EL VAMPIRO EN LA HISTORIA DEL ARTE Y DE LA LITERATURA

«… susurro el tormento que me mortifica…»
Lord Byron en «El Giaour».

El vampiro, Joseph Apoux, aguafuerte y aguatinta, 1890.
(La estampa pertenece a la serie «Ensueños fantásticos».)

Vampiros poéticos, vampiros eróticos, vampiros históricos, vampiros políticos, vampiros financieros… Redivivos, no muertos… Esto hoy va de vampiros, va de sangre y de libido, va de seres obsesionados por la copulación, la inmortalidad y la eterna juventud.

Los vampiros son criaturas de todos los tiempos. Tienen personalidades múltiples, pues su capacidad de adaptación a cada época es asombrosa. El vampiro ha pasado de ser aristócrata a ser financiero, abogado, político, tertuliano, informático… y lo ha hecho adoptando la estética de cada momento; de ahí el amplio abanico de estilos entre el vampiro glamoroso y el haraposo.

«Fuck the Facts, Wes Lang», carboncillo, pastel, acrílico y tinta china sobre papel, 2019.
(El vampiro se cuela en el Pop Art.)

Desde la Antigüedad existe la figura del reaparecido; sólo que entonces era una criatura vinculada al folclor. Cuando un muerto era sacado de su sepultura y estaba bien conservado se creía que se debía a que se alimentaba de la sangre de los vivos. Con la industrialización y el desarrollo tecnológico y científico, que tuvo lugar en el siglo XIX, las supersticiones dejaron de tener sentido. Pero los listos vampiros no estaban dispuestos a ser relegados.

«¿Qué hacemos? La gente ya no piensa que somos auténticos», se dijeron, alarmados. Entonces, el más perspicaz de todos, un conde llamado Drácula, decidió hincar sus colmillos en el cuello de un novelista irlandés llamado Bram Stoker (1847-1912). El vampiro en el siglo XIX, aprovechando la estética victoriana, creó su propio género literario; así fue cómo, convirtiéndose en un personaje de ficción, consiguió la tan ansiada inmortalidad. Intelectualizándose, el redivivo superó el escepticismo que acabaría con él.

«Nosferatu, vampiro de la noche», fotograma,1979.
(Película producida en la República Federal Alemana y dirigida por Werner Herzog. Insuperable la interpretación de Klaus Kinski. Es una de mis pelis de vampiros preferida.)

Cartel francés realizado por Palladine para la película de Herzog, 1979.

El chupasangre ha alternado momentos de gloria con otros que lo han confinado a un segundo plano, pero no ha perdido presencia en la historia de la humanidad. Siempre han existido personas amantes de lo sobrenatural y es por eso que al succionador le fue tan fácil vampirizar la cultura oral, la mitología y las mentes ilustres de escritores como Gottfried August Bürger, Shridan Le Fanu, Edgar Allan Poe, Arthur Conan Doyle, Lord Byron, E.T.A Hoffmann, Charles Dickens, las hermanas Brönte, Nikolái Gógol, León Tolstói, Guy de Maupassant…

¡Ah!, pero este ser, ambicioso por naturaleza, quiso probar sabores más allá de las fronteras europeas. «¿A qué sabe la sangre que huele a aguardiente de caña, mangos y zapotes?», se dijo el día que decidió embarcar hacia las Américas para obnubilar a Rubén Darío, Horacio Quiroga, Clemente de Palma, Carlos Fuentes, Julio Cortázar…

Estampa de Gustave Doré para el «Infierno» de Dante, 1861.

Sabemos que hoy en día quien encuentra un buen anunciante monopoliza el mercado. Y eso es lo que han hecho los vampiros, moverse en los libros de Stephan King, Anna Rice, Stephenie Meyer, Charlaine Harris, John Ajvide Lindqvist… Ahora tiene el vampiro presencia en todos los medios de comunicación. Están por todas partes, incluso han encontrado nicho en la literatura infantil. ¡Muta con la misma rapidez que el diablo!

