“La libertad de expresar opiniones, incluso las más estúpidas, es la mayor riqueza”.
Bora Ćosić

El papel de mi familia en la revolución mundial narra, a través del relato de un niño, la vida de una familia yugoslava que sufre la invasión alemana, la Segunda Guerra Mundial y la instauración del comunismo en su país.

Una realidad cruda contada por la mano de un chico que, cual notario, recoge las frases y pullas que sus allegados se lanzan entre sí como si fueran vencejos atrapando insectos. Esta es la estrategia seguida por Bora Ćosić para garantizar al lector una narración sostenida por la sátira y la ironía. Una narración ágil, marcada por una secuencia de escenas que son instantáneas de la vida cotidiana en familia.

Un padre alcoholizado, una madre sufrida y algo hipocondríaca, un abuelo mordaz, unas tías solteronas, enamoradizas y frívolas, y un tío ligón componen  el núcleo familiar del niño que nos habla de un tiempo colérico y despiadado. Y, sin embargo, es un libro divertido. Nos reímos con los avatares de estos personajes que, a pesar de sufrir la pérdida de sus bienes y de sus libertades, no dejan de permanecer unidos, de ser apasionados, de sentirse vivos.

Contada, digo, como cuentan los niños, con sinceridad, con inocencia, con salero y con intensidad, pero en este caso con realismo, sin fantasía, pues la realidad supera todo espejismo. El protagonista, que mucho tiene de la infancia del escritor, es un meticuloso cronista que escribe lo que escucha sin aparente control. Los diálogos creados con frases hechas, pensamientos inconclusos y razonamientos prensados -diálogos de andar por casa- dejan al descubierto la verdadera intención de Bora Ćosić, que no es otra que resaltar el enorme poder que tiene, ante la adversidad, una familia unida. Es la familia como pilar de la sociedad la idea defendida por el autor.

La familia tiene memoria. No borra su pasado. No lo cambia por un presente por mucho que las consignas que el viento vocea así lo exijan. Una familia bien avenida es una familia que respeta la personalidad de todos sus miembros. En esas familias no hay voces que callan para dar paso a una voz que manda, la necesidad y la abundancia son compartidas y la delación no tiene cabida. Hay respeto, hay amor y hay desavenencias que no provocan tragedias. Una familia así es un enemigo a hundir en el mundo nuevo de los camaradas. Una familia así es una profesión, una sola alma, una tabla de salvación.

“Seguíamos leyendo voluminosas novelas, casi siempre sin ilustraciones, en lugar de llevarlas a una institución para niños ciegos, que no podrían estropearlas”.

En El papel de mi familia en la revolución mundial  los acontecimientos históricos no son los protagonistas, lo son las personas de a pie, personas obligadas a asumir el rol de espectadores de una función teatral, individuos que vieron cómo en sus nombres otros fueron encarcelando sus voluntades.

 


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