¿Maullará el gato de cuerda al loro enjaulado? ¿Montará la niña nuevamente su corcel de madera blanco? ¿Aspirará el aroma de la conjunción de canela, leche y limón? ¿Danzará la bailarina en la cajita de música su única canción?

Ella está leyendo ayeres resguardados. Aún no ha llegado a las páginas del diario que recogen un listado de manzanas mordidas, alta cosmética y fajas por encargo.

(Se intuyen ángeles en el verde azulón de las paredes.)

Repentinamente, una rama araña la ventana y el tiempo, hasta ahora entretenido, destruye las señales del pasado.

Huyen por las pupilas de la lectora las presencias de antaño: el caballo de madera, el loro enjaulado, el gato de cuerda y la voz persistente que suplica: -Martha, bebe, llegaremos tarde -un vaso en la mano, pecas y una alianza de oro yaciendo en los finos dedos de la madre.

(El diario se cierra, los ángeles de las paredes vuelan y los años aireados deambulan desamparados.)

La lectora, Odilon Redon, pastel sobre papel, 1895-1900.


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