LA MESA DE NAVIDAD

«¿Por qué meter los ojos en la sopa?»

Manuel y Pilar, mis abuelos, de paseo con mi padre.

 

LA MESA DE NAVIDAD

A mi padre Manuel Amado Díaz Martínez, autor del poema «La cena».

Hoy sopla el viento con fuerza y doblega las ramas del roble, ansioso de primaveras. Es un día especial, es día de Navidad y la nostalgia —achaque de adultos— me ha hecho voltearme, un año más, hacia el pasado. He atravesado el umbral de mi viejo hogar, donde las arañas han tejido una mortaja para el abandono.

El hogar de mi infancia parece una tumba vacía. Los tinajones, coronados antes por los helechos , están agrietados y los parterres de guacamayos amontonan tierra inerte. Un chorrito de agua incesante ha dejado en el lavadero una marca herrumbrosa de forma indefinida.

Cada Navidad acudo a esta cita con mi infancia. Y cada Navidad siento en ese espacio, aparentemente colmado de ausencias, a mis gatos ronronear y a mis perros restregarse entre mis piernas.

No hay 25 de diciembre que no sea víctima de un trampantojo. Los runrunes que escucho no los logra apagar el aire que, violento, se estrella contra las ventanas. Es un susurro que atraviesa el divino silencio, que me invita a sentarme a una mesa servida con fuentes donde el congrí, el puerco y la yuca alardean de ser los platos más aromatizados del banquete —gracias, claro está, al ajo.

En este día del año hay una luz propia que alumbra experiencias que el tiempo nos ha hurtado. Una llama que enciende recuerdos ocultos en los recovecos del alma. Algo misterioso ocurre en las Pascuas. Se despierta lo que duerme, porque nada ha sido olvidado.

Cada Navidad, con el árbol adornado y rodeado de regalos, bellamente envueltos, con las lucecitas de las guirnaldas, refulgiendo en las copas servidas de rubí encarnado, y con el viento inquieto, porque advierte el peligro que lo acorrala, regresamos al pasado para convertirnos en personajes literarios de una infancia —la nuestra— escondida en la nostalgia.

Y, mudados en niños, compartimos sopas con nuestros muertos escarchados… y de carnosos nombres. 

Nota: Publicado en Linden Lane Magazine, vol.40, 4. Invierno, 2021.

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