EL CANTAR DE LOS CANTARES

«Que me muero de amores.»

Dos son los protagonistas del Cantar de los Cantares. Dos amantes que se buscan sin descanso hasta encontrarse. Sin nombres propios que los encasillen, Ella y Él, con la ayuda puntual de un coro -cronista- e inspirados en el amor físico que se profesan, nos regalan una lectura adornada de metáforas y símiles de una belleza sin par.

Entre piropos y reclamos transcurren los veinte temas que componen el Cantar de los Cantares. Piropos y reclamos que manifiestan la pasión desbordada de los enamorados y que nos descubren, apoyados en los elementos de la naturaleza y en el género que nace del trabajo humano, las costumbres y las maneras de expresarse de los hombres y las mujeres de la época.

El Cantar es un canto a la vida que huele a narcisos, nardos y lirios; que refresca gracias al agua que brota del pozo, agua pura que fertiliza la tierra. El Cantar es un canto a la vida especiado con cinamomo, canela y azafrán. Un poema lírico por donde corretean cervatillos y pastan ovejas, por donde vuelan palomas y cuervos entre palmas, cedros, cipreses e higueras. Un canto dulce donde se derraman la leche, la miel y el vino. Un canto amatorio donde el brillo del oro y los zafiros nos descubren, ¡oh, sorpresa!, que en la Biblia hay espacio para el erotismo.

Composición poética y teatral. Expresiva, hermosa y vivaz. Creación fluida y repetitiva  -¿quién no quiere, una y otra vez, probar los besos de la boca que enamora?

En mi lista de temas que quiero que formen parte de mi blog se encontraba hasta hoy el Cantar de los Cantares o Cantar de Salomón. Este Libro, que se cree fue escrito en la primera mitad del siglo IV a.C y que forma parte del Antiguo Testamento, que refleja el deseo del amor y el miedo a amar, porque la entrega siempre debilita; este Libro nos revela, por caminos no dogmáticos, que «Dios es amor».

El argumento principal es el gozo del amor físico -son canciones que celebran una boda-, pero el Cantar es rico en mensajes subjetivos. Por ejemplo, hay una interpretación teológica que plantea que Ella es la Iglesia y Él es el Señor.

Todas las lecturas caben en el bello Cantar.

Hoy tacho de mi lista de pendientes el Cantar de los Cantares. Y lo hago con la colaboración del teólogo experto en Antiguo Testamento y poesía bíblica Luis Alonso Schökel (1920-1998). De todas las traducciones que conozco es la de Schökel mi preferida.

La traducción es literaria, no técnica. Conserva la riqueza del texto original, su ritmo, sus estribillos, sus ricas expresiones de doble sentido, su manera de decir. En estos poemas de autor desconocido, que se escribieron de forma independiente -de ahí su falta de unidad-, las frases que se profesan el «pastor de azucenas» y la «princesa de los jardines» guardan el dulzor de las pasas de Jerusalén.

Un último apunte quiero hacer antes de poner fin a estas palabras y es señalar que El Cantar de los Cantares dio inicio a una tradición poética que se extendió en el tiempo. Hay trazos del Cantar en las obras de San Juan de la Cruz, de Sor Juana Inés de la Cruz, de Lope de Vega, de Francisco de Quevedo…

Más cerca en el tiempo tenemos, por ejemplo, la obra Salomé de Oscar Wilde. A Salomé la escuchamos decir: «Besaré tu boca, Yokanaán, besaré tu boca». Y a Ella, la protagonista del Cantar la escuchamos entonar: «¡Oh, si él me besara con besos de su boca!» El éxtasis gobierna ambas frases.

Escribió Juan Pablo II que en el «Cantar de los Cantares el eros humano desvela el rostro del amor siempre en búsqueda y casi nunca saciado».

Adorno el Cantar de los Cantares con detalles de las ilustraciones miniadas, de estilo gótico español, de la Biblia de Alba. 

