FUERA DEL JUEGO Y OTROS POEMAS

«Lo mejor es que empiece a cantar
desde ahora.»

Fuera del juego es mucho más que un excelente poemario. Fuera del juego es aportación de la poesía a la historia política y social de nuestra isla. Es un canto honesto que perdurará, siempre que la libertad se encuentre acosada.

Un hombre joven, que aún desconocía la crueldad del yoísmo castrista, que se sentía Sirio brillando en el firmamento, que era dueño, aunque luego se lo arrebataron —fue el precio a pagar—, de un temperamento individualista, competidor, sarcástico e impetuoso, se atrevió a escribir lo que observaba y lo aterraba.

El hombre joven también utilizó sus versos para alertar sobre las consecuencias de una existencia esclava, para advertir de la voracidad y de la velocidad con que las consignas «revolucionarias» engullían ideas nacidas en democracia.

Heberto Padilla (1932-2000) sufrió las secuelas de su rebeldía. Se volvió solitario, apesadumbrado, irascible. Creo que murió sin tener conciencia de hasta qué punto Fuera del juego es un libro eterno —es voz de las víctimas de las dictaduras comunistas.

¡Qué tristeza siento cuando pienso en Heberto Padilla y en Belkis Cuza Malé! ¡Qué tristeza cuando pienso en mi padre, Manuel Díaz Martínez y en Ofelia Gronlier Lamar, mi madre! Cubanos decentes, orgullosos de nuestra cultura, de nuestros mares, de nuestras palmeras, de los arco iris que emperifollan las tardes habaneras… ¡Padres que padecían por sus hijos!

Belkis Cuza, Heberto Padilla, María Josefina (Puchita) y Ernesto, La Habana,1973.

Los hijos de Heberto, de Belkis, de Manuel y de Ofelia aprendimos muy pronto lo que era la marginación. La marginación era el lobo feroz que mantenía a nuestros padres en cuchicheos incesantes y en permanente tensión. Fuimos niños crecidos en un entorno asfixiante, tutelados por unos mayores que se negaban a vivir sin libertad —el alma tirando del yunque—. Fuimos efectos colaterales de Fuera del juego.

Nadar contracorriente nos dejó secuelas, pero nos hizo fuertes. Las tiranías olvidan que «en el principio era el Verbo» (Juan 1:1). En el país de las cadenas, los carneros y los soplones, los verdugos olvidan que en los desiertos crecen flores.

En Alicia, Lewis Carroll nos invita a gozar de un mundo mágico. Pero nos pone una condición, que implica valor: hay que atravesar «el espejo». En Fuera del juego, Heberto Padilla nos invita a otro universo, que no es menos interesante que el de Alicia y que también requiere audacia. El espejo de Padilla nos conduce al inférnum criollo y comunista. Es un viaje al sufrimiento.

«… un lado te hará crecer y otro te hará menguar», le dijo la Oruga a Alicia.

Fuera del juego y otros poemas ha sido editado por Cátedra. El volumen incluye un estupendo estudio preliminar. Yannelys Aparicio Molina y Gustavo Pérez Firmat profundizan en la biografía de Heberto, en su obra poética, en el «caso Padilla» —bullying al pensamiento independiente—. Nos hablan de sus traducciones y de sus narraciones, incluso nos ofrecen una selección de poesías románticas inglesas, llevadas por él al español.

En tiempos sin Internet, ni móviles, un hombre escribió sobre la intolerancia, la desidia, la mentira, la imposición de las ideas. Sobre las consecuencias de un sistema letal que, por entonces, resultaba atractivo a muchos. Lo hizo sin retórica, lo hizo partiendo de sus propias experiencias. Fuera del juego y otros poemas es un libro, como dije antes, para la eternidad .

