CUATRO POETAS SE DESPIDEN DE AMADO NERVO

«¡Ah!, ¿lo queríais, musas, para vosotras solas?…»
Alfonsina Storni

Amado Nervo con su hijastra Margarita Dailliez, fotografía.

Amado Nervo, autor de Elevación, de Perlas negras, de La amada inmóvil, de Plenitud, de La última luna y de tantas y tantas bellas poesías, autor de cuentos, novelas y de variados relatos, hombre que afirmaba que su madre le había puesto Amado para que lo quisieran mucho, falleció el 24 de mayo de 1919, a las nueve y media de la mañana. Tenía cuarenta y ocho años y estaba en Montevideo presidiendo el Congreso Americano del Niño.

¿Qué sucede cuando el azar deja que rueden por el alma de un poeta la mística y el amor? Pues que brotan en la mente versos febriles exigiendo estrofas para florecer. Belleza, musicalidad y elegancia surgen de la lírica de Amado Nervo, el hombre que talló, con el cincel de su fervor espiritual, sus rimas de amor. El hombre de andar lento y de hablar pausado, encorvado y flaco, de rostro afilado, cabello liso —con el tiempo escaso— y ojos de mirar distraído. Amado Nervo bien podría haber sido un caballero de los pinceles de El Greco.

Dios le otorgó a Amado Nervo el don que hace poetas —su obra forma parte de la pequeña y excelsa corte de príncipes modernistas— y le regaló grandes amigos, como son los autores de los poemas que aquí dejo, poemas de despedida que acompaño con cuadros del pintor romántico Juan María Velasco (1840-1912).

Es muy posible que Amado Nervo y Juan María Velasco, ambos mexicanos, se vieran en Francia, en el año 1889, pues ambos asistieron a la Exposición Universal de París —el primero como corresponsal enviado por el diario El Imparcial y el segundo como artista—. En el certamen Juan María Velasco presentó sesenta y ocho lienzos y recibió la condecoración de Caballero de la Legión de Honor. Puede que poeta y pintor quedaran en alguna terraza con vistas a la Torre Eiffel y, entre tinto y tinto, recordaran la toma de la Bastilla o, simplemente, celebraran la vida efímera de los lirios y las rosas encendidas. ¿Quién sabe…?

POEMAS

EL Valle de México, óleo sobre tela, 1892.

A AMADO NERVO
ALFONSINA STORNI

En su viaje…

¡Ah!, ¿lo queríais, musas, para vosotras solas?…
Ya lo tenéis… Buscadle las pobres manos muertas,
y los ojos sin vida, y los labios exangües.
Ya lo tenéis, volubles; convertíos en siervas.

¿Qué? ¿Le habéis puesto al flanco, como las golondrinas,
dos alas inmortales? ¿Qué decís de riberas?
Sonreís esta noche alocadas y dulces…
Tenéis las manos finas; me parecéis de fiesta.

Repetid… ¿Conocéis a los hombres, oh musas?
¿Conocéis a los hombres? ¿Los conocéis de veras?
¿Os apenaba verlo con el alma-suspiro
por los bosques obscuros entre espinas y flechas?

¿Os apenaba verlo caminar descuidado
con el alma a los vientos bajo la noche negra?
¿Quién os ha dicho, musas, que los hombres son malos?
¿Quién os ha dicho, musas, cómo asaltan las fieras?

¿Le habéis dado una cama toda en oro, muchachas?
¿Su sueño estáis velando? ¿Qué sus labios desean?
Escuchad, por favor, escuchad lo que dice…
¿Ha nombrado a los hombres? ¿Ha nombrado la tierra?

Dadle, musas, en copas de licores selectos
el licor del olvido; arropadlo con sedas;
cantadle dulcemente como cuando era niño,
y besadle los ojos… Era un pobre poeta…

¡Oh musas, bien os consta, ya que lo habéis robado,
cómo tenía el alma de inefable y de tierna!
¿Hay palomas azules en vuestros mundos, musas?
Acurrucadas, tibias, a sus plantas ponedlas.

Y hablad con el aliento, musas, que está cansado:
después de un viaje largo todo ruido molesta.
Tendeos como perros junto a su cama, musas,
y dejadlo tranquilo, y dejadlo que duerma.

La Pirámide del Sol de Teotihuacan, vista desde la Pirámide de la Luna, pintura al óleo, 1878.

OFRENDAS LEVES
JUANA DE IBARBOUROU

En memoria de Amado Nervo

Dulce hermana Agua, anda a acompañarlo;
buen hermano Viento, vete a hablar con él.
A ese hermano nuestro no hay que abandonarlo
con su enorme fardo de bronce y laurel.

