LA COMEDIA DEL ARTE, LA IMPROVISACIÓN Y LA POLÍTICA DE HOY

comedia del arte7INTRODUCCIÓN

Un pequeño reportaje, realizado en la cátedra de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Madrid y emitido por una cadena de televisión, trajo a mi memoria los espectáculos de la Comedia del Arte —arte en su sentido medieval: como espejo de habilidad.

En el corto, aparecen cuatro alumnos del tercer curso de la carrera de Ciencias Políticas. Los jóvenes, afiliados a partidos políticos diferentes, están sentados en un aula y deben responder a una  pregunta: «¿Qué ha hecho mal su partido para que España tenga que pasar por unas nuevas elecciones?».

Las respuestas muestran  falta de criterio individual, son una repetición barata de los eslóganes publicitarios de sus mediocres líderes. Y, por supuesto, ninguno de los encuestados reconoce las deficiencias de su formación. La responsabilidad del desastre recae siempre sobre los demás.

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EL TEATRO Y LA POLÍTICA

El teatro y la política están condicionados al público. La representación teatral depende de una serie de recursos técnicos que garantizan el éxito o el fracaso de una puesta en escena; de esos medios seleccionaré uno para la reflexión que hoy hago en voz alta. El recurso elegido es la improvisación, característica distintiva de la Comedia del Arte.

¿Por qué? Porque sin improvisación no hay naturalidad, no hay frescura, no hay vidilla sobre el escenario y, por tanto, no hay posibilidad de comunicación inmediata. Sin improvisación no hay participación directa del público, que se vuelve pasivo ante el espectáculo. Pero improvisar no es asunto fácil, pues para conseguir esa conexión tan deseada, entre el actor y su público, es requisito fundamental la dramaturgia del actor. 

El teatro convencional parte de un texto o guion cerrado —diálogo, monólogo— que no admite cambios ni modificaciones. En el teatro clásico sólo lo externo —música, escenografía, decorado, interpretación— puede ser alterado hasta cierto punto, pues la escenificación es dependiente de la introducción, el nudo y el desenlace de la obra escrita. ¿Qué sucede con este tipo de puestas en escena? Pues que, en la medida en que transcurren las funciones, va perdiendo frescura.

La forma tradicional de hacer teatro y la política no se llevan bien; sin embargo, es la forma tradicional la que prevalece en las campañas electores, donde actores-políticos no son capaces de salirse de su machacona idea, mostrando una torpeza absoluta a la hora de reajustar su guion a lo que sucede en un escenario vivo. De ahí la desconexión entre ellos y entre ellos y el público. Los actores-políticos tienen que meterse, para no fracasar, en la línea de acción de sus antagonistas y para ello deben aprender a interactuar, porque la improvisación es una técnica.

La comunicación se consigue, en un teatro interactivo como es el de la política, mediante la improvisación. Un político que suelta una y otra vez el mismo discurso, termina pareciendo no un experimentado representante del pueblo, sino un ignorante malicioso y aburrido.

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LA IMPROVISACIÓN EN LA COMEDIA DEL ARTE

Improvisación significa naturalidad para expresar sentimientos, significa capacidad de respuesta, habilidad para solucionar los problemas que se presentan en un escenario, ya sea teatral o político.

Improvisación significa trabajo de mesa, división de tareas, organización. Para dominar la escena, partiendo de la improvisación, es necesario conocer técnicas teatrales, argucias para salir de situaciones comprometidas sin perder el argumento; pues el diálogo tiene que atravesar todos los puntos de acción marcados siempre por la idea principal. Por tanto, improvisación no es parecer espontáneo. No es tener habilidad para soltar ocurrencias. No.

Improvisación, y esto lo sabían los cómicos de la Comedia del Arte, implica trabajo, estudio, lectura, conocimiento profundo de la materia que será moldeada en público. Decía Molière a sus actores: «se trata de conocer el sentido, el tema de lo que se debe decir; (pues) lo demás se puede suplir con presencia de espíritu».

La improvisación es un recurso que tiene el actor para dar vida a su actuación, para provocar expectación en el público. ¡Para no aburrir!

