EXPRESIONISMO ALEMÁN. PINTURA Y POEMAS

«No soy más que una llama, un grito, y fuego y sed.»
Ernest Stadler

Joven pareja, Emil Nolde, acuarela sobre papel, h. 1931-1935.
(Teatralidad y colorido antinatural. Es la obra que inicia la colección expresionista del barón Thyssen.)

Antes de entrar en materia quiero agradecer al Museo Thyssen-Bornemisza el esfuerzo por ofrecer a su público, en tiempos de coronavirus, espacios para el descargo del alma. Tengo conciencia de lo costoso que es mantener, con un aforo reducido, exposiciones como Expresionismo alemán, aunque las obras pertenezcan a sus fondos. Desde aquí, doy las gracias a este museo y a todos los que nos ofrecen antídotos para grandes soledades.

¡Y qué mejor para estos tiempos que la evocación del expresionismo!, un movimiento sustentado en el lenguaje espiritual. Un movimiento levantado por buscadores de una estética aniquiladora de cualquier intención de representar la realidad tal cual; un movimiento interesado no en reflejar lo objetivo, sino en mostrar las vivencias provocadas por lo observado, decisión que impuso una gran carga emocional a los artistas, convirtiendo a muchos en visionarios.

Izquierda: Iris, lirios, amapolas, Emil Nolde, acuarela sobre papel, h. 1930-1935. Derecha: Flores de verano, Emil Nolde, acuarela sobre papel, h. 1930.

El expresionismo optó por la búsqueda de recursos pictóricos que reflejaran las emociones de los autores frente a su realidad. De ahí el carácter heterodoxo del movimiento —no todos sentimos nuestro entorno de igual manera—. De ahí las diferentes etapas de su vida artística, pues cada ciclo está ligado a los acontecimientos históricos y sociales de Alemania, país cuna de este ismo de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Y de ahí que el primer expresionismo sea más poético y menos agresivo y sarcástico que el de su última oleada —el expresionismo abarca El Imperio, la República de Weimar y el Tercer Reich, con el Tercer Reich las obras vanguardistas pasaron a ser «arte degenerado» (Entartete Kunst).

Desnudo de rodillas ante un biombo rojo, Ernst Ludwig Kirchner, óleo sobre lienzo, h. 1911-1912.

Tensión suave, Wassily Kandinsky, acuarela y tinta sobre papel, 1923.

Bajo la humillante etiqueta de «arte degenerado», los artistas alemanes vieron cómo, a partir de 1937, fueron confiscadas las obras que formaban parte de colecciones públicas; cómo fueron incendiadas,  llevadas al almacén de la deshonra o denigradas en exposiciones de la vergüenza. Más de 16.000 piezas fueron retiradas, más de 5.000 fueron quemadas.

Pero, ¡cosas de la vida!, cuando el cinturón apretó las finanzas de los nazis, allá por el año 1941, estos no tuvieron reparo en sacar a subastas internacionales las obras que habían despreciado. Hubo galerías alemanas autorizadas a vender arte expresionista con el fin de recaudar fondos que ayudaran a sostener la guerra que ya perdían.

Y otra de las cosas de la vida, que tiene muchas: las exposiciones montadas para denigrar el arte vanguardista tuvieron más ¡3.000.000 de visitas! —diría que la propaganda nazi contra el expresionismo se les volvió un búmeran.


Metrópolism George Grosz, óleo sobre lienzo, 1916-1917.
(Obra expuesta en las salas de «arte degenerado». Pintura sarcástica y apocalíptica.)

La individualidad tuvo un papel fundamental en el expresionismo. Los integrantes de esta corriente  estuvieron unidos por la ilusión que les provocaba la creación, como resultado de la subjetividad, y por su fuerte crítica al positivismo y al naturalismo.

El protagonismo de la subjetividad es la peculiaridad que explica las variadas formas —unas son más inacabadas que otras—, la paleta diferente —colores vivos y colores suavizados— y la pincelada, que en unos se vuelve pastosa y en otros perfilada. Esta singularidad demuestra la unión del grupo por intención, más que por un programa estético.

