domingo , 22 julio 2018
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Poesías inspiradas por la mar. Lírica y piélago.

caballito1Las aguas de los mares y de los océanos lo mismo seducen que enfurecen, mas nunca se deslizan ignoradas.

Lo saben los poetas y lo saben los pintores, que se han visto sacudidos por las olas y humedecidos por la espuma de los mares.

Mares ladrones de nubes y glotones de barcas, que al cielo calcan para trajearse y así, vestidos de azules infinitos, en paradoja constante, arrebatar al hombre la vida ofreciéndole bonanzas.

Para estas fechas veraniegas he escogido poemas que acarician los sentidos, dejando para el invierno los versos que aúllan con el viento. Pues es época de brisas y no de tormentas, de arrullos y no de torbellinos. Época de ondas saladas, sí, pero de estío, guardemos para el invierno los rugidos.

Acompañan los poemas las pinturas del valenciano Joaquín Sorolla.

firma gabriela6

sorolla15

Idilio, Jávea, 1900.

TUS GRITOS Y MIS GRITOS EN EL ALBA (GABRIEL CELAYA).

Tus gritos y mis gritos en el alba.
Nuestros blancos caballos corriendo
con un polvo de luz sobre la playa.

Tus labios y mis labios de salitre.
Nuestras rubias cabezas desmayadas.

Tus ojos y mis ojos,
tus manos y mis manos.
Nuestros cuerpos
escurridizos de algas.

¡Oh amor, amor!
Playas del alba.

sorolla14

El Cabo de San Antonio, Jávea, 1985.

CALMA (ELISEO DIEGO).

Este silencio,
blanco, ilimitado,
este silencio
del mar tranquilo, inmóvil,

que de pronto
rompen los leves caracoles
por un impulso de la brisa,

Se extiende acaso
de la tarde a la noche, se remansa
tal vez por la arenilla
de fuego,

la infinita
playa desierta,
de manera

que no acaba,
quizás,
este silencio,

nunca?

sorolla3Saliendo del baño, óleo sobre lienzo, 1915.

Y SIN EMBARGO SÉ QUE SON TINIEBLAS (FINA GARCÍA MARRUZ).

Y sin embargo sé que son tinieblas
las luces del hogar a que me aferro,
me agarro a una mampara, a un hondo hierro
y sin embargo sé que son tinieblas.

Porque he visto una playa que no olvido,
la mano de mi madre, el interior de un coche,
comprendo los sentidos de la noche,
porque he visto una playa que no olvido.

Cuando de pronto el mundo da ese acento
distinto, cobra una intimidad exterior que sorprendo,
se oculta sin callar, sin hablar se revela,

comprendo que es el corazón extinto
de esos días manchados de temblor venidero
la razón de mi paso por la tierra.

sorolla16

Rocas y bote blanco, Jávea, 1905.

SONETOS EN MI ISLA (MANUEL DÍAZ MARTÍNEZ).

1. En los cangilones del litoral, al atardecer.

Quédese el mar en este cuenco umbrío
al que viene a yacer, ola tras ola,
cada tarde de efímera amapola
y nácar de mojado calosfrío.

Que se quede a vivir este mar mío,
sin el furor de su arponeada cola,
en la sed de la rota caracola,
en el cáliz de musgo en que lo ansío.

Quiero, aquí donde quiebra su estatura
repartiendo en espejos su frescura,
tocar su cristalina desmesura.

¡Qué más quisiera yo, que más querría
que me inundase el mar de la armonía
con que inunda este cuenco la ola fría!

sorolla2

El balandrito, óleo sobre lienzo, 1909.

JUNTO AL MAR (JOSÉ HIERRO).

Si muero, que me pongan desnudo,
desnudo junto al mar.
Serán las aguas grises mi escudo
y no habrá que luchar.

Si muero que me dejen a solas.
El mar es mi jardín.
No puede, quien amaba las olas,
desear otro fin.

