«INVITADAS». LA MUJER, EL ARTE Y EL SIGLO XIX. 

«Tú me quieres nívea,
tú me quieres blanca,
tú me quieres alba.»
Alfonsina Storni.

Soberbia, Baldomero Gili y Roig, óleo sobre lienzo, h. 1908.
(Curiosidad: el pavo real se identificaba con la vanidad.)

¿Cuál ha sido el sitio asignado a la mujer en la sociedad patriarcal; en concreto, en la sociedad española de mediados del siglo XIX y principios de siglo XX? ¿Cómo vivieron su tiempo? ¿Cómo las vieron los hombres con los que compartieron generación? ¿Qué se esperaba de ellas y qué deseaban ellas? ¿Qué actividades sociales, personales y profesionales ejercieron? ¿Cómo influyeron los importantes avances que tuvieron lugar en el decimonónico mundo de las ideas en la relación entre hombres y mujeres?

Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931), exposición que nos presenta el Museo Nacional del Prado, ofrece al visitante escenarios visuales que responden las preguntas arriba señaladas. Desde Rosario Weiss (1814-1843), discípula brillante de Francisco de Goya (1746-1828), hasta la condecorada Elena Brockmann (1867-1946) se extiende la muestra que incluye más obras firmadas por hombres que por mujeres, circunstancia que ha sido motivo de controversia.

El Museo del Prado nos presenta una muestra que, desde un punto de vista sociológico y didáctico, resulta interesante; no siendo así, al menos para mí, desde un punto de vista artístico. ¿Por qué digo que es interesante desde un punto de vista didáctico?, pues porque no solamente refleja el papel de la mujer en la sociedad del siglo XIX y de principios del XX, sino que nos permite comprobar de qué manera fue utilizada, como figura plástica, por los artistas.

¿Y por qué digo que los títulos seleccionados, en general, no me resultan estéticamente atractivos?, pues porque espero del Museo Nacional del Prado una selección de obras a la altura de la nobleza de su institución.

La Anunciación, escultura, Lorenzo Coullaut Valera, 1901.
(La Virgen es Madre y Esposa entregada.)

No es que las piezas expuestas sean grises, pero, como dice el refranero, tampoco quitan el hipo. No son obras que estremezcan por bellas o inquietantes, salvo alguna que otra excepción.

La mayoría de las obras presentadas pertenecen a ese grupo de piezas por las que pasas sin reparar en ellas cuando con ansias te diriges a alguna de las salas del Prado que atesora una colección estupenda.

Pero este escenario de obras de calidades irregulares tiene su atractivo: dar al visitante la posibilidad de reparar en títulos que, en circunstancias habituales, se vuelven insustanciales. Tiene su atractivo, digo, si el objetivo no es manipularnos, si la finalidad no es bajar la calidad general —la firmada por hombres— para destacar una parte del todo —la firmada por mujeres—. Tiene su atractivo si lo que se pretende es que obras, que pueden considerarse de segunda línea, tengan su momento de brillar.

Comprendo que en las circunstancias en las que nos hallamos es arriesgado montar una exposición que requiera una importante inversión —el coronavirus extiende las restricciones que impone por todos los rincones de nuestra sociedad—. Por eso entiendo que Invitadas se limite a los fondos del Museo del Prado, de Patrimonio, de diputaciones y de algunas instituciones más de ámbito nacional. Entiendo que, para reducir costes, no se invierta en traer obras de otros lugares del mundo, pues eso significa más gastos en transporte especializado, en instalación, en seguros…

Pero…, ¿por qué sólo un cuadro de Zuloaga, sólo una copia de Rosario Weiss y ninguno de sus estupendos dibujos originales? ¿Por qué ningún Sorolla, ni siquiera El trato de blancas? ¿Por qué ningún Fortuny, ni siquiera su Cecilia de Madrazo que de manera tan elegante capta los matices de la vida burguesa? ¿Por qué no está la hermosa Maternidad de Joaquím Sunyer? ¿Por qué esa ausencia de grandes pintores? No es necesario desmerecer para elogiar, cualquiera de las piezas expuestas y firmadas por mujeres tiene, al margen de calidades, el valor que le otorga su propia existencia en un siglo con rostro de hombre.

