jueves , 21 junio 2018
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“Usted se quedó en mí como una obsesión”, le escribió Modigliani.

Un día como hoy murió Anna Ajmátova.

“Su sola mirada te cortaba el aliento. Alta, de pelo oscuro, morena, esbelta y ágil, con los ojos verdosos de un tigre polar, durante medio siglo la ha dibujado, pintado, esculpido en yeso y mármol, fotografiado un sinnúmero de personas, empezando por Modigliani”.
Joseph Brodsky

El 5 de marzo de 1966 murió de un infarto Anna Ajmátova (1889-1966), la poeta rusa a quien Amadeo Modigliani (1884-1920) dedicó bellos dibujos, de trazo fino y ondulante, que esbozan la imagen de quien fue bautizada por él como “la mujer egipcia”.

La poeta acmeísta conservó de todos ellos aquel en el que aparece vestida, una delicada pieza que incluyó en su libro El correr del tiempo, poemario editado en 1965 cuando, por fin, Stalin levantó el veto que había impuesto al fruto de su creación, aunque no es hasta el año 1990 que se edita en Rusia la obra completa de la trovadora de tiempos sombríos.

El dibujo realizado con carboncillo y lápiz, donde aparece desnuda, con cabeza de forma almendrada al hacer de la pintura egipcia y en compañía de un garboso gato, se encuentra en el Museo Soumaya de México y fue hallado por los investigadores Jorge Bustamante e Irina Ostroúmova en octubre del 2008, hasta entonces era exhibido como un dibujo de Amadeo Modigliani de modelo desconocida.

Anna Ajmátova escribió un poema al pintor italiano, realmente se trata de un fragmento no incluido en su libro Poema sin héroe (1976).  En esta pieza silenciada por ella, Ajmátova rememora los paseos que dio con su amigo por las calles de París.

“Usted se quedó en mí como una obsesión”, le escribió Modigliani.  Y ella respondió: “Su voz se ha quedado grabada en mi memoria para siempre”.

EN LA NEGRUZCA NEBLINA DE PARÍS…

En la negruzca neblina de París,
seguro que de nuevo Modigliani
furtivamente caminará tras de mí.
Él tiene el triste don de traer,
incluso en el sueño, la confusión
y de ser culpable de los desastres.
Pero, para mí —su mujer egipcia— él es…
lo que en el organillo toca el viejo,
y bajo él, todo el rumor de París
es como el rumor de un mar enterrado:
Bebió el mal y la desgracia.


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