«El pintor transforma en obra de arte la concepción de su experiencia», escribió Ernst Ludwig Kirchner, advirtiendo que «no hay reglas fijas para esto».

La casita, Karl Schmidt-Rottluff, óleo sobre cartón, 1906.

La cala, Ernst Ludwig Kirchner, óleo sobre lienzo, 1914.

Sin título, Wassily Kandinsky, acuarela y tinta sobre papel, 1922.

(Fíjate en las fechas de los cuadros para que puedas apreciar las diferentes etapas del expresionismo.)

Pero que fueran artistas celosos de su independencia no quiere decir que fueran hostiles a reunirse.

Existieron dos grupos: El Puente (Die Brücke), cuyos fundadores fueron Kirchner, Heckel, Bleyl y Schmidt-Rottluff, y El jinete azul (Der Blave Reiter), cuyos fundadores fueron Kandinsky y Franz Marc.

La vida de El Puente fue más larga (1905-1913) que la de El jinete azul (1911-1913) y ninguno de los dos grupos fue cerrado, así como ninguno renunció a aprovechar lo que les venía bien de otras estéticas, como el fauvismo, el cubismo y el orfismo.


Izquierda: Murnau en mayo, Gabriele Münter, óleo sobre lienzo, 1924. Derecha: Paseo a tres, Ausgut Macke, óleo sobre lienzo, 1914.
(Curiosidad: El movimiento recibe el nombre de «expresionismo» en 1914.)

Con pinceladas cortas o largas, empastadas o delicadas; con contornos fuertemente delineados o contornos en colores diluidos; con fondos barrocos o fondos desahogados; con paleta viva o paleta atardecida, los creadores expresionistas dejaron claro su deseo de sacudir nuestras mentes con obras provocadoras que nos arrastran al mundo subliminal, que es donde aguardan, esperando su momento de escapar, las emociones.

Río mágico, Lyonel Feininger, óleo sobre lienzo, 1937.

El sentimiento de la emoción estaba en la esencia de sus trabajos y crear reacciones en el espectador también formaba parte de la obra, digamos que la completaba.

Pero el expresionismo no evade la verdad. El artista, como dice José María Villagrán Moreno cuando cita a Freud en su ensayo Freud en las vanguardias artísticas, «se aparta de la realidad para retornar de nuevo a ella desde la fantasía e instaurar una nueva realidad que sirva de mediación entre esta y aquella.»


Pintura con tres manchas, Wassily Kandinsky, óleo sobre lienzo, 1914.
(Esta es una pieza que me encanta por el movimiento que consigue Kandinsky a través del color y por su misticismo. En la cábala, el número tres —de uno y dos—, significa integración, estabilidad, permanencia.)

El expresionismo está en deuda con Vincent van Gogh —pincelada y color—, con Gauguin —primitivismo, exotismo— y con Edvard Munch —color como vehículo de expresividad—. A Munch, los alemanes lo descubrieron cuando, en 1894, se publicó su primera monografía en el país. Se le considera el precursor del expresionismo alemán. Van Gogh tuvo que esperar a 1900 y Gauguin a 1904 para ser reconocidos en la tierra de Goethe.

Declaró Max Pechstein: «Con gran orgullo nos sentíamos portadores de una misión, vinculada artísticamente al holandés Van Gogh y al noruego Edvard Munch».


Atardecer, Edvard Munch, óleo sobre lienzo, 1888.
(El color como materia que crea emoción. Se trata de una obra de transición, donde conviven impresionismo, simbolismo y expresionismo.)


Les Vessenots en Auvers, Vicent van Gogh, óleo sobre lienzo, 1890.
(Una de las pinturas preferidas del barón Thyssen. Van Gogh pintó este óleo una semana antes de morir.)


El sueño, Franz Marc, óleo sobre lienzo, 1912.

