sábado , 16 diciembre 2017
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Los huevos fatales (Mijaíl Bulgákov).

“Y yo que creí que las novelas de Wells eran sólo fantasías! ¿Recuerda usted su Manjar de dioses?”.

En Los Huevos fatales, al igual que en El maestro y Margarita, el individuo talentoso libra una batalla a vida o muerte con el hombre masa y, como en toda gran guerra, ésta termina cuando sólo queda un vencedor claro. Los huevos fatales y El maestro y Margarita comparten también el género de la sátira. Mijaíl Bulgákov (1891-1940), con tono burlesco, refleja en ambas novelas la sociedad de su tiempo.

El libro Los huevos fatales tuvo la suerte de esquivar la censura, pues se editó en 1925, casi un año después de la llegada al poder de Stalin. No puede decirse lo mismo de las obras escritas después de esta fecha, porque, para 1929, Mijaíl Bulgákov ya se encontraba en la interminable lista de autores odiados por el dictador soviético. A partir de 1929, y hasta el día de su muerte, el estigma de “maldito” acompañó a quien ni siquiera recibió autorización para exiliarse -La primera versión de El maestro y Margarita, la obra más conocida de Bulgákov, fue publicada veinticinco años después de su fallecimiento, pero no es hasta la llegada de Mijaíl Gorbachov que el texto se edita íntegramente.

Un rayo rojo descubierto por un zoólogo eminente y un descuido en el envío de unos huevos son los dos sucesos desencadenantes de la trama que, apoyada en la sátira y en fantasías científicas, denuncia las graves consecuencias derivadas de un gobierno gestionado por incapaces ambiciosos que tienen como único objetivo aumentar la productividad para, de esa forma,  ganar el favor de su único líder.

En Los huevos fatales la falta de coordinación, la mediocridad, el miedo y la ineptitud desencadenan un desastre de proporciones gigantescas.

Mijaíl Bulgákov esconde su verdadera intención tras una trama cuyo conflicto se basa en un descubrimiento genético -La genética, rama de la biología dedicada a la herencia y su variación, empezó a escribir los primeros capítulos de su historia en los albores del siglo XX, cuando se retoman los estudios del monje agustino Gregor Mendel (1822-1884).

En Los huevos fatales, el profesor y científico Pérsikov descubre un rayo que permite la rápida reproducción de organismos vivos y el aumento del tamaño de los mismos. Este rayo, que está en un proceso inicial de investigación, es descubierto justo cuando una epidemia de peste aniquila a todas las gallinas del país. Es entonces cuando Fatálov, un funcionario estatal muy aplicado, toma la iniciativa de acomodar el experimento de su compatriota a los huevos de las gallinas que el gobierno se ve obligado a importar. Las negativas de Pérsikov caen en saco roto y…

Mijaíl Bulgákov se inspira en La guerra de los mundos de Herbert George Well (1866-1946). Pero el autor no tiene la intención de crear una historia de ciencia ficción, aunque hace guiños a este género literario. Bulgákov se sirve de lo sobrenatural para obviar la censura, pues, realmente, utiliza el tema de la manipulación genética para evidenciar dos cosas: el caos provocado en su país por culpa de una mala gestión y las consecuencias de depositar armas potentes, como puede ser la investigación genética, en manos de personas escogidas sólo por su grado de implicación con el estado soviético.

Alumbrados por las estridentes luces de los neones, los autobuses y tranvías, asoman la vida moscovita de los años veinte, la manipulación de los medios de comunicación y la persecución religiosa que empezaba a tomar tintes oscuros.

Pero, sobre todo, en Los huevos fatales destacan dos bandos desiguales y enfrentados: el individuo y el hombre sin atributos engendrado por el estado socialista.

Los huevos fatales forma parte de los fondos de diferentes catálogos editoriales.

 


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