En la orilla del río croan las ranas, chirrían los grillos y los abetos son pajareras.

Sobre el río silencioso planean las águilas.

Se escuchan cuernos de caza y agudos lamentos de cervatillos.

A media tarde, el búho, que habita cerca del río, se despereza; ulula y augura el traje que arropará a la noche.

Ha llegado el momento. Sin hacer ruido, una sombra se marcha.

Volverá mañana a ofrendar sus lágrimas.

¿Vestida de novia, de viuda, de náyade, de alma en pena?

Aseguran que una corona de oro aflora en el río cuando su llanto desaparece en las aguas.

-¡Es el Rey! -afirman- ¡Y la besa!

Las aceras sorben las huellas húmedas que los botines aplastan.

-¡Oiga, espere un momento! -dice una voz-. En el río no hay ni corona ni rey, sólo saltan truchas en el agua.

Mirando fijamente al brujo le contesto:

-No creo en hechiceros. Regresaré mañana.

Abandonan las nutrias sus madrigueras, cae la noche y la rosa púrpura muere con ella.

 


Compártelo con tus amigos: