LORENZO LOTTO

«Lorenzo Lotto es el primer retratista moderno.»
Bernard Berenson

Retrato de dominico, óleo sobre lienzo, 1526.
(La cortina verde del fondo vas a encontrarla en unos cuantos retratos. Se cree que es una alusión al manto de la Virgen, presente en imágenes devocionales renacentistas y en iconos bizantinos. La luz, que cae desde arriba, resalta los detalles del rostro, como la venas de las sienes y de la frente. Las llaves y monedas, que están sobre la mesa, describen el oficio de tesorero. Observa cómo presiona con su mano izquierda los pliegos de papel para que no se muevan —gesto que delata concentración— y cómo el rostro muestra que lo hemos interrumpido.)

El retrato es un rescatador de almas. El ser humano que ha sido retratado consigue engañar al tiempo que le fue asignado, burla al olvido y mantiene sus rasgos. Con la ayuda del dibujo podemos conocer fisonomías y gestos de hombres y de mujeres que en polvo se convirtieron. Y si el dibujo es bueno, podemos descubrir también emociones y temperamentos.

Los vestuarios, las joyas, los peinados, los objetos y los decorados sitúan al sujeto retratado en su contexto. Los elementos que aparecen en un cuadro nos ofrecen información sobre el tiempo y las costumbres del modelo. Esta característica es una condición de los retratos al natural, como los realizados por Lorenzo Lotto (Venecia, h.1480-Loreto, h.1556), a quien el historiador de arte Bernard Berenson (Lituania, 1865-Italia, 1959) definió como «el primer retratista moderno».

Los retratos son diarios que, en vez de escritos, son narrados en imágenes.

Retrato de eclesiástico en su estudio, tinta parda a pluma, aguada de tinta parda y lápiz negro sobre papel, entre 1520 y 1530.
(Lorenzo Lotto fue el primer artista italiano que incorporó la forma apaisada al retrato individual. Así consiguió dar más espacio a los objetos de los sujetos representados. El formato horizontal ya se utilizaba en los países nórdicos, pero sólo para el retrato de conjunto. En el Cinquecento se puso de moda en Venecia el coleccionismo y con él el retrato de coleccionista, como el que vemos aquí.)

Retrato de hombre con rosario, óleo sobre tabla, h.1518.
(El atuendo habla de su riqueza. El rosario de su devoción. Pero, por favor, mira su boca, parece que susurra la oración. Y mira sus dedos, parecen contar las cuentas.)

El arte del retrato puede estar recreado con referencias clásicas, góticas, mitológicas, alegóricas, religiosas, históricas… Puede describir con detalles los rasgos del personaje o presentarlo con un trazo abocetado. Puede dibujar al modelo de frente, de perfil, desnudo, de medio cuerpo, de espaldas, de cuerpo entero —Carlos V con su perro es el primer retrato de cuerpo entero italiano. Tiziano lo pintó en 1533—. El arte del retrato puede ofrecernos un punto de vista alto, bajo, centrado.

El género del retrato nos presenta los rasgos físicos de un sujeto, su posición social, su nivel intelectual, sus aficiones y oficios. ¡Ah…!, pero no siempre muestra el alma del representado, cosa que sí sucede en los  cuadros del pintor veneciano. Y esta es la razón por la que Berenson rescató del olvido a un hombre que fue olvidado por sus contemporáneos. Es el siglo XIX quien trae justicia a Lorenzo Lotto —muchas obras del pintor fueron asignadas, por malas catalogaciones, a otros artistas de su tiempo.

Retrato de secretario, óleo sobre tabla, h.1511.
(El personaje se gira, bruscamente, hacia nosotros. El retrato de «espaldas» —invención de Giorgione— permite mostrar el efecto de acción interrumpida. Esta obra no está expuesta en la muestra del Prado, pero, como es de mis preferidas, la incorporo a mi entrada.)

Retrato de joven, óleo sobre tabla, h.1512-13.
(Hasta principios del siglo XX se consideró que este retrato frontal era de Leonardo da Vinci.)

La monografía que Bernard Berenson escribió sobre la obra del artista italiano está fechada en 1895. El estudio, que resalta la capacidad de Lotto para mostrar al sujeto retratado en su individualidad, corre paralelo a las investigaciones de Sigmund Freud (1856-1939) sobre la estructura y el funcionamiento de la psique humana.

Los retratos de Lorenzo Lotto descubren la singularidad del hombre. Berenson recuperó las obras del italiano renacentista en el mejor momento, pues sirvieron como ejemplo visual para las nuevas corrientes de finales del XIX —cinco años después del estudio de Berenson salió a la venta La interpretación de los sueños (1900).

Pero…., ¿qué observamos en los retratos de Lorenzo Lotto? Vemos seres humanos que habitaron un mundo que no es el nuestro. Fueron esos modelos personas que posaron con la intención de no ser olvidadas.

Micer Marsilio Cassoti y su esposa Faustina, óleo sobre lienzo, 1523.
(Antes de Lotto los contrayentes figuraban por separado.
Aquí hay varias curiosidades: 1. La colocación del anillo en el tercer dedo de la mano izquierda de la joven, dedo desde el que se consideraba partía una vena directa al corazón. 2. El yugo que coloca el ángel sobre los hombros de la pareja, que les recuerda las obligaciones que esta contraía al casarse. 3. El collar de perlas, símbolo de obediencia de la mujer hacia su marido. 4. Las ramitas de laurel sobre los hombros de los desposados, símbolo de fidelidad y amor eterno.)

El obispo Bernardo de’Rossi, óleo sobre tabla, 1505.
(Fíjate en los labios, en la mirada, en el puño apretado, en la barbilla altiva. ¿Qué te dice este óleo del carácter del obispo de Treviso?)

El cuerpo da información sobre el personaje. Por ejemplo, una mano puesta sobre el pecho dice algo diferente que una mano puesta sobre el bazo, órgano donde se creía que estaba ubicada la melancolía. Pero esos detalles que enriquecen el conjunto no pueden competir con los rasgos de la cara. De todas las partes del cuerpo humano el rostro es el que ocupa el lugar más destacado en el género del retrato.

Es el rostro quien transmite emociones e ideales. Es en los buenos retratos donde esta condición puede apreciarse. Hurga en los de Lorenzo Lotto y encontrarás no sólo el tipo de cabello del sujeto y la forma de la boca, la nariz, las cejas, la frente, los pómulos y los ojos. Hurga y hallarás el Yo del efigiado.

El carácter de una persona deja marcas de expresión. Es el temperamento el responsable de una forma de mirar, de gesticular con los labios, de mover las cejas… Dice el viejo refrán que «el rostro es la expresión del alma». Y así es, sólo que los cambios sufridos en un semblante los descubre el ojo que desea hallar lo que hace único a un hombre. Y ese don, el de la observación, lo tuvo el pintor que supo aunar rasgos físicos y emocionales.

Triple retrato de platero, óleo sobre lienzo, h.1530.
(Al parecer se inspiró en una obra de Leonardo da Vinci. El cuadro muestra al platero en tres posiciones —tres cuartos, frente y perfil—. Se cree que el modelo fue Bartolomeo, uno de los buenos amigos del pintor. Curiosidad: la mano en el pecho significaba que el sujeto se refería a sí mismo.)


Retrato de hombre con sombrero de fieltro, óleo sobre papel, h.1541.
(El primer catálogo que reconoce que esta obra es de Lotto es de… ¡1991! El personaje no lleva anillos y usa un atuendo confortable, aunque sencillo. Esto nos dice que no es ni adinerado, ni pobre. Ahora míralo, fíjate en su cabello algo revuelto. ¿Se ha quitado el sombrero de fieltro ante nuestra presencia? Observa su mirada directa, su barbilla algo baja, sus labios entreabiertos. ¿No te parece un hombre de carácter sereno y franco? Es un cuadro pintado con una paleta apagada y, sin embargo, rico en tonalidades.)

Retrato de joven con lámpara, óleo sobre tabla, h.1506.
(Minucioso retrato de medio cuerpo donde hasta el grano de cebo de la frente es capturado. La vela —en la parte superior derecha de la cortina— está encendida y algo gastada, lo que demuestra que hay sabiduría y vida en el sujeto. Pero la llama oscilante recuerda la brevedad de la existencia. Se aprecia la influencia de los nórdicos y de Durero. Y se aprecia el temperamento almidonado del joven.)

La variedad de tipos que ofrece Lorenzo Lotto es otra aportación al arte italiano de su tiempo. Sus cuadros son un desfile de hombres y de mujeres renacentistas.

El rostro es lo que es. Si nos guiamos por las partes que lo integran, el rostro ofrece al retrato al natural limitadas posibilidades de creatividad. Hay, por ejemplo, narices rectilíneas o curvas, chatas o largas… Pero las narices siempre estarán ubicadas en un espacio concreto de la cara.

La nariz no cambia, salvo que sufra algún accidente que la deforme. La nariz muestra la genética de un sujeto. Sin embargo, ese órgano se vuelve camaleónico gracias a los gestos de las demás partes del rostro. Las expresiones son la manifestación externa de la individualidad y esta tiene en los ojos —la mirada— su máximo representante.

Son los gestos los que un artista tiene que capturar para dotar al retrato de espíritu, para hacer de la nariz de un modelo algo más que la parte saliente de su cara.

Retrato de joven con libro, óleo sobre tabla, h.1525.
(El mozo parece impaciente por consultar el libro —las cintas están sueltas y no ha tenido tiempo de quitarse la capa y la estilosa boina—. Pero, por su expresión, creo que no le hace ni pizca de gracia el que lo hayamos interrumpido.)


Retrato de hombre, óleo sobre tabla, 1510-13.
(Una curiosidad: Por la posición del hombre, que parece mirarse en un espejo, se especula que puede ser un autorretrato autógrafo. De no ser cierta la hipótesis, la intensidad de la mirada muestra una naturaleza obsesiva, ¿no crees?)


Giovanni Agostino Della Torre con su hijo Nicolò, óleo sobre lienzo, h.1516.
(El padre sostiene con una mano un tratado de Galeno, lo que nos dice que era médico. La túnica gris-lavanda, forrada en piel, nos informa que ocupaba algún cargo importante en su ciudad. El hijo, rico comerciante, lleva el pelo y la vestimenta al estilo de los mercenarios. El pintor consigue transmitir el estado anímico de los dos —el padre enfermo y el joven preocupado—. Observa cómo usa el punto de vista elevado para resaltar el cariño que se profesan.)

Retrato de caballero, óleo sobre tabla, h.1535.
(El caballero parece apenado. Tiene una mano apoyada en la «melancolía» —el bazo— y otra sobre una vanitas formada por rosas marchitas y una pequeña calavera. Los marrones y negros del interior de la estancia contrastan con la paleta alegre que asoma más allá de la ventana. Mira su postura corporal, su cabeza ladeada, sus ojeras, la alianza en el meñique de la mano izquierda. ¿Será un viudo?)

Rasgos físicos + rasgos psíquicos = Todo. Cuando esta fórmula se cumple es cuando vemos más allá de un cabello rojo o negro. Es cuando vemos felicidad o tristeza, robustez o debilidad, ferocidad o bondad, impetuosidad o templanza… Pero se trata de una fórmula que sólo puede ser aplicada al retrato al natural —el abstracto o la caricatura van por otros lados. La caricatura exagera y deforma rasgos y la pintura abstracta busca ofrecer conceptos en formas sintetizadas.

La pintura no es fotografía. La pintura es el resultado de las percepciones del artista. Es el resultado de la interpretación que este hace de lo que observa.

