LA PRINCESA DE CLÈVES

Retrato de Madame de La Fayette.

Me pregunto cómo debo analizar la conducta moral de una época, si desde un punto de vista colectivo o individual. ¿Debo plantearme el comportamiento moral como un conjunto de normas de convivencia, concebidas y compartidas por una comunidad, o es la moral un código impuesto por nuestra conciencia, que sólo se rige por ella y que funciona al margen de lo que la mayoría aplauda?

Si la moral tiene que ver con los códigos establecidos por un grupo social, que decide lo que éticamente está bien o está mal y que se mueve dentro de esa norma, entonces la heroína de La princesa de Clèves es un ser extravagante, desquiciado y esperpéntico; pues sus actuaciones y decisiones distan mucho de las del resto de los personajes de esta novela que, por cierto, menos la protagonista, forman parte de la historia europea.

La princesa de Clèves se publicó en 1678 y está estructurada en cuatro partes. Es una novela histórica y es una novela de amor que se desarrolla bajo el reinado de Enrique II y Catalina de Médicis, aunque se extiende un poco más, al primer período del reinado de Francisco II y María Estuardo.

La parte histórica de la novela la aportan todas las personalidades que aparecen en el libro y que pertenecieron a las cortes francesas, españolas e inglesas. La parte de ficción es la relacionada con el conflicto amoroso, eje central de la trama. Aquí es donde ubicamos a la protagonista, la jovencísima Señorita de Chartres, convertida en Señora de Clèves a sus dieciséis años.

Adentrándonos en el triángulos amoroso, compuesto por el Señor de Clèves, su mujer y el duque de Nemours, paseamos por la historia. Por las páginas de este libro pasan acuerdos de paz, matrimonios reales y muchísimas personalidades de la época, como son Isabel de Inglaterra, Felipe II, los miembros de la casa de los Guisa y de los Montmorency, los reyes de Navarra y Diana de Poitiers, duquesa de Valentinois, amante oficial del rey Enrique II y responsable de que Catalina de Medici fuera alejada del trono en vida de su marido.

Enrique II y Catalina de Médici, Francois Clouet, 1559.

Es La princesa de Clèves una novela que describe la vida de la corte a través de los salones de las cuatro mujeres que movieron los hilos invisibles de la época en la que se inspira: Catalina de Medici (la reina), Madame (la hermana del rey), la delfina (María Estuardo) y la duquesa de Valentinois (amante y consejera del rey).

En medio de una atmósfera licenciosa, donde el matrimonio es considerado una mercancía codiciada, donde la intriga y las traiciones forman parte de la vida diaria, donde la galantería es herramienta de engaño, donde las alianzas duran nada y donde «el amor se hallaba mezclado con el interés y el interés con el amor»; en medio de una sociedad donde el ideal era contraer matrimonio con el primogénito de una casa noble y así evitar «el rebajamiento que los enlaces de los hijos menores suelen aportar a las casas adineradas»; en medio de un ambiente que aceptaba como válido todo tipo de triquiñuelas, como vehículo para sellar enlaces económicos y socialmente ventajosos, aparece la señorita de Chartres, futura señora de Clèves, poniendo ficción a la narración.

Jacobo de Saboya, duque de Nemours.
(Madame de La Fayette se inspiró en este militar de la corte de Enrique II para crear el personaje que desata el conflicto de su novela.)

En La princesa de Clèves, los personajes no sólo son descritos físicamente, también son reflejadas sus personalidades. Todos los protagonistas, incluidos los secundarios, se relacionan entre sí, conformando un discurso que los aúna y que lleva implícito una valoración crítica por parte de Madame de La Fayette (1634-1693), quien, por cierto, no firmó su libro.

Al comienzo de esta reseña hablo de moral, me pregunto si la moral debe enjuiciarse de forma colectiva o individual. Si la moral acoge los acuerdos de convivencia aceptados de forma explícita por un conjunto de personas, entonces lo que sucedía en el reino de Enrique II —chismes, tejemanejes, abuso de poder, intrigas…— no era amoral. Era ético, puesto que la gran mayoría —incluido el clero— conseguía lo que se proponía haciendo uso de unas costumbres que no generaban escándalos entre los que las practicaban.

Madame de La Fayette crea una protagonista que tiene una conducta moral opuesta a la de las personalidades históricas que recrea en su novela. La escritora quería demostrar que el individuo puede controlar sus emociones cuando atentan al deber y al compromiso adquirido. Es un camino de grandes sacrificios, pues las dos facciones enfrentadas —pasión y amor contra deber y culpa— son igualmente poderosas.

La condesa de La Fayette decidió que el decoro, la fidelidad y la virtud rigieran las razones de la princesa de Clèves. De esta manera, por contraposición a lo que sucedía en la realidad, pretendía llamar la atención de la corte de Luis XIV, su corte.

La princesa de Clèves está considerada la primera novela psicológica de la literatura moderna francesa  —en España es Don Quijote de la Mancha—. Se encuentra dentro del catálogo de la editorial Nórdica Libros y está traducida por Emma Calatayud.

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