clara2“El nombre de una mujer despierta dudas hasta que se contempla su obra”.
Artemisa Gentileschi

La pintura exhibe una forma de pensar, nos presenta gustos y costumbres de una época; la pintura es por naturaleza extrovertida, impúdica; le gusta enseñar y hacer ostentación de su sabiduría y, para salirse con la suya, la pintura pone todos sus recursos -texturas, pigmentos, barnices, soportes, técnicas- a disposición del espectador curioso que se acerca a ella para cotillearla.

A mí me encanta ir a los museos y a las exposiciones para hurgar en los lienzos, las tablas, los cobres, los cartones y las instalaciones. Así es como, curioseando los cuadros de la pintora barroca Clara Peeters, descubrí que, de haberme ella invitado a a comer a su casa, hubiese tenido que llevar mis propios cubiertos, pues en el siglo XVII las buenas mesas no disponían de cubertería: cada comensal tenía que llevar sus utensilios -el cuchillo y la cuchara eran los dos cubiertos más estimados.

La pintura de Clara Peeters recrea las mesas de las casas pudientes. Ella pintaba para la realeza, la aristocracia y la burguesía acomodada, que gustaban de adornar los comedores con bodegones; género que se puso de moda en el barroco, época donde las comidas toman protagonismo: todo acto social que se preciara era concluido con un festín de alimentos exóticos servidos en vajillas importadas.

¿Quién era Clara Peeters?

Poco se sabe de ella, lo poco que sus cuadros cuentan. Por las fechas de sus trabajos se ha llegado a la conclusión de que nació sobre 1607 y murió sobre 1621; por los materiales de los soportes de sus pinturas y por algunos objetos que representó -como el cuchillo donde puso su firma y donde aparece el símbolo de la ciudad donde trabajó-, se certifica que nació en los Países Bajos y vivió en Amberes, y que tuvo un marchante que le movió las obras.

También se afirma, pues no ha aparecido ninguna pintura anterior con asuntos semejantes, que fue la primera artista en llevar a los bodegones los temas relacionados con la cetrería y los pescados. Hasta ese momento, esos temas eran asuntos de cuadros de cocinas y mercados -la diferencia entre las pintura de cocina y los bodegones es que en estos últimos no aparecen figuras humanas, además son de formato más pequeño.

Otra cosa que se sabe es que utilizó un método que entonces era habitual para ganar tiempo: el uso de plantillas para dibujar objetos. Ella repetía las piezas en sus cuadros -fuentes, platos, cestos, aves, saleros, conchas, copas…-, les daba tamaños distintos, las combinaba de distinta manera, las emperifollaba de diferentes formas para evitar la sensación de repetición, que tan poco gustaba a los compradores.

Clara Peeters es una de las pocas mujeres pintoras del siglo XVII. Se dedicó a pintar bodegones con quesos, frutas exóticas y nacionales, flores, conchas, aves, pescados, animales venidos de lejos, como monos y loros, vajillas importadas de China, monedas, copas de cristal de estilo veneciano, cuchillos de plata  y jarrones y jarras de plata sobredorada. Las lustrosas jarras las utilizaba para dejar constancia de su autoría, dibujando en el metal -toda una rareza- pequeños retratos suyos.

clara-3Clara Peeters buscaba firmando en los mangos de los cuchillos, en el borde de las mesas de tablones de sus cuadros, dibujándose a sí misma, reconocimiento para su obra y, muy probablemente, protección contra el plagio.

En una sociedad dominada por hombres -aunque las mujeres realizaran labores fuera del hogar, ya sea porque tenían que lavar la ropa en las fuentes, ya sea porque tenían que ayudar a sus maridos con las tareas del campo y del ordeño, ya sea porque eran damas de compañía de señoras de la alta sociedad que se desplazaban con facilidad-, las artistas eran arrinconadas, cobraban por su trabajo bastante menos que sus compañeros de profesión y estaban destinadas, por falta de una educación esmerada, a representar naturalezas muertas y figuras inanimadas.

El dibujo humano requería de estudios superiores que incluían ensayo y repetición;  se aprendía copiando del natural y los modelos eran hombres desnudos o prostitutas; así que las mujeres lo tenían muy difícil, pues estaba terminantemente prohibido para ellas acercarse a modelos desvestidos.

Clara no fue la excepción. De hecho, la figura femenina que se le conoce, en comparación con la calidad de sus bodegones -término que comienza a utilizarse a mediados del XVII-, deja bastante que desear. Sin embargo, Artemisia Gentileschi (1593-1654), contemporánea de Clara, pintora italiana de los comienzos de la Edad Moderna, sí tiene hermosos cuadros con figuras humanas, pues ella aprendió en el taller de su padre, el  pintor caravaggista Orazio Gentileschi (1563-1639), donde posaban modelos desnudos.

Mientras sus contemporáneos -los pintores Jan Brughel el Viejo (1568-1625), Rubens (1577-1640) y Anton van Dyck (1599-1641)- se recreaban con figuras vivas, detallando el movimiento y la tensión de cada músculo, Clara Peeters pintaba hermosos bodegones que, orgullosa, firmaba con su puño y letra; dejando, de paso, impreso su rostro en muchos de ellos, como si de un DNI se tratara (En el detalle de la jarra que da comienzo a esta reseña puedes apreciar seis pequeños autorretratos donde aparece con un pincel en una mano y una paleta en la otra. En el detalle de la jarra de la derecha, en la tapa, puedes observar su cara y su cabeza cubierta con un tocado).

clara-4Volvamos a los bodegones barrocos de Clara Peeters, a sus aves de presa y a sus aves cazadas, a sus crustáceos de conchas espinosas y nacaradas, a sus copas de cristal y sus jarras de peltre, a sus platos chinos de kraak; volvamos a los fondos marrones de sus cuadros, a la minuciosidad de su dibujo, a su falso desorden de la escena, a la simetría de sus composiciones, al sentido de fuga del instante captado (todo lo dispuesto sabemos que será transformado, los alimentos serán devorados, los utensilios manoseados, los manteles ensuciados); volvamos al realismo barroco y digamos adiós al idealismo renacentista.

Sentémonos en la refinada mesa de Clara Peeters y descubramos juntos el menú.

Pero antes  debes saber que:

-Los objetos que encontrarás -cerámicas, monedas, conchas, cuencos, vidrios soplados por artesanos italianos afincados en Amberes…-, eran coleccionados por las clases ricas europeas; pues eran piezas importadas y había ansiedad por adquirirlas.

-La vajilla china de Kraak, azul y blanca y muy fina, era muy apreciada, no tanto por su precio como por su belleza. Felipe II llegó a tener una de las colecciones más grandes en el Monasterio de El Escorial, colección que fue enriquecida por sus descendientes cuando llegó a Europa el café de Arabia y el chocolate de América -cafeteras, chocolateras, coquetas tacitas para beber…

-Los monos eran considerados animales de compañía, así que no te extrañes de encontrarlos comiendo en la misma mesa que tú.

-Los quesos y la mantequilla formaban parte de la comida diaria y eran, incluso, servidos en los postres. Los Países Bajos eran exportadores de productos lácteos.

-La sal era un ingrediente muy, pero muy caro debido a su proceso de extracción. La sal era servida en saleros de plata repujada, o de oro y cristal -en las mesas más modestas los saleros eran de madera.

-El azúcar llegaba desde Brasil, el Caribe, Canarias. De ahí la importancia de los dulces en la mesa. Un anfitrión que ponía terrones de azúcar blanca y pasteles variados, como mazapanes, barquillos y galletas, era un señor pudiente.

-La pimienta, importada desde mucho antes, se servía en cucuruchitos de papel.

-Los pescados eran muy habituales en las mesas, tanto los de salazón como los frescos. Los pescados de río (carpas, lucios, chicharros) en los Países Bajos se consumían frescos, se vendían vivos; los mantenían con vida en tinajas de agua dulce -los españoles que viajaban a esas tierras, flipaban cuando les servían un pescado que, hasta hacía muy poco, nadaba en el barril. Eso era una novedad para ellos.

-Se consumía poca carne y mucho pescado debido a las restricciones eclesiásticas. Los Países Bajos en la época de Clara Peeters estaban bajo el gobierno de Isabel Clara Eugenia, hija del rey cristianísimo Felipe II. Así que los días de ayuno estaban garantizados. Cuando no era por las seis semanas de Cuaresma, era porque el viernes era día de la Crucifixión, el sábado era el día de la Virgen María y tal día era el de un santo o una festividad que impedía que el chuletón llegara a la mesa.