Suman seis los ojos en un retrato: los del sujeto que posa, los del espectador y los del pintor. Así que podemos rastrear también el estado de ánimo de Lorenzo Lotto en sus lienzos. Podemos ver cómo su paleta va perdiendo alegría, cómo el artista va descartando objetos y decorados. Podemos sentir cómo la vejez y los pesares se reflejan en sus cuadros —se vio obligado a desplazarse en busca de clientela. Pintó en Treviso, en Bérgamo, en Roma, en Las Marcas y en Venecia.

Retrato de hombre con guantes, óleo sobre lienzo, h.1542-43.
(Está considerado uno de los mejores retratos del Renacimiento italiano. Se aprecia en la sobriedad cromática —estilo Tiziano— el cambio que los años trajo a la paleta del artista. Pero a diferencia de los retratos de Tiziano, donde los sujetos se muestran ilusionados, aquí el elegante caballero de Treviso aparece con una mirada que transmite experiencia, cansancio y resignación.)

Giovanni dalla Volta con su esposa e hijos, óleo sobre lienzo, terminado 1547.
(Varias curiosidades: 1.Lotto pagaba el alquiler a sus caseros con sus obras. Este retrato abona una deuda al arrendador veneciano. 2. En los retratos de familia, para mostrar la obediencia de la mujer a su esposo, era costumbre representar a la cónyuge ladeada y en una posición más baja que la de su marido. Pero en este cuadro el artista obvió ese hábito. Ella tiene la misma relevancia que él; diría, incluso, que destaca algo más debido al color y al volumen de su traje. 3. Giovanni lleva un sayo que era la prenda utilizada por los nobles venecianos para andar por casa y el diseño del corpiño de su mujer es de corte español —fue la duquesa Leonor de Toledo quien introdujo en Venecia la moda española—. 4. Se cree que la imagen del niño pequeño responde a un retrato póstumo —a los niños muertos se les solía representar desnudos como al Niño Jesús, además este pequeño está como agregado al lienzo, lo que hace que las figuras tengan unas posturas forzadas.)

Lucina Brembati, óleo sobre tabla, 1520-1523.
(Este retrato tiene miga, por eso la he dejado para el final. Para comenzar es una rareza la atmósfera nocturna que acoge a la figura. Aparte del alarde de detalles que apreciamos, y que demuestran la habilidad técnica del pintor, está lo que significan. Es un retrato misterioso que ha dado vuelo a la imaginación de los historiadores de arte. La rica Brembati parece estar embarazada —se deduce por la postura del cuerpo y por la mano derecha apoyada en su vientre—. Lucina toca la comadreja, que lleva por estola, con su mano izquierda, mano que apoya en su pecho. Lucina con este acto manifiesta la preocupación que tiene por su situación, cosa que no es de extrañar si tenemos en cuenta que la dama no es muy joven y que en su época los partos aumentaban la tasa de mortalidad. Pero ella es precavida y lleva en la cadena de oro el cuerno de la suerte —este objeto hay críticos que lo asocian con un limpiador de dientes. Yo prefiero, por ser más poética, la versión del talismán de la buena ventura—. Arriba, en la parte superior izquierda, una luna en cuarto creciente encierra dos letras: CI. Son las claves del nombre del personaje: LUNA + CI= LUCINA. Se trata de un jeroglífico.)

En la Italia de Lotto el retrato se convirtió en objeto de deseo. Era el selfie que capturaba la imagen que los sujetos querían mostrar de sí mismos, el aspecto de sus vidas que querían inmortalizar. El retrato reflejaba la ocupación de la que se vivía, la riqueza que se poseía, la sobriedad por los demás temida, la belleza de la que se gozaba, la autoridad ambicionada, la elegancia deseada…

Lorenzo Lotto hizo tres aportaciones al arte italiano: la captación de la psicología de los modelos, los tipos y la incorporación del formato horizontal a los retratos individuales.

El Museo Nacional del Prado nos ofrece un paseo por los rostros pintados del veneciano. Lorenzo Lotto. Retratos reúne obras realizadas en diferentes períodos de la vida del artista nómada. Lorenzo Lotto. Retratos es un abanico de tipologías renacentistas.

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