Provocar un impulso que desate emociones. ¿No te suena freudiano? El psicoanálisis no pasó desapercibido para los expresionistas, tan interesados en el psiquismo y en dar rienda suelta, a través de la forma, a las ideas reprimidas. ¡Interesante terapia!, si tenemos en cuenta la neurosis desatada en el período de entreguerras.

¿Y qué temas prefieren estos artistas que se vieron atrapados en la Gran Guerra y en las garras del nacionalsocialismo, estos artistas alemanes que, como Franz Marc y Augusto Macke murieron en el frente, o que como Kandinsky huyeron al exilio, o que como Kirchner se suicidaron…? Esos temas fueron:

EL PAISAJE NATURAL
(Paz.)

Paisaje con castaño, Ernst Ludwig Kirchner, óleo sobre lienzo, 1913.

Nubes de verano, Emil Nolde, óleo sobre lienzo, 1913.

EL PAISAJE Y EL HOMBRE EN ARMONÍA
(Símbolo de libertad.)

Las bañistas, Max Pechstein, óleo sobre lienzo, 1912.

Tarde de verano, Emil Nolde, óleo sobre lienzo, 1903.

DESNUDOS
(Ida al origen.)

Dos desnudos femeninos en un paisaje, Otto Mueller, temple sobre arpillera de yute, h. 1926.
(Mueller introdujo en el movimiento la técnica del temple.)

Desnudo junto al estanque del bosque, Otto Mueller, acuarela y crayón sobre papel, h. 1920-1922.

LA METRÓPOLI
(El caos, la premonición.)

Crepúsculo, George Grosz, acuarela y tinta sobre papel, 1922.

Izquierda: La casa de la esquina, Ludwig Meidner, óleo sobre lienzo, 1913. Derecha: Grupo de casas en primavera, Johannes Itten, óleo sobre lienzo, 1916.

ARTE POPULAR
(Exotismo, «ingenuidad», mensaje directo. Arte bizantino, ruso, africano.)

Izquierda: Niño con muñeca, Alexej von Jawlensky, óleo sobre cartón, 1910. Derecha: El velo rojo, Alexej von Jawlensky, óleo sobre cartón, 1912.

Bagatella nº.2, Wassily Kandinsky, lápiz, tinta y acuarela sobre papel, 1915.
(Inspirado en cuentos de hadas rusos.)

El expresionismo es anímico y dramático. Los lienzos de su última etapa son escenografías turbadoras donde se intuye la tragedia que aniquiló el orden político y social con el que se inició el siglo XX.

¡Ah!, pero es en la poesía expresionista donde creo que la premonición se hace más evidente. El fatalismo histórico se presenta en los versos como animal con vísceras expuestas.

Atardecer de otoño, Emil Nolde, óleo sobre lienzo, 1924.

En la poesía expresionista alemana, la violencia, el exceso, el sexo, la angustia existencial se apoderan de los versos que siguen su ley. Es la poesía expresionista alemana grito que inicia la tristeza moderna.

El caos es expuesto por poetas visionarios que son como párrocos sermoneando en iglesias vacías. Estos poetas, que hicieron trizas la belleza romántica, que convirtieron cisnes en roedores nocturnos, de voracidad insaciable, y que transformaron el olor de las rosas y de los lirios en fétida agua estancada, consiguieron otro tipo de belleza. La belleza, dolorosa y burlesca, dedicada al espanto; como diría Rimbaud, la belleza del mal.

Disfrutando de la exposición… con mascarillas.

En el expresionismo, arte y poesía muestran el deseo de salvar el alma humana de la industrialización—mecanización-masificación—. Y es así como el expresionismo se vuelve drama, cuando no tragedia, en el que se funden tema y autor en un aquelarre de dolor que ofrece, como resultado, una obra que delata un pensamiento atormentado.

Y es así como la pesadilla usurpa el espacio destinado al sueño placentero.

Autorretrato, Gabriele Münter, óleo sobre cartón, h. 1908.