El rey de las sombras nunca ha perdido su poder de persuasión. Es un encantador de almas que no ha cejado en su empeño por robarle el aliento a hombres y mujeres que destacan por su lindura. Ahora se cuelan en las casas a través de las sagas, de los cómics, de las series televisivas, de las películas, de los videojuegos… El vampiro ha conseguido, incluso, tener su propio día en el calendario. ¿En qué parte del mundo no se celebra Halloween?

Izquierda: Cartel francés de la película «Drácula» de Tod Browning, 1931, ófset. Derecha: Cartel francés de la película «Abbott y Costello contra los fantasmas» de Charles Barton, 1948.

Drácula es el personaje de terror que más se ha llevado a la gran pantalla. Es tan famoso como el Mesías. Drácula es un monstruo creado a partir de las leyendas eslavas, protagonizadas por vampiros, y de la biografía de dos personajes reales, de dos asesinos que con sus perversidades hipnotizaron a su sociedad.

La figura de Drácula nace en el siglo XIX, el victoriano, el responsable de dar al chupasangre otro aspecto y otro espacio donde asesinar.

Manuscrito de «Drácula», Bram Stoker, 1897.
(Adaptación hecha por el autor para la puesta en escena de «Drácula». La obra se presentó una sola vez, el 18 de mayo de 1897.)

El siglo XIX devolvió al vampiro la fama de la que gozó en el XIV, época en la que su leyenda se avivó debido a las pandemias de peste y a las guerras que asolaron la Europa Central. En esos tiempos de muerte hasta la iglesia ayudó a expandir la idea de que los fallecidos salían de sus tumbas para alimentarse de sangre humana, quizás como un acto desesperado por mantener a las gentes confinadas en sus casas.

El siglo XIX le dio un aire nuevo a los tratados «científicos» que, acerca de los vampiros, tuvieron gran relevancia en el siglo anterior —el XVIII destaca por sus tesis vampíricas—. Por otro lado, el Romanticismo, en su afán por exaltar melancolías, consiguió que lo fantástico pasara de la representación sociológica a una más sofisticada: la psicológica —el Romanticismo jugó un papel destacado en los inicios de la Psicología.

«Carmilla», Joseph Thomas Sheridan Le Fanu, primera edición en libro, 1872.
(Novela fantástica cuya protagonista es lesbiana y que sirvió de inspiración a directores de cine como Dreyer, Harry Kümel y Ward Baker.)

El Romanticismo, al recuperar los hechos extraordinarios descritos en los mitos de la Edad Media, dio al vampiro la oportunidad de crear su propia saga literaria.

El redivivo acaparó la atención de las editoriales. Y lo hizo de la mano de un romántico y de un gótico: John William Polidori (1795-1821), autor de El vampiro (1819) y Bram Stoker (1847-1912), creador de Drácula (1897), fueron los dos autores que lanzaron al estrellato a tan peculiar criatura.

Izquierda: Cartel francés de la película «Vampyr» de Carl Theodor Dreyer, ófset, 1979. Derecha: Cartel francés de la película de «Drácula» de Terence Fisher, reedición en ófset, h.1985.

El vampiro es un texto breve en el que Polidori crea un personaje seductor y malévolo, un ente incapaz de empatizar con sus víctimas; un aristócrata sin respeto alguno por la vida humana.

Drácula es un texto extenso en el que Stoker crea un personaje seductor y egoísta, un ser que asesina para colmar sus necesidades. Pero Drácula, a diferencia del personaje de Polidori, experimenta un sentimiento poderoso: él es un ser enamorado.

«Tango del arcángel», Kees van Dongen, óleo sobre lienzo, h. 1913-1915.

