CLARA PEETERS

«El nombre de una mujer despierta dudas hasta que se contempla su obra.»
Artemisa Gentileschi

Mujer sentada ante una mesa con objetos preciosos, óleo sobre tabla de roble, h. 1618.

La pintura exhibe una forma de pensar, nos presenta gustos y costumbres de una época. La pintura es por naturaleza extrovertida e impúdica y le gusta enseñar y hacer ostentación de su sabiduría. La pintura, para salirse con la suya, pone todos sus recursos —texturas, pigmentos, barnices, soportes, técnicas— a disposición del espectador curioso que se acerca a ella para cotillearla.

A mí me encanta ir a los museos y a las exposiciones para hurgar en los lienzos, las tablas, los cobres, los cartones… Curioseando los cuadros de la pintora barroca Clara Peeters es como descubrí que, de haberme ella invitado a a comer a su casa, hubiese tenido que llevar mis propios cubiertos, pues en el siglo XVII las buenas mesas no disponían de cubertería: cada comensal tenía que llevar sus utensilios al banquete —el cuchillo y la cuchara eran los más estimados.

La pintura de Clara Peeters recrea las mesas de las casas pudientes de los Países Bajos. Ella pintaba para la realeza, la aristocracia y la burguesía acomodada, que gustaban de adornar los comedores con bodegones; género que se puso de moda en el Barroco, época donde las comidas toman protagonismo: todo acto social que se preciara era concluido con un festín de alimentos exóticos servidos en vajillas importadas.

Pero…, ¿quién era Clara Peeters?

Poco se sabe de ella, lo poco que sus cuadros cuentan. Por las fechas de sus trabajos se ha llegado a la conclusión de que nació sobre 1588 y murió después de 1621; por los materiales de los soportes de sus pinturas y por algunos objetos que representó —como el cuchillo donde puso su firma y donde aparece el símbolo de la ciudad donde trabajó—, se certifica que nació en los Países Bajos, que vivió en Amberes y que tuvo un marchante que le movió las obras.

También se afirma, pues no ha aparecido ninguna pintura anterior con asuntos semejantes, que fue la primera artista en llevar a los bodegones los temas relacionados con la cetrería y los pescados. Hasta ese momento, esos temas eran asuntos de cuadros de cocinas y mercados —la diferencia entre las pintura de cocina y los bodegones es que en estos últimos no aparecen figuras humanas y son de formato más pequeño.

Otra cosa que se sabe es que Clara Peeters utilizó un método que entonces era habitual para ganar tiempo: el uso de plantillas para dibujar objetos. Ella repetía las piezas en sus cuadros —fuentes, platos, cestos, aves, saleros, conchas, copas…—, les daba tamaños distintos y las combinaba de diferente manera para evitar la sensación de repetición.

Clara Peeters es una de las pocas artistas plásticas del siglo XVII. Se dedicó a pintar bodegones con quesos, frutas exóticas y nacionales, flores, conchas, aves, pescados, animales venidos de lejos, como monos y loros, vajillas importadas de China, monedas, copas de cristal de estilo veneciano, cuchillos de plata y jarrones y jarras de plata sobredorada. Las lustrosas jarras las utilizaba para dejar constancia de su autoría, dibujando en el metal —toda una rareza— pequeños retratos suyos.

Mensa con mantel, salero, taza dorada, pastel, jarra, plato de porcelana con aceitunas y aves asadas (detalle), óleo sobre tabla de roble, h. 1611.
(En el borde del mango del cuchillo puedes ver la firma de la artista.)

Clara Peeters buscaba reconocimiento para su obra y, muy probablemente, protección contra el plagio cuando se dibujaba a sí misma o cuando dejaba su firma en los mangos de los cuchillos y en las mesas que pintaba.

En una sociedad dominada por hombres —aunque las mujeres realizaran labores fuera del hogar, ya sea porque tenían que lavar la ropa en las fuentes, ya sea porque tenían que ayudar a sus maridos con las tareas del campo y del ordeño, ya sea porque eran damas de compañía de señoras de la alta sociedad que se desplazaban con facilidad, ya sea por…—, las artistas eran arrinconadas, cobraban por su trabajo bastante menos que sus compañeros de profesión y estaban destinadas, por falta de una educación esmerada, a representar naturalezas muertas y figuras inanimadas.

