EL PETIRROJO, LOS BURRITOS Y LAS GARZAS…

«Soy yo más mi entorno y si no preservo este último no me preservo.»
José Ortega y Gasset

Fotografía, María Gabriela Díaz Gronlier, 2021.

EL PETIRROJO

Con el viento fresco y el rocío hecho escarcha llegan los petirrojos. En la bruma invernal y posados en las trepadoras, carceleras de troncos de añosos pinos, sus pechos encendidos son la avanzadilla del sol.

EL PERRO

Grande, bondadoso, fiel y profundamente desdichado. Una enorme herida, que nunca cicatriza, lo mantiene despierto. Tigre es guardián siempre alerta, como espera todo amo que sea su perro.

EL CERDITO

Tiene año y medio y el tamaño que convierte su vida apacible en tragedia. Hoy José prepara la lumbre para secar los chorizos que tienen el color de las hortalizas que le ofrecía al gorrino, aquellas zanahorias y mazorcas doradas que lo hacían lagrimear de felicidad.

LOS PATOS

Llegan con la crecida, volando bajo. Chillan de alegría, sus gritos cortos y secos agradecen el banquete. Se zambullen en la ría que les trae peces, moluscos y cangrejitos. Hay para todos. Pero lo que a unos alegra, a otros aterra —¿pueden sentir lo mismo los seres vivos engullidos por los ánades inmensamente dichosos?

EL TORO

En el medio del prado su color achocolatado resalta. Es el rey de un harén de vacas que son, sistemáticamente, preñadas por métodos artificiales. Torito parece un rajá, su porte es majestuoso y su miembro viril reta a la distancia. Sin embargo, su expresión corporal comparte el desaliento de sus becerras.

EL TERNERITO

Sobre las patas inestables nos ofrece una imagen conmovedora —¡es tan débil aún!—. La madre lo lame y él, con avidez, se fortalece mordiendo las ubres —la vaca descarga su leche y su dolor pateando el pasto que la alimenta.

LOS BURROS

Los burros que viven en el terruño que rodea al cementerio se acercan a la valla a curiosear cada vez que hay un entierro. Ellos, los «necios», guardan silencio y son los primeros en llegar —¿no es la curiosidad, acaso, una muestra de inteligencia?

EL CABALLO

Terrateniente único de un prado rico en pasto, Llanerito, de crines cobrizas y fuertes patas, escucha una voz humana y su naturaleza desconfiada da paso a un relincho de amor.

LAS GARZAS

Posadas en los árboles, levantan el vuelo a la misma hora, convirtiéndose en un minutero que, con su franja blanca y ancha en movimiento, aleja al atardecer de las ineludibles sombras.

*

La naturaleza —principio de toda enseñanza—, con escenas aparentemente intrascendentes, nos envía mensajes reveladores sobre la vida. Pero estamos tan extasiados con la modernidad virtual que olvidamos que somos frutos dependientes de la tierra. 

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