LA FIGURITA DE BARRO

«… Y cantarán las sirenas en aquellos lugares que fueron consagrados al deleite».
Isaías (13:22)

Fondo marino, Arturo Buergo, tinta sobre papel, 1958.

 

LA FIGURITA DE BARRO

La figurita de barro escuchó a las sirenas y supo que aquellos bellos acordes iban dirigidos a ella. Con paso inseguro, la figurita de barro se dirigió al islote de coral, donde aquellas damas cantarinas, de los óleos de Klimt, la sepultarían bajo sus colas tornasoladas. Mientras… sus pupilas, en un último servicio, reflejaban los espinos florecidos de los acantilados.

No hubo estertor. No hubo gritos. No hubo gaviotas ávidas de pesca: sólo el silencio fue interrumpido por el batir de las alas de un ángel embriagado por la brisa marina.

¡Oh…!, pero todo es fantasía. Imaginación…, sueño. La figurita de barro sabe que la entrega del último aliento a la ausencia, que la ofrenda del ánfora de lo que pudo haber sido —lo más apreciado por la muerte— eternamente será un paso agitado… y solitario.

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