Todo el canto del Cantar, el Libro menos bíblico de toda la Biblia, se resume en que hombre y mujer son, como leemos en el Génesis «una sola carne». Todo conduce a la consumación del amor, que no es otra cosa que la revelación de la inmortalidad de la humanidad.

EL CANTAR DE LOS CANTARES
(He eliminado la numeración bíblica para hacer más fluida la lectura.)

CELEBRANDO EL AMOR

Ella  ¡Que me cubra de besos con su boca!
Tus caricias embriagan más que el vino,
tu aroma es más intenso.
Tu fama es un perfume que se esparce
y enamora doncellas.

Arrástrame contigo, y correremos,
y llévame, rey mío, hasta tu alcoba.
Queremos festejarte, agasajarte,
ensalzando tu amor, mejor que el vino.
Con razón las doncellas se enamoran.

VIÑADORA Y PASTOR

Ella Morena soy y agraciada,
muchachas de Jerusalén,
como lona de tiendas de beduinos,
como cortina del palacio de Salomón.

No os extrañéis de que esté tan morena,
que me ha mirado fijamente el sol.
Enfadados conmigo, mis hermanos
me hicieron guardaviñas,
y no pude guardar la viña mía.

Avísame, amor mío,
por dónde pastoreas,
o recuestas tus hatos en la siesta;
no tenga que embozarme
ni tenga que ir vagando
donde tus compañeros apacientan.

Él  Pues si tú no lo sabes,
mujer la más bella,
sigue el rastro del rebaño
y guía tus cabritos al aprisco.

EL NARDO PERFUMABA

Él  A una yegua del tiro del faraón
te pareces, mi amada.

¡Qué bellas tus mejillas con las trenzas,
qué bella con collares tu garganta!

Trenzas de oro te haremos
incrustadas de plata.

Ella  Mientras el rey yacía en su diván,
mi nardo perfumaba.

Una bolsa de mirra entre mis pechos
mi amado es para mí;

un manojo de alheña
del huerto de Engadí
mi amado es para mí.

Él ¡Qué guapa estás, mi amiga,
qué guapa con tus ojos de paloma!

Ella  ¡Qué guapo estás, mi amigo!
¡Qué grato nuestro lecho entre la fronda!

Cedros hacen de vigas de la casa,
cipreses son el techo que da sombra.

ESTANDARTE DE AMOR

Ella  Yo soy un narciso del Sarón,
un lirio de la vega.

Él  Comparar un lirio a la zarzas
es comparar mi amiga a las muchachas.

Ella  Comparar un manzano a la maleza
es comparar mi amigo a los muchachos.
Y yo quiero sentarse a su sombra
paladeando sus frutos sabrosos.

Me mete en la bodega y enarbola
frente a mí su estandarte de amor.

Ella  -Confortadme con pasas,
devolvedme las fuerzas con manzanas:
¡desfallezco de amor!

Con su izquierda sostiene mi cabeza,
su derecha me abraza.

Él  -Muchachas de Jerusalén,
yo os conjuro por los astros celestes,
por las ciervas agrestes,
que no despertéis,
que no provoquéis al amor,
hasta que él lo quiera.

PRIMAVERA

Ella  Oíd a mi amado que llega
saltando y brincando
por montes y vegas,

igual que un cervato,
como una gacela;
se para detrás de la tapia,
detrás de la cerca,
mirando, espiando
ventanas y rejas.

Mi amado me canta:

Él  Levanta, princesa,
y vente conmigo.

Pasó ya el invierno,
las lluvias se alejan;

florecen los campos:
es la primavera.

La tórtola arrulla,
verdea la higuera.
Levántate, amada,
huele, ya perfuman las cepas.

Paloma mía escondida
en los huecos de las peñas,
de barrancos y quebradas
en las grietas.
Déjame ver tu figura,
déjame escuchar tu voz:
¡cómo acaricia tu voz,
cómo encanta tu figura!

RAPOSOS

Los dos  Atrapadnos los raposos,
esos raposos mezquinos
que tarascan nuestras viñas
y nuestros huertos floridos.