-Las alcachofas se consideraban afrodisíacas y diuréticas. Según un libro de cocina publicado en 1599: “las alcachofas complacen el gusto: provocan orina y Venus”.

-Las granadas, uvas, almendras, higos, pasas, naranjas dulces y aceitunas eran exquisiteces al alcance de muy pocos bolsillos y provenían, fundamentalmente, de España.

-Los vinos blancos eran importados de Francia y de Alemania; los tintos eran españoles o franceses.

-Los cubiertos eran un lujo y, como ya he comentado, había que llevarlos consigo; los cuchillos de plata eran, además, un buen regalo de bodas.

-Los libros de cocina se pusieron de moda, eran auténticos best seller, llegando a publicarse más de ¡100 libros! entre 1450 y 1650.

clara4Los bodegones de Clara Peeters nos cuentan cómo Europa va asimilando la cultura que les llega desde otros sitios del mundo. A partir de mediados del siglo XVI las ciencias naturales avanzan a pasos agigantados. América revela plantas y animales que los europeos desconocían y los artistas se especializan en dibujar los detalles de las nuevas especies, pues son necesarias las ilustraciones para acompañar los textos didácticos que serán editados.

Esta novedad  dará paso a una nueva etapa en la pintura, la del género de los bodegones.

Tras el brillo de los metales de sus jarras y jarrones, como si de un visillo se tratara, discreta, pero atenta a tu visita, disimulada, se encuentra Clara Peeters, pintora de bodegones donde la mesa, la cetrería y los pescados se imponen.

El Museo Nacional del Prado, que tiene en su fondo permanente cuatro de las casi cuarenta obras que se conservan de la pintora, ha organizado una exposición que recoge sus bodegones. Una sala pequeña y muy bien montada da homenaje a Clara Peeters y reconcilia al Prado con los tiempos modernos, pues se trata del primer monográfico dedicado a una mujer en este Museo.

He clasificado los bodegones de la flamenca  Clara Peeters en tres temas: cetrería, pescados y mesa. A continuación les dejo dos cuadros por cada tema. Fíjense cómo se repiten algunos objetos, cómo ella los distribuye de diferente manera, cómo rompe la monotonía, cómo se esfuerza para que cada cuadro sea diferente. Y fíjense en la pulcritud de su dibujo, en los bordes de las vajillas, en las cáscaras de las nueces y las texturas de las conchas, en la siluetas definidas de sus pinturas que dan ese toque tan alejado del idealismo renacentista y que define el realismo naturalista barroco.

La exposición sobre Clara Peeters es una auténtica joya que no debieras perderte si puedes visitarla. Aquí solo encontrarás una muestra, pero para ver al mono que se zampa las traslúcidas uvas, el cucurucho de la pimienta -se usaban viejos papeles de almanaques o facturas- y los demás cuadros, tendrás que acudir al Prado.firma gabriela6

CETRERÍA

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Bodegón con gavilán, aves, porcelana y conchas, óleo sobre tabla, 1611.
Se encuentra en el Museo Nacional del Prado. Este gavilán euroasiático se usaba para la cetrería. Ver cómo consigue diferentes texturas, cómo contrastan los rígidos platos de porcelana con los cuerpos blandos y desparramados de las aves muertas. Los toques rojizos son típicos de la escuela flamenca, que aportó luz y color a la oscura paleta barroca española. El punto de color está a la derecha, lo proporcionan las conchas, el camachuelo rojo y la cabeza verde del ánade. Es una pintura que consigue movimiento.

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Bodegón con halcón peregrino y su presa, óleo sobre tabla, hacia 1612.
Se encuentra en Amberes y es de una colección particular. Se cree que en este cuadro participó algún ayudante, pues no tiene la fina terminación del anterior -se distinguen diferencias entre la ejecución de unas aves y otras en la misma tabla-. Desde la Edad Media, la cetrería era una actividad exclusiva de la realeza y la nobleza. Isabel Clara Eugenia era amante de este deporte. Le gustaba la caza con aves (en el Prado hay un cuadro de Brueghel el Viejo donde aparece cazando) y decretó unas constituciones para reafirmar que solamente la nobleza podía realizar esta actividad, que debía llevarse a cabo sólo con la utilización de aves y perros de caza. El halcón peregrino que aparece en este cuadro se utilizaba como cebo para atraer a las aves; en este caso vemos estorninos, pinzones, camachuelos, becadas. ¡Pobrecitos, hasta muertos son lindos!