El dibujo humano requería de estudios superiores que incluían ensayo y repetición. Se aprendía a dibujar la figura humana copiando del natural y, como los modelos eran hombres desnudos o prostitutas, las mujeres lo tenían muy difícil, pues estaba terminantemente prohibido para ellas acercarse a modelos desvestidos.

Clara no fue la excepción. De hecho, la figura femenina que se le conoce no se puede comparar con la calidad de sus bodegones. Sin embargo, Artemisia Gentileschi (1593-1654), contemporánea de Clara, pintora italiana de los comienzos de la Edad Moderna, sí tiene hermosos cuadros con figuras humanas, pues ella aprendió en el taller de su padre, el pintor caravaggista Orazio Gentileschi (1563-1639).

Mientras sus contemporáneos —Jan Brueghel el Viejo (1568-1625), Rubens (1577-1640) y Anton van Dyck (1599-1641)— se recreaban con figuras vivas, detallando el movimiento de los cuerpos y la tensión de los músculos, Clara Peeters pintaba naturalezas muertas que firmaba con su puño y letra.

Bodegón con quesos, almendras y panecillos (detalle), óleo sobre tabla de roble, h. 1612-15.
(Puedes apreciar en la tapa de la jarra el rostro de la pintora.)

Volvamos a los bodegones barrocos de Clara Peeters, a sus aves de presa y a sus aves cazadas, a sus crustáceos de conchas espinosas y nacaradas, a sus copas de cristal y a sus jarras de peltre, a sus platos chinos de kraak.

Volvamos a los fondos marrones de sus cuadros, a la minuciosidad de su dibujo, a su falso desorden de la escena, a la simetría de sus composiciones, al sentido de fuga del instante captado (todo lo dispuesto sabemos que será transformado: los alimentos serán devorados, los utensilios manoseados, los manteles ensuciados…). Sentémonos en la refinada mesa de Clara Peeters y descubramos juntos el menú que nos propone.

Pero antes  debes saber que:

—La mayoría de los objetos que encontrarás —cerámicas, monedas, conchas, cuencos y vidrios soplados por artesanos italianos afincados en Amberes— eran coleccionados por las clases ricas europeas; pues eran piezas importadas y había ansiedad por adquirirlas.

—La vajilla china de Kraak, azul y blanca y muy fina, era muy apreciada, no tanto por su valor económico  como por su belleza. Felipe II llegó a tener una de las colecciones más grandes en el Monasterio de El Escorial, colección que fue enriquecida por sus descendientes cuando llegaron a Europa el café de Arabia y el chocolate de América —cafeteras, chocolateras y coquetas tacitas para beber ampliaron la vajilla.

—Los monos eran considerados animales de compañía, así que no te extrañes de encontrarlos comiendo en la misma mesa que tú.

—Los quesos y la mantequilla formaban parte de la comida diaria y eran, incluso, servidos en los postres —los Países Bajos eran exportadores de productos lácteos.

—La sal era un ingrediente muy caro debido a su proceso de extracción. La sal era servida en saleros de plata repujada, de oro y de cristal —en las mesas más modestas los saleros eran de madera.

—El azúcar llegaba desde Brasil, el Caribe y Canarias. De ahí la importancia de los dulces en la mesa. Un anfitrión que ponía terrones de azúcar blanca y pasteles variados, como mazapanes, barquillos y galletas, era un señor pudiente.

—La pimienta, importada desde mucho antes, se servía en cucuruchitos hechos con papel de almanaques y facturas.

—Los pescados eran muy habituales en las mesas, tanto los de salazón como los frescos. Los pescados de río (carpas, lucios, chicharros) se vendían vivos, pues los peces se mantenían con vida en tinajas de agua dulce —los españoles que viajaban a los Países Bajos flipaban cuando les servían un pescado que, hasta hacía muy poco, nadaba en el barril. Eso era una novedad para ellos.

—Se consumía poca carne y mucho pescado debido a las restricciones eclesiásticas. Los Países Bajos en la época de Clara Peeters estaban bajo el gobierno de Isabel Clara Eugenia, hija del rey cristianísimo Felipe II. Cuando no era por las seis semanas de Cuaresma, era porque el viernes era día de la Crucifixión, el sábado era el día de la Virgen María y tal día era el de un santo o una festividad que impedía que el chuletón llegara a la mesa.

—Las alcachofas se consideraban afrodisíacas y diuréticas. Según un libro de cocina publicado en 1599: «… las alcachofas complacen el gusto: provocan orina y Venus».

