“Este tipo de personas amables (…) siempre actúan con sensatez, hasta que las pillas desprevenidas”.

Un grupo de intelectuales neoyorkinos, de centro izquierda y en su mayoría judíos, deciden, ante la amenaza de una guerra inminente, abandonar sus cómodas vidas para participar en un proyecto ideado por ellos. El experimento que se disponen a llevar a cabo tendrá como ubicación una montaña perdida en la nada, un sitio que ni siquiera aparece en los mapas de carreteras y que cuenta con un complejo turístico abandonado. Es en ese lugar donde los pacifistas burgueses de esta historia fundarán una colonia que llamarán Utopía. Utopía es un proyecto comunitario que nace bajo el lema de la fraternidad y que pretende regirse por la justicia.

En El oasis (1949), los personajes de Mary McCarthy desean “remodelar el material humano”. Pero pronto se darán cuenta de que una idea no es una seta silvestre. Pronto comprenderán que una idea necesita de trabajo, de sacrificio, de acción y de autocrítica para que fructifique. Utopía es, sobre todas las cosas, el lugar donde se pone en evidencia lo pernicioso que es el buenismo, ese término tras el cual se esconde una intención manipuladora y que tantos adeptos tiene debido a su poder de sugestión.

El oasis es una sátira sobre el buenismo. Esos seres bienintencionados, decididos a alimentarse de lo que producen y que rechazan los artilugios modernos que facilitan la vida cotidiana y que hasta el momento del cambio utilizaban; esos hombres y mujeres que desean exportar su ensayo sociológico a otros lugares del mundo, terminan convirtiendo Utopía en un lugar de descanso veraniego, donde lo que importa no es ni la fraternidad, ni el compromiso de “vivir para otros”, sino la felicidad individual. En Utopía vence el interés personal.

La novela fue escrita en plena histeria por la bomba atómica. Los protagonistas de El oasis huyen de una futurible guerra. El miedo es lo que los une. Actúan por instinto de conservación. Son egoístas, desconfiados, hipócritas, cobardes, cínicos, resentidos. En el fondo, ninguno cree en nada, ni siquiera en sí mismos.

Tras la ironía y la sátira, Mary McCarthy, aguda observadora de su entorno, esconde una fuerte crítica social y política. Los intelectuales y radicales de su novela no tienen inspiración, ni vitalidad, sólo valen para las disputas sobre asuntos intrascendentes. No son creadores de tendencias, no tienen ideas ilustradas y siempre están agitados. Se creen seres superiores, capaces de cambiar la humanidad, pero no son más que un grupo de esnobistas mediocres.

Mary MacCarthy fue una mujer liberal, de pluma ágil y mordaz, que denunció el McCarthyismo y el estalinismo. La autora estuvo en contra de la guerra de Vietnam y cubrió, como periodista, el caso Watergate. Fue una mujer que tuvo que soportar las consecuencias de su actitud honesta y la supremacía del pensamiento masculino.

Mary McCarthy, fotografía de Philippe Halsman.

Ni comuna de la justicia, ni comuna de la felicidad. Utopía es el reino de las hostilidades. Mary MacCarthy tuvo una estrecha relación con los New York Intellectuals. Los personajes de El oasis están inspirados en los escritores y críticos literarios progres que tan bien conoció, pues fue parte integrante del grupo hasta que decidió convertir a sus conocidos en protagonistas de su producción literaria.  En El oasis, como en otros títulos suyos, la autora mezcla realidad y ficción.

MacCarthy machaca a sus antiguos colegas. Los enfrenta en dos bandos y construye una crítica mordaz centrada en la actitud ingenua, frívola y cobarde que mantuvieron frente a la Guerra Fría. Para la escritora, la postura conservadora y buenista de sus compañeros fue decepcionante; de ahí que nos los presente en su novela como “naturalezas reprimidas”.

El oasis ha sido traducido por Raquel Vicedo para la editorial Impedimenta.


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