“…Volveré a mi rincón de los Desamparados. Y ahora el Eresma seguramente no suena, pues, según me dicen, se ha helado el pobrecillo.”
Antonio Machado en carta a Guiomar.


Calle de los Desamparados, Lope Tablada de Diego, óleo, 1947.

En una callecita estrecha y empinada, protegida por fachadas de edificios de piedra que acumulan años y años de experiencia, se encuentra un pequeño jardín que da paso a una finca que alberga un museo en el sitio donde antes hubo una pobre pensión. Esa callecita, que se encuentra en Segovia, se llama Desamparados y en ella vivió, durante doce años, Antonio Machado.


María Luisa Torrego sentada en la escalera que da acceso a la pensión.

María Luisa Torrego adquirió la casa a principios del siglo XX con la intención de dar hospedaje y así poder mantener a sus hijos. Doña Luisa era viuda y cobraba al poeta sevillano, que allí se mudó el 25 de noviembre de 1919 y que allí se quedó hasta 1931, tres pesetas y media al día por pensión completa. En su cocina de hierro, con carbón y leña, preparaba los guisos de sus inquilinos. Doña Luisa tenía dos arrendatarios más, dos personas que compartían espacio con Antonio Machado: uno era funcionario del catastro y el otro lo era de hacienda.


El costurero de Doña Luisa.

De los huertos con olor a limoneros y naranjos, de los aires parisinos y bohemios de Soledades. Galerías. Otros poemas (1907), Antonio Machado pasó a las tierras de las encinas y de los pinares, tierras inspiradoras de Campos de Castilla (1912). Fue Soria, a donde llegó como profesor en 1907, quien le descubrió “lo esencial castellano”. Fue el Duero quien le presentó “Al olmo viejo, hendido por el rayo / y en su mitad podrido (…)”. El poeta llegó a Soria en 1907 para ejercer su profesión de maestro y allí fue donde conoció a Leonor Izquierdo, muchacha que lo enamoró y con la que se casó.

El hogar donde hervía la olla que alimentaba al poeta.

A Baeza llegó en 1912, luego de fallecer su esposa Leonor. La vida en Baeza, sitio donde también fue maestro, se encargó de reafirmar sus convicciones políticas fundamentadas en la realidad social de su época. En Baeza no le fue mejor como profesor. Desde allí escribió a Miguel de Unamuno en 1913:  “(…) es  la comarca más rica de Jaén, y la ciudad está poblada de mendigos y de señoritos arruinados en la ruleta”.


Utensilios de aseo que se encuentran en su habitación.

Siete años pasó en Baeza antes de saltar al destino que nos ocupa hoy: Segovia. Esta vez impartiría clases de francés como catedrático en el Instituto General y Técnico. Cuando Antonio Machado pisa Segovia es un republicano convencido de la miseria ávida que invade Castilla como una drosera regia. Machado es un hombre dispuesto a cambiar las cosas, un hombre que comprende la urgencia de dar herramientas al pueblo, herramientas que le permitan pensar, porque el conocimiento conduce a la libertad.


Su cuarto.

Y es así como, nada más llegar a Segovia, se sumó al proyecto de la Universidad Popular Segoviana (1919-1955) iniciado por los intelectuales y profesionales del lugar. La Universidad, además de las clases que tenía reglamentadas, ofrecía conferencias, cursillos, exposiciones y conciertos. La primera exposición se organizó en 1922 y estuvo dedicada a los niños hambrientos de Rusia. Esta Universidad impartía clases de aritmética, higiene del hogar, puericultura, elementos de construcción, lectura y escritura, francés (Machado), dibujo aplicado a Artes y Oficios…

La pensión donde vivió.

Antonio Machado preparó sus clases, escribió sus libros, amó a la poeta Pilar de Valderrama Alday (su Guiomar) y trabajó en levantar la Universidad Popular entre la sencilla pensión de Doña Luisa y las tertulias organizadas en el café Castilla y el taller del ceramista Fernando Arranz (1897-1967). Desde la capital segoviana, cada fin de semana, Machado cogía un tren que lo acercaba a Madrid donde familiares y amigos lo esperaban.