Polidori y Stoker popularizaron la temática vampírica, aunque hay escritores de períodos anteriores, o contemporáneos a estos dos autores, que sirvieron de inspiración para El vampiro y para Drácula. Goethe (1746-1832) con su poema La novia de Corinto (1797), Lord Byron (1788-1824) con Fragmento de una novela (1819), Julio Verne (1828-1905) con El castillo de los Cárpatos (1892) o Gottfried August Bürger con Leonore (1773)  —Leonore trata por primera vez al vampiro como figura literaria— son ejemplos de lo que expreso.

Cuando el cine llegó a nuestras vidas, el vampiro descorchó una botella de Pérignon Rosé Gold —Drácula no ha tenido mayor aliado para su publicidad que la gran pantalla.

«Nosferatu, una sinfonía del horror», película de Friedrich Wilhelm Murnau, copias de la época a las sales de plata, 1922.

Cartel realizado por Albin Grau para la película de Murnau, lápiz de grafito, acuarela sobre cartón, 1922.

Desde Nosferatu, una sinfonía del horror (1922), primer guión cinematográfico sobre la célebre criatura, hasta la actualidad, con las series televisivas producidas por Netflix y otras plataformas de ocio, todas las manifestaciones del arte y de la escritura han estado pendientes de suministrar sangre al monstruo que hipnotiza.

Nosferatu, una sinfonía del horror introdujo en las salas de cine al succionador de plasma. Nosferatu es un filme expresionista.

Los expresionistas se fijaron en el personaje de Drácula porque buscaban lo sobrenatural, lo fantástico, lo terrorífico para oponerse a la interpretación de la realidad de los impresionistas. Los expresionistas, si en algo coincidieron —no fue un movimiento regido por manifiestos—  fue en la necesidad de mostrar la crueldad de su tiempo —la manera en la que impresionistas y expresionistas plasmaron el sentimiento que les provocaba su entorno fue diferente.

Izquierda: Traje llevado por Tom Cruise en «Entrevista con el vampiro», raso y bordados, 1994. Derecha: Vestido llevado por Kirsten Dunst en la misma película.

Béla Lugosi en el papel del «Drácula» de Tom Browning, 1931.

A pesar de las muchas manifestaciones de cariño que el cine proporcionó al chupasangre, fue la versión cinematográfica de Drácula (1931), dirigida por Tom Browning, quien lo lanzó al estrellato.

Las versiones de Drácula mantuvieron durante años la estética aristocrática del monstruo y el contexto gótico en el que Stoker lo situó, pero esto cambió en la segunda mitad del siglo XX. Nuestra época ha hecho que el personaje reencarne en gentes que conocemos; hay quien dice, por ejemplo, que Bill Gates, o George Soros, o Ana Botín, o Nicolás Maduro, o Vladimir Putin son vampiros. ¿Quién sabe?

«El baile de los vampiros», Roman Polanski, copia de época a las sales de plata, 1967.

El cine se convirtió en el mayor representante artístico del vampiro. Pero, como he dicho antes, este ser tiene la capacidad de metamorfosearse. Así que llegó Roman Polański con Baile de vampiros (1967), su primera película en color, y dio al muerto vivo, sin hurtarle su esencia terrorífica, un registro nuevo: el humorístico.

Polański concedió al mito vampírico un toque divertido. ¿Inspirado, quizás, en El fantasma de Canterville (1887) de Oscar Wilde? Puede.

Fotograma de «El ansia», Tony Scott, 1983.

Pasan los años y el vampiro solitario encuentra en el cine su propia manada. En El ansia (1983), de Tonny Scott, ya no hay una criatura, sino varias. Además, estos tienen otras preocupaciones diferentes a las de Drácula. Los vampiros de El ansia están tan obsesionados con su aspecto físico que asfixian cualquier latido romántico.

El ansia toca otros temas además del narcisismo, como son las enfermedades venéreas —los casos de Sida comienzan en 1981— y la homosexualidad femenina.

Cartel para la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina, Alfredo Rostgaard, 1972.