Está claro que la intención de la exposición no está en resaltar cualidades artísticas, sino en la representación de un mensaje de contenido ideológico. Es en la presencia de obras de mujeres donde debería centrarse la grandeza de la muestra y para ello no era necesario esa especie de paternalismo que ha llevado a rebajar la categoría de las salas destinadas a hombres artistas.

Crisálida, Pedro Sáenz Sáenz, óleo sobre lienzo, 1897.

Invitadas ha recibido quejas por no tener una mayor representación de obras femeninas o por no dedicarse en exclusiva a ellas; sin embargo, creo que la exposición cumple su principal objetivo, que no es otro que dar visibilidad a la mujer española del período señalado en el título de la muestra. Creo que es valiosa por la información que nos ofrece a través de las esculturas, las miniaturas, las copias y los cuadros que muestran los diferentes estilos artísticos del período que abarca. Y también creo que representa con solvencia el poder del mito de la manzana que Eva entregó a Adán y que Adán mordió… con gozo.

En la exposición hallamos todos los tipos que despertaron en Sigmund Freud (1856-1939) su curiosidad por la psiquis femenina. En Invitadas hay mujeres sufridas, mujeres florero, mujeres esclavas, hogareñas, pías, religiosas, pecaminosas, modernas y castizas; también hay púberes desnudas, niñas adoctrinadas, desnudos morales y desnudos sensuales. Hay obras premiadas y hay obras que fueron censuradas por ser demasiado atrevidas.

La miniaturista Teresa Nicolau Parody, Vicente López Portaña, óleo sobre lienzo, h. 1844.

Autorretrato, Llüisa Vidal, óleo sobre tabla, h. 1899.

Pero en Invitadas hay algo más: la posibilidad de ver cómo en la medida en la que el siglo XIX avanza la mujer va adquiriendo más relevancia en la sociedad y, por tanto, más poder en los espacios artísticos. La mujer pasa, de ser considerada una aficionada habilidosa y en algunos casos respetada coleccionista, a ser reconocida como pintora; fundamentalmente en la especialidad de la pintura de bodegones y flores, género que entonces se consideraba menor.

Invitadas nos induce a reflexionar, a través de la contemplación, sobre el papel de la mujer en el siglo que trajo grandes cambios a la historia del arte, el siglo donde se inician los «ismos» y que da paso a la centuria  donde los «ismos» se consolidan, ofreciendo corrientes y movimientos que se suceden y que, en muchos casos, conviven y hasta se funden.

La última alhaja, María Luisa Puiggener, óleo sobre lienzo, 1900.

El Museo Nacional del Prado pone a nuestra disposición diecisiete secciones con más de ciento treinta obras que hablan de sumisión, vicio, explotación, maternidad, virginidad, responsabilidad, entrega… Pero en todas ellas un hecho queda demostrado: la mujer no ha dejado de ser nunca pilar moral y social de la humanidad —el potencial de la maternidad nos convirtió en coloso a doblegar. ¿Qué mayor poder que traer vida al mundo? Pero esa vida que nace nos ató a la cuna durante siglos, convirtiéndonos en locas, brujas, melancólicas (rebeldes histéricas) o en siervas del silencio.

Y ahora les dejo con la galería que he preparado para ustedes, pues no hay como ver… para saber. Obras románticas, realistas, costumbristas y hasta simbolistas, que van transformando la pintura de historia en pintura social, escenifican en Invitadas el mundo patriarcal que dio lugar al movimiento sufragista.

GALERÍA

«Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada.»

ELLOS

Una esclava en venta, José Jiménez Aranda, óleo sobre lienzo, h. 1897.
(Obra naturalista considerada uno de los desnudos más importantes de la pintura española del XIX. Me gusta mucho este cuadro.)


El consejo del padre, Plácido Francés y Pascual, óleo sobre lienzo, 1892.
(Obra realista. ¿Quizás el padre aconseja a sus hijas sobre lo que ocurre en un segundo plano, donde tiene lugar una escena galante?)

Castigo, Tomás Muñoz Lucena, óleo sobre lienzo, 1890.


La bestia humana, Antonio Fillol Granell, óleo sobre lienzo, 1897.
(Pintura naturalista inspirada en la novela de Emile Zola que comparte nombre con el cuadro. El tema: la prostitución.)


La rebelde, Antonio Fillol Granell, óleo sobre lienzo, h. 1914.
(Pintura costumbrista y social. La joven gitana es repudiada por su comunidad. ¿Se habrá enamorado de quien no debía?)


La vidente, José Benlliure y Gil, óleo sobre lienzo, 1917.
(Las mujeres, a las que se les reconocía el poder de conectar con el más allá, eran relacionadas con brujas y adivinas; aunque a finales del XIX encontramos nombres masculinos asociados al espiritismo.) 


El primer beso, Salvador Viniegra y Lasso, óleo sobre lienzo, 1891.
(Obra academicista que presenta a la mujer tentando al hombre. Es curioso cómo el pelo de Eva cubre una parte del cuerpo de Adán mientras una serpiente, con el consentimiento de él, que cree contralarla, envuelve su brazo.)

Desnudo de mujer, Ignacio Pinazo, óleo sobre tabla, 1895.
(Obra naturalista de gran carga sexual.)


Mujer pintando frente al mar, Vicente González Palmaroli, óleo sobre tabla, h. 1882.
(A finales de siglo, la figura femenina es representada en escenas en las que aparece posando en estudios o pintando al aire libre. Es protagonista de historias triviales.)


Las tentaciones de San Antonio, Gabriel Bor
rás Abellá, escultura, escayola, 1901.

(La mujer relacionada con el erotismo y la incitación al pecado.)


Después del baño, Raimundo de Madrazo, óleo sobre lienzo, 1895.
(Al estilo rococó recrea una escena cotidiana para el placer de la vista.)


Las doce, Cecilio Pla, óleo sobre lienzo, 1892.
(Obra del realismo social que recibió la segunda medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1892.)


Las presidentas, Eduardo Urquiola, óleo sobre lienzo, 1915.
(Escena costumbrista que responde a una corriente centrada en rescatar las tradiciones locales, tradiciones que iban cediendo el paso a la modernidad. El cuadro ganó la segunda medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1915.)

Inocencia, Pedro Sáenz, óleo sobre lienzo, 1899.

¡Perdonar nos manda Dios!, Luis García Sampedro, óleo sobre lienzo, 1895.
(¡Tremenda la fuerza de este cuadro de esencia costumbrista! Ella vuelve a casa con su pequeña hija para pedir el perdón de un padre que no parece dispuesto a aceptarla en su hogar. Las mujeres, que pueden ser la madre y una tía, no se atreven a intervenir; los criados cuchichean al fondo y sólo el sacerdote recuerda que quien perdona… será perdonado. Es la época de los textos literarios publicados por entregas en revistas y periódicos.)

ELLAS

Puesto de flores, María Luisa Muñoz Riva, óleo sobre lienzo, 1887.
(Artista que gozó de reconocimiento en vida. Aquí representa uno de los empleos destinados a mujeres pobres. Obra expuesta en el Salón de París en 1885.)

Retrato de Madame Anselma en traje de época Luis XIV, Henriette Browne, óleo sobre lienzo, 1865.
(Se puso de moda posar vestidas como aristócratas versallescas, lo que hurtó a las retratadas su personalidad.)

El príncipe Alfonso, cazador, Cécile Ferrère, óleo sobre lienzo, 1869.
(Hijo de la reina Isabel II, quien destacó por los encargos que hizo a mujeres artistas así como por su colección de obras de arte, donde no faltaban firmas de pintoras nacionales y de extranjeras que pisaron España. El príncipe Alfonso se convirtió en el rey Alfonso XII.)

Reproducción de la dalmática de Carlomagno, Emilia Coranty, óleo sobre lienzo, 1889.
(Tercera medalla en la Exposición Nacional de 1890. Emilia Coranty fue la primera alumna oficial de la Escuela Llotja de Barcelona.)


Marina, Flora López Castrillo, óleo sobre lienzo.
(Flora, a diferencia del resto de sus compañeras de profesión, se especializó en marinas y paisajes. Este cuadro, de corte simbolista, está inspirado en «La Galatea», poema de Gaspar Gil Polo. Obtuvo el tercer puesto en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1912.)

Paso de una procesión por el claustro, Elena Brockmann, óleo sobre lienzo, h. 1892.
(Primer cuadro de temática histórica realizado por una mujer española. Brockmann usó la temática no para hacer proselitismo religioso, sino para mostrar virtuosismo técnico —observa cómo maneja la perspectiva y el movimiento—. La obra fue premiada en la Exposición Nacional de 1895.)

Copia de «La redención de Breda» de Velázquez, Madame Anselma, óleo sobre lienzo, 1872.

Canto de la victoria, Adela Ginés, escultura, bronce, 1892.
(Hermoso este gallo cantor.)

Copia del cuadro «Los duques de San Fernando» de Rafael Tegeo, Rosario Weiss, óleo sobre lienzo, 1836.
(Se trata de una obra reducida realizada por encargo de los duques. Está tan bien hecha que hasta hace poco tiempo se creía obra del pintor Tegeo.)

Jesucristo con la cruz a cuestas, Teresa Nicolau, miniatura, h.1866.
(Inspirada en el cuadro de Sebastiano del Piombo que lleva el mismo nombre y se encuentra en el Prado. La  miniatura obtuvo mención honorífica de primera clase en la Exposición Nacional de 1867. Es muy bonita.)


María Tomasa Álvarez de Toledo y Palafox, Sophie Liénard, retrato en miniatura, porcelana, h.1835.
(Por entonces, los nobles acudían a Francia para conseguir este tipo de retratos, pues en España no había tradición de pintura en miniatura.)

Flores y frutas, María Luisa de la Riva, óleo sobre lienzo, 1887.
(Mención de honor en la Exposición de Bellas Artes de 1887.)

Una perdiz y pimientos, Joaquina Serrano, óleo sobre lienzo, 1875.
(El 6 de julio de 1876 esta obra pasó a formar parte de los fondos del Museo del Prado.)

Desnudo femenino, Aurelia Navarro, óleo sobre lienzo, 1908.
(Este desnudo, tema espinoso para una pintora de entonces, está inspirado en la «Venus del espejo» de Velázquez y obtuvo la tercera medalla en la Exposición Nacional de 1908. Aurelia Navarro dejó la pintura para ingresar en la orden de las Adoratrices.)

El Cid, Rosa Bonheur, óleo sobre lienzo, 1879.
(Los modelos de sus cuadros y esculturas eran animales en libertad —puede que el león de esta imagen se paseara por los jardines de la pintora, pues tenía algunos ejemplares en casa—. La artista recibió, entre otros premios, la Gran Cruz Isabel la Católica, «primer reconocimiento profesional del estado a una artista» y premio entregado solamente a los grandes. Compartió prestigio profesional con sus compatriotas hombres.)

Y hasta aquí voy a llegar, para ver más tendrás que acercarte al Museo Nacional del Prado.

ENLACES RELACIONADOS

Rosario Weiss, la alumna aventajada de Francisco de Goya. Dibujos.

Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana. Dos pintoras del Renacimiento.

Sonia Delaunay. Arte. Diseño. Moda.

Lina Bo Bardi: tupí or not tupí (1946-1992).

Virginia Woolf. “Escritoras. Retrato de mujeres”.

Tres mujeres (Sylvia Plath).

Clara Peeters. Los bodegones y la buena mesa.

Freud en las vanguardias artísticas: “El pensamiento estético en la obra de Freud”.

Las poetas modernistas y posmodernistas hispanoamericanas. Poemas.

Siglo de Oro. Poetisas religiosas.

Poetisas cubanas para el 8 de marzo. Poemas.


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