Habladle del campo, del cielo y del trigo;
llevadle noticias de fuentes y estrellas.
¡Era tan amigo
de las cosas bellas!

¡Corre, hermana Agua! ¡Vuela, hermano Viento!
Yo iré tras vosotros con mazos de dalias,
de nardos y lirios. Demoro un momento
tan sólo, en ceñirme túnica y sandalias.

¡Acaso el poeta sonría en la sombra
fría y prieta, al ver
que el agua le habla, que el viento le nombra,
y le llevan flores manos de mujer!

Camino a Chalco con los Volcanes, óleo sobre tela, 1891.

IM MEMORIAM
GABRIELA MISTRAL

Amado Nervo, suave perfil, labio sonriente:
Amado Nervo, estrofa y corazón en paz:
mientras te escribo, tienes losa sobre la frente,
baja en la nieve tu mortaja inmensamente
y la tremenda albura cayó sobre tu faz.

Me escribías:

«Soy triste como los solitarios,
pero he vestido de sosiego mi temblor,
mi atroz angustia de la mortaja y el osario
y el ansia viva de Jesucristo, mi Señor».

¡Pensar que no hay colmena que entregue tu dulzura;
que entre las lenguas de odio eras lengua de paz;
que se va el canto mecedor de la amargura;
que habrá tribulación y no responderás!

De donde tú cantabas se me levantó el día.
Cien noches con tu verso yo me he dormido en paz.
Aún era heroica y fuerte porque aún te tenía;
sobre la confusión tu resplandor caía.
Y ahora tú callas, y tienes polvo, y no eres más.

No te vi nunca. No te veré. Mi Dios lo ha hecho.
¿Quién te juntó las manos? ¿Quién dio, rota la voz,
la oración de los muertos al borde de tu lecho?
¿Quién te alcanzó en los ojos el estupor de Dios?

Aún me quedan jornadas bajo los soles. ¿Cuándo
verte, dónde encontrarte y darte mi aflicción;
Sobre la Cruz del Sur que me mira temblando,
o más allá, donde los vientos van callando
y por impuro no alcanzará mi corazón?

Acuérdate de mí —lodo y ceniza triste—,
cuando estés en tu reino de extasiado zafir.
A la sombra de Dios, grita lo que supiste:
que somos huérfanos, que vamos solos, que tú nos viste,
¡que toda carne con angustia pide morir!

Rocas de Peña Encantada, óleo sobre tela, 1863.

AMADO NERVO
RUBÉN DARÍO

Amado es la palabra en que amar se concentra,
Nervo es la vibración de los nervios del mal:
bendita sea y pura la canción del poeta
que lanzó sin pensar su frase de cristal.

Fraile de los suspiros, celeste anacoreta
que tienes en blancura l’azúcar y la sal:
muéstrame el lirio puro que sigues en la veta,
y hazme escuchar el eco de tu alma sideral.

Generoso y sutil como una mariposa,
encuentra en mí la miel de lo que soy capaz,
y goza en mí la dulce fragancia de la rosa.

No busques en mis gestos el alma de mi faz:
quiere lo que se aquieta, busca lo que reposa,
y ten como una joya la perla de la Paz.

ENLACES RELACIONADOS

La polémica del modernismo (Manuel Díaz Martínez). Discurso de ingreso a la Academia Cubana de la Lengua.

Agustín Acosta. Poemas.

Juana Borrero, poemas y litografías cubanas del siglo XIX.

Delmira Agustini. Poemas.

Las poetas modernistas y posmodernistas hispanoamericanas. Poemas.

Alfonsina Storni. Poemas.

Leopoldo Lugones: “Alma venturosa” y otros poemas de amor. Ilustraciones de Xavier Gosé.

Rubén Darío. Poemas para jóvenes lectores.

Rubén Darío y los Reyes Magos. Poema y cuento.

Juana de Ibarbourou: “Mariposa”, “Selva”, La luna”. Relatos para los niños.

Max Henríquez Ureña. “Poetas cubanos de expresión francesa”. Capítulo 1.

Max Henríquez Ureña. “Poetas cubanos de expresión francesa”. Capítulo dos: José María de Heredia

Max Henríquez Ureña. “Poetas cubanos de expresión francesa”. Capítulo 3: Severiano de Heredia y Cornélius Price.

Poetas cubanos de expresión francesa. 4: Augusto de Armas y Armand Godoy.

Las letanías de la Virgen (Armand Godoy). Poemas.

Lectura de Pascuas (Esteban Borrero Echeverría).

Destino del castellano en América (Antonio Tovar).


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