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La Comedia del Arte tuvo buenos actores que no sabían leer, pero eran lo suficientemente avispados como para aprender mediante la observación, el contacto con las noticias de actualidad, la lectura en voz alta de los otros y sus experiencias vitales.

En la Comedia del Arte se trabajaba en grupo. Los actores sabían cuándo debían dar pie a otro cómico, independientemente de los diferentes personajes y de sus situaciones. Todos estaban pendientes de lo que se decía y hacía para poder responder en el momento adecuado, y de forma adecuada, a la situación y al tema tratado. Es decir, había compenetración entre ellos, de manera que se ayudaba al compañero a intervenir a tiempo para no perder el ritmo, el movimiento escénico, la chispa  —otro ejercicio difícil para nuestros políticos de hoy, tan creídos de sí mismos que se vuelven sordos, incluso, para sus propios socios de partido.

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Resumiendo, la improvisación tiene mucho que ofrecer a la política; pero la improvisación no depende del dedo de Dios. Detrás de la velocidad en la réplica, de la creatividad que lleva a ocurrencias que conecten con el público=votante, detrás de la necesaria división del trabajo, detrás del argumento que todos deben defender, siempre hay un esquema, una idea principal, una acción transversal —como diría Stanislavski— que pasa por las aspiraciones, los códigos de comunicación y las necesidades del espectador=pueblo.

Las  compañías de la Comedia del Arte consiguieron tanto éxito porque supieron representar, bajo el engañoso manto de la improvisación —engañoso, digo, porque no era ni fantasioso ni espontáneo—, los problemas que afectaban a su público, entreteniéndolo.

Detrás de aquellos actores había capacidad de memorización, había oficio y había intuición; herramientas de trabajo conseguidas mediante el aprendizaje y el conocimiento profundo de la cultura popular —otra cosa más de la que suelen adolecer nuestros políticos.

La improvisación en la Comedia del Arte fue el mecanismo que encontraron los actores para sortear la censura inquisitorial que, por entonces, estaba en su apogeo debido a los conflictos entre católicos y protestantes. No hay textos porque no se escribían; sólo se partía, como he señalado, de un esquema bien aprendido. Y, a partir de ahí, el discurso escénico quedaba en manos de los actores y de sus capacidades para llevar a buen puerto la representación.

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Vivimos en democracia, eso afirman los partidos políticos y los medios de comunicación, aunque yo no lo tengo tan claro. Siempre he pensado que la democracia es como la cuerda de atar que le pongo a mis perros. Les da cierta movilidad, la suficiente como para creerse libres; pero si tiran mucho de ella —y esto suele pasar— terminan descubriendo que su libertad depende de lo larga que sea la cuerda y de la mano que la sujeta.

Vivimos en democracia, se supone que no existe censura y que todos tenemos libre acceso a la cultura; sin embargo, mientras más acceso menos cultura se reclama por parte de la sociedad.

Y así nos hemos ido rodeando de malas copias de arlequines, polichinelas, colombinas, brighellas, pantalones, capitanos y enamorados de tres al cuarto. Gentes desprovistas de talento, desidiosas, astutas, ignorantes, de escaso verbo y larga verborrea, sibaritas del sushi, dispuestos a engañar y a ser engañados, enemigos del talento y de las buenas maneras que acaparan sin piedad los debates, lloriqueando nuestros votos… sin currárselos.

A todos esos políticos, y a quiénes pretendan serlo, les sugiero el estudio de la improvisación como lo hacían los actores de la Comedia del Arte. Al fin y al cabo, política y teatro van unidos de la mano: en ambos se necesitan actores, ideas y público para la ilusión, que en el hombre se traduce en comunicación. Hablo de puestas en escena adecuadas a los contenidos; otra cosa, y más grave, es la falta de ideas.

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firma gabriela3

ENLACES RELACIONADOS

Ibsen. “Un enemigo del pueblo”. Incluye la película.

Nota sobre la supresión general de los partidos políticos (Simone Weil). Incluye una síntesis del ensayo.

1984. Película (adaptación cinematográfica de Orson Welles).


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