EN DEFENSA DEL MIEDO RAZONADO

«La honestidad es la mejor política».
Benjamin Franklin.

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EN DEFENSA DEL MIEDO RAZONADO

Una multitud grita que no tiene miedo. Es un grito unánime. Una multitud afirma no tener miedo y las pancartas que agitan expresan, por escrito, lo que las voces dictan. Pero… ¿será cierto lo que declaran?

No tener miedo ante un peligro real es un acto de inconsciencia. Es negar al pensamiento, a la razón, su función previsora y protectora. El miedo es la manifestación de una preocupación y nos alerta de una amenaza existente. Es campanilla despertando nuestra psiquis, pues la situación descubierta requiere que modifiquemos comportamientos rutinarios.

Los cambios reales que alteran nuestra rutina, ya sean malos o buenos, provocan miedo. Uno tiene miedo a cambiar de trabajo, a exponerse en público, a construir una familia, a envejecer… Uno siente miedo a la hora de tomar decisiones importantes en su vida; y ese sentimiento no es cobardía.

«La Edad de la Ira», Guayasamín, óleo sobre tela, 1963.

El temor es una emoción. Es una sensación individual que se expresa a través de los gestos. Hay que aceptar el miedo, hay que experimentarlo, hay que preguntarse de dónde viene y por qué nos intranquiliza. Es necesario entenderlo para poder gestionarlo, porque, cuando el miedo toma la apariencia de anti-miedo para adaptarse al entorno, para mimetizarse con la comunidad, el individuo desaparece.

El anti-miedo colectivo niega la expresión del «Yo». Es una forma de autocensura. Es un disfraz peligroso. Dejarse convencer por otros de que el miedo es vergonzoso y, por tanto, debe ser ocultado no sólo hace vulnerable a la persona, sino que abre las puertas a la manipulación totalitaria: el miedo es la herramienta más importante que posee el poder, ya sea dictatorial o democrático, para conseguir sus objetivos. El poder crea el objeto del miedo y te vuelve indefenso para ofrecerte después el remedio que te volverá marioneta en sus manos. El anti-miedo puede llevarte a creer, por ejemplo, que un etarra es un aliado.

Mi miedo es feo, pero útil para tomar mis propias decisiones. El miedo razonado muestra nuestra capacidad de supervivencia.

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