Cabeza de mujer, Erich Heckel, óleo sobre lienzo, 1913.

Vivimos tiempos tensos que también despiertan recelo, decepción, miedo; tiempos que traen muerte, miseria y soledad. Compartimos con los expresionistas ese sentimiento de angustia vital; pues, sin saber todavía muy bien por qué, presentimos que avanzamos hacia tinieblas presididas por vampiros y murciélagos. ¿Alguien sabe quién dirige este barco en el que estamos montados?

«Nosotros derrocharemos dolor…», dice un verso de Rilke que es como una sentencia. Y ahora te dejo algunos poemas.

POEMAS

Húsares a galope, August Macke, óleo sobre lienzo, 1913.

GOTTFRIED BENN

VENID

Venid y conversemos,
quien habla no está muerto,
mas se agitan ya llamas
junto a nuestra penuria.

Venid, «azul» digamos;
venid, digamos «rojo»,
oímos, escuchamos, miramos,
quien habla no está muerto.

Tú solo en tu desierto,
en el espanto de tu Gobi —
te vuelves solitario, sin un busto,
sin nadie a quien hablar y sin mujeres,

y cerca del rompiente
tú conoces la barca,
débil y vacilante—;
venid, moved los labios,
quien habla no está muerto.

(Traducción de Eustaquio Barjau.)

Reflejo de nubes, Karl Schmidt-Rottluff, acuarela sobre papel, 1936.

GEORG TRAKL

SALMO
A Karl Kraus

Hay una luz que el viento ha extinguido.
Hay una taberna que en la tarde un ebrio abandona.
Hay una viña quemada y negra,
con agujeros llenos de arañas.
Hay un cuarto que han blanqueado con leche.
El demente ha muerto.

Hay una isla de los mares del sur
para recibir al dios del sol. Tocan los tambores.
Los hombres ejecutan danzas de guerra.
Las mujeres contonean las caderas
entre enredaderas y flores de fuego,
cuando el mar canta. Oh nuestro paraíso perdido.

Las ninfas han abandonado los bosque de oro.
Sepultan al extranjero.
Comienza entonces una lluvia ígnea.
El hijo de Pan surge
bajo la apariencia de un peón caminero,
que duerme al mediodía sobre la tierra ardiente.
Hay niñas en un patio con vestiditos
de una pobreza desgarradora.
Hay salas colmadas de acordes y sonatas.
Hay sombras que se abrazan ante un espejo ciego.
En las ventanas del hospital
se calientan los convalecientes.
Un barco blanco remonta el canal
cargado con epidemias sangrientas.

La hermana extranjera surge de nuevo
en los malos sueños de alguien.

(Traducción de Helmut Pfeiffer.)

Vista a una plaza, Paul Klee, gouache, tiza y lápiz de cera sobre papel, 1912.

ELSE LASKER-SCHÜLLER

VIENE LA NOCHE

Viene la noche y me sumerjo en las estrellas,
para no olvidar en el alma el camino a casa
pues se enlutó hace mucho tiempo mi pobre país.

Descansan nuestros corazones emparentados de amor,
emparejados en una cáscara:
Blancas almendras.

Sé que tienes, como antes, mi mano
encantada en la eternidad de la lejanía…
Ah, mi alma crujió cuando me lo confesó tu boca.

(Traducción de Sonia Almau.)

Mujer en un diván, August Macke, acuarela sobre papel, 1914.

ERNEST STADLER

APÓSTROFE

No soy más que una llama, un grito, y fuego y sed.
Por las angostas hondonadas de mi corazón se lanza el tiempo
como agua oscura, raudo, violento, inadvertido,
y arde en mi cuerpo un signo: la caducidad.

Pero tú eres el redondo espejo por el que resbalan
los crecidos arroyos de la vida
tras cuyo fondo áureo y abundante
las cosas que murieron radiantes resucitan.

En mí arde y se extingue lo mejor. Una estrella alocada
que cae en un abismo de azules noches de verano,
pero la imagen de tus días está en alto y distante,
señal eterna, situada como protección alrededor de tu destino.