Pero hay más. Los vampiros en nuestra sociedad hincan sus colmillos a diestra y siniestra; ya no son tan finos, ya no les importa que el menú lleve solomillo. Carteles, cómics, películas, videojuegos convierten en vampiros a ecologistas, comunistas, capitalistas, integristas… y lo hacen tomando los nombres y los apellidos  de todo aquel que devora a su sociedad —el fenómeno es más visible en las viñetas.

En este nuevo ciclo surgen los muertos vivientes oportunistas y los que se llaman a sí mismos revolucionarios, seres que pretenden derrocar el capitalismo liberal desde sus palacetes —en nuestro país estos últimos han creado un movimiento vampírico potente.

Cartel francés de la película «Irma Vep» (1996) realizado por Benjamin Baltimore, sin fecha.
(«Irma Vep» es un remake de la serie muda «Los vampiros», 1915.)

«Los vampiros» fue dirigida por Louis Feuillade, tuvo diez episodios y está considerada una de las primeras obras cinematográficas de suspense.

En Una chica vuelve a casa sola en la noche (2014), primer western de vampiros iraní, Ana Lily Amirpour viste a su protagonista, a la que le ha negado nombre propio, con un burka abierto a modo de capa. La vampiresa, que se mueve en monopatín por las calles de Bad City —lugar ficticio de Irán—, va aplicando justicia a su manera.

En Una chica vuelve a casa sola en la noche encontramos la versión de la vampiresa feminista.

«Una chica vuelve a casa sola en la noche», Ana Lily Amirpour, 2014.
Cartel de la película, ófset.

Fotograma de la película de Ana Lily Amirpour, 2014.

Acabo de darme cuenta, y casi estoy terminando el artículo, que he olvidado mencionar al vampiro con más sex-appeal del cine, el encarnado en el actor Christopher Lee (1922-2015).

El conde Drácula y Lee llegaron a ser uno solo en el subconsciente del espectador. Christopher Lee no necesitaba hablar para aterrar, sólo le bastaban su mirada intensa, su porte aristocrático y la fiereza con la que exhibía los colmillos para que las damas se aferraran a los brazos de sus acompañantes y llenaran las salas de cine con sus grititos.

Christopher Lee en «Drácula», 1958.
(Copias fotográficas realizadas a partir de un fotograma de la película.)

Y si menciono a Christopher Lee debo nombrar a la actriz judía Theda Bara (1885-1955), más conocida por «vamp».

Theda Bara interpretó el papel de vampiresa en el sentido más literal del término: como criatura perversa y sensual que goza sangrando hombres. Fue la primera mujer fatal del cine norteamericano, la más deseada de las actrices de su tiempo, la Cleopatra y la Salomé del director J. Gordon Edwards (1867-1925).

Theda Bara en «Érase un tonto», 1915.

Y ahora los dejo con Charles Baudelaire y La metamorfosis del vampiro, poema que se encuentra en Vampiros, antología que reúne obras de Byron, Conan Doyle, Hoffmann, Poe, Maupassant… Vampiros se encuentra dentro del catálogo de la editorial Mondadori, en su colección de Grandes Clásicos. Es un libro estupendo para evadirse de las ansiedades diarias.

Hay otro poema que quiero mencionar, aunque por su extensión no puedo dejarlo aquí. Se trata de Cristabel (1798). Cristabel es obra de Samuel Taylor Coleridge (1772-1834), fundador del Movimiento Romántico en Inglaterra. Es el primer poema inglés sobre vampiros y es, por decirlo de manera distendida, una auténtica pasada.

Instalación de Henning von Gierke inspirada en la película de Herzog «Nosferatu, vampiro de la noche».

Detalle de la instalación.

En la Antigüedad y en la Edad Media los hombres creían en la existencia de otro mundo, de un sitio donde habitaban monstruos y espíritus. Los hombres de aquellos tiempos tenían una cosmovisión sobrenatural de su entorno. Esa manera de interpretar la vida es el origen de sus fantasmagóricas leyendas.

Los mitos ancestrales nutrieron al Romanticismo. El Romanticismo nutrió al Expresionismo. Son estos movimientos artísticos los antepasados directos de los videojuegos, las películas, los cómics, los mangas y las series que en la actualidad se ocupan del dueño de los sepulcros.

