EL CORO MUDO

«Lo que ha sido creído por todos siempre y en todas partes, tiene todas las posibilidades de ser falso.»
Paul Valéry

Haití 12, Roberto Fabelo, dibujo sobre caldero de metal, 2010.

Cae entre las zarzas ya sin moras, sobre una hilera de hormigas que trasladan la cáscara de una nuez.

Cae convencido de que el mundo es una urna con techo de cristal azul. Ha andado la vida agarrado a ese credo que ya nadie sabe cuándo inició su ciclo —el dogma se hereda, pasa de boca en boca y pocos se lo cuestionan, pues aquel que lo hace camina en solitario.

Cae orgulloso de haber formado parte del ejército de los soldaditos de plomo. Pero, en el último instante, antes de que los pájaros inicien el regio banquete, antes de que hundan, suavemente, sus picos en las pupilas ciegas, el hombre descubre que el toldo de tonos azulados disimula los infinitos rostros del Universo.

Truenan las voces que fueron silenciadas: —Es tarde para asignarle un nombre. Morirá formando parte del coro mudo.

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