Ahora los dejo con algunos poemas que he seleccionado y que ilustro con obras de Joseph Mallord William Turner (1775-1851), el romántico inglés de las brumas densas y dramáticas. Heberto fue un poeta de verso directo y Turner fue un pintor con fama de enigmático. Pero hay algo en lo que creo que ambos coinciden y es en la necesidad de encontrar imágenes para la incertidumbre. Además, como recuerda el prólogo de la nueva edición de Fuera del juego, en la obra de Heberto Padilla «abundan autores de lengua inglesa».

POEMAS

De FUERA DEL JUEGO

Glaciar y fuente del Arverón, óleo sobre lienzo, 1803.

EN TIEMPOS DIFÍCILES

A aquel hombre le pidieron su tiempo
para que lo juntara al tiempo de la Historia.
Le pidieron las manos,
porque para una época difícil
nada hay mejor que un par de buenas manos.
Le pidieron los ojos
que alguna vez tuvieron lágrimas
para que contemplara el lado claro
(especialmente el lado claro de la vida)
porque para el horror basta un ojo de asombro.
Le pidieron sus labios
resecos y cuarteados para afirmar,
para erigir, con cada afirmación, un sueño
(el-alto-sueño);
le pidieron las piernas,
duras y nudosas
(sus viejas piernas andariegas)
porque en tiempos difíciles
¿algo hay mejor que un par de piernas
para la construcción o la trinchera?
Le pidieron el bosque que lo nutrió de niño,
con su árbol obediente.
Le pidieron el pecho, el corazón, los hombros.
Le dijeron
que eso era estrictamente necesario.
Le explicaron después
que toda esta donación resultaría inútil
sin entregar la lengua,
porque en tiempos difíciles
nada es tan útil para atajar el odio o la mentira.
Y finalmente le rogaron
que, por favor, echase a andar,
porque en tiempos difíciles
esta es, sin duda, la prueba decisiva.

Tormenta de nieve. Barco de vapor frente a la boca de un puerto, óleo sobre lienzo, 1842.

LOS POETAS CUBANOS NO SUEÑAN

Los poetas cubanos ya no sueñan
(ni siquiera en la noche).

Van a cerrar la puerta para escribir a solas
cuando cruje, de pronto, la madera;
el viento los empuja al garete;
unas manos los cogen por los hombros,
los voltean,
los ponen frente a frente a otras caras
(hundidas en pantanos, ardiendo en el napalm)
y el mundo encima de sus bocas fluye
y está obligado el ojo a ver, a ver, a ver.

Muerte del caballo pálido, óleo sobre lienzo, 1825.

SOBRE LOS HÉROES

A los héroes
siempre se les está esperando,
porque son clandestinos
y trastornan el orden de las cosas.
Aparecen un día
fatigados y roncos
en los tanques de guerra,
cubiertos por el polvo del camino,
haciendo ruido con las botas.
Los héroes no dialogan,
pero planean con emoción
la vida fascinante de mañana.
Los héroes nos dirigen
y nos ponen delante del asombro del mundo.
Nos otorgan incluso
su parte de Inmortales.
Batallan
con nuestra soledad
y nuestros vituperios.
Modifican a su modo el terror.
Y al final nos imponen
la furiosa esperanza.

*

De LA SOMBRILLA NUCLEAR

Staffa, cueva de Fingal’s, óleo sobre lienzo, 1832.

ESTADO DE SITIO

¿Por qué están esos pájaros cantando
si el milano y la zorra se han hecho dueños de la situación
y están pidiendo silencio?

Muy pronto el guardabosques tendrá que darse cuenta,
pero será muy tarde.

Los niños no supieron mantener el secreto de sus padres
y el sitio en el que se ocultaba la familia
fue descubierto en menos de lo que canta un gallo.

Dichosos los que miran como piedras,
más elocuentes que una piedra, porque la época es terrible.

La vida hay que vivirla en los refugios,
debajo de la tierra.
Las insignias más bellas que dibujamos en los cuadernos
escolares siempre conducen a la muerte.
Y el coraje, ¿qué es sin una ametralladora?

Decadencia del Imperio cartaginés, óleo sobre lienzo, 1817.

CANTAN LOS NUEVOS CÉSARES

Nosotros seguimos construyendo el Imperio.
Es difícil construir un imperio
cuando se anhela toda la inocencia del mundo.
Pero da gusto construirlo
con esta lealtad
y esta unidad política
con que lo estamos construyendo nosotros.
Hemos abierto casas para los dictadores
y para sus ministros,
avenidas
para llenarlas de fanfarrias
en la noche de las celebraciones,
establos para las bestias de carga, y promulgamos
leyes más espontáneas
que verdugos,
y ya hasta nos conmueve ese sonido
que hace la campanilla de la puerta donde vino a instalarse
el prestamista.
Todavía lo estamos construyendo.
Con todas las de la ley.
Con su obispo y su puta y por supuesto muchos policías.

*

De CANCIONES

Caída de una avalancha en los Grisones, óleo sobre lienzo, 1810.

CANCIÓN DE LA TORRE SPÁSKAYA

El guardián
de la torre de Spáskaya
no sabe
que su torre es de viento.
No sabe
que sobre el pavimento
aún persiste la huella
de las ejecuciones.
Que a veces
salta un pámpano sangriento.
Que suenan las canciones
de la corte deshecha.
Que en la negra buhardilla
acechan los mirones.
No sabe
que no hay terror que pueda
ocultarse en el viento.

El gran ferrocarril occidental, óleo sobre lienzo, 1844.

NO FUE UN POETA DEL PORVENIR

Dirán un día:
él no tuvo visiones que puedan añadirse a la posteridad.
No poseyó el talento de un profeta.
No encontró esfinges que interrogar
ni hechiceras que leyeran en la mano de su muchacha
el terror con que oían
las noticias y los partes de guerra.
Definitivamente él no fue un poeta del porvenir.
Habló mucho de los tiempos difíciles
y analizó las ruinas,
pero no fue capaz de apuntalarlas.
Siempre anduvo con ceniza en los hombros.
No develó ni siquiera un misterio.
No fue la primera ni la última figura de un cuadrivio.
Octavio Paz ya nunca se ocupará de él.
No será ni un ejemplo en los ensayos de Retamar.
Ni Alomá ni Rodríguez Rivera.
Ni Wichy el pelirrojo
se ocupara de él.
La Estilística tampoco se ocupará de él.
No hubo nada extralógico en su lengua.
Envejeció de claridad.
Fue más directo que un objeto.

*

De PROVOCACIONES

La bahía de Baiae, con Apolo y la Sibila, óleo sobre lienzo, h. 1823.

A VECES ME ZAMBULLO

A veces me zambullo en el mar, largo tiempo
y emerjo de súbito jadeante, respirando
y nado lo más lejos posible de la costa
y veo la línea distante, borrosa de la orilla
y el sol que bulle en las aguas grasientas.
El litoral se hunde en la colina
y yo cierro los ojos cegado por la luz.
Entonces, a un palmo de esas olas, aparece el país
que tantas veces uno ha creído
llevar sobre sus hombros: blanco como un navío,
brillando contra el sol y contra los poetas.


ENLACES RELACIONADOS

Belkis Cuza Malé. Poemas. Pintura.

Rafael Alcides Pérez. Poemas.

Manuel Díaz Martínez. Poemas.

Fantasía para Gabriela (Manuel Díaz Martínez).

La trinchera (Ofelia Gronlier Lamar).

Inferno (Reinaldo Arenas). Poemas.

Roberto Branly. Poemas.

Ángel Escobar Varela. Poemas.

Poemas. Luis Rogelio Nogueras.

Lezama en mi memoria (Ofelia Gronlier Lamar).

Teselas de mi mosaico habanero.

Los dos balseros.

La conga del hambre.

Sobre el teatro de marionetas (Heinrich von Kleist).

Los evangelistas de la muerte.


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