Ella  Que mi amado es mío
y yo soy de mi amado,
del pastor de azucenas.

Cuando refresque el día
y echen a correr las sombras,
amado mío, vuelve
saltando por las lomas,
igual que una gacela o un cervato,
por los montes de aromas.

BUSCAR Y ENCONTRAR

Ella  De noche, en el lecho tendida,
buscaba al que yo más quiero;
lo buscaba y no lo encontraba.

Salté de la cama, salí de la casa,
recorriendo calles,
cruzando plazuelas,
busqué por toda la aldea.
Buscaba al que yo más quiero,
buscaba y no lo encontraba.

La ronda de los guardias me echa el alto.
Les pregunto: ¿Habéis visto
al que yo más quiero?

No responden, los dejo,
los paso, y en una revuelta
encuentro al que yo más quiero.
Lo abracé y no quise soltarlo
hasta meterlo en casa de mi madre,
en la alcoba materna.

Él  Muchachas de Jerusalén,
os conjuro por los astros, por las ciervas,
que no despertéis ni excitéis al amor,
hasta que él lo quiera.

COMITIVA DE BODAS

Coro  ¿Qué es aquello
que se alza en el páramo?
¿Acaso una humareda?
¿Aromas fragantes, mezclados
en un pebetero?

Heraldo  ¡Atención!, que se acerca
la litera del rey Salomón.
Sesenta soldados la escoltan:
los más valientes de Israel.

Todos van armados de espada,
veteranos de muchas guerras;
con la espada envainada al flanco,
que la noche esconde emboscadas.

Coro  -Una carroza se hizo fabricar
el rey Salomón: de madera de cedro,

los apoyos de plata y de oro el respaldo,
el asiento de púrpura,
con un centro incrustado que dice:
AMOR.

Heraldo  -Muchachas de Jerusalén,
salid a la calle;
muchachas de Sión, gozad de la vista
del rey Salomón,
que luce la corona de la boda.
Lo coronó su madre para la fiesta
de su corazón.

VEN

Él  ¡Ven desde el Líbano,
novia mía, aprisa,
desde el Líbano ven!
Baja de la cumbre del Amán,
de la cumbre del Senir y del Hermón,
de las guaridas de leones,
de los barrancos de panteras.

Con una sola mirada,
hermana y novia mía,
me has robado el corazón;
con una vuelta de tu collar
me has atado el corazón.

¡Qué dulces tus caricias,
hermana y novia mía!,
tus caricias embriagan más que el vino;
desprendes un aroma
más intenso que el bálsamo.

Un panal que rezuma son tus labios,
escondes leche y miel
debajo de la lengua.

HUERTO

Él  Eres un huerto con cerrojos,
hermana y novia mía,
un huerto con cerrojos,
un manantial sellado;

un huerto de granados
y frutos exquisitos.

Jardín que huele a alheña,
a nardo y azafrán, canela y cinamomo.
Un parque con árboles de incienso,
de áloe y de mirra,
que esparcen esencias de bálsamo.

El manantial del huerto
es un pozo de agua viva
destilada de nieves del Líbano.

Ella  Alerta, cierzo; acude, austro,
orea mi huerto:
que exhale sus bálsamos y aromas.
Venga mi amado a su huerto
a gustar sus frutos exquisitos.

Él  Estoy llegando a mi huerto,
hermana y novia mía,
a recoger mi bálsamo, mi mirra;
he gustado la miel de mis panales,
he bebido mi vino con mi leche.
Gustad también vosotros, compañeros,
bebed hasta embriagaros de amor.

NOCTURNO

I

Ella  Estaba yo durmiendo,
mi corazón velaba:
¿Qué oigo? Mi amado golpea la puerta:
-Ábreme, hermana mía, compañera,
ábreme, paloma, incomparable.
Que llevo la melena
cuajada de rocío,
mis guedejas de los vapores de la noche.

