“Así de indiferentes construían las personas el escenario de futuras escenas…”
Kurt Tucholsky

Censurada por los nazis, escrita en 1931 en Suecia, El castillo de Gripsholm. Una historia veraniega nos muestra las tripas de la sociedad que consintió la subida al poder de los nazis.

En El castillo de Gripsholm. Una historia veraniega conviven dos realidades que nos ofrecen una panorámica de la Alemania que hizo de Adolf Hitler su führer. Hay dos vidas paralelas en la novela. Una burguesa, que transcurre con absoluta normalidad, y otra vida oculta a los ojos de la mayoría, pero que ya late con fuerza suficiente como para que los oídos percibiban los sonidos que de ella emanan. Esta es una realidad sucia que se alimenta de crueldad, destrucción y miedo. En el lado oculto aúllan “las primitivas ansias de la humanidad: las del poder, el poder, el poder”. Es este un libro donde los tiempos se manejan con una destreza excepcional.

Una pareja de enamorados decide pasar sus vacaciones en Suecia. Allí encontrarán un internado de verano donde cuarenta niñas viven una experiencia que les arrancará toda posibilidad de soñar. Un escritor y una secretaria, en uno de sus paseos por los alrededores del castillo donde se alojan, topan con una pequeña que despertará en ellos emociones muy profundas. En un tono nada abrupto, la historia pronostica la consumación de una trama que estaba para entonces muy avanzada: la llegada al poder del Partido nacionalsocialista, aunque en la novela no hay mención directa a asuntos políticos.

En esa paz rígida, que se respira en el libro, puede escucharse “el sonido de pies infantiles desfilando”. En los capítulos que narran las vivencias de unas vacaciones holgadas lo sombrío se anima, la brutalidad se alza como un dragón echando fuego.

¿Si sólo puedes salvar un grano de trigo de un granero incendiado sería para ti un éxito o un fracaso? Tu respuesta decide el tono de esta novela.

Kurt Tucholsky nació en cuna rica. Participó como soldado en la Primera Guerra Mundial -muy a su pesar, pues era pacifista-. Fue un judío no contento de serlo. Fue defensor de la República de Weimar. Fue activista en contra de la pena de muerte. Fue listado por los nazis como autor degenerado. Fue abogado, periodista y articulista de pluma incisiva. Tucholsky, convencido de que “no es posible frenar las catástrofes con una máquina de escribir”, se quitó la vida en 1935.

Una curiosidad: Kurt Tucholsky fue enterrado cerca del castillo que da nombre a su única novela, el libro donde las tintas naranjadas de la carnación batallan entre marrones y negros. Luego llegaría el tiempo de la ceniza.

En la editorial Acantilado encontrarás El castillo de Gripsholm. Una historia veraniega.

 


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