—Las granadas, uvas, almendras, higos, pasas, naranjas dulces y aceitunas eran exquisiteces al alcance de muy pocos bolsillos y provenían, fundamentalmente, de España.

—Los vinos blancos eran importados de Francia y de Alemania; los tintos eran españoles o franceses.

—Los cubiertos eran un lujo y, como ya he comentado, había que llevarlos al convite. Los cuchillos de plata eran, además, un buen regalo de bodas.

—Los libros de cocina se pusieron de moda, eran auténticos bestseller, llegando a publicarse más de ¡100 libros! entre 1450 y 1650.

Mensa con mantel, salero, taza dorada, pastel, jarra, plato de porcelana con aceitunas y aves asadas (detalle), óleo sobre tabla de roble, h. 1611.
(Fíjate en la textura de esas aceitunas, parecen decir: ¡Cómeme!)

Los bodegones de Clara Peeters nos cuentan cómo Europa va asimilando la cultura que les llega desde otros sitios del mundo. A partir de mediados del siglo XVI las ciencias naturales avanzan a pasos agigantados. América revela plantas y animales que los europeos desconocían y los artistas se especializan en dibujar los detalles de las nuevas especies, pues son necesarias las ilustraciones para acompañar los textos didácticos que serán editados. Esta novedad  dará paso a una nueva etapa en la pintura, la del género de los bodegones.

Tras el brillo de los metales de sus jarras y jarrones, como si de un visillo se tratara, discreta pero atenta a tu visita, se encuentra Clara Peeters, pintora donde la mesa, la cetrería y los pescados se imponen.

El Museo Nacional del Prado, que tiene en su fondo permanente cuatro de las casi cuarenta obras que se conservan de la pintora, ha organizado una exposición que recoge sus naturalezas muertas. Una sala muy bien montada da homenaje a la artista flamenca y reconcilia al Prado con los tiempos modernos, pues se trata del primer monográfico dedicado a una mujer en este Museo.

He preparado una pequeña galería y he clasificado los bodegones de Clara Peeters en tres temas: cetrería, pescados y mesa. Fíjense cómo ella repite objetos en los distintos cuadros y cómo se las apaña para evitar la copia. Y fíjense en la pulcritud de su dibujo, en los bordes de las vajillas, en las cáscaras de las nueces y las texturas de las conchas, en la siluetas definidas de sus pinturas que dan ese toque tan alejado del idealismo manierista y que define el realismo naturalista barroco.

La exposición sobre Clara Peeters es una auténtica joya que no debieras perderte si puedes visitarla. Aquí solo encontrarás una muestra, pero para ver al mono que se zampa las traslúcidas uvas y demás curiosidades tendrás que acudir al Prado.firma gabriela6

CETRERÍA

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Bodegón con gavilán, aves, porcelana y conchas, óleo sobre tabla, 1611.
Se encuentra en el Museo Nacional del Prado. Este gavilán euroasiático se usaba para la cetrería. Ver cómo consigue diferentes texturas, cómo contrastan los rígidos platos de porcelana con los cuerpos blandos y desparramados de las aves muertas. Los toques rojizos son típicos de la escuela flamenca, que aportó luz y color a la oscura paleta barroca española. El punto de color está a la derecha, lo proporcionan las conchas, el camachuelo rojo y la cabeza verde del ánade. Es una pintura que consigue movimiento.

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Bodegón con halcón peregrino y su presa, óleo sobre tabla, hacia 1612.
Se encuentra en Amberes y es de una colección particular. Se cree que en este cuadro participó algún ayudante, pues no tiene la fina terminación del anterior —se distinguen diferencias entre la ejecución de unas aves y otras en la misma tabla—. Desde la Edad Media, la cetrería era una actividad exclusiva de la realeza. Isabel Clara Eugenia, quien era amante de este deporte (en el Prado hay un cuadro de Brueghel el Viejo donde aparece cazando) decretó unas constituciones para reafirmar que solamente la nobleza podía realizar esta actividad, que debía llevarse a cabo sólo con la utilización de aves y perros de caza. El halcón peregrino que aparece aquí se utilizaba como cebo para atraer a las aves; en este caso vemos estorninos, pinzones, camachuelos, becadas… ¡Pobrecitos, hasta muertos son lindos!