PESCADOS 

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Bodegón con pescado, vela, alcachofas, cangrejos y gambas, óleo sobre tabla de roble, 1611.
Se encuentra en el Museo Nacional del Prado. En el tapón de la jarra de la derecha, en pequeñito, aparece su autorretrato. Los fondos ocres, oscuros, son típicos del barroco. Aquí juega con las formas de los orificios del colador y la espumadera, las escamas de los peces muertos, las formas triangulares y espinosas de las alcachofas y el diseño rayado de la jarra donde se retrata. Los crustáceos están cocidos, pues son rojos. Todo aparenta realidad. Las piezas están meticulosamente colocadas para ser pintadas. Pero no se trata de una copia, es fantasía, es arte.
Este es el primer bodegón con pescado que se conoce.

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Bodegón con pescado y gato, óleo sobre tabla, hacia 1612-1613.
Museo de Washington. El gato era una animal de compañía, o un animal callejero muy común; en este caso el gato aporta a la escena dramatismo. Parece que acaba de saltar a la mesa, aún no ha mordido el pescado que tiene atrapado, pero se siente observado, está mosqueado; es como si no supiera qué hacer, si salir por patas dejando el botín o llevarse la presa consigo. Este detalle es muy barroco, describe la fugacidad del momento, en nada cambiará esta escena. Clara pintó un gato vivo, la figura no está del todo conseguida, el cuerpo es muy grueso, las patas muy grandes, pero tiene una gran expresividad en su mirada. Los pescados que aparecen son de agua dulce, menos las ansiosas anguilas, que se las pasan yendo y viniendo del mar a los ríos.

LA BUENA MESA (En vez de dos, incluyo tres cuadros)

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Mesa con mantel, salero, taza dorada, pastel, jarra, plato de porcelana con aceitunas y aves asadas, óleo sobre tabla, hacia 1611.
Se encuentra en el Museo Nacional del Prado. Aquí encontramos el tan preciado salero, el cuchillo con su firma, el plato chino y la jarra de cerámica, donde se dibuja en la tapa. El mantel era lo más de lo más, aquí lo vemos con las líneas de haber estado doblado, es de damasco de lino y era un objeto que se exportaba desde Flandes -en los Países Bajos, el comercio de telas era una de las mayores fuentes de ingreso, junto con los quesos y el pescado en salazón-. Las aceitunas eran apreciadas porque aportaban caché a la mesa y por su capacidad para abrir el apetito.  Las aves de caza demuestran que ésta era una mesa noble y los pasteles con cortezas decorados comienzan a producirse a finales del siglo XVI. ¡Cuántas curiosidades se aprenden contemplando un cuadro!

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Bodegón con frutas y flores, óleo sobre cobre, hacia 1612-1613.
Museo de Oxford. Se conocen cuatro cuadros donde utiliza el cobre, este es uno de ellos. En él aparecen una mosca, posada en el jarrón de la izquierda, y un grillo en primer plano, a la derecha; era una forma de dotar a la pintura de ilusionismo. En una de las monedas aparece el busto de Felipe II, pero aquí no se observa. En la jarrita gótica de la derecha se autorretrató; esta vez vestida con tocado y cuello alto. Esta jarra, al igual que la cesta, el cuchillo, las monedas, el jarrón de la izquierda, el plato de peltre, el frutero de plata sobredorada, y las frutas y las gambas aparecen en otros cuadros suyos.

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Bodegón con dulces, granada, copa dorada y porcelana, óleo sobre tabla, hacia 1612.
Colección particular. He decido en esta sección poner tres cuadros porque esta obra resume muy bien todo lo dicho anteriormente; todo los alimentos que aquí encontramos -almendras, higos secos, granada, azúcar (terroncitos y bastoncitos blancos que aparecen en el primer plano a la derecha)-, eran traídos de fuera y representan el estatus social de los anfitriones de esta mesa; así como la variedad de dulces que se ofrecen -el barquillo sólo se reservaba para las ocasiones especiales-. Además, los objetos que aparecen eran también motivos de colección -el plato y el cuenco kraak y la copa sobredorada, que también se regalaba.
En primer plano, a la derecha, sobre el barquillo, aparece un dulce con forma de P, la P del apellido de Clara Peeters.

fin


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