LOS EVANGELISTAS DE LA MUERTE

«He leído en obras árabes que nada puede hallarse en el mundo más digno de admiración que el hombre.»
Pico della Mirandola

Black Knight, Paul Klee, óleo sobre lienzo, 1927.

 

LOS EVANGELISTAS DE LA MUERTE

El año 30 es el escogido por los Evangelistas de la Muerte para el inicio de una Nueva Era o, lo que es lo mismo, para el entierro de la civilización que conocemos. Un nuevo «Imperio», que viene madurando desde las Guerras Mundiales del siglo XX, se nos presenta como el Paraíso ansiado y nunca alcanzado.

Los voceros informativos, seleccionados por sus aptitudes servirles y mercenarias, nos desgranan, en tertulias de diferentes coloridos pero con iguales propósitos, el prospecto del ambicioso plan.

Los comentaristas y periodistas nos cuentan que la codicia, la culpabilidad, la soledad, la depresión, la angustia, el hedonismo, el egoísmo y demás desdichas, que acosan al hombre moderno, desaparecerán. Nos aseguran, mientras interrumpen al tertuliano que metido en su personaje pueda cometer una imprudencia, que los reajustes para entrar en la Nueva Era sólo requieren de una condición. La condición para gozar de la vida armoniosa, nos dicen, es indolora.

Los cupones para acceder a la Nueva Era, anunciada para el año 30, no costarán dinero, pero tampoco serán gratis. Por los bonos piden algo que no se pesa y que es difícil de valorar, pues no tiene forma física… aunque es real. Además, lo que piden ya no tiene valor alguno para una gran mayoría, debido a que hemos ido cambiando derechos inalienables por objetos y por una «seguridad grupal». El importe que habrá que pagar es espiritual. Los Evangelistas de la Muerte exigirán que renuncies, definitivamente, a la familia y a la cultura.

Aquel que esté dispuesto a entrar en el Edén Globalista dejará de angustiarse. Será un bruto feliz. Se saciará con lo que le echen, se vestirá con lo que le den, las huestes digitales le aplacarán sus ansias de saber y llevará de la mano la cantidad de hijos ciegos que le sean asignados —hay que controlar la superpoblación—. También, esto es muy importante para el éxito del Nuevo Orden, le será borrado todo conocimiento de la historia —si sabes de dónde vienes, sabrás a dónde quieres llegar. Si sabes el valor de lo heredado, lo defenderás y lo mejorarás.

Los «constructores» de la Nueva Sociedad se dieron cuenta de que el diccionario les ofrecía algunas palabras sin las cuales abortaría su plan. Una de ellas es manipular —para manipular decidieron, auxiliándose en el lenguaje, alterar los conceptos—. La otra es aniquilar.

Los Evangelistas de la Muerte llevan años aniquilando la historia, la belleza, la naturaleza, la compasión y el amor—se han concentrado en destruir aquello que alimenta al alma—. Pero saben que el hueco no puede quedar vacío, porque, entonces, el hombre, que gusta de estar rodeado de cosas, buscará con qué llenarlo. Así que han ideado un programa en el que entran a jugar un rol fundamental los medios televisivos, las plataformas digitales y… ¡la moda! Los medios audiovisuales les han servido para trabajar nuestras mentes, sustituyendo la amistad y la familia por la soledad. ¡Oh…!, pero a la moda, a la moda le han dado la función de… ¡honrar la fealdad!

La soledad y lo feo han arrinconado los valores humanistas que nos han dignificado. Andamos por el camino que nos llevará a un lugar donde las vacas no se tirarán peos, porque no habrá vacas, y el solomillo será sintético. Según el proyecto, entraremos en el Jardín Totalitario de las Delicias con un chip, lobotomizados y sin ninguna autoestima.

Pero los constructores de la Nueva Era también se dieron cuenta de que necesitaban kapos para el control de los rebeldes —en el rebaño siempre hay uno que anda en camino contrario al indicado—. Así que se preguntaron: «¿De entre los actores de la sociedad, quiénes pueden ser los más adecuados para nuestros objetivos?»

Y se respondieron: «Pues… ¡los jueces y los fiscales!» Si el hombre corriente, formado en una educación «controlada», recibe el mensaje de que no tendrá justicia, entonces es más fácil estrangular a la individualidad. Hay que tener en cuenta que el nuevo mundo está pensado en clave de colectividad; de ahí que el «Yo» sea el virus a destruir.

Las serpientes llevan años mermando nuestras capacidades intelectuales y creando noticias y situaciones de pánico que despiertan nuestros instintos más primarios. Nuestras mentes están dañadas, hay códigos programados que ya se han introducido en el subconsciente. Sin embargo…

Sin embargo, El nuevo orden mundial no ha tenido en cuenta que la nostalgia es, de entre todas las emociones humanas, la que más agita, más incluso, creo, que el amor. La historia de la civilización es un cúmulo de nostalgias; es decir, de memorias del pasado. Nuestro mundo moderno está envuelto en tinieblas, pero el hombre posee una memoria genética. Y es la memoria humana la que rescatará la cultura, la familia y los afectos que nos han sido secuestrados.

¿El materialismo, el nihilismo y la propaganda, sustentada en conceptos torticeros y en calambures, terminarán ahogando a la espiritualidad? Pienso que cuando la Nada esté a punto de convertirse en eje de la rueda que nos volverá esclavos, la Nueva Era, proyecto que se nos está vendiendo como «divino», se desintegrará como pompas de jabón.

La soberbia —enfermedad que avanza y no tiene cura— es el punto débil de los Evangelistas de la Muerte, autores del Gran Hermano que sufrimos. Pienso que el cordero que anda contrario a su manada no es más que un Guillermo Tell —un hombre—, que guarda en su alforja una manzana y que, con arco y flecha, detendrá la destrucción programada.

En 1984, Orwell representa a la nostalgia en el aroma del café prohibido y bebido en secreto. Es cierto que el autor decidió dar un final trágico a su novela, que sus díscolos protagonistas fueron re-conducidos al rebaño. Pero 1984 es una narración distópica, lo que quiere decir que lo que cuenta aún no se ha dado y que las consecuencias de lo que cuenta no son más que una posibilidad.

Soy más optimista que Orwell y creo que el excitante aroma del café nos hará alzarnos contra el Nuevo Orden programado en el nido de las áspides. Bueno, siempre y cuando —lo digo con ironía— las inyecciones bianuales de Pfizer y demás sucursales farmacéuticas, que tan pingües beneficios dan a los que las producen, no ataquen nuestro «olfato».

ENLACES RELACIONADOS

Revolución y libertad (Georges Bernanos). Texto.

1984 (George Orwell). Película (Orson Welles).

Fahrenheit 451 (Ray Bradbury).

El cuaderno de los bocetos de Auschwitz.

Ahí está mi casa (Hans Keilson).

Librería Isla, te digo adiós.

La librería de los escritores (Mijaíl Osorguín).

Fuera del juego (Heberto Padilla). Algunos poemas.

Inferno (Reinaldo Arenas). Poemas.

El espíritu de la Ilustración (Tzvetan Todorov).

Especulación (Thomas Wolfe).

Lev Tolstói. La violencia y el amor.

En la colonia penitenciaria (Franz Kafka).

La acusación (Bandi). Cuentos.

Nota sobre la supresión general de los partidos políticos (Simone Weil).

El problema de la libertad (Thomas Mann).

¿Por qué la guerra? (Albert Einstein y Sigmund Freud).

Judas Iscariote y otros relatos (Leonid Andréiev).

Ibsen. «Un enemigo del pueblo». Incluye la película.

La Comedia del Arte, la improvisación y la política de hoy.


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