LAS UVAS DE LA IRA
PELÍCULA

«¡Esta es mi tierra…!»

Hoy propongo una cinta que en 1940 ganó, de las siete nominaciones que obtuvo, dos Óscars: mejor director—John Ford— y mejor actriz secundaria —Jane Darwell—. Es una película que se inspira en la novela que ese mismo año se alzó con el premio Pulitzer. Me refiero a Las uvas de la ira, obra del escritor norteamericano John Steinbeck (1902-1968).

Las uvas de la ira está ambientada en la época de la Gran Depresión y revela cómo afectó al hombre de campo aquel 24 de octubre de 1929, fecha en la que se hundió la bolsa de Nueva York.

«En sus almas las uvas de la ira van desarrollándose y creciendo, listas para la cosecha».

La película, filmada durante la presidencia de Franklin Delano Roosevelt y sus medidas intervencionistas para paliar la honda crisis que atravesaba el país de punta a punta, resalta el poder que sobre la ruina tiene la perseverancia y la unidad familiar.

Las uvas de la ira traslada al público la idea de que el respeto y el amor a los nuestros son el mayor antídoto contra los sinsabores provocados por una situación compleja que nos viene impuesta. La idea de que hay que imponerse a las circunstancias hostiles y continuar hacia delante se repite a lo largo de la cinta —Roosevelt, quien gobernó desde 1933 hasta 1945, sabía del poder de convencimiento del séptimo arte, y lo aprovechó para transmitir ánimos a un pueblo desesperado.

California, tierra donde John Steinbeck nació y que está muy presente en su narrativa, es el destino escogido por familias enteras que han sido desahuciadas de sus fincas. California se ve como un paraíso soleado, de naranjos y perales, donde el trabajo no falta y el jornalero es bien remunerado; por eso las carreteras se llenan de achacosos camiones, cargados de cachivaches y gentes que son «fantasmas de los campos».

«¿Cómo sabremos que somos nosotros si no tenemos pasado?»

¡Oh…!, pero «la tierra que mana leche y miel» es un cepo. Hay demasiada mano de obra barata, demasiada boca hambrienta que ha atravesado montañas y desiertos para llegar hasta allí. Así que el abuso de poder, la explotación laboral, la soledad, el racismo —Steinbeck también expone el asunto de la identidad nacional— y todo tipo de carencias muestran su rostro de manera cruel.

¿Qué hacer? En Las uvas de la ira esta es una pregunta que se responde con la actitud que muestran los personajes, unidos en su desgracia. El crack del 29 arruinó a los campesinos, que tuvieron que sepultar a los suyos en tierras ajenas. Sin embargo, y a pesar de tanta humillación y de tanto padecimiento, Steinbeck pone en busca de uno de sus protagonistas la siguiente frase: «Somos pueblo… Existiremos siempre».

«La familia tiene que seguir adelante».

Emotiva, humana, realista… En Las uvas de la ira los desalojados hacen frente a la fatalidad con sus propias armas. Hay algo que los bancos no pudieron arrebatar a los personajes de la película y es el convencimiento del poder transformador de la conciencia colectiva. Claro, esto es un tesoro que hemos perdido, porque el imperio en la sombra, sacando lección de la historia, nos ha hecho cómplices —hemos aportado nuestra desidia y nuestro egoísmo— de lo que Hanna Arendt describió como la «banalidad del mal». 

Las uvas de la ira ocupa un lugar privilegiado en la historia del cine. La novela, más larga y menos idealista, también vale su misa. Tanto la película como el libro muestran la lucha del hombre corriente contra la industrialización salvaje, los lobbies de poderentes sin rostro— y los estados vendidos al parné.

 Y ahora viajemos con Tom Joad —Henry Fonda— y Ma Joad —Jane Darwell—  a la «tierra de promisión». Los dejo con Las uvas de la ira.

LAS UVAS DE LA IRA

«Aprende, como yo estoy aprendiendo. Yo tampoco veo claro, pero trato de encontrar la verdad».

ENLACES RELACIONADOS

La máscara de Dimitrios (Eric Ambler). Película.

1984 (George Orwell). Película (Orson Welles).

Fahrenheit 451 (Ray Bradbury).

Sobre «El Diario de Ana Frank». Película.

«Los muertos» (James Joyce). Película.

Ibsen. «Un enemigo del pueblo». Película.

«El regador regado». Primera película de ficción.

Robert Malthus y «Soylent Green».

 


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