Oiré la melodía del viento,
la misteriosa voz.
Será por fin vencido el momento
que siega como hoz.

Que siega pesadumbres. Y cuando
la noche empiece a arder,
Soñando, sollozando, cantando,
yo volveré a nacer.

sorolla17

El baño, Jávez, 1905.

CANCIÓN DE PESCADORAS (GABRIELA MISTRAL).

Niñita de pescadores
que con viento y olas puedes,
duerme pintada de conchas,
garabateada de redes.

Duerme encima de la duna
que te alza y que te crece,
oyendo la mar-nodriza
que a más loca mejor mece.

La red me llena la falda
y no me deja tenerte,
porque si rompo los nudos
será que rompo tu suerte…

Duérmete mejor que lo hacen
las que en la cuna se mecen,
la boca llena de sal
y el sueño lleno de peces.

Dos peces en las rodillas,
uno plateado en la frente,
y en el pecho, bate y bate,
otro pez incandescente…

sorolla10

El baño del caballo, óleo sobre lienzo, 1909.

OCASO (MANUEL MACHADO).

Era un suspiro lánguido y sonoro
la voz del mar aquella tarde… El día,
no queriendo morir, con garras de oro
de los acantilados se prendía.

Pero su seno el mar alzó potente,
y el sol, al fin, como en soberbio lecho,
hundió en las olas la dorada frente,
en una brasa cárdena deshecho.

Para mi pobre cuerpo dolorido,
para mi triste alma lacerada,
para mi yerto corazón herido,

para mi amarga vida fatigada…
¡el mar amado, el mar apetecido,
el mar, el mar, y no pensar nada…!

sorolla11

El pescador, óleo sobre lienzo, 1904.

PLAYA (MANUEL ALTOLAGUIRRE).
A Federico García Lorca.

Las barcas de dos en dos,
como sandalias del viento
puestas a secar al sol.

Yo y mi sombra, ángulo recto.
Yo y mi sombra, libro abierto.

Sobre la arena tendido
como despojo del mar
se encuentra un niño dormido.

Yo y mi sombra, ángulo recto.
Yo y mi sombra, libro abierto.

Y más allá, pescadores
tirando de las maromas
amarillas y salobres.

Yo y mi sombra, ángulo recto.
Yo y mi sombra, libro abierto.

sorolla9

Barcas varadas, óleo sobre lienzo, 1910.

EL NEGRO MAR (NICOLÁS GUILLÉN).

La noche morada sueña
sobre el mar;
la voz de los pescadores
mojada en el mar;
sale la luna chorreando
del mar.

El negro mar.

Por entre la noche un son,
desemboca en la bahía;
por entre la noche un son.

Los barcos lo ven pasar,
por entre la noche un son,
encendiendo el agua fría.
Por entre la noche un son,
por entre la noche un son,
por entre la noche un son. . .

El negro mar.

-Ay, mi mulata de oro fino,
ay, mi mulata
de oro y plata,
con su amapola y su azahar,
al pie del mar hambriento y masculino,
al pie del mar.

sorolla8

Niña en la playa, óleo sobre lienzo, 1910.

LA NIÑA QUE SE VA AL MAR (RAFAEL ALBERTI).

¡Qué blanca lleva la falda
la niña que se va al mar!

¡Ay niña, no te la manche
la tinta del calamar!

¡Qué blancas tus manos, niña,
que te vas sin suspirar!

¡Ay niña, no te las manche
la tinta del calamar!

¡Qué blanco tu corazón
y qué blanco tu mirar!

¡Ay niña, no te los manche
la tinta del calamar!

sorolla4

Pescadores valencianos, óleo sobre lienzo, 1895.

MUY SERENA ESTÁ LA MAR (GIL VICENTE).

Muy serena está la mar,
¡a los remos, remadores!
¡Esta es la nave de amores!

Al compás de las serenas
cantarán nuevos cantares,
remaréis con tristes penas
vuesos remos de pesares;
ternéis suspiros a pares
y a pares los dolores:
esta es la nave de amores.