(Traducción de Ernst Edmund Keil.)

Calle con buscona de rojo, Ernst Ludwig Kirchner, óleo sobre lienzo, 1914-1925.

GEORG HEYM

OFELIA

I

Ratas de agua anidan en su pelo,
y anillos en sus manos, que como aletas son
sobre las olas; nada en la sombría
selva grande que en el agua reposa.

El sol postrero que va errante y a oscuras
se hunde profundamente en su cabeza.
¿Por qué murió? ¿Por qué tan sola nada
sobre el agua que enreda los helechos?

El viento acecha en los espesos juncos
como mano que espanta los murciélagos.
Húmedos por el agua, con sus alas sombrías
en el oscuro río se alzan como humo,

como nocturnas aves. Largas anguilas blanquecinas
sobre el pecho resbalan. Una luciérnaga aparece
en su frente. Sus hojas llora un sauce
sobre ella y su pena silenciosa.

II

Granos. Sembrados. Y el rojo sudor en la mitad del día.
Los amarillos vientos de los campos duermen silenciosos.
Ofelia quiere dormir, un pájaro se acerca.
Le abrigan, blancas, las alas de los cisnes.

Los párpados azules sombrean dulcemente
y entre el aire que brilla en las guadañas
sueña en el carmesí de algún abrazo
suelo eterno en su eterna sepultura.

Pasa, vuelve a pasar. Donde la orilla sueña
con el bullicio de la ciudad, y el río blanco
rompe diques y el eco largamente
retumba. Donde se oye, río abajo,

el son de llenas calles. Repique de campanas.
El silbido de un tren. Lucha. Cae el oeste
sobre cristales empañados una sorda luz crepuscular
en que con brazos gigantescos una grúa amenaza,

tirano poderoso, la frente ennegrecida,
Moloc al que rodean sus siervos de rodillas.
Carga de puentes que atraviesan con pesadez el río
tal si lo encadenaran, dura condenación.

Nada invisible que acompañan las olas.
Pero allí donde cruza ahuyenta multitudes,
con grandes alas, un pesar profundo
que ambas orillas ensombrece a lo ancho.

Pasa, vuelve a pasar. Cuando se entrega tarde a la tiniebla
el alto día oeste del verano,
donde en el verde oscuro de los prados reposa
el cansancio sutil de la tarde lejana.

Lejos la arrastra el río, mientras se hunde
en luctuosos puertos invernales.
Tiempo abajo. Por entre eternidades
cuyo horizonte humea como fuego.

(Traducción de Ernst Edmund Keil.)

ENLACES RELACIONADOS

Max Beckmann. Mi pintura. Texto íntegro.

Lyonel Feininger. Pintura.

Otto Dix. Tríptico de la gran ciudad. EL tríptico profano.

Sonia Delaunay. Arte. Diseño. Moda.

Bedrich Fritta. “Hombre doliente”. Dibujos.

Freud en las vanguardias artísticas: “El pensamiento estético en la obra de Freud”.

Georg Heym. “El día eterno”. Poemas.

El arte de entreguerras en Italia (1917-1933). Retorno a la belleza.

Rainer María Rilke. “La Asunción de María”. Poema inspirado en La Asunción de El Greco.

Rainer María Rilke. “Vladimir pintor de nubes”.

El arte en revolución. De Chagall a Malévich.

Releer a Rilke (Adam Zagajewski).

Berlín secreto (Franz Hessel).

¿Por qué la guerra? (Albert Einstein y Sigmund Freud).

Ludwig Winder. “El deber”.

Hijo de este tiempo (Klaus Mann).

Oskar Kokoschka. Pintura.

Picasso y Julio González: escultura y amistad.

Objetos de deseo. Surrealismo y diseño.

Naturalezas muertas en las artes plásticas del siglo XX.

Lucian Freud en el Thyssen. Pintura.


Compártelo con tus amigos: