Muchacha con abanico, bofetón (habilitación que cubre directamente los cigarros).

La litografía cubana del siglo XIX muestra paisajes y costumbres de la vida cotidiana de entonces, en ella aparecen imágenes de puertos con flotas fondeadas, campos sombreados por palmeras y ceibas, centrales azucareros con sus bateyes, mayorales y esclavos, casitas con sus techos de guano…

Las fiestas guajiras, con sus peleas de gallos y su zapateo, los carnavales con sus diablitos rumberos, la moda importada de Europa, las calesas conducidas por cocheros de impolutas libreas, los paseos y avenidas bendecidos por la brisa marina también están presentes en la litografía de la época.


Rostro de mujer en un paisaje campestre con río, bofetón.

La litografía tuvo un marcado carácter comercial desde su inicio. Los empresarios hicieron uso de esta técnica de impresión para hacer publicidad de todo tipo de artículos.

En Cuba, las compañías tabacaleras destacaron en el uso de este arte gráfico, que fue utilizado para imprimir las anillas y las etiquetas de puros y cigarrillos, anillas y etiquetas que en no pocas ocasiones fueron iluminadas a mano, lo que dice mucho de la importancia que para el sector del tabaco tuvo la litografía.

Pero este método de reproducción gráfica también encontró acogida en el arte, hecho que trajo consigo un acontecimiento social relevante: el coleccionismo. La edición en serie y a color, debido a su bajo coste, inundó el mercado de estampas, carteles, libros de viajes, opúsculos, partituras musicales y todo tipo de láminas.

Cora, de Casimiro Álvarez, bofetón.

La litografía cubana del siglo XIX, fusión de neoclasicismo y criollismo, es historia gráfica y nos presenta una visión romántica y costumbrista de la vida isleña.

Las escenas representadas en las litografías del siglo XIX nos trasladan a la Cuba de Juana Borrero (1877-1896), país que la que la vio nacer y la vio partir para no volver.

Los hugonotes, vista (parte interna de la tapa de una caja de cigarros que puede ser, por ampliación, cualquier habilitación que se coloque sobre la misma). Las etiquetas buscaron inspiración, también, en la literatura, la música, la poesía y la mitología.

No es mi intención escribir sobre la corta e intensa vida de nuestra poeta, ni sobre sus dibujos de impronta impresionista. Tampoco es mi propósito comentar su poesía de acento modernista y tono trágico que hechiza. Para el que desee profundizar en su figura recomiendo dos libros: El clavel y la rosa: biografía de Juana Borrero (Belkis Cuza Malé, 1984) y Poesías de Juana Borrero (Fina García Marruz, 1966), aunque existe una amplia bibliografía sobre su vida y su obra.


No me olvides, bofetón.

Juana Borrero tenía diecinueve años cuando murió; por eso es su poesía espejo de una antorcha encendida, de una muchacha perdida en “lúgubres noches” que ansía el “beso de amor imposible”.  Juana no tuvo vida para descubrir la rutina del amor.


Baire, vista. 

Yo deseo que nos imaginemos a Juana caminando por las calles de La Habana abanico en mano, moviendo volantes de muselina, con su cintura abreviada por el corsé y las cintas. Y para conseguirlo acudo a esas fotografías costumbristas que son las litografías cubanas del siglo XIX; y acudo, también, a las etiquetas tabacaleras que hicieron de la figura femenina el mayor de los reclamos publicitarios.

La pequeña introducción que da paso a sus poemas está ilustrada con litografías de marcas de tabaco que forman parte de la colección Cuba Museo. Para la poesía de Juana Borrero he escogido algunas litografías artísticas recogidas en un álbum que poseo con grabados afrancesados de Federico Mialhe (1838-1881), Hipólito Garneray (1787-1858), Isadore L. Deroy  (1797-1886) y Eduardo Laplante (1818-1886), impresores europeos hechizados por las costumbres y por el paisaje de Cuba, tierra de la poeta y tierra mía.

POEMAS

Vista General de La Habana, Hipólito Garneray, h. 1830.

LOS ASTROS

En la callada noche, cuando la sombra extiende
sobre la tierra muda su velo misterioso,
y arriba, en las alturas del éter anchuroso,
sembrado de luceros el firmamento esplende;

mi alma soñadora que al infinito asciende
escucha sumergida en éxtasis dichoso,
hablar de las estrellas su idioma cadencioso
tan dulce, que tan sólo mi espíritu lo entiende.

A mis oídos llega desvanecida y flébil
el eco de esas voces como el murmullo débil
que una dulzura vaga, indefinible encierra.

De su prisión terrena mi espíritu se evade,
y un inefable goce mi corazón invade
sintiéndose tan lejos de la mezquina tierra.

La Alameda de Paula, 1880-1881, Federico Mialhe.

RÊVE

Su voz debe ser dulce y persuasiva
y soñadora y triste su mirada…
debe tener la frente pensativa
por un halo de ensueños circundada.

Su alma genial, cual pálida cautiva
de un astro esplendoroso desterrada,
sueña con una nube fugitiva
y con el traje de crespón de un hada.

Cuando la ronda azul de los delirios
disipa sus nostálgicos martirios
borrando del pesar la obscura huella,

Él se acuerda, en la noche silenciosa,
de aquella virgencita misteriosa
que dejó abandonada en una estrella.

isadoreVista General de La Habana, Isadore L. Deroy, 1840-1860.

LAS HIJAS DE RAN

Envueltas entre espumas diamantinas
Que salpican sus cuerpos sonrosados
Por los rayos del sol iluminados,
Surgen del mar en grupos las ondinas.

Cubriendo sus espaldas peregrinas
Descienden los cabellos destrenzados,
Y al rumor de las olas van mezclados
Los ecos de sus risas argentinas.

Así viven contentas y dichosas
Entre el cielo y el mar, regocijadas,
Ignorando tal vez que son hermosas,

Y que las olas, entre sí rivales,
Se entrechocan de espuma coronadas
Por estrechar sus formas virginales.

Teatro de Tacón, La Habana, Federico Mialhe, 1839-1842. 

APOLO

Marmóreo, altivo, refulgente y bello,
corona de su rostro la dulzura,
cayendo en torno de su frente pura
en ondulados rizos sus cabellos.

Al enlazar mis brazos a su cuello
y al estrechar su espléndida hermosura
anhelante de dicha y de ventura
la blanca frente con mis labios sello.

Contra su pecho inmóvil, apretada
adoré su belleza indiferente,
y al quererla animar, desesperada,

llevada por mi amante desvarío,
dejé mil besos de ternura ardiente
allí apagados sobre el mármol frío!

Puerta de Monserrate, La Habana, Federico Mialhe.

EN EL TEMPLO

Se llena de creyentes el templo solitario
y a los acordes graves del órgano sonoro,
se mezclan en la atmósfera serena del santuario
las voces cristalinas que vibran en el coro.

Entre las blancas nubes que arroja el incensario
miro, con las pupilas nubladas por el lloro,
que el sacerdote humilde, de pie junto al sagrario,
entre las manos puras eleva el cáliz de oro.

Y así como el incienso que ante la imagen flota
impregna de sutiles perfumes el ambiente,
perfuma tu recuerdo mi mente visionaria,

y de mis labios trémulos y suplicantes, brota
tu nombre idolatrado, que vibra dulcemente
mezclado con las frases que forman mi plegaria!

El quitrín, La Habana, Federico Mialhe, 1848.

TE PERTENEZCO…

Te pertenezco, soy tuya
como el fulgor es del astro
como el perfume del pétalo,
como el ave del espacio.

Como la tristeza pálida
es del alma de los nardos,
y es el dolor de la dicha
y es de los ojos el llanto.

Estás en mí, compartiendo
mis pesares ignorados,
viviendo la vida íntima
de mis anhelos nostálgicos.

Siendo en mi mente quimera
y sollozo entre mis labios.
Pero después, ¡qué tristeza
me causó sólo el pensarlo!

Después nuestras almas tristes
tomarán rumbos contrarios,
tú iras a buscar tu muerta
y yo a mi muerto olvidado!…

Del cementerio sombrío
en el dintel solitario
hay dos fantasmas insomnes
que nos están esperando!

Ingenio Manaca, ¿1818?, Eduardo Laplante.

ENSUEÑOS

Cuando se cierran mis cansados párpados
en el sopor dulcísimo del sueño
oigo una voz querida que me nombra…
Voz de un amigo que dejé muy lejos!

Palabras murmuradas en voz baja
que pronuncian mi nombre con misterio,
muy cerca de mi oído… y sin embargo
son voces que han venido de muy lejos!

Entonces me incorporo sollozando,
abro los ojos, pero nada veo,
y no vuelvo a escuchar la voz querida
que me estaba llamando desde lejos!


Valle de la Magdalena, Matanzas, Eduardo Laplante.

ÍNTIMA

¿Quieres sondear la noche de mi espíritu?
Allá en el fondo oscuro de mi alma
hay un lugar donde jamás penetra
la clara luz del sol de la esperanza.
¡Pero no me preguntes lo que duerme
bajo el sudario de la sombra muda…
detente allí junto al abismo, y llora
como se llora al borde de las tumbas!


Juana Borrero, fotografía.

fin

 


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