«Monthly Shõnen Sunday», número que la revista japonesa dedicó al vampiro, Osamu Tezuka, 1 de abril de 1967.

La diferencia entre las criaturas del XIX y los monstruos actuales es que ahora estos tienen un vínculo con la realidad. Esta condición se nota en su comportamiento y también en su imagen física. Digamos que la temática vampírica ha perdido el aliento supersticioso que la hacía tan cautivadora.

Los vampiros se han vuelto más previsibles, más de andar por casa. Quizás nos parezca que el vampiro se ha humanizado, pero más bien creo que nuestra sociedad se ha vampirizado. ¡Cuántos no danzan por las pantallas haciendo alarde de egoísmo, ignorancia y vanidad! ¡Cuántos no conocemos que intentan manipular nuestra mentes! ¡Cuántos tramposos y deseosos de lo ajeno no hay! Pero esto no descalifica al vampiro transgresor, sólo demuestra que es una criatura eterna que maneja como nadie los secretos de la mutación.

Sin título, Tim Burton, pluma, tinta y acuarela sobre papel, 2011.

«A la deriva», Marcel Dzama, acuarela y tinta sobre papel, 2001.

Ilustro el artículo con fotografías que hice a la divertida exposición que nos ofrece Caixa Fórum bajo el título Vampiros. La evolución del mito, muestra que me estimuló a escribir sobre un tema que hace tiempo daba vueltas por mi cabeza —ya he dado espacio en mi blog a los duendes y a los elfos, ahora me faltan las hadas, que pronto volarán por estas páginas virtuales.

Los vampiros son seres que intranquilizan y, sin embargo, ¿quién no se ha sentido atraído por el Conde de las Tinieblas y por los espejos que no reflejan?

Retrato de Theda Bara, h.1915, copia moderna.

LA METAMORFOSIS DEL VAMPIRO

La mujer, con toda naturalidad,
como serpiente sobre ascuas, y deleitándose
y frotándose los senos con las ballenas del corsé, de su boca
de fresa exhalaba palabras impregnadas de almizcle:
«Tengo húmedos los labios, y conozco la ciencia
que echa a perder en un lecho la conciencia.
Todos los llantos seco en mis pechos triunfantes,
y a los viejos hago reír con risa de niños.
¡Para quien me ve desnuda y sin velo, yo suplo
a la luna y al sol, al cielo y a las estrellas!
Así es, querido sabio, tan docta soy en voluptuosidades
cuando en mis brazos temidos aprisiono a un hombre,
al abandonar a los mordiscos mi busto,
tan trémula y libertina, tan frágil y robusta soy
que en estos colchones que de emoción se desmayan,
¡hasta los ángeles impotentes por mí se condenarían!»
Cuando de los huesos toda la médula me sacó,
y al volverme, lánguidamente, hacia ella, para
rendirle un beso de amor, ¡solo hallé
un odre de flancos viscosos y llenos de pus!
En mi frío horror, cerré los ojos, y
al abrirlos ante una luz vivísima,
junto a mí, en lugar del muñeco poderoso
que parecía estar saciado de sangre, solo vi
despojos de esqueleto en su temblor confuso,
y de allí surgían gritos como los de una veleta
o de un rótulo, en la punta de una varilla de hierro
que balancea el viento en las noches de invierno.

ENLACES RELACIONADOS

Los duendes soplan cuentos irlandeses en mi página: “El gaitero y el Puca” y “Coomara, el Merrow”. Textos íntegros.

Las hadas en la literatura y el arte.

Oscar Wilde, Alla Nazimova y Natacha Rambova. “Salomé”, película íntegra.

Edgar Allan Poe. Poemas.

Lo cómico y la caricatura (Charles Baudelaire). Síntesis de los capítulos dedicados a Honoré Daumier y Francisco de Goya.

El diablo enamorado. (Jacques Cazotte).

 


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