PESCADOS 

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Bodegón con pescado, vela, alcachofas, cangrejos y gambas, óleo sobre tabla de roble, 1611.
Se encuentra en el Museo Nacional del Prado. En el tapón de la jarra de la derecha, en pequeñito, aparece su autorretrato. Los fondos ocres, oscuros, son típicos del Barroco. Aquí juega con las formas de los orificios del colador y la espumadera, las escamas de los peces muertos, las formas triangulares y espinosas de las alcachofas y el diseño rayado de la jarra donde se retrata. Los crustáceos están cocidos, pues son rojos. Todo aparenta realidad. Las piezas están meticulosamente colocadas para ser pintadas. Pero no se trata de una copia, es fantasía… ¡es arte!
Este es el primer bodegón con pescado que se conoce.

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Bodegón con pescado y gato, óleo sobre tabla, hacia 1612-1613.
Museo de Washington. El gato, que era animal de compañía y un animal callejero muy común, aporta a la escena dramatismo. Parece que acaba de saltar a la mesa, pues aún no ha mordido el pescado que atrapa con sus patas. El micho, que se siente observado, está mosqueado y no sabe si salir huyendo, dejando el botín, o llevarse la presa consigo. Este detalle es muy Barroco, pues permite describir la fugacidad del momento. Clara pintó un gato vivo y aunque la figura no está del todo conseguida —el cuerpo es muy grueso, las patas muy grandes— tiene una gran expresividad en la mirada. Los pescados que aparecen son de agua dulce, menos las ansiosas anguilas, que se las pasan yendo y viniendo del mar a los ríos.

LA BUENA MESA 

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Mesa con mantel, salero, taza dorada, pastel, jarra, plato de porcelana con aceitunas y aves asadas, óleo sobre tabla, hacia 1611.
Se encuentra en el Museo Nacional del Prado. Aquí encontramos el tan preciado salero, el cuchillo con la firma de la artista, el plato chino y la jarra de cerámica, donde se exhibe ella en la tapa. El mantel, que es de damasco de lino, era lo más de lo más —en la tabla se muestra con las líneas de haber estado doblado—. Era una pieza que se exportaba desde Flandes —en los Países Bajos, el comercio de telas era una de las mayores fuentes de ingreso, junto con los quesos y el pescado en salazón—. Las aceitunas eran apreciadas porque aportaban caché a la mesa y por su capacidad para abrir el apetito. Las aves de caza demuestran que esta era una mesa noble y los pasteles con cortezas decorados comienzan a producirse a finales del siglo XVI. ¡Cuántas curiosidades se aprenden contemplando un cuadro!

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Bodegón con frutas y flores, óleo sobre cobre, hacia 1612-1613.
Museo de Oxford. Se conocen cuatro cuadros donde utiliza el cobre y este es uno de ellos. En él aparecen una mosca posada en el jarrón de la izquierda y un grillo en primer plano; estos insectos dotan a la pintura de ilusionismo. En una de las monedas aparece el busto de Felipe II, pero en esta imagen no se capta. En la jarrita gótica de la derecha se autorretrató vestida con tocado y cuello alto. La jarra, el cuchillo, las monedas, el jarrón, el plato de peltre, el frutero de plata sobredorada, las frutas y las gambas se muestran en otros cuadros suyos.

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Bodegón con dulces, granada, copa dorada y porcelana, óleo sobre tabla, hacia 1612.
Colección particular. Esta obra resume muy bien lo dicho anteriormente. Los alimentos que aquí encontramos —almendras, higos secos, granada y azúcar, en la tabla simbolizada en los terroncitos y bastoncitos blancos que aparecen en el primer plano y a la derecha— eran importados y, por tanto, representan el estatus social de los anfitriones de la mesa. También la variedad de dulces que se ofrecen —el barquillo, por ejemplo, sólo se reservaba para las ocasiones especiales— y los objetos mostrados —plato, cuenco «kraak», copa sobredorada— hablan de la posición económica de sus propietarios —esas piezas se regalaban y pasaban a formar parte de las colecciones particulares.
En primer plano, a la derecha y sobre el barquillito, aparece un dulce con forma de P. Es la P del apellido de…
¡Clara Peeters!

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Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana. Dos pintoras del Renacimiento.

Caravaggio, los pintores del norte y el Concilio de Trento.

Rembrandt y los retratistas holandeses del Barroco.

Las flores, la pintura y el Siglo de Oro.

Georges de La Tour y el “silencio en la pintura”.

Los Brueghel. Un paseo por la pintura flamenca.

Zurbarán. Pintura.

El Greco y el Manierismo.

El Siglo de Oro español. Poemas.

John Donne. Poemas metafísicos.

Navarrete el Mudo, el «Tiziano español».


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