ETERNIDAD

«Y Él respondió: Mi presencia irá {contigo}, y yo te daré descanso.»
Éxodo 33:14

Escenas de la vida de Cristo (detalle), El Giotto, 1304-1306.

ETERNIDAD
A Javier

Como la tormenta que ruge porque no desahoga;
como las noches que mueren sin que una estrella las bese;
como la tarde que el sol no asaetea…
era mi pena al conocer la noticia de que ha muerto un amigo muy querido.
Con el alma desmayada, decidí dar un paseo
—en el campo, yegua y cría pastaban indolentes.
Un ave de presa planeaba bajo; sobre su cabeza, coronas de nácar.
Y a cada paso… un corazón ardiente, fugaz, de tallo endeble:
una amapola invadiendo el reinado de los verdes—.
Cielo de mayo, fértil en lluvias…
¡He comprendido!
Él se ha ido a un mundo amable, sin madreselvas que oculten pasiones,
sin oquedades profundas, ni palabras vanas, ni crueles miradas
—la fragancia de un naranjo en flor anuncia que la tarde marcha
y llega la noche trayéndome paz—.
¡He comprendido!
He descubierto, al mirar la Estrella, lo que Moisés dijo.
¡He comprendido!
Él ha encontrado abrigo en un dulce retiro
—no efímero;
no en el verde prado; no en el fresco río;
no en la nube blanca… ni en la flor de un día—.
¡He comprendido!
Habita mi amigo en el cielo inmenso, en la luz argenta que baña la noche.
—¡Oh, Señor! ¡Comprendo! Él está Contigo —quiebro el llanto… y digo.

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