«Dime, Ciego, ¿crees que el maíz volverá a brotar?»

Es difícil describir una realidad extrema, aunque esa realidad sea ficticia, sin dañar el carácter espiritual de la trama, mostrando el asunto que se narra desde su lado más positivo. Pero Yan Lianke (Henan, 1958) lo consigue en Días, meses, años, una novela breve donde la contrariedad y el dolor se revelan como parte indisoluble de la vida.

En Días, meses, años, el autor chino nos plantea un tema profundo y duro. Un anciano, un perro ciego y un débil brote de maíz son amenazados por una sequía atroz y una tropa hambrienta de ratas. Contra todo pronóstico, el anciano y su fiel animal consiguen salvar a la planta. Toda una proeza, pues las siete semillas que la mazorca tendrá garantizarán la supervivencia de la aldea.

Cuando todo parece perdido, la lealtad, la astucia, la inconformidad y la constancia convierten la matita en algo trascendente. La planta de maíz se vuelve un ideal.

Días, meses, años cuenta de qué manera un hombre, que ha sido abandonado a su suerte, logra vencer el miedo y la incertidumbre. Lo consigue gracias a los vínculos que crea entre él, el animal y el maíz, que es único porque es suyo. El débil brote mantiene vivos al Ciego y al viejo durante mucho tiempo. Y cuando la situación se vuelve irreversible, cuando ya no hay de dónde sacar agua y alimento, perro y amo entregan su vida a su meta. Y la planta responde a la entrega.

¡Cómo agita las almas la historia! He sentido ansiedad leyendo esta hermosa narración donde la vida vence cualquier obstáculo. Mucho hay del espíritu de El Principito -de su rosa- en la obra del escritor chino, aunque Días, meses, años muestra un humanismo más descarnado, sin los filtros poéticos de Saint-Exupéry.

Días, meses, años forma parte del catálogo de Automática Editorial.

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Mao Tse-Tung. Poemas.

La acusación (Bandi). Cuentos prohibidos de Corea del Norte.


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