Y remando atormentados,
hallaréis otras tormentas
con mares desesperados
y desastradas afrentas;
ternéis las vidas contentas
con los dolores mayores:
esta es la nave de amores.

De remar y trabajar
llevaréis el cuerpo muerto,
y al cabo del navegar
se empieza a perder el puerto;
aunque el mal sea tan cierto,
¡a los remos, remadores!
¡Esta es la nave de amores!

sorolla7

Bajo el toldo. Zarauz, óleo sobre lienzo, 1910.

LA PESCA EN EL MAR (GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA).

¡Mirad!, ya la tarde fenece…
La noche en el cielo
Despliega su velo
Propicio al amor.

La playa desierta parece;
Las olas serenas
Salpican apenas
Su dique de arenas,
Con blando rumor.

Del líquido seno la luna
Su pálida frente
Allá en occidente
Comienza a elevar.

No hay nube que vele importuna
Sus tibios reflejos,
Que miro de lejos
Mecerse en espejos
Del trémulo mar.

¡Corramos!… ¡Quién llega primero!
Ya miro la lancha…
Mi pecho se ensancha,
Se alegra mi faz.

¡Ya escucho la voz del nauclero,
Que el lino despliega
Y al soplo lo entrega
Del aura que juega,
Girando fugaz!

¡Partamos! La plácida hora
Llegó de la pesca,
Y al alma refresca
La bruma del mar.

¡Partamos, que arrecia sonora
La voz indecisa
Del agua, y la brisa
Comienza de prisa
La flámula a hinchar!

¡Pronto, remero!
¡Bate la espuma!
¡Rompe la bruma!
¡Parte veloz!

¡Vuele la barca!
¡Dobla la fuerza!
¡Canta, y esfuerza
Brazos y voz!

Un himno alcemos
Jamás oído,
Del remo al ruido,
Del viento al son,

Y vuele en alas
Del libre ambiente
La voz ardiente
Del corazón.

Yo a un marino le debo la vida,
Y por patria le debo al azar
Una perla -en un golfo nacida-
Al bramar
Sin cesar
De la mar.

Me enajena al lucir de la luna
Con mi bien estas olas surcar,
Y no encuentro delicia ninguna
Como amar
Y cantar
En el mar.

Los suspiros de amor anhelantes
¿Quién, ¡oh, amigos!, querrá sofocar,
Si es tan grato a los pechos amantes
A la par
Suspirar
En el mar?
¿No sentís que se encumbra la mente
Esa bóveda inmensa al mirar?

Hay un goce profundo y ardiente
En pensar
Y admirar.
En el mar.

Ni un recuerdo del mundo aquí llegue
Nuestra paz deliciosa a turbar;
Libre el alma al deleite se entregue
De olvidar
Y gozar
En el mar.

¡Prestos todos!… ¡Las redes se tiendan!
¡Muy pesadas las hemos de alzar!
¡Prestos todos, los cantos suspendan,
Y callar
Y pescar
En el mar.

sorollal12

El niño de la barquita, óleo sobre lienzo, 1904.

SE ALEGRA EL MAR (JOSÉ GOROSTIZA).
A Carlos Pellicer.

Iremos a buscar
hojas de plátano al platanar.

Se alegra el mar

Iremos a buscarlas en el camino,
padre de las madejas de lino.

Se alegra el mar

Porque la luna (cumple quince años a pena)
se pone blanca, azul, roja, morena.

Se alegra el mar.

Siete varas de nardo desprenderé
para mi novia de lindo pie.

Se alegra el mar.

Siete varas de nardo; sólo un aroma,
una sola blancura de pluma de paloma.

Se alegra el mar.

Vida -le digo- blancas las desprendí, yo bien lo sé,
para mi novia de lindo pie.

Se alegra el mar.

Vida -le digo- blancas las desprendí.
¡No se vuelvan oscuras por ser de mí!

Se alegra el mar.

fin


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