Si ya me he quitado el vestido,
¿me lo voy a poner otra vez?
Si ya me he lavado los pies,
¿tendré que lavármelos otra vez?

Mi amado mete la mano
por la cerradura;
al sentirlo, me estremezco toda.

Al fin me levanté a abrir a mi amado:
de mis manos goteaba la mirra,
mis dedos destilaban mirra
en la manilla de la cerradura.

Y cuando al fin abrí a mi amado,
mi amado ya se había escapado.
Desfallecí al verlo alejarse.
Lo buscaba y no lo encontraba,
lo llamaba y no respondía.

Tropecé con los centinelas
que hacen la ronda en la ciudad.
Me hirieron, me maltrataron,
me arrancaron el manto
los centinelas de la muralla.

Muchachas de Jerusalén, os conjuro:
si encontráis a mi amado,
¿qué vais a decirle?
Que me muero de amores.

2

Ellas  ¡Qué señas distinguen a tu amado,
mujer de belleza sin par?
¿Qué señas distinguen a tu amado,
que nos has conjurado de ese modo?

Ella  Mi amado es entre rubio y moreno,
se distingue entre millares.

Su cabeza es de oro macizo,
su melena, racimos de palma,
de un negro brillante de cuervo.

Sus ojos son palomas junto a la acequia,
lavadas en leche, posadas junto al canal.

Sus mejillas son bancales de aromas,
setos de perfumes.
Sus labios son lirios que destilan mirra.

Sus brazos, modelados en oro,
con topacios incrustados.
Su vientre, de marfil pulido,
cruzado de zafiros.

Sus piernas, columnas de mármol
sobre plintos de oro.
Su figura, como el cedro
más esbelto del Líbano.

Su paladar, dulcísimo.
Es todo deseable.
Así es mi amado, mi querido,
muchachas de Jerusalén.

3

Ellas ¿A dónde se fue tu amado,
mujer de belleza sin par?
¿A dónde se fue tu amado?
Queremos buscarlo contigo.

Ella  Mi amado ha bajado a su huerto
a hacerse un ramo de azucenas.

Yo soy de mi amado, mi amado es mío;
él es un pastor de azucenas.

Bajé a examinar los nogales,
los brotes del valle:
¿están floreciendo las vides?;
los granados, ¿despuntan sus yemas?

Distraída, descuidada,
me sentí transportada
con mi príncipe en carroza.

ÚNICA Y SOLA

Él  Como Tirsa, amiga mía, eres hermosa,
como Jerusalén, armoniosa,
terrible y formidable
como nocturna constelación.

No me mires así, que me turbas.
Tu melena es un hato de cabras,
que brincan en cascada monte abajo;

tus dientes, un rebaño de ovejas,
apenas salidas del baño:
desfilan en parejas gemelas,
sin huecos, sin ausencias;

tu mejilla es un grajo de granada,
luminosa tras el velo.

Las reinas son sesenta,
las concubinas ochenta
y las doncellas sin cuenta;

pero ella, mi paloma, sin mengua,
es única y sola.
Las muchachas, al verla,
le dan mil parabienes,
reinas y concubinas
no cesan de alabarla:

-¿Quién es esa que asoma
como una aurora,
que esplende como la luna,
que fulgura como el sol,
que es terrible y formidable
como nocturna constelación?

DANZA

Coro  ¡Vueltas, más vueltas!
Girar, Sulamita;
vueltas, más vueltas,
que todos te miran.

Ella  -¿Qué queréis ver cuando baila la niña?

Coro  -Ver cómo avanzas un pie y lo retiras,
ver tus caderas que marcan el ritmo:
son joyas de orfebre habilísimo.

Ver ese cáliz rotundo: tu ombligo
colmado y rebosando vino;
ver ese vientre; amontonado trigo,
cercado en un cerco de lirios.

Tus pechos son dos crías
mellizas de gacela.

Tu cuello de marfil es una torre.
Tus ojos, dos albercas de agua quieta,
limpias, junto a la Puerta Principal;
tu nariz, la ladera calculada
del Líbano, que mira hacia Damasco.

Encima la cabeza: es el Carmelo;
de púrpura sus crenchas.
Un rey está cautivo de sus lazos.

ENCUENTRO

Él  ¡Qué guapa, qué atrayente,
mi amada, qué delicia!

Esbelta palmera es tu talle,
apretados racimos tus pechos.

¿Quién trepará a la palmera?,
¿quién se agarrará a sus dátiles?
Son tus pechos los racimos,
tu aliento me huele a manzanas.

Tu paladar guarda un vino
generoso, que destila,
que moja labios y dientes.

Ella Yo soy de mi amado;
él me quiere con pasión.

Anda, vamos al campo, amado mío.
Pasaremos la noche entre cipreses;

de madrugada iremos a los huertos,
a mirar si florecen ya las vides,
si las yemas se abren
y si apuntan los brotes del granado.
Entonces te daré mi amor.

Huelen a amor las mandrágoras,
se nos abren las yemas fragantes.
Frutas gustadas y frutas intactas
tengo guardadas, mi amor, para ti.

ABRAZO

Ella  ¡Oh, si tú fueras mi hermano,
un tierno niño de pecho!
Al encontrarte en la calle,
yo te comería a besos;

te estrecharía en mis brazos
sin temer burlas, desprecios;
te metería en la casa
de mi madre, y allí dentro
te haría beber un vino
de granadas, que yo mezclo.

Reclinando mi cabeza
sobre tu brazo derecho,
tu brazo izquierdo me ciñe
en el lazo más estrecho.

Él  Muchachas de Jerusalén,
yo os conjuro por los cielos:
No despertéis a la amada,
dejadla en su dulce sueño!

 

DESPERTAR

Coro  ¿Quién es esa que se acerca
subiendo por el desierto
apoyada en su querido,
con paso tranquilo y cierto?

Él  Bajo tu florido manzano
yo te desperté del sueño,
donde concibió tu madre,
donde te formó en el seno.

EL AMOR Y LA MUERTE

Los dos  Márcame, sí, como sello en el brazo,
como sello en el pecho:
que el Amor y la Muerte son tan fuertes,
que el Abismo y los celos son tan recios.
Viva llama divina:
sus centellas, centellas son de fuego.

Ni los mares podrían con sus aguas
apagar del amor el incendio
ni los ríos podrían extinguirlo.

Y si alguien ofreciera su fortuna
por comprar el amor,
qué desprecio, que burlas llevaría.
¡No se vende el amor!

PROPUESTA DE PAZ

Ellos  Una hermana tenemos, pequeñita:
aún no le han crecido los pechos.
¿Qué haremos
cuando vengan a pedírnosla?

Si es una muralla,
le pondremos un cerco de plata;
y si es una puerta,
le pondremos una plancha de cedro.

Ella  Yo soy una muralla,
mis pechos son los baluartes,
pero para él yo tengo
propuestas de paz.

MI VIÑA

Él  Una viña tenía Salomón
de cepas sin número:
la arrendó a sus colonos.
Le paga cada uno por sus frutos
mil siclos de plata.

Los mil siclos, Salomón, para ti,
y otros doscientos para los colonos.
Que mi viña, la mía,
es para mí.

DESPEDIDA

Él  Princesa de los jardines,
mis compañeros atentos
quieren escuchar tu voz:
que resuenen tus acentos.

Ella -Huye, amado mío,
huye como un gamo,
como un cervatillo;
huye por las lomas
de aromas más finos.

ENLACES RELACIONADOS

Oscar Wilde, Alla Nazimova y Natacha Rambova. “Salomé”, película íntegra.

La Biblia Políglota Complutense: la obra más representativa del Renacimiento Español.

Poetas religiosas en el Siglo de Oro.

Adán y Eva. La tumba de Aziza. Dos poemas de amor (Ashram El-Kebir).

 


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