciones de la ermita de Madrid y se ocupó personalmente de seleccionar a los músicos que ocuparían las plazas de la capilla de Viena.

Gobernó entre el estruendo de los tambores, que marcaban el paso de la soldadesca, y los clarines agudos que llamaban a batalla; entre las ruidosas trompetas que anunciaban a los contrincantes de los torneos; entre la armonía del arpa, que evocaba tiernos pasajes amorosos, y la melodía del órgano que imponía recogimiento y sumisión a Dios.

Entre el eco de los instrumentos musicales, Carlos V alzó la espada y reinó.

A continuación les dejo con la canción Mille Regretz de Josquin Deprès y la adaptación para vihuela que hizo Luis de Narváez y que tituló La canción del Emperador.

firma gabriela3

MILLE REGRETZ (JOSQUIN DEPRÈS)

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LA CANCIÓN DEL EMPERADOR (LUIS DE NARVÁEZ). ADAPTACIÓN PARA VIHUELA ESPAÑOLA

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MILLE REGRETZ (JOSQUIN DEPRÈS) CANTADA A UNA SOLA VOZ

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MILLE REGRETZ (CRISTÓBAL DE MORALES). INSPIRADO EN LA CANCIÓN DE JOSQUIN DEPRÈS (ESTROFA DE LA MISA DE MORALES).


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