LEONARDO ALENZA. EL FALSO GOYA

«Somos satíricos porque queremos criticar abusos, porque quisiéramos contribuir con nuestras débiles fuerzas a la perfección posible de la sociedad a que tenemos la honra de pertenecer.»
Mariano José de Larra en «De la sátira de los satíricos», 1836

Portada del álbum que recoge los grabados que Isidoro Rosell y Torres realizó a partir de los dibujos de Leonardo Alenza.

Dibujos de trazo grueso, ágil, desenfadado, sobrio. Dibujos que describen personajes y escenas del Madrid castizo. Testimonio gráfico de oficios de gente pobre. Estampas, abocetadas e irónicas, que son conocidas como Caprichos y que tienen puntos de coincidencia con otros Caprichos, los del célebre Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828).

Isidoro Rosell y Torres (1845-1879), prestigioso grabador madrileño, es el responsable de que los dibujos de Leonardo Alenza y Nieto (1807-1845), fundador de la escuela romántica madrileña, sean conocidos como Caprichos. Rosell y Torres grabó al aguafuerte una serie de escenas costumbristas realizadas por el pintor en el año 1840. El estampador presentó el álbum con la portada que da comienzo a la entrada de hoy. Esto sucedió en 1878.

Cabeza masculina, aguafuerte y aguatinta.

El pintor madrileño se formó bajo la tutela de dos neoclásicos: Juan Antonio de Ribera (1779-1860) y José de Madrazo (1781-1859). Ribera le enseñó dibujo. Madrazo lo instruyó en el arte de la composición y el color.

Leonardo Alenza fue un artista seducido por la vida cotidiana de los barrios desfavorecidos. Ese gusto por representar escenas castizas, sin aderezos románticos, proporcionó realismo a su obra gráfica, pues narraba en imágenes la vida que observaba.

Los artistas costumbristas formaron dos grupos: los conservadores, que pintaban para dejar testimonios de tipos y de costumbres y los que, como Francisco de Goya, hacían crítica social con sus trazos. A este segundo grupo pertenece Alenza, aunque utilizó el sarcasmo de forma intermitente.


Paveros, tinta con pluma.

Leonardo Alenza tuvo poco reconocimiento en vida, pero la muerte le regaló la fama al poco de llevárselo. Sus contemporáneos lo describieron como una persona amable y solitaria. En la revista literaria Renacimiento hay un artículo publicado en el año 1837 que describe su «facilidad para retener las fisonomías, posturas, ropajes y grupos que le chocaban, pudiendo reproducirlos después con la mayor exactitud».

Las figuras creadas por Alenza se mueven, huelen y casi siempre aparecen calzadas con alpargatas, acompañadas de perros pordioseros y con varias capas de trapos mugrientos por encima.

Actores y músicos ambulantes, majas, gañanes, toreros, borrachos, barquilleros, nueceros, niños callejeros, lisiados… son representados en corrillos, romerías, teatros, procesiones, ferias… Es curioso cómo el carácter espontáneo y chismosillo del español se revela en sus dibujos, donde las figuras aparecen siempre conectadas y mostrando esa expresión vivaz, ese nervio brioso que acompaña al excluido del banquete del rico.

Vendedor de bollos, tinta con pluma.

He apuntado antes que Leonardo Alenza es uno de los artistas más representativos del Romanticismo español —Costumbrismo y Romanticismo compartieron espacio durante un tiempo—. Sus óleos se distinguen por su paleta sobria y su gusto por ofrecer al color blanco un lugar estratégico en la composición.

Alenza fue retratista y pintó alegorías, asuntos religiosos y temas históricos. Sus obras más conocidas son dos cuadros de pequeño formato que llevan por título Sátira del suicidio romántico (1839) y Sátira del suicidio romántico por amor (1839). Las piezas son una crítica al «arrebato y delirio del Romanticismo», como diría Enrique de Aguilera y Gamboa (1845-1922) —las dos obras fueron donadas por el marqués de Cerralbo al Museo Romántico en el año 1921. Allí continúan expuestas.

Sátira del suicidio romántico, óleo sobre lienzo, 1839.

Leonardo Alenza nos dejó pinturas serias, dibujos costumbristas y dibujos satíricos. Pero hoy nos ocupamos de los soportes en papel, de los bocetos que lo convierten en un cronista de su ciudad.

La época que vivió el artista destaca por la consolidación de la prensa y, por tanto, de la ilustración impresa —hasta los años setenta del diecinueve la fotografía en España no se enraiza—. Leonardo Alenza fue colaborador de la primera publicación nacional en usar la técnica del grabado en madera. Me refiero al  Semanario Pintoresco Español, revista fundada en 1836 por el escritor y periodista Ramón de Mesonero Romanos (1803-1882). 

Un chispero fumando, aguafuerte y punta seca.

Pero, veamos, ¿en qué se parece la obra gráfica de Francisco de Goya y la de Leonardo Alenza?

En la búsqueda de motivos en los barrios pobres de Madrid.
En la representación de escenas costumbristas (tipos y situaciones).
En el desaliño de la figura abocetada —el trazo suelto.
En la naturalidad de la exposición que, sin embargo, no tiene nada de improvisación.
En la manera de sombrear.
En el uso de la ironía y de la sátira —Goya utiliza la sátira en sus Caprichos. Pero Alenza no siempre hace uso de este recurso, de ahí el toque más alegre de sus dibujos.


El requiebro, aguafuerte.

«El capricho define los rasgos de fantasía que provocan desconcierto y ponen de manifiesto la originalidad de un pintor», afirmó el historiador de arte Giorgio Vasari (1511-1574).

«El señor Alenza siguiendo siempre las trazas del festivo Goya, ha ofrecido algunos caprichos dignos de atención por la originalidad del pensamiento, chiste y curiosidad de la composición», puede leerse en el Semanario Pintoresco Español de 1838.

Están los Caprichos de Goya y están los Caprichos de Alenza. No hay como ver para comprender.

A continuación les dejo una selección de dibujos y de estampas de Leonardo Alenza, el continuador de Goya. Observen cuánta expresividad en los rostros y qué lejos están del carácter artificioso y místico del Romanticismo, movimiento que evocaba tiempos medievales y que construía utopías en el Oriente lejano.

Los dibujos y las estampas de Leonardo Alenza nos convidan a dar un paseo por un Madrid que se ha fugado.

*

DIBUJOS Y ESTAMPAS DE LEONARDO ALENZA

«A veces, diciendo que iba de caza, se acercaba á observar los trages, maneras y usos de la gente vulgar, en las humildes casas de campo, en las del rio, y en las de los barrios bajos de córte, para trasladarlas á sus cuadros, de costumbres populares…»
«Renacimiento», revista literaria, 1847.


Escena campestre o la bella sentada, aguafuerte y aguatinta.


La piojera, aguafuerte.


La limosna, aguafuerte y barniz blando, toques de punta seca.


El gañán y la moza, aguafuerte y aguatinta.


La vendedora de pescado, aguafuerte.


Educando al perro ratonero, tinta con pluma.


De palique, tinta con pluma.


Coche de caballos con figuras, aguafuerte.


De palique, aguafuerte.


Vieja celestina, tinta a pluma.


El grabado fue realizado por Juan José Martínez de Espinosa, aguafuerte, 1875, facsímil.
(El dibujo es de Alenza.)


Los nueceros, tinta con pluma.


Verdulera, tinta con pluma.


Comió morcilla, tinta con pluma.
(Curiosidad: A los perros que tenían rabia les solían dar morcillas envenenadas. De ahí la expresión «¡Que te den morcillas!») 

En el Museo Romántico, en el Museo Lázaro Galdeano, en el Museo Municipal de Madrid, en el Museo Nacional del Prado y en la Biblioteca Nacional encontrarás más obras de Leonardo Alenza. Yo he llegado hasta aquí.

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Delacroix. Pinturas y pasajes de su “Diario” (1822-1863).

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