En el museo que en este lugar se ha instalado están los enseres que Machado utilizó mientras allí vivió. Lo que vemos en la visita es lo que había estando él de huésped. Subimos a la pensión por las mismas escaleras que el poeta pisó, atravesamos el pasillo que él, a diario, atravesó, fisgamos el comedor de sus comidas y tertulias, el aseo, la cocina y la habitación donde leyó, escribió y durmió. Hasta la cubrecama, viejecita y amarilleada, es la que lo cubrió. Y el brasero de la mesa camilla es el que lo calentó.

Detrás de la silla puedes ver la estufa que, para hacer más apacible el frío segoviano, Manuel Machado regaló a su hermano.

Allí están los cubiertos, las cacerolas, los vasitos para el chupito de Anís, el cuadrito de rigor con la representación de La Última cena… hasta el aseo con su inodoro y su lavamanos y sus jabones de baño. Hay, además, pinturas, retratos, bustos, fotografías, cartas, carteles y una serie de libros publicados por la Universidad Popular Segoviana.

Los cubiertos que se colocaban en la mesa.

Fuera, en el jardín, dando la bienvenida al museo, hay un busto dedicado a Antonio Machado. Es una copia realizada por Pedro Barral (1897-1967), hermano del escultor autor del mismo, Emiliano Barral (1896-1936). Por cierto, Antonio Machado dedicó un poema a esta escultura. El poema dice así:

AL ESCULTOR EMILIANO BARRAL

…Y tu cincel me esculpía
en una piedra rosada,
que lleva una aurora fría
eternamente encantada.
Y la agria melancolía
de una soñada grandeza,
que es lo español (fantasía
con que adobar la pereza),
fue surgiendo de esa roca,
que es mi espejo,
línea a línea, plano a plano,
y mi boca de sed poca,
y, so el arco de mi cejo,
dos ojos de un ver lejano,
que yo quisiera tener
como están en tu escultura:
cavados en piedra dura
en piedra, para no ver.


Escaleras que dan acceso a la pensión. Se entraba por la puerta de la derecha, la abierta. Están inclinadas y muy gastadas.

¡Cómo puedo yo describir lo emotiva que resultó para mí esta visita! No puedo, no hay palabras para ello. Un lugar modesto, una casa con grietas, con crujidos de madera y tejados que se hunden por el peso de los años, una casa que conserva los tomos que entonces formaban parte de la biblioteca personal de Machado y que este donó a la Universidad Popular cuando partió de Segovia para no volver. Una casa donde se conversó y se discutió de poesía, de política, de la vida del día a día. Una casa que nos recibe con las fotos de Doña Luisa, una mujer sufrida que plantó cara a su adversa vida. Una casa donde un coro se alza gracias a un juego de pisadas: las suyas y las de aquellos que lo acompañaban; y, luego, las mías y las de todos los que van a homenajearla.


Parte de su habitación con sus objetos personales.

Acompaño estas letras con algunas fotos que hice en la Casa Museo Antonio Machado. He ido en diciembre, por eso te debo las margaritas jugando a ser lunas entre las hiedras y los rosales granados.

Estando en Segovia, Machado publicó una reedición ampliada de Soledades. Galerías y otros poemas (1919). También editó el poemario Nuevas Canciones (1924) y el primer volumen de Poesías Completas (1899-1925). Machado escribió allí varias obras de teatro, como son Desdichas de la fortuna (1926),  Juana de Mañara (1827), Las adelfas (1928), La Lola se va a los puertos (1930) y La prima Fernanda (1930).

Publicaciones de la Universidad Popular Segoviana, años 1920-1930.

En 1927, residiendo en Segovia, Antonio Machado es elegido para ocupar un puesto en la Real Academia Española. Con motivo de este acontecimiento escribió a su amigo Unamuno: «Es un honor al cual no aspiré nunca; casi me atreveré a decir que aspiré a no tenerlo nunca. Pero Dios da pañuelo a quien no tiene narices…»​ Le habían asignado una silla que nunca probaría.


Las sillas del comedor. Puedes ver los suelos de madera y de baldosines cerámicos. Ese pasillo conduce a su habitación.


CANCIONES A GUIOMAR
PARTE PRIMERA

ENLACES RELACIONADOS

Era un niño que soñaba